Argentina: colaboracionismo burgués reformista y la tradición marxista

por Rolando Astarita

Por estos días me ha llegado un escrito de Martín Mosquera,  “Argentina ante un instante de peligro: derrota de Macri, ‘terrorismo financiero’ y lucha de clases”, (https://contrahegemoniaweb.com.ar/argentina-ante-un-instante-de-peligro-derrota-de-macri-terrorismo-financiero-y-lucha-de-clases). Este trabajo ha gozado de bastante difusión en medios de izquierda que defienden políticas frentepopulistas, y de conciliación con fuerzas nacionalistas burguesas o pequeñoburguesas.

Preciso que el término “frentepopulista” se refiere a la política tradicional de los stalinistas (variantes URSS, maoísta, castrista) de postular alianzas, o apoyos “críticos”, a programas y coaliciones burguesas reformistas, con el argumento de “unidad frente a la derecha”. Una idea que predomina en la izquierda latinoamericana. En Argentina, esta orientación hoy se concreta en el llamado a votar, si se produjera un ballotage, al Frente de Todos. Incluso personas que han votado al FIT en las PASO me dicen que si hubiera una definición entre el macrismo y el kirchnerismo, votarían por este último. En este respecto, el escrito de Mosquera les brinda ejemplos de pasadas tácticas marxistas que avalarían el “apoyo crítico” al Frente de Todos y “la unidad contra Macri”. El objetivo de esta nota es responder los argumentos históricos que brinda Mosquera; empiezo con su orientación política general.

El planteo de Mosquera 

Mosquera caracteriza el triunfo del Frente de Todos en las PASO como “una victoria de las fuerzas populares”. Sería una victoria porque “refuerza la confianza de la clase trabajadora en sus propias fuerzas, eleva las achatadas expectativas sociales y puede ser un punto de apoyo para un ciclo de luchas que aspire a recuperar lo perdido en el último período”. Agrega que se trata de “una victoria popular ambigua, contradictoria y que puede desdibujarse si no irrumpe pronto una intervención social de amplitud” (ibid.). En este contexto, el rol del FIT sería constituir “un polo político que presione por izquierda al peronismo”.

Sin embargo, sigue Mosquera, la izquierda tuvo una orientación sectaria al mantenerse al margen del “movimiento de rechazo popular a la derecha”. Esto a pesar de que el PTS, Altamira y el MST dijeron que el resultado electoral era una derrota del imperialismo y la derecha, argentina y latinoamericana. Según Mosquera, el FIT-U debió haber adelantado un pronunciamiento ante un eventual ballotage, “aclarando que no se ubica en el  mismo plano a la derecha y al populismo”. Explica también que en los enfrentamientos entre fuerzas populistas y nacionalistas burguesas, por un lado, y la derecha y el imperialismo, por el otro, “se dirimen, de forma distorsionada parte de los intereses populares”.

En base a lo anterior, resume su orientación de la siguiente manera: “si algo fortalece al reformismo burgués es que la izquierda revolucionaria se coloque a su derecha o actúe como factor divisionista que debilita la lucha contra el enemigo común. En cambio, si algo prepara mejor para enfrentar a la derecha y al reformismo burgués al mismo tiempo es que  la izquierda se muestre no solo como el ala más radical del movimiento de lucha, sino como la más unitaria, no dividiendo un combate común en función de diferencias ideológicas a priori”.

Los argumentos basados “en la historia del marxismo revolucionario”

En respaldo de su enfoque político, Mosquera afirma que la identificación de la independencia de clase con el auto-aislamiento “nada tiene que ver con la historia del marxismo revolucionario”. En conexión con esta idea, recuerda la recomendación de Lenin a los comunistas británicos, de que votaran a los candidatos laboristas contra los liberales “mientras caracterizaba al laborismo como un partido obrero/burgués, es decir, una formación caracterizada por una dirección y un programa pro-capitalista pero una base obrera que obligaba a ciertas concesiones”. Explica que Lenin recomendaba el voto al laborismo para poder dialogar con los obreros, para explicar en lenguaje sencillo que los soviets eran mejor que el Parlamento, y de esa manera “sostener a Henderson [principal líder del laborismo] con mi voto del mismo modo que la soga sostiene al ahorcado”. Lenin criticaba también a los que sostenían que la táctica era demasiado complicada, o que las masas no la entenderían. Y agrega Mosquera –atención, es Mosquera el que dice esto, no Lenin.- que “la gente entiende perfectamente bien que se promueva un voto defensivo contra la derecha, a la vez que se conserva una estricta independencia organizativa y programática”.

