Inmigrantes: los ahogamientos masivos frente a Libia y la defensa de los refugiados

por Alex Lantier

La continua ola de atrocidades contra los refugiados demuestra que es imposible defender a los inmigrantes sin un movimiento internacional de masas contra el sistema capitalista. Pese al aumento en la ira por los crímenes perpetrados contra los refugiados por parte de los Estados más ricos del mundo, estos Gobiernos están determinados a continuar sus políticas antiinmigrantes, condenando a decenas de miles de personas inocentes a morir.

El jueves, un barco con entre 270 y 300 refugiados que buscaban escapar Siria naufragó y se hundió en el mediterráneo en curso a Italia. Varios pescadores que avistaron el bote llamaron a la guardia costera libia, quien rescató aproximadamente a 140 refugiados de las olas. El resto desparecieron y se presumen muertos.

Sabah Youssef, una sobreviviente del hundimiento que estaba devastada por el ahogo de su hija de siete años, declaró: “No quiere nada más que volver a mi país, Sudán, para morir ahí”.

Un superviviente eritreo hizo un llamado internacional de ayuda: “Nos rescatamos a nosotros mismos. Nadie nos podía ayudar y nadie vino a rescatarnos y aquí estamos en un gran lío. Así que necesitamos su ayuda”.

Los refugiados que sobrevivieron aún están en un grave peligro. Así como todos los refugiados que caen en manos de la guardia costera libia —una fuerza creada y financiada por la Unión Europea (UE) después de que la guerra de la OTAN de 2011 contra Libia destruyera el Gobierno y las fuerzas armadas del país—, están en riesgo de ser internados en los campos de concentración financiados por la UE. Ahí, se enfrentan a ataques, violaciones, asesinatos o ser vendidos en esclavitud, como lo ha documentado repetidamente las Naciones Unidas, grupos de derechos humanos y medios corporativos.

Quienes sobreviven el abuso de los guardias, pueden ser víctimas de la guerra civil que ha asolado Libia desde la guerra de la OTAN. Más temprano este mes, docenas murieron cuando una aeronave leal a Khalifa Haftar, un caudillo militar respaldado por el presidente francés, Emmanuel Macron, y el dictador de Egipto, Abdelfatah al Sisi, bombardeó un campo de refugiados en Tayura cuando atacaban al Gobierno libio oficial respaldado por Italia en la vecina ciudad de Tripoli.

El viernes, el vocero del Alto Comisionado para Refugiados de las Naciones Unidas en África, Charles Yaxley, tuiteó la noticia espantosa de que, de los supervivientes del naufragio, “84 fueron llevados al capo de detención de Tayura, donde más de 50 murieron atrapados dentro durante un bombardeo aéreo hace pocas semanas… Deben ser liberados y se deben tomar acciones para que nadie sea devuelto a los centros de detención”.

La responsabilidad por los ahogamientos de refugiados en el mediterráneo, los cuales han cobrado 14.000 vidas desde 2016, recae en la UE y el sistema capitalista. Ante el resurgimiento global de la lucha de clases —las protestas masivas en Puerto Rico, las huelgas de docentes en EUA, las protestas de los “chalecos amarillos” en Francia, y las huelgas contra la austeridad de la UE en Portugal, Alemania y Polonia— la clase capitalista está azuzando viciosamente chauvinismo antirrefugiados para dividir a los trabajadores. Simultáneamente, está edificando un Estado policial para la represión masiva de la clase obrera en su conjunto.

Los Gobiernos imperialistas en ambos lados del Atlántico están bombeando cientos de miles de millones de dólares en sus máquinas militares e imponiendo austeridad para enriquecer a milmillonarios como el CEO de Amazon, Jeff Bezos (riqueza neta de $165,6 mil millones) y el dueño de LVMH, Bernard Arnault ($104,2 mil millones) a expensas de los trabajadores.

Sin embargo, haciendo eco de los regímenes fascistas del siglo veinte, los Gobiernos y partidos burgueses de todos los colores políticos insisten en que todos deben culpar a los inmigrantes por sus problemas.

El presidente fascistizante de Estados Unidos, Donald Trump, ha detenido a cientos de miles de inmigrantes en una red de campos de concentración dentro del país y está amenazando con llevar a cabo barridas policiales en las ciudades para deportar a millones de inmigrantes indocumentados. El Partido Demócrata ha desempeñado un papel clave en apoyar la política ultraderechista de Trump, votando a favor en la Cámara de Representantes de asignar $4,6 mil millones para el sistema de campos de concentración pese a las protestas contra las redadas por todo EUA.

