En Argentina, una vez más: «Partido Obrero, qué clase de partido o partido de qué clase»

por Fernando Armas

Con este título publicamos dos ediciones de un pequeño folleto que, al revisarlo, tiene toda su vigencia, atento a la fractura actual de esta organización política. Que la “minoría expulsada” sea la fracción de Jorge Altamira (a cuya “imagen y semejanza” se “construyó” este grupo político), brinda a la fractura una serie de ribetes novedosos, pero que al mismo tiempo, tejen una complicada maraña entre análisis y debates ideológico-políticos y peleas de aparato. La postura de “víctimas” que asumen Altamira y sus seguidores da la medida de sus victimarios, supuestos stalinistas post-modernos. Por eso, al apreciar toda esta impostura, consideré urgente realizar el siguiente posteo, que fue ampliamente difundido por redes sociales, y publicado en la Revista digital El Porteño, de Valparaíso, Chile.

ACERCA DE LA FRACCIÓN PÚBLICA DEL PARTIDO OBRERO LIDERADA POR ALTAMIRA: ¿CON QUÉ CARA?

26/06/2019 EDITOR

Le pegué una leída (aún superficial) al documento donde los firmantes proponen este paso de ruptura. Es increíble que denuncien los métodos stalinistas y policiales que están sufriendo, ya que ELLOS MISMOS (Altamira, Ramal y Juan Ferro) los aplicaron contra los que luego formamos el POR, a fines de los años 80.

A nosotros directamente nos expulsaron, con el único cargo de ser disidentes políticos. Hasta la presionaron a Cata Guagnini (dirigente de Derechos Humanos, y que integraba la Comisión de Control y Disciplina), para que no nos reciba. Son unos crápulas y charlatanes. Se ve que quienes coparon la dirección de PO son PEORES. Cría cuervos y te comerán los ojos.

Respecto al contenido político del documento, es más y peor de lo mismo. Tratan de correr a la dirección actual (oportunista y maniobrera) con un discurso catastrofista, exitista, como que estamos al borde de la revolución, y ante esta situación «pre-revolucionaria», todo el FIT tiene una línea política «DERROTISTA».

En realidad, la purga que «sufren» Altamira y compañía nada tiene que ver con eso. Lo fundamental de toda esta fractura es el control del aparato y de los rentados, tal como ellos mismos denuncian en una parte del documento.

De todos modos, puede ser útil un análisis de cada capítulo como recurso para nuestra propia elaboración ideológica, programática y política. Como se puede leer, la fracción de Altamira acusa a la mayoría que hoy dirige el PO de electoralista, aparatista, que reniega del socialismo revolucionario, hasta en la propaganda. Crítica que venimos haciendo hace rato al FIT en su conjunto. Pero lo cierto es que el oportunismo de aparato de la mayoría de PO es una adaptación empírica a la DURA REALIDAD que NO ES REVOLUCIONARIA.

La crítica de la fracción de Altamira no tiene sustento, porque parte de una caracterización exitista y catastrofista de la realidad, que considera potencialmente revolucionaria.

El autor, Fernando Armas, es militante de SOCIALISMO REVOLUCIONARIO de Argentina

 e integra el equipo editorial de El Porteño

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Pues bien: trataré de abordar el contenido ideológico y político de la ruptura, luego de haber podido estudiar el documento liminar de la “fracción pública” de Altamira y compañía (ver ANEXO). Iré capítulo por capítulo, sugiriendo al lector interesado que use ese método para evitar falsas interpretaciones y largas citas textuales.