Además de este caso, Mosquera cita el apoyo de Trotsky a la expropiación de las petroleras extranjeras por parte del gobierno de Cárdenas, en México. También a Marx cuando en 1848, en el Manifiesto Comunista, “reflexionó en torno a que “los comunistas no formamos un partido aparte”. Y agrega la táctica del Frente Único, desarrollada por la Internacional Comunista bajo conducción de Lenin y Trotsky. Veamos entonces la relevancia de estos ejemplos históricos para el “votemos al Frente de Todos”.

El Manifiesto Comunista y el “partido aparte”

Como adelantamos en el anterior párrafo, según Mosquera, Marx (y Engels) dijeron, en 1848, que los comunistas “no forman un partido aparte”. Pues bien, lo que escribieron Marx y Engels fue que los comunistas no forman un partido aparte “opuesto a los otros partidos obreros”. O sea, Mosquera “se tragó” el “opuesto a los otros partidos obreros”. Raro, ¿no? Es que la omisión es relevante ya que Marx y Engels estaban diciendo que sí formaban un partido “aparte” de los partidos burgueses y de la pequeña burguesía. Y es en ese marcoque sostienen que los comunistas se distinguen de los otros partidos obreros en que hacen valer los intereses comunes del proletariado en las diferentes luchas, independientemente de la nacionalidad; y en que representan los intereses del conjunto.

Pero si esto es así, la frase de El Manifiesto Comunista sobre que los comunistas no forman un partido aparte con relación a los partidos obreros, no tiene relación alguna con un eventual llamado de los comunistas a votar a una fuerza política burguesa (como es el Frente de Todos en la Argentina). O sea, y contra lo que pretende Mosquera, cuando Marx y Engels afirmaban que no se distinguían del resto de los partidos obreros, no estaban promoviendo por ello alguna forma de unión o bloque con fuerzas burguesas. Precisemos también que Marx y Engels tenían presente, al redactar esta frase, al Cartismo inglés; un partido que no caracterizaban como “burgués”. Por otra parte, a partir de sus experiencias militantes, modificaron su idea de partido (véase, por ejemplo, la Crítica al Programa de Gotha; y la correspondencia en relación a la unión con los lassalleanos). Y la modificaron en un sentido que en absoluto favorece el argumento conciliacionista de Mosquera: la clave de la independencia de clase pasaba por no formar bloques programáticos con la burguesía o la pequeña burguesía reformista; y constituirse en partido “aparte”, independiente.

El apoyo de Trotsky a las expropiaciones de Cárdenas

El ejemplo de Trotsky defendiendo las expropiaciones del gobierno de Cárdenas tampoco parece apropiado para defender el voto a una fuerza burguesa como el peronismo. Recordemos que en los 1930 Trotsky apoyó una medida concreta, una expropiación por parte del gobierno mexicano, que perjudicaba los intereses de potencias capitalistas. Lo hizo en el contexto que consideraba a México una semicolonia, y que las expropiaciones avanzaban en la liberación nacional.

¿Qué tiene que ver esto con el llamado a votar a F-F? Admitiendo que las expropiaciones de Cárdenas fueran acciones de “liberación nacional”, ¿de qué actos de “liberación nacional” por parte de F-F está hablando Mosquera? ¿Acaso de los Kirchner defendiendo las privatizaciones menemistas? ¿De Alberto Fernández trabajando en los equipos de Cavallo? ¿O se refiere al vaciamiento de YPF, orquestado por los Kirchner y el grupo Petersen? ¿O a las indemnizaciones que pagó el gobierno K a Repsol? ¿O al acuerdo, que sigue siendo un secreto, que hizo el kirchnerismo con la Texaco? ¿O se trata del prometido aumento a los jubilados con los intereses de las Leliq? ¿O del, casi inevitable, paso de un acuerdo stand-by con el FMI, a uno de “facilidades extendidas”? ¿Cuál es la “medida antiimperialista” que nos perdimos para que Mosquera nos traiga a colación la defensa puntual, por parte de Trotsky, de una medida concreta, como fue la expropiación llevada adelante por Cárdenas? ¿De qué “antiimperialismo” habla?

