Poema de Omar Lara: «Diario de Viaje»

Yo vivía en un barco

en el rincón más dulce de ese barco

en cubierta crujían las sogas y los fierros

en el cuarto más dulce yo escuchaba

escuchaba a cubierto de lluvias y de vientos

adorando como un náufrago a la dueña del viaje

a la que doy

temblando

mi precario bagaje.

Ella es mi salvadora

por lo tanto

mi dueña.

Me pregunto si sabe que es mi dueña

si sabe

que hay un náufrago entre el vino

y el viento

si se da cuenta

que en cada beso le doy mi última humedad

casi mi vida.

Es una frase grande

reconozco

pero un náufrago

se puede permitir ciertas licencias.

y además

quién podría decir que no es verdad?

Amo ese barco.

Amo el susurro de los árboles

lejos

en la ribera.

Amo el sonido de sus pies sobre el suelo

desnudo

sobre todo

cuando viene hacia mí

amo su gesto

de hacer el pan

de encender el fuego

de mirar en la noche.

Amo

su piel amada

su cintura en mis labios

amo sus ojos

en el éxtasis

la dulzura final

el milagro sagrado.

Hasta amo

sin quererlo

sus silencios.

Yo vivía en un barco

de hecho

sigo ahí

para siempre. Y si mi cuerpo se hunde

pienso que algo insistirá

insistirá

insistirá

y alguna vez

tal como en esas viejas casas de madera

un aire loco

enloquecido

susurrará esa palabra que sólo ella conoce

que sólo yo conozco

y quedará

por un momento

quieta

y pensará

otra vez ese loco con su loca locura

ese susurro enamorado.

Otra vez.

Otra vez.