54 años del MIR: honrar la memoria de los caídos levantando la bandera de la revolución proletaria

por Juan García Brun

El día de ayer, 14 de agosto, en el restaurante Valparaíso, mi amor, lugar emblema de la memoria y cultura de izquierda porteña, se realizó un Conversatorio con motivo del 54 aniversario de la fundación del MIR. Una nutrida asistencia concurrió al lugar en el que destacados militantes, veteranos todos de la la Unidad Popular y la resistencia antidictatorial, narraron sus experiencias y proyectaron desde diversas perspectivas, su trascendencia sobre la actual situación política.

En primera fila estuvieron Lucho Aguirre, Ricardo Froden, Jaime Castillo Petruzzi y como invitado sorpresa el último Secretario General del MIR, el legendario Andrés Pascal Allende. Se exhibió un video conmemorativo y se hizo anuncio de la puesta a disposición de archivos de la historia partidaria, particularmente de los Consejos de Guerra a que fueron sometidos muchos de los dirigentes y asistentes a este acto. Tito Tapia y Claudio Martínez estuvieron a cargo de la música, resaltando la emotividad y romanticismo del momento.

Más allá de las emociones, que embargaron muchos pasajes de la jornada, quiero detenerme en las intervenciones de dos compañeros que a mi juicio permiten abordar la trascendencia política del acto. No se trata de hacer nostalgia ni de mirar el pasado como quien ve una postal. De lo que se trata es de desentrañar de qué forma una de las más brillantes generaciones de revolucionarios en nuestro país, han legado su experiencia para las luchas actuales y por venir. Dentro de todos, quiero detenerme en lo expuesto por Jaime Castillo y Andrés Pascal.

El primero, cuya vida militante estuvo concentrada en la Resistencia, la Operación Retorno y luego en el MRTA peruano, experiencia que le acarreó 23 años de prisión en las cárceles del fujimorismo, hizo un encendido llamado a la unidad de los revolucionarios. Castillo se refirió particularmente al fraccionamiento de las corrientes miristas, rodriguistas y lautaristas, como base para la reconstrucción de una alternativa de izquierda que no ve satisfecha con el Frente Amplio al que calificó como un frente electoral.

Pascal, por su parte, puso una nota concentrada al papel del MIR en las postrimerías de la Unidad Popular, refiriéndose particularmente a la cuestión de las armas y a la imposibilidad del MIR de romper con el reformismo -en dos oportunidades manifestó que no quisieron separarse del allendismo- y al papel decisivo que le cupo a Fidel Castro en la subordinación del MIR a la política de la Unidad Popular. Calificó como una locura la política de «el MIR no se asila», estimando que a la dirección del partido debieron sacarla del país, especialmente a Miguel Enríquez y ubicó como momento clave del curso del proceso el tanquetazo del 29 de julio, indicando que debieron jugarse por quebrar a las FFAA. Parte de esto se ilustra con el video que acompaña esta nota, en 10 minutos concentra lo medular de esta cuestión.

Es indudable que el debate sobre la cuestión militar forma parte central de la discusión de los revolucionarios. Así lo entendió la vanguardia que en los 60 y 70 que impulsada por el influjo de la Revolución Cubana, tomó las banderas del castro-guevarismo. Un balance completo de esta experiencia es imprescindible para la continuidad del proyecto de la revolución, especialmente en el Cono Sur latinoamericano.

En este balance deben ponerse de relieve a lo menos tres cuestiones medulares. Lo primero, que la revolución latinoamericana es parte de la revolución socialista mundial y que como tal tiene como sujeto histórico a la clase obrera como caudillo de la nación oprimida por el imperialismo. Parafraseando al propio Castro, si la revolución socialista en nuestros países no tiene como centro gravitacional a la clase obrera, está destinada al fracaso, a ser una caricatura de revolución. La muerte del Che en Bolivia y la masacre que arrasó con la generación castro-guevarista en Chile, Argentina y Uruguay, son el testimonio de que no es el campesinado, ni tampoco el «pueblo pobre» la clase social con capacidad de liderar el proceso revolucionario. Cuando hablamos de revolución socialista -no es majadería decirlo, es retomar el ABC marxista- hablamos de la expropiación de la burguesía, de la destrucción de su Estado y del gobierno revolucionario radicado en los órganos de poder de los explotados, órganos asamblearios, soviéticos.

En segundo lugar, que el itinerario trazado por el castrismo, objetivamente, ha conducido a una lenta restauración del capitalismo en Cuba. El discurso antiimperialista, como hemos anotado, no alcanza para interpretar en profundidad las tareas que se le presentan a los trabajadores, a los explotados y al conjunto de la nación oprimida latinoamericana . Tal cuestión es un límite para el actual Socialismo del Siglo XXI y el Foro de Sao Paulo, del momento que se presenta como una alternativa electoral, como un proyecto de reforma y transformación gradual del capitalismo en socialismo, cuestión que la experiencia chilena, trágicamente, ha demostrado como histórica y políticamente inviable. El bloqueo y acoso imperialista es una condición de toda revolución y la restauración, como toda derrota debe ser proclamada como tal. Ocultarlo es semilla de mayores desorientaciones y fracasos. Defender la revolución cubana, como conquista de los explotados del mundo, supone combatir toda forma de restauracionismo de las relaciones capitalistas de producción, aún cuando estas medidas restauracionistas se presenten con el edulcorado de la tradición revolucionaria.

Finalmente, creo oportuno señalar que la experiencia castro-guevarista, nos obliga a poner bajo la lupa al foquismo como camino para llevar a los explotados a tomar las armas. Se trata de abrir un debate dentro de las filas revolucionarias respectivamente de cuál es el camino que conduce al poder. No estamos cuestionando la necesidad de la violencia, que viene impuesta por el propio proceso revolucionario, sino de qué conclusiones podemos sacar de La Higuera (Che), de Monte Chingolo (ERP) o Neltume (MIR). Qué lección nos dejaron los combatientes que cayeron bajo el fuego de las FFAA de la burguesía. ¿Cómo honramos su memoria?.

Resulta fundamental analizar lo que hicieron y de qué forma contribuyeron al avance de las ideas revolucionarias en Bolivia, Argentina o Chile. El saldo es negativo: perdimos valiosísimos compañeros y no logramos estructurar una dirección revolucionaria. La derrota nos debe ayudar a probar nuestras convicciones y a sacar las conclusiones programáticas que corresponden. El partido revolucionario ha de construirse en la clase obrera, en las filas de los trabajadores, como dirección política de la clase. No hay atajos en la construcción de este partido y la condición revolucionaria ha de corroborarse en la práctica política.

La tarea revolucionaria sigue vigente como hace 54 años. La tarea de construir el partido de la clase, aquilatar nuestra experiencia y volcarla en la lucha de clases. Esa es la tarea del conjunto de los revolucionarios, levantar las banderas de la revolución proletaria.

Andrés Pascal explica el problema de las armas al momento del Golpe del 73