La táctica del Frente Único de la Tercera Internacional

La táctica del Frente Único de la Internacional Comunista tampoco tuvo que ver con el apoyo electoral a partidos burgueses. Es que la IC planteó, en los 1920, la unidad de las fuerzas obreras para luchar “por demandas concretas y delimitadas” contra la ofensiva de la burguesía (véase “Tesis sobre la unidad del frente proletario”, Cuarto Congreso de la IC, 1922). En ese momento, y según el análisis de la IC, millones de obreros impulsaban a la formación de un frente proletario entre los partidos de la Segunda Internacional, los sindicatos de Amsterdan y la IC. Por eso, y conservando la libertad de propaganda, los partidos Comunistas debían procurar “una unidad de las masas obreras en el terreno de la acción práctica”.

Subrayo: acción práctica. Es lucha por objetivos concretos. Una política que, por otra parte, siguen los partidos de la izquierda argentina (y de otros países). Por ejemplo, cuando apoyan una huelga dirigida por la burocracia sindical. Pero ni a la IC, ni a los marxistas revolucionarios posteriores se les ocurrió que la política del Frente Único fuera un justificativo para apoyar electoralmente bloques burgueses; que además se alternan, más o menos rutinariamente, en gobiernos insertos en regímenes democrático burgueses.

Incluso Trotsky, a quien cita Mosquera, habiendo sido uno de los mayores defensores del frente único para frenar el avance del nazismo en Alemania, lo delimitó de las políticas frentepopulistas, o de conciliación de clases. A Trotsky jamás se le ocurrió defender la política de “votar al mal menor” –un bloque burgués preferido sobre otro bloque burgués, dentro del mismo sistema- con el argumento “ayudamos a mantener y reforzar la unidad proletaria”. Por eso, al tiempo que abogaba por el frente único de comunistas y socialistas, en Alemania, contra los nazis, rechazaba los acuerdos electorales o parlamentarios del PC con la socialdemocracia, y pedía “un acuerdo práctico, de cara a acciones de masas, por objetivos de lucha” (véase, por ejemplo, “Por un frente único contra el fascismo”, de marzo de 1932, en La lucha contra el fascismo).

El mismo criterio encontramos en sus escritos sobre España, cuando insistía en la diferencia entre un bloque obrero y las políticas de unidad con la burguesía: “El bloque de los distintos agrupamientos políticos de la clase obrera es absolutamente necesario para resolver tareas comunes. (…) En cambio, la alianza del proletariado con la burguesía… no puede, por regla general, más que paralizar la fuerza revolucionaria del proletariado” (Lección de España: última advertencia). La política de Trotsky contra el frentepopular pasa por dividir el bloque de conciliación de clases, por separar a la clase obrera de la burguesía “progresista”, o “liberal democrática”. Es lo opuesto de la unidad “con el reformismo burgués” para “enfrentar a la derecha” en unas elecciones burguesas más o menos usuales.

Lenin y el Laborismo inglés

Examinemos ahora el principal argumento histórico de Mosquera, la recomendación de Lenin de que los comunistas entraran al Laborismo y que lo votaran (aun después de que la dirección del Partido Laborista hubiera rechazado la adhesión del PC).

En El izquierdismo enfermedad infantil del comunismo, y en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, Lenin planteó que el PC británico debía afiliarse al Partido Laborista, ya que el mismo permitía que los partidos conservaran su prensa y publicaciones. Lenin también aconsejó que el PC llamara a votar a los candidatos del laborismo contra los liberales en las circunscripciones en que no pudiera constituir una candidatura propia. En su opinión, esto permitiría a los comunistas llegar a las masas, y que los trabajadores, a partir de su experiencia, rompieran con el parlamentarismo burgués, y adhirieran “al método soviético.”

Sin embargo, y esto es clave, en ningún lugar Lenin dice que el Laborismo representara una alternativa progresista para los trabajadores. En parte alguna considera que el voto a esa fuerza constituyera una suerte de “voto defensivo de la clase obrera” contra la ofensiva capitalista. O que los trabajadores debían votar al Laborismo “para presentar un frente unido contra la derecha”; o que el PC debiera abstenerse de “dividir el bloque contra la derecha por razones ideológicas”; menos aún transformarse en un “polo político que presione por izquierda al laborismo”.