INTRODUCCIÓN

Se apela a dos recursos entrelazados: la “tradición del partido” y el culto a la personalidad de Altamira. Luego de citar textualmente una parte de un discurso sobre el “CARÁCTER” que deben tener los militantes, para no ser “COMPLACIENTES” (la manera de expresarse de Jorge me hace acordar a aquellos comentaristas deportivos que, al describir la falta de juego de un equipo, rescatan el “carácter”, la “actitud”, en fin, los “huevos”), se dice lo siguiente: 

“Nuestro Partido Obrero atraviesa una crisis política incuestionable. El carácter de esta crisis está determinado por la tentativa explícita de romper la continuidad histórica del partido – o sea sus principios, su estrategia y sus métodos. La expresión grotesca de esta política es la proscripción política de Altamira al interior del partido; el establecimiento de un comité de censura en la prensa; la prohibición a sus charlas sobre el Cordobazo en Tucumán, Salta y Santa Fe, que tuvieron lugar de todos modos por el voto mayoritario de los comités respectivos; la supresión de cualquier mención a su persona en el folleto editado para el aniversario del Cordobazo, para menoscabar que fue uno de los principales organizadores de la nuestra intervención en esa huelga histórica, como ocurrió luego en el Argentinazo. Se trata de expresiones burdas de una política que tiene un carácter de conjunto.”

Es decir: se fija una línea de reclutamiento en la lucha fraccional utilizando la figura del fundador, del viejo Pastor evangélico proscripto, para denunciar la herejía. Tradiciones y programa sólo pueden estar encarnados en Jorge Altamira, y su desplazamiento del comité central sólo puede estar al servicio de romper con esas tradiciones y ese programa. Para quienes vivimos algo muy similar con el POR de Bolivia mientras vivía Guillermo Lora, no nos sorprende esta manera mesiánica, típica de las sectas, de plantear los problemas políticos. Justamente por esto, en el capítulo introductorio del folleto mencionado, entitulamos: “LA HERENCIA QUE REIVINDICAMOS, LA DEGENERACIÓN QUE ESTAMOS SUPERANDO”. Es decir: el método del espíritu crítico que un marxista debe tener sobre la historia (y más, si es la propia historia como grupo y/o como militante), es profundizar acerca de qué proceso es producto.Sin mitificar ni negar el valor de esa historia. El concepto mesiánico de Lora o de Altamira consiste en auto-asignarse la encarnación misma del partido-programa. Por eso tienen que omitir deliberadamente su propia historia como victimarios y burócratas, cuando aplicaron a los que luego formamos el POR los métodos que están sufriendo ahora. Y por eso presentan a la fracción mayoritaria como una suerte de banda sin principios que les coparon el partido, como si fuera un cuerpo extraño a la propia historia del PO. Como si el charlatán y oportunista inveterado de Pitrola o el burócrata arribista de Gabriel Solano hubieran nacido de un repollo. A su turno, la mayoría que “ganó” el Congreso, también usa el recurso del “antipersonalismo”, reclutando en provecho propio el conocido malestar que siempre provocó Jorge (¡¡¡también Lora!!!) humillando a sus subalternos, que por supuesto, hace décadas que vienen murmurando y conspirando a sus espaldas. Tan es así, que la derrota del “viejo” Altamira con el “pibe” Del Caño en las PASO presidenciales del 2015 dio la voz de “aura” para la pandilla hoy oficialista. Como comentan muchos militantes y simpatizantes de PO: a veces hay que saber retirarse a tiempo, o aprender a jugar desde otro lugar en la construcción.

Esta ESENCIA de la fractura de PO es propia del carácter de una SECTA, muy débilmente atravesada por la lucha de clases real. No porque no contenga el PO valiosos militantes insertos en las masas, sino porque la elaboración de la teoría y de la línea política se realiza CONTRAlo que enseña esa realidad, esa inserción. La exageración, el autobombo, los informes falseados, el tomar un elemento parcialmente cierto como un absoluto a conveniencia, siempre fue moneda corriente en PO, y creo también, en los troncos sectarios fundamental del trotskismo internacional. 

Al estar “contaminado” todo el documento de este carácter que marca la introducción, se hace difícil abordar temas fundamentales del resto del texto en su contenido ideológico y político. Pero lo intentaremos.