Los ahogamientos frente a las costas de Libia han provocado gran indignación en Europa, dirigida contra el ministro del Interior ultraderechista de Italia, Matteo Salvini, quien proclamó su admiración por el dictador fascista, Benito Mussolini.

Salvini, quien ha amenazado con llevar a cabo redadas masivas para deportar a los inmigrantes ilegales y al pueblo roma, prohibió el desembarque de refugiados en Italia. Ignoró las protestas de 200.000 personas esta primavera en Milán en defensa de los refugiados. Habiendo arrestado a la capitana alemana, Carola Rackete del barco Sea Watch 3, por desembarcar refugiados en Italia, la liberó en medio de una ola de protestas en Alemania. Ahora se rehúsa a permitir que un barco de la guardia costera italiana con refugiados desembarque hasta que los otros Estados miembros de la UE acuerden recibir a todos los inmigrantes a bordo.

Sin embargo, la responsabilidad es de toda la UE. En 2015, lanzó su “Operación Tritón”, poniendo fin a las operaciones de rescate e intensificando sus despliegues de buques de guerra en el mediterráneo y la construcción acelerada de una vasta red de campos de concentración. Millones de refugiados de Oriente Próximo y África están encarcelados en condiciones horribles en campos financiados por la UE que se extienden desde Italia y Grecia hasta Turquía, Libia y Níger.

Las declaraciones de Berlín y París criticando las afrentas fascistizantes de Salvini exudan hipocresía. Mientras que el Gobierno de Macron ha llamado a Salvini “asqueroso”, el mandatario francés rindió tributo al dictador fascista Philippe Pétain, mientras que sus oficiales presumen ante sus bases fascistizantes en las fuerzas de seguridad y la élite financiera de que inmovilizaron el barco de rescate de migrantes Aquarius frente a Marsella para prevenir que los refugiados llegaran a Francia. Su policía reprimió brutalmente una protesta de refugiados africanos en París el 14 de julio, el aniversario de la Revolución francesa, así como atacan salvajemente a los “chalecos amarillos” que protestan la desigualdad social.

Tras abrir brevemente la puerta en 2015 a los migrantes que escapaban la guerra en Siria por medio de los Balcanes hacia Alemania, Berlín ha adoptado una política antiinmigrante. Según se rearma y mientras los profesores alemanes extremistas de ultraderecha llaman a rehabilitar a Hitler y el militarismo alemán, están floreciendo grupos neonazis violentos dentro del aparato policial. El asesinato no resuelto del político Walter Lübcke, quien había recibido múltiples amenazas de muerte de neonazis tras defender públicamente a los refugiados, constituye una amenaza poco sutil contra cualquiera que defienda a los refugiados en Alemania.

En 1940, dos años antes de que el fascismo europeo lanzara el genocidio de los judíos, el gran revolucionario marxista, León Trotsky escribió: “Hoy día, la sociedad capitalista en decadencia está buscando sacar por todos sus poros al pueblo judío; diecisiete millones de individuos de los dos mil millones que pueblan el globo, es decir, ¡menos del 1 por ciento que no pueden hallar campo en nuestro planeta! En medio de las vastedades de territorio y las maravillas de la tecnología, las cuales han conquistado los cielos así como la tierra para el hombre, la burguesía ha conseguido convertir nuestro planeta en una fétida prisión”.

Ochenta años después, las palabras de Trotsky resuenan como una advertencia. Después de tres décadas de guerras imperialistas en Oriente Próximo y África desde la disolución de la Unión Soviética y una década de crisis económica tras el colapso de Wall Street de 2008, decenas de millones de personas han intentado escapar de las matanzas y la pobreza por todo el planeta. El año pasado, 70,8 millones de personas se encontraban desplazadas alrededor del mundo, la mayor cifra desde la Segunda Guerra Mundial.

La represión estatal intransigente y el fortalecimiento del Estado policial son señales de que la clase gobernante está decidida a perseguir un curso fascistizante.

El camino hacia adelante es la lucha por movilizar a capas cada vez más amplias de la clase obrera internacional en las luchas en desarrollo y armar estas luchas con un programa socialista e internacionalista. Esto significa rechazar los esfuerzos para culpar a los inmigrantes por la crisis social generada por el capitalismo y defender su derecho a viajar, vivir y trabajar en el país de su elección. Ante todo, esto significa rechazar las ilusiones de que las políticas antiinmigrantes pueden ser combatidas en alianza con alguna sección de la élite gobernante.

Solo una perspectiva de movilizar a la clase obrera internacionalmente por la transformación socialista de la sociedad puede liberar a la humanidad de los dictados de la oligarquía corporativa, defender los derechos democráticos y garantizar un alto nivel de vida para todos.

(Tomado de WSWS)