Para entender la táctica de Lenin comencemos por refrescar su caracterización del Laborismo. Sostiene que el Laborismo no era “la expresión política de los trabajadores organizados en los sindicatos” (véase “Discurso sobre la afiliación del PC al Partido Laborista”, Segundo Congreso de la Internacional Comunista, julio-agosto de 1920). Es que la naturaleza de un partido depende, dice Lenin, de la gente que lo dirige y “del contenido de sus acciones y tácticas políticas. Solo esto último determina si realmente tenemos ante nosotros un partido político del proletariado”. Agregaba que, visto desde este punto de vista, “el Partido Laborista es un partido burgués, porque a pesar de que está constituido por trabajadores, está dirigido por reaccionarios, y la peor clase de reaccionarios, que actúan en el espíritu de la burguesía. Es una organización de la burguesía, que existe para engañar sistemáticamente a los trabajadores con la ayuda de los Noskes y Scheidemans británicos” (Noske y Scheideman eran dirigentes del ala derecha de la Socialdemocracia alemana, participaron en el asesinato de Rosa Luxemburgo y otros revolucionarios). Por eso el PC británico, decía Lenin en El izquierdismo…, debía entrar al Laborismo para denunciar con nombre y apellido a sus dirigentes “como socialtraidores”.

Remarco: según Lenin, el Laborismo estaba dirigido “por la peor clase de reaccionarios”.  ¿Y por qué eran reaccionarios de la peor clase? Pues porque existían “para engañar sistemáticamente a los trabajadores”. Pero esto Mosquera no lo dice; se limita a observar que Lenin caracterizaba al Laborismo como una organización burguesa, con base obrera. ¿Por qué Mosquera no agrega la frase “reaccionarios de la peor especie”, si está presentando la posición de Lenin? Respuesta: es que si admite estas ideas de Lenin, no tendría manera de decir que, según Lenin, el Laborismo reforzaba la autoconfianza de la clase trabajadora; o que un gobierno laborista pudiera cambiar la correlación de fuerzas entre el trabajo y el capital. Por eso, mientras Mosquera pone el acento en que la base del Laborismo era obrera, y en que, por lo tanto, un gobierno laborista “debía hacer concesiones”, Lenin dice que la base era obrera y por lo tanto era engañada por sus líderes. El peso de la caracterización leninista está en el engaño a los explotados, en el embotamiento de su conciencia de clase y en el rol funcional al capitalismo de la dirección burguesa del Laborismo. Que es todo lo que Mosquera oculta. Por supuesto, Mosquera y el resto de los conciliacionistas pueden apostar a que Alberto Fernández y Cristina Kirchner, de la mano de los Insfrán y Manzur, de la burocracia sindical, la Iglesia, y los dirigentes sociales reformistas, “refuercen la confianza de la clase obrera en sus propias fuerzas”, y “amplíen sus horizontes de lucha”. Pero sería conveniente que para eso dejen tranquilo a Lenin; no hay manera de encajar los escritos del revolucionario ruso en el conciliacionismo de clase; ni en la apología de la subordinación de los trabajadores a la ideología, la política y las instituciones burguesas.

Más aún, Lenin apuntaba a que la crisis le estallara al gobierno laborista. Una cuestión que explica William Pau, quien fuera delegado del PC británico en la IC y discutió la táctica hacia el Laborismo con Lenin. En un artículo publicado a fines de 1920 Pau escribió que el objetivo de votar al Laborismo era “precipitar la crisis que inevitablemente le estallaría y lo abrumaría”. De esa manera las masas, a partir de su experiencia, romperían con sus líderes burgueses y adoptarían el método del soviet como la institución capaz de encarar los problemas que las afectaban  (véase https://www.marxists.org/archive/paul-william/articles/1920/12/02.htm).

Como cualquiera puede advertir, procurar que “la crisis le estalle al Laborismo” es bastante distinto a “apoyar desde la izquierda la unidad contra la derecha”. Además, si buscaba que la crisis les estallara, mal se puede decir que Lenin recomendaba apoyar electoralmente al Laborismo para constituir una suerte de frente único defensivo, con el reformismo burgués, destinado a paliar los efectos de la crisis sobre las masas. Por el contrario, todo apuntaba a quebrar al Laborismo; a que fracasara (si digo que alguien vive para engañar a los explotados, quiero, como marxista, que fracase, no que le vaya bien). Por eso Lenin apuntaba  a que las bases rompieran con sus dirigentes, y esto se le decía a las masas, a través de la prensa comunista, internacional y británica. En ese mensaje no había la menor concesión a la ideología burguesa o reformista. La entrada de los comunistas en el Laborismo, o el voto a sus candidatos, debía favorecer la llegada de ese mensaje revolucionario, rupturista con el reformismo, no conciliador; no estaba en función de reforzar “la unidad contra la derecha”.