ESTRATEGIA

En este capítulo Altamira y compañía expresan con toda nitidez su catastrofismo exitista. La cuestión del poder debe ser expresada como tal, fuera cual fuese la relación de fuerzas y la situación política. La consigna “FUERA MACRI, ASAMBLEA CONSTITUYENTE SOBERANA, GOBIENOS DE LOS TRABAJADORES”estaría a la orden del día por la “fenomenal” crisis económica y del régimen político. Este no sería un fenómeno sólo argentino, sino mundial. Lejos de caracterizar como derrotas del movimiento obrero mundial la restauración capitalista en la ex URSS y demás estados obreros burocratizados, se puede leer (no sin asombro), lo siguiente: 

 “Este método estratégico vale en plenitud en la época actual, luego de la enorme crisis capitalista que siguió a la disolución de la URSS, tanto en 1997/8 y por sobre todo en 2007/8. Los flujos y reflujos se combinan como consecuencia del derrumbe capitalista, con sus giros políticos más extremos, en toda esta etapa histórica tomada en su conjunto.”

Es decir, estamos ante el delirio de caracterizar que estamos ante un período revolucionario invariable, o peor aún, viendo revoluciones donde no las hay (así caracteriza el PO, y no sólo Altamira, a la primavera árabe), y no viendo procesos contrarrevolucionarios que revitalizaron al capitalismo como sistema, como Rusia, Europa del Este, China, Vietnam. 

El capítulo ataca al oficialismo del PO por limitar el Programa de Transición a un “sistema de consignas”, y no tomarlo como un eje de construcción de poder. Pero acaso…¿es posible poner en primer plano consignas “de poder” como la de “Fuera Macri….” cuando el 95% de la población ratifica su adhesión al actual régimen político? ¿Cuando la totalidad de las difíciles luchas defensivas fueron derrotadas, o a lo sumo, frenaron en parte la velocidad del ajuste? ¿Cuando la burocracia sindical jamás fue rebasada por las bases y mantiene el control de sus aparatos incluso a través de “paros nacionales” inocuos para el sistema? ¿Cuando la mayoría de la clase trabajadora ni siquiera está sindicalizada?

El capítulo “ESTRATEGIA” incluye la siguiente salvedad: 

 “La política revolucionaria no pierde vigencia en períodos no revolucionarios – se orienta simplemente a preparar, en términos de propaganda, agitación y organización política, la actuación revolucionaria en los períodos revolucionarios que sobrevendrán.”

 Esta obviedad pierde substancia si los socialistas revolucionarios caracterizamos incorrectamente el tiempo histórico. Si no revisamos críticamente nuestros diagnósticos y pronósticos. Si no establecemos una aplicación correcta de la difícil ecuación entre agitación, propaganda y organización. Si no tomamos conciencia de nuestra propia marginalidad política, de la desfavorable relación de fuerzas. Ser socialista revolucionario en un tiempo histórico NOrevolucionario, adverso, es harto difícil. ¡¡¡Pero esa dificultad no se puede “resolver” falseando la realidad y apelando al voluntarismo!!!

Es cierto el siguiente diagnóstico que hacen Altamira y compañía:

 “La circunstancia de que el PTS e IS adopten una posición similar a la del grupo dirigente del PO está marcando un retroceso político del Frente de Izquierda tomado en su conjunto, y un remarcado electoralismo.” 

¡¡¡Pero este derrotero adaptativo al régimen democrático burgués no comienza con el Congreso de PO que destronó a Altamira!!! Estuvo marcado desde la propia fundación del FIT como “cooperativa electoral”, y se fue acentuando en la medida que los resultados electorales (generales y propios) presionaron para adaptarse al sistema. El “volantazo estratégico” de la fracción altamirista es de un ultraizquierdismo artificial e interesado, que busca un punto de cohesión y de reclutamiento faccioso contra el declarado “realismo” oportunista y electorero del aparato dirigente. 

