Limpiar la basura fascista

por Alejandro Valenzuela

En su más violento – y virulento – ataque personal, el ultraderechista presidente brasileño Jair Bolsonaro criticó duramente a la ex mandataria chilena y actual Alta Comisaria de Derechos Humanos de la ONU. Dijo que ‘quien no tiene qué hacer trata de abrigarse en la silla de Derechos Humanos’.

Fueron dos agresiones directas en la mañana de ayer. Primero, en su página de Facebook. Y luego hablando a periodistas a la salida del Palacio da Alvorada, residencia presidencial en Brasilia.

No satisfecho en descalificar la exmandataria chilena, Bolsonaro elogió el golpe de Augusto Pinochet en 1973 y criticó al padre de Michelle, el brigadier Alberto Bachelet, muerto en la tortura en febrero de 1974 por haberse opuesto al Golpe del 73. Un año después, la misma Michelle fue presa y torturada.

En Facebook, Bolsonaro – o quien escribe por él – dijo lo siguiente: «Michelle Bachelet, Comisaria de Derechos Humanos de la ONU, siguiendo la línea de Macron de entrometerse en los asuntos internos y en la soberanía brasileña, embiste contra Brasil en la agenda de derechos humanos (de bandidos), atacando a nuestros valiosos policiales civiles y militares. También dice que Brasil pierde espacio democrático, pero se olvida de que su país no es una Cuba gracias a los que tuvieron el coraje de darle un basta a la izquierda en 1973, y entre esos comunistas su padre, brigadier en aquella época«. Luego, al dirigirse a periodistas, reiteró todo eso y volvió a elogiar Pinochet y acusar el padre de Michelle de ‘comunista’.

Ha sido la respuesta, más que grosera, a una entrevista concedida en Ginebra por la Alta Comisaria a un periodista brasileño, en que Bachelet muestra su preocupación por varios acontecimientos ocurridos en el país desde la llegada del ultraderechista a la presidencia.

En la entrevista, y en lenguaje cuidadoso aunque duro, Michelle Bachelet dijo que Brasil sufre ‘una reducción del espacio democrático’, con énfasis a los ataques a defensores de la naturaleza y de los derechos humanos. También se refirió al aumento de muertes causadas por policiales, cuyas mayores víctimas son negros y habitantes de villas miseria. Luego de lamentar ‘el discurso público que legitima ejecuciones sumarias y la impunidad’, cuestionó la política de facilitar el acceso indiscriminado a armas, defendida ardorosamente por Bolsonaro.

También se extendió a las agresiones al medio-ambiente, concentrándose en denunciar los ataques a los indígenas y a la violencia en el campo.

La actitud de Bolsonaro supera fácilmente el límite de la decencia y dignidad democráticas. No se trata, por cierto, de algo inédito en su trayectoria personal. Pero ocurre que ahora él ya no es un diputado desclasificado: es presidente.

Desde que asumió y empezó a disparar aberraciones, Bolsonaro creó problemas con, en orden alfabética, Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Chile, Cuba, Francia, Irán, Israel, Paraguay, Noruega y Venezuela.

De la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, ya dijo tratarse de «un antro de comunistas» y otras tonterías.

Nunca antes, sin embargo, había sido tan groseramente vil y cobarde como ahora. Un Bolsonaro en estado puro, un ser irremediablemente abyecto. Un ser irrecuperable.

En Chile, mientras desde la oposición se suman las críticas hacia Bolsonaro, desde el emergente Partido Republicano, que lidera José Antonio Kast, salieron a respaldar al Mandatario brasileño. “La expresidenta Bachelet ha usado su cargo desde el día uno para atacar y cuestionar al Presidente Bolsonaro. Sus críticas no se basan en hechos, sino en su postura ideológica”, aseguró Kast a La Tercera.

En tanto, el diputado Ignacio Urrutia –quien renunció a la UDI para unirse al partido que lidera el expresidenciable- sostuvo que “Bolsonaro no se equivoca. El gobierno militar evitó que nos convirtiéramos en una nueva Cuba y el desarrollo de Chile es el resultado directo de la revolución económica y social de ese gobierno”. En este sentido, añadió que “la izquierda olvida las bases institucionales que nos dejó Pinochet y tiene la desfachatez de defender la dictadura de Maduro”.

