A 30 años del asesinato de Jecar Neghme

por José Gómez

Cerca de la medianoche recibí un llamado. Iván, apenas audible, me dice que prenda la Cooperativa, que “parece que mataron al Jecar”. Era el 4 de septiembre de 1989. 

Jecar Neghme fue miembro del Comité Central del MIR, su vocero y además su representante en el MDP. Era hijo de un ejecutado politico.

Para nosotros, sus compañeros de partido,  encarnó –o quisimos y/o necesitabamos que así fuera- el ideal revolucionario del hombre nuevo. No era menor,  habiendo sufrido el fraccionamiento de nuestra organización, que iconográfica y políticamente hablando,  frente a la feroz dictadura y nuestro deseo de demolerla, dejaramos atrás la simbología, el discurso y, concedamoslo hoy, la radicalidad de la acción directa político militar como primera tarea, y la cambiaramos por el trabajo de masas, las alianzas y el empeño en la recuperación de la democracia.

En ese camino, el fortalecimiento subjetivo de la militancia resultó también una labor política de primer orden. En nuestra querella interna, el “otro sector”, el de Andrés Pascal, además de él, leyenda viva, tenía como vocero a nuestro querido Rafael Maroto. Desde esa perspectiva aparece entonces Jecar, este ex dirigente de la Uned, y nos enorgullece como militante, vocero y compañero. Encarna al Mirista de nuevo cuño, el que correspondía a los tiempos que se venían.

Esto, tristemente, estuvo claro también para la dictadura, la que por ello ordenó su joven muerte. La sentencia que condena (a penas irrisorias) a sus asesinos, consigna que a estos “se les ordenó realizar el seguimiento y marcación diaria de Jécar Nehgme Cristi, para finalmente recibir la orden de «neutralizarlo», lo que importó la eliminación física de la víctima, llevada a cabo por Oficiales del Servicio, los que posteriormente fueron premiados y siguieron ascendiendo en sus carreras. El motivo era que Neghme Cristi asomaba como un líder de su organización, MIR, abriendo ésta a espacios públicos, lejos de la clandestinidad, asomándose cambios políticos importantes para el país”.

Hoy el MIR ya no existe y de Jecar tenemos, principalmente, su recuerdo personal más que su visión política. Esta fulminación de la expresión política revolucionaria del partido y sus militantes, limitándola a lo puramente histórico o cultural ha tenido por sepultureros no sólo al regimen sino que también a una parte importante de su Dirección Política.

El MIR se configuró como el partido de la revolución chilena y ese lugar mantiene aún los mismos espacios disponibles. Desde luego es posible superar el instrumento pero no su tarea. Es por esta que hemos perdido al Turco y es esta misma la que corresponde mantener, profundizar o emprender. Ciertamente el Frente Amplio, por más que algunos de sus dirigentes invoquen una supuesta continuidad con el proyecto rojinegro, está vergonzosamente ajeno a dicha línea. El PC, otrora lector eficiente de los intereses de la clase obrera y el pueblo, hoy está institucionalido y por ende, al menos parcialmente inmovilizado para representar con fuerza de victoria esos intereses.   

La practica política del legado del MIR está centrada hoy, principalmente, en esfuerzos relacionados con la memoria, labor indispensable pero insuficiente. Es posible, y necesario, revitalizar su practica politica pues al menos parte de ella incuestionablemente contribuirá a las luchas actuales del pueblo chileno. 

Así además también tiene sentido conmemorar la memoria política de nuestro querido compañero.

Jecar Neghme, Hasta la Victoria, siempre!