En resumen: a mi modo de ver la “estrategia”socialista revolucionaria debe sostenerse SIEMPRE,  partiendo de la base de la NECESIDAD HISTÓRICA de la revolución socialista como salida a las propias condiciones de barbarie del sistema capitalista. Pero esta definición como marxistas, NO PUEDE SERAJENA AL TIEMPO. Y no me refiero sólo al “tiempo histórico” en general, a la obviedad de la relación de fuerzas desfavorable ya descripto. Me refiero también al tiempo de desarrollo de una organización, de maduración de las ideas en un sector de vanguardia, e incluso, a la relación entre el tiempo de vida biológica del militante y su relación con la historia. Si bien es correcto criticar desde la “estrategia” el “tacticismo” adaptativo al sistema y al régimen que aplican los componentes del FIT-UNIDAD, o el Nuevo MAS, etc., el “ESTRATEGISMO” supuestamente principista es incorrecto, porque es abstracto, no busca los anclajes posibles en la realidad concreta, es enemigo de la táctica del frente único, y en definitiva, no es un recurso de aproximación a la conciencia de las masas y de la vanguardia para transformarla en un sentido clasista. 

MOVIMIENTO OBRERO

En este breve capítulo el documento refleja un polémica al interior del PO que llevaría un par de años. La actual mayoría habría caracterizado que “no pasa nada” y el sector de minoría que tenía plena vigencia la consigna de “un congreso obrero liderado por el SUTNA y los sindicatos dirigidos por el clasismo, para dar una lucha por un congreso de bases de los sindicatos y centrales obreras y la preparación de un paro activo y la huelga general.”

Pero no sólo eso: en referencia al movimiento piquetero “propio” del PO, podemos leer el siguiente delirio: 

“El Polo Obrero se ha desarrollado en conexión con este aumento de la miseria y sufrimiento de masas y, al mismo tiempo, en oposición al llamado “triunvirato vaticano”. La perspectiva política del Polo está condicionada a la lucha de clases considerada en su conjunto, no será el resultado solamente de un esfuerzo de carácter organizativo. El Polo Obrero necesita de un plan de politización que desarrolle una fuerte conciencia de clase y que convierta a estos sectores más conscientes en militantes cuartainternacionalistas.”

Nuestra corriente, ya desde los tiempos del POR, y luego como SR, fue y es profundamente crítica al reclutamiento de desocupados por la vía del clientelismo de los planes sociales. No para negar esa posibilidad como emergente de una crisis social, sino para que, a partir de la misma, se construyan emprendimientos autogestionados, sobre la base de un único movimiento territorial con libertad de tendencias, buscando la unidad permanente con los sectores organizados de los trabajadores ocupados de la zona. (ver Pautas Programáticas del CCPOR, revisadas luego de la crisis del 2001). Desde esta postura, consideramos NEFASTOSlos aparatos montados sobre el hambre, apropiados por sellos partidarios, fueran cuales fuesen los apropiadores (clericales, CCC, Polo Obrero, etc.). Pero a veces el delirio tiene su lógica: para quien consideró al movimiento piquetero como un nuevo sujeto social de la revolución (Altamira), es lamentablemente coherente el voluntarismo absurdo de querer transformar al piquetero en militante cuarta internacionalista. Lo que podría ser un fenomenal excepcional, es presentado como la regla de una línea política de construcción.

Pero lo peor de este capítulo es su OMISIÓN. Nada se dice de la situación real del movimiento obrero, de sus luchas defensivas, de las derrotas de las mismas, de la hegemonía de la burocracia, del proceso de des-sindicalización. Una consigna como la proclamada, contra el “no pasa nada” de la mayoría del PO, supone una situación de ascenso de masas, que por cierto, no existe. 

PARLAMENTARISMO

La esencia de este capítulo del documento se sintetiza en este párrafo:

“El socialismo revolucionario ha señalado los límites insuperables del parlamentarismo burgués desde sus inicios; hoy, en plena descomposición capitalista, el parlamento ha derivado, por un lado, en una mera cámara de registro de las formas más despóticas del Estado capitalista, y del otro, en una aceitada maquinaria de engaño y bloqueo de las reivindicaciones de las masas. En este cuadro, la misión prioritaria del parlamentario revolucionario es la de ejercer la agitación y la denuncia implacables contra el régimen, o sea, el “charlataneo” que ha sido denostado por la actual dirección del Partido.”