En el mismo sentido, la diputada RN Camila Flores –también cercana a Kast- sostuvo que Bolsonaro “tiene toda la razón”. Esto, pues –puntualizó- “pretender que se desconozca que, efectivamente, en nuestro país no terminamos como están hoy día viviendo en Cuba o en Venezuela, precisamente es gracias al pronunciamiento militar, y eso es lo que hace efectivamente Bolsonaro cuando se lo recuerda a la comisionada de DD.HH”.

Nos acercamos al 46 aniversario del Golpe Militar de 1973. La fecha sigue viva porque la contradicción de conjuró, entre socialismo y barbarie, afirma el carácter burgués y proimperialista del régimen. Los intereses de clase que determinaron la instauración de la Dictadura son los mismos que los que instauraron la pervivencia del régimen pinochetista sin Pinochet, maquillado con libertades democráticas limitadas y elecciones periódicas.

La profundización de la crisis capitalista y la inminencia de un nuevo ciclo recesivo en la economía mundial, agudizan las contradicciones de clase en todo el mundo, y en América Latina es Bolsonaro quien de forma más nítida expresa la necesidad de la burguesía de recomponer el orden social de la mano un régimen policiaco militar. Tras el espejismo de un ciclo «hacia la Derecha» un sector del pinochetismo -agrupados en torno al Partido Republicano de Kast- se encolumna tras un proyecto de corte fascista.

La posibilidad que estos sectores ganen influencia dentro de la burguesía dependerá directamente de la profundidad y velocidad de la quiebra de los partidos que gestaron la transición democrática, al amparo del Consenso de Washington y el neoliberalismo.

Bolsonaro vocifera todos los días de forma epiléptica, no tanto por ser un imbécil, sino más bien como una forma de mantener cohesionado al régimen ante su incapacidad de ganar apoyo de masas. Bolsonaro, – una parodia de Trump y Boris Johnson- agita el espantapájaros de la delincuencia y la inmigración, porque es la única forma de construir un relato político que les permita hablar de nacionalismo mientras actúa como sirviente de los intereses imperialistas.

Los Bolsonaro, Kast y cía tienen existencia exclusivamente por la incapacidad de la izquierda de articular un discurso clasista y antiimperialista. El hundimiento de la socialdemocracia, de la izquierda keynesiana y del llamado Socialismo del Siglo XXI, ha abierto una grieta en el movimiento obrero agudizando la fragmentación del activismo de izquierda dejando abierta la cancha para el ingreso de aventureros fascistizantes de todo tipo.

En medio de la confusión y crisis económicas, del descrédito de los partidos y del conjunto de las instituciones del régimen, el ciudadanismo y las concepciones legalistas y juridicistas como respuesta a la crisis, pierden toda viabilidad. La izquierda parlamentaria, mientras sectores de la burguesía desempolvan los brazaletes del fascismo, agita impotente su defensa de las instituciones democrático burguesas en alianza con la burguesía liberal «progresista». Sabemos a donde conduce ese camino, a la derrota, como terminó la llamada Vía Chilena al Socialismo.

La respuesta impotente del PS y diversos personeros de la ex Nueva Mayoría y del Frente Amplio, pidiendo a Piñera la aplicación de repulsas diplomáticas al gobierno brasileño, llamar a informar al Embajador, promover censuras parlamentarias, etc. son medidas tragicómicas. Mientras Bolsonaro reivindica a Pinochet y a su Dictadura genocida, los progresistas chilenos se limitan a levantar una banderita blanca en son de paz.

No hay vías institucionales para resolver los gravísimos conflictos de clase que atraviesan los países de América Latina. La única salida obrera a la crisis lo constituye la perspectiva la revolución socialista, del poder obrero, de la expropiación del gran capital y de la lucha antiimperialista. estas cuestiones deben plantearse con claridad y ha. de servir de guía para el accionar del conjunto izquierda.

Mientras no emerja, en este proceso, una nueva dirección política de los trabajadores, que asuma este desafío, el fascismo no será barrido. Si Piñera -a pesar de su defensa formal a la honra de Bachelet- contemporizó con Bolsonaro y se plegó a la «teoría del contexto», de los «excesos de ambos lados» es porque sabe que las salidas democráticas a la crisis se están extinguiendo. Para los patrones esa salida es la de la contrarrevolución.

Los trabajadores tenemos la palabra, o se es yunque o se es martillo. Defender las libertades democráticas es parte de la lucha por el poder de los trabajadores y su propia revolución.