Contra la precariedad: jornada de 40 horas sin flexibilidad ni gradualidad

por Miguel Arriagada

La arremetida por las 40 horas de trabajo, sin flexibilidad ni gradualidad, ha sido desde el punto de vista político un gol de media cancha que ha frenado la reforma laboral, y ha hecho entrar en pavor al gallinero empresarial.

La principal estrategia empresarial ha sido desviar el foco del debate, así lo demuestra el presidente la Sofofa Larraín Matte: «no sé porque alguien puso la música de las 40 horas, y lo que no podemos hacer es validar esa discusión”. 

Sin embargo inquietud causan las declaraciones de Larrain Matte cuando refiere a que no importa “si son 40, 41 o 45 horas”, y que el punto debiese estar puesto en la flexibilidad para poder hacer frente a los desafíos del escenario actual. 

Quiero subrayar la frase “la dureza del escenario actual”. No debiese llamar la atención estas declaraciones, el empresariado es lastimero por naturaleza, bien dice el tango “el que no llora no mama”. Sin embargo, el duro escenario actual tiende a cristalizarse, con un desempleo creciente que ya se ubica por sobre el 8,4% en Santiago, con la cada vez más devaluada estimación de crecimiento de la economía por debajo del 3,5%, con la baja de la tasa de interés por el BC y el precio del cobre a la baja por la estimación de la menor demanda China, solo por poner algunas fichas sobre el tablero.

Como vemos no solo el duro escenario es local, sino internacional, vemos a Trump, con perspectiva hacia una rebaja de impuestos, con la baja de la tasa de interés de la FED, y la actividad manufacturera en nivelas casi ya de recesión. 

A raíz, de esto creo en la voz de aquellos intelectuales que han venido planteando que la crisis del 2008-2009 se logró contener con la transferencia de deuda del sector privado, al sector público,  sin embargo, aquello solo logro aplazar la estrepitosa caída. El problema parece no tener fondo, el exceso de la oferta monetaria y la continua tapadera con recursos públicos, provoco el desangramiento de los estados a través de la deuda pública, el aumento del desempleo, la precarización y la destrucción del estado de bienestar europeo, y aquello no parece ser la parte más oscura aun. 

América Latina, en un escenario periférico, se enfrenta a asumir la crisis que ha sido una sola con distintas fases desde el 2008, es decir, la descarnada expoliación a la clase trabajadora, apostar por mas neoliberalismo, en términos ortodoxos aumentar la tasa de ganancia a partir de la sobre explotación de la fuerza de trabajo. El factor unificador la eterna sombra del imperialismo rapaz, que hoy se ve desesperado, tratando de cobrarle a la UE hasta por respirar, e instalando gobiernos títeres en el patio trasero, siendo el principal adjudicador de su deuda publica China.

Duro escenario, pero aún más duro para el mercado del trabajo en Chile, que ha venido precarizándose de manera sostenida. Un aspecto es el crecimiento de la inmigración, a raíz de las condiciones que impone el capital, lo cual permite disponer de fuerza de trabajo cuyo precio se transa en el mercado a un menor precio, aquello sumado a la cesantía que está por sobre las cifras oficiales, ayudan a crear una masa superflua que terminara bajando los precios de los salarios reales.

Por otro lado vemos la ofensiva legal del gobierno, cuyo slogan es la flexibilidad, en otros términos precarización, la ofensiva contra la educación pública, el  estatuto laboral joven, la reforma tributaria, la reforma al sistema de pensiones y la reforma laboral, todo apunta hacia la precarización, es decir a aumentar la tasa de explotación.

Por lo mismo dentro de la reforma del gobierno, es paradojal lo de las 41 horas, pues obedece a una necesidad política (el empresariado puso el grito en el cielo), sin embargo, la duración de la jornada laboral no es la única estrategia para aumentar la explotación de los trabajadores. El empresariado puede obtener mayores ganancias, a través, de aumentar la jornada laboral, lo que Marx denominaba plusvalía absoluta, o a través de la plusvalía relativa, que es la reducción del valor fuerza de trabajo, dentro de esta categoría, está el fenómeno de la masa superflua de cesantes que disminuyen los salarios reales, el aumento de la jornada de trabajo real aumentando la precarización (horas extras, turnos inesperados), en definitiva, la tan aclamada flexibilidad, es decir, la inestabilidad en el empleo, la externalización, las facilidades de despido, la destrucción de la organización sindical, la automatización etcétera, etcétera. 

La ofensiva precarizadora es una realidad y responde a un fenómeno mundial, la recuperación de la crisis pretenden hacerla a través de la única forma de producir valor, es decir reduciendo los costes de la fuerza de trabajo y expoliando a la clase trabajadora, de la que es parte toda la masa superflua que cae cotidianamente en la cesantía. Ante esto la consigna de las 40 horas debe tomar cuerpo, presentarla en la calle, es lo único que detiene la reforma del gobierno y los empresarios que huelen la crisis como hienas dispuestas a destazar. 

Es probable que estemos en la antesala de momentos de incertidumbre para la clase trabajadora, no sabemos el tamaño del abismo, la crisis, la irresponsabilidad del sistema financiero, intentaran cobrársela a clase obrera, pasa en Argentina, pasa en Grecia, el llamado debe ser a la unión y la organización. Organización y unión en qué sentido táctico, aquello tendrá que ser otro texto, pero claro, que no hay política de conciliación de clase sin dinero, ver el caso Griego, y como tragedia griega lo mismo debiese pasar en Argentina.