No podemos sino hacer nuestro este correctísimo párrafo. En realidad, sin pretender derechos de autor ni acusación de plagio (ya que es una idea muy básica del marxismo), podríamos decir que Altamira y compañía “copiaron y pegaron” de varios textos de nuestro grupo, el SR, o bien de otras organizaciones que vienen denunciando el parlamentarismo electoralista de los legisladores del FIT. 

También en este capítulo se desarrolla correctamente que la utilización del parlamentarismo como tribuna para la propaganda socialista,  implica usarlo también para potenciar la organización y la lucha por abajo, desde las bases, en el terreno de la democracia y acción directas. Es lo que venimos haciendo, por ejemplo, en el movimiento multisectorial por la temática de la Caja del Arte de Curar en Santa Fe, utilizando incluso los lazos con parlamentarios que responden ideológica y políticamente al reformismo o a partidos patronales (Carlos del Frade, Mercedes Meier, Rubén Giustiniani, Lucila Di Ponti, Leandro Bussatto, Silvia Augsburger, etc.). El juego parlamentario puede y debe ser usado como palanca para la organización y la lucha, aún concientes de los riesgos que esto implica. No hacerlo, especialmente cuando existen ilusiones democráticas en las instituciones burguesas, supone sencillamente abstenerse de hacer política, o limitar la misma a un propagandismo abstracto. 

El párrafo citado, correcto en general, tiene una particularidad que es falsa: “la plena descomposición capitalista”, reiterando el clásico catastrofismo altamirista. Esto le facilita a la mayoría del PO acusar de “charlatanismo” a la crítica antiparlamentaria de la minoría. En realidad, son unos charlatanes los representantes de ambas fracciones, en el sentido que la acomodación de los argumentos tiene un carácter completamente oportunista, ajeno a procesar una revisión autocrítica. Reiteramos: ¿el “cretinismo parlamentario” del FIT es de ahora?¿Nace con el proceso expulsivo de Altamira? ¿O acaso no está en el “huevo de la serpiente” de su propia gestación, como cooperativa electoral para poder superar las PASO?

DERROTISMO

Este breve capítulo pinta de cuerpo entero el bajísimo nivel ideológico y político del debate dentro del PO. Como ya lo habíamos visto en referencia al balance del retroceso electoral del FIT en Córdoba, Altamira y compañía acusan a quienes argumenten desde la realidad concreta (de la cual forman parte las derrotas obreras) de “derrotistas”. En aquella ocasión el mote fue contra la regional de PO dirigida por el flaco Salas y también contra el PTS, que relacionó (a mi modo de ver, arbitrariamente), la derrota de la huelga de la UTA con los magros resultados electorales. Nuestra pequeña organización, el SR, y también como militantes individuales, hemos sido calificados con esta definición, cuando no con los agregados de “escépticos”, “quebrados”, “fundidos”, “desmoralizados”, etc. Estudiar la realidad mundial de la lucha de clases, REVISAR los pronósticos y el propio Programa de Transición (especialmente el concepto paradigmático que reza que “las fuerzas productivas han cesado de crecer”), nos colocó, para la lógica del trotskismo tradicional, en el terreno de la herejía. 

Orgullosos lucimos ese sayo. ¡Pero parece ser que los cuervos criados por Altamira y sus seguidores han seguido, subrepticia y cautelosamente, ese camino revisionista, y acusan al patriarca de “catastrofista”!

Lo que sucede es que, a la mayoría del PO, le fue siendo insoportable el exceso de catastrofismo en clave de delirio. Si no, veamos este párrafo de un reciente artículo escrito por Jorge Altamira sobre panorama mundial, publicado en “En defensa del Marxismo” nº 52:

 “La burguesía ha perdido la iniciativa estratégica, la cual ha pasado potencialmente al campo de la izquierda revolucionaria”.

El triunfalismo exitista que practican, en distinto grado y formas, las diversas corrientes autoproclamadas trotskistas (también otras corrientes, como las de origen maoísta o castro-guevaristas), forma parte de una lógica de reclutamiento inmediatista nefasta, que entusiasma durante un tiempo y que produce la peor de las derrotas: jóvenes militantes que se pasan al posibilismo reformista o kirchnerista, o directamente se alejan de la militancia, al chocarse concretamente con la dura realidad. 