Ese enfoque –que tiene sus raíces en Marx, dicho sea de paso- permite entonces entender la figura de “sostener al laborismo como la soga sostiene al ahorcado”, que cita Mosquera. Esa frase se encuentra en El izquierdismo…, donde Lenin afirma que si el Laborismo se hace del poder, y las masas se desilusionan de sus líderes, se podría derribar “de un solo golpe”, y “con serias posibilidades de éxito”, al gobierno de Henderson. Es aquí que dice que había que sostener a Henderson con el voto “del mismo modo que la soga sostiene al ahorcado”. ¿Qué tiene que ver esta situación –las masas que querían soviets, los comunistas en ascenso, la burguesía en crisis- con “sostener a Alberto Fernández con el voto de izquierda como la soga sostiene al ahorcado”? ¿Cómo se puede perder hasta tal punto el sentido de las proporciones?

Agrego que la idea de que los líderes laboristas debilitaban a la clase obrera (no fortalecían su confianza, sino la debilitaban) está de nuevo expuesta en la “”Resolución sobre táctica de la Internacional Comunista”, del Cuarto Congreso de la IC, noviembre de 1922. Allí se sostiene que los gobiernos obrero-liberales (como existía en Australia; como podía darse en Inglaterra), o los gobiernos socialdemócratas, como el alemán, “son tolerados en los períodos críticos de la burguesía debilitada  para engañar al proletariado y ganar tiempo con la ayuda de los obreros corrompidos. Los comunistas… deberán desenmascarar sin piedad, frente a las masas, a esos falsos ‘gobiernos obreros’”. Aquí el eje de las dificultades es, una vez más, la conciencia reformista y burguesa que inculcaban las direcciones reformistas y burguesas. De nuevo pregunto, ¿qué tiene que ver esto con llamar a votar a esos gobiernos de colaboración de clases para “cambiar la correlación de fuerzas entre las clases”? Además, ¿cómo se puede citar a Lenin para defender la idea de que el apoyo al reformismo burgués fortalece la conciencia de la clase obrera?

Tres consideraciones finales

En primer lugar, señalo que los argumentos basados en el principio de autoridad (“tengo razón porque X lo afirmó Lenin, o Marx”, etcétera) no tienen validez científica. Es necesario demostrar que tal o cual tesis, caracterización, táctica política, etcétera, es correcta, o no lo es. En este respecto, lo único que hice en esta nota es mostrar que lo que Mosquera dice que hizo el marxismo revolucionario, no es lo que hizo el marxismo revolucionario. No demostré por ello que tengo razón (o que Lenin haya tenido razón) contra Mosquera y los conciliacionistas que lo siguen.

En segundo término, Mosquera tiene razón cuando critica al FIT-U por no llamar a votar por el Frente de Todos en la eventualidad de un ballotage. Si el FIT-U sostiene que un triunfo de la fórmula F-F representa una derrota de la derecha y el imperialismo; o si se piensa que mejora la correlación de fuerzas entre el capital y el trabajo (o entre la patria y las fuerzas imperiales), no se entiende por qué no convoca a votar “por el mal menor” cuando solo quedan dos fuerzas.

Por último, es necesario tomar conciencia de que las recomendaciones tácticas que en su momento hicieron Marx, Lenin o Trotsky deben examinarse a la luz de sus resultados. Recordemos que el Laborismo accedió al gobierno en Gran Bretaña en 1923, las calamidades de las masas trabajadoras continuaron, y sin embargo, no hubo giro de los trabajadores hacia el método de los soviets. Además, la mayoría de las organizaciones de izquierda en Gran Bretaña siguieron votando, durante décadas, al Laborismo (y algunas hicieron entrismo). Sin embargo, los resultados en materia de radicalización de las masas trabajadoras, o avance en conciencia de clase, han sido nulos. Algo similar podemos decir de otras experiencias de gobiernos “de los trabajadores”, o “de los socialistas y comunistas”. La pregunta entonces es, ¿qué balance sacamos de la táctica “apoyamos para que hagan la experiencia”? ¿O del “apoyamos la unidad con la fracción progresista de la burguesía para fortalecer a la clase obrera”?  ¿Pueden explicar los frentepopulistas dónde y cuándo dio resultados favorables al socialismo?

(Tomado del Blog de Rolando Astarita)