La fracción liderada por Altamira, no casualmente, encarna el extremo de ese triunfalismo, del cual esa frase es tan sólo una muestra. Ese debate sobre la caracterización del tiempo histórico fue el que desarrollamos en el Congreso de PO que precedió a mi expulsión, y con más madurez, fue el debate central que generó la ruptura con Lora, quien pretendía hacer militar a los valiosos cuadros del POR boliviano caracterizando que la “excepcionalidad boliviana” había “agotado el nacionalismo de contenido burgués” y que asistíamos (¡desde hace años!) a “una situación revolucionaria con tendencia a la insurrección”. 

Se restauró el capitalismo en todos lados; la clase obrera sufrió derrotas por doquier; la derecha e incluso el fascismo avanza en Europa, EEUU, y América Latina; las corrientes trotskistas sufren un proceso de retroceso y de fragmentación; el individualismo prevalece en las nuevas generaciones por sobre elementales principios de solidaridad…pero para Altamira…“La burguesía ha perdido la iniciativa estratégica, la cual ha pasado potencialmente al campo de la izquierda revolucionaria”.

Esta REALIDADno niega las luchas, e incluso múltiples y novedosas manifestaciones de resistencia (chalecos amarillos, movimiento feminista, peleas ecologistas, estudiantiles, sindicales). Pero lo CENTRALes la CRISIS DE ALTERNATIVA al capitalismo como sistema. Esto es lo que hay problematizar, discutir y avanzar construyendo, sin descalificativos absurdos dirigidos contra los herejes, con la única finalidad de sostener artificialmente el dogma. 

FRENTE DE IZQUIERDA

En este capítulo los firmantes pro fracción pública reiteran temáticas ya tratadas en el punto “PARLAMENTARISMO”. Se subraya, eso sí, el carácter “democratizante” del FIT desde su propia fundación, y se destaca la supuesta batalla que (¿en secreto?) habrían librado contra dicho carácter, para potenciar la hegemonía revolucionaria en el Frente, o sea, la de ellos mismos. 

Nuestro grupo, y también otras corrientes, nos hemos cansado en denunciar el carácter de “cooperativa electoral” del FIT, nacido con el objetivo de superar las PASO, y luego de algún éxito en los votos, de lograr algunos escaños. Nos hemos cansado en señalar que en los frentes de masas, en las luchas mismas, los componentes partidarios del FIT tuvieron y tienen políticas diferentes, y en muchos casos, contrapuestas. 

Hemos reclamado una y otra vez, por cartas y en intervenciones orales cuando nos fue permitido, que el mecanismo de su construcción se abriera a los demás grupos y militantes sueltos, tal como lo expresaba la declaración de principios fundacional del FIT, utilizando el mecanismo de las asambleas y/o reuniones y/o plenarios abiertos para debatir y resolver las acciones políticas, o al menos, los ejes programáticos de las campañas electorales. Fuimos absolutamente ninguneados, y especialmente, por el PO bajo la conducción de Altamira. 

Ninguna de las polémicas que atravesaban la situación política fueron desarrolladas dentro del FIT. Como parte constitutiva del mismo, la fracción de Altamira confiesa en su documento:

“Esas polémicas han sido sustituidas por denuncias faccionales entre unos y otros, vinculadas a intereses contradictorios en cuanto a figuración o aparato – como sería el caso de quién debe cerrar los actos o los periodos de rotación de los cargos electos.”

Para nosotros, la progresividad del voto al FIT no está relacionada con cuánto de revolucionario o democratizante tenga, sino porque formalmente, aparece como una alternativa electoral independiente de los partidos patronales,  en condiciones adversas para los socialistas revolucionarios, en ausencia de un auge de masas, y bajo el dominio del régimen político democrático burgués. Pretender darle al FIT un carácter “revolucionario” (como supuestamente pretendieron los altamiristas) es coherente con su mesianismo y con su caracterización profundamente errada del tiempo histórico. 

FEMINISMO

En este capítulo, la fracción pública ataca dos supuestas desviaciones de la mayoría que hoy dirige el PO:

  1. Una disolución de los planteos anticapitalistas y socialistas en el policlasismo del movimiento feminista. 

El problema que tiene Altamira es, una vez más, su errada caracterización de la situación mundial. Este párrafo encabeza el capítulo:

“La emergencia de un gigantesco movimiento de lucha de la mujer, a escala mundial, no ha sido integrada a la caracterización política de conjunto, como una manifestación de la tendencia internacional a un ascenso de las masas explotadas.”

Contra este diagnóstico y pronóstico irrealmente optimista, lo cierto es que el movimiento de la mujer (cuya profundidad y desarrollo es también muy desigual en las distintas partes del globo) NO ES “una manifestación de la tendencia internacional a un ascenso de las masas explotadas”, sino bien por el contrario, un movimiento de lucha EXCEPCIONALa la regla general de un reflujo de las masas explotadas, y en especial, de la clase trabajadora. 

Es totalmente correcto combatir en el seno del policlasismo del movimiento feminista con el programa que el marxismo ha desarrollado al respecto. Así lo hacemos nosotros, y así también lo hacen corrientes como el Partido por la Revolución y el Comunismo (PRC) o Marabunta/La Caldera. Tan correcto como construir agrupamientos clasistas en los sindicatos contra la colaboración de clases de la burocracia. 

A diferencia de los 70 (cuyo feminismo se invoca en el documento), cuando había un tiempo histórico FAVORABLE para que la lucha de género sea al mismo tiempo de clase, hoy esa pelea NECESARIA es CONTRA LA CORRIENTE. 

  • La “mayoría” del PO tiene una concepción liberal pequeñoburguesa respecto a la reivindicación de la libertad para el uso recreativo de las drogas. 

No me parece un ángulo correcto como eje contra la pretendida lucha contra el narcotráfico y la prostitución organizada. Bien por el contrario, es correcto luchar por la legalización de la marihuana y otras drogas sociales, bajo un plan de salud estatal, con control de los trabajadores y los usuarios. 

La lucha contra las adicciones (¿y las legales, Altamira, como los psicofármacos y el alcohol?) es un problema de salud pública y también de lucha revolucionaria contra la alienación y la falta de perspectiva de vida de la juventud. 

La fracción pública se coloca en una postura moralista conservadora, contra la supuesta degeneración liberal pequeñoburguesa estudiantilista que encarnaría la mayoría dirigente.

Hay que abordar este complejo debate sin descalificativos ni etiquetas. 

REGIMEN INTERNO

En este capítulo, el más largo de todo el documento, abundan las denuncias sobre la conducta de la mayoría, claramente violadora de los principios del centralismo democrático. No sólo esto: maniobras violadoras de lealtades humanas que tienen que ver con la ruptura de la confianza, que debe reinar en una asociación voluntaria para militar políticamente. 

Intervención de locales partidarios,  espionaje, difamación, intrigas, proscripción de la prensa y de los actos y/o charlas, entre otras tantas perlas propias de la manipulación del poder de un aparato y de la mezquina vida de una secta. 

Pero el “CORAZÓ N” de la ruptura está encarnado en este párrafo:

“En los últimos años, ha crecido en forma desmesurada el número de militantes rentados. Proporcionalmente a sus afiliados, el PO sostiene un número de rentados superior al que contaba la socialdemocracia alemana a principios del siglo XX. Para que esta estructura no termine constituyendo un régimen de rentados vitalicios, definitivamente apartado de la militancia partidaria, es necesario en primer lugar un balance que justifique esta situación y la carga económica que representa. También es necesario que tenga un carácter rotativo, sujeto a excepciones. La designación de los compañeros rentados estuvo a cargo del ejecutivo, cuando debió contar con el acuerdo de los círculos y comités de las respectivas zonas y, por sobre todo, sujeto a la supervisión de ellas. El mismo régimen de rotación debe valer para los cargos parlamentarios electivos, salvo excepciones fundadas, los cuales están sometidos a la máxima presión del Estado burgués (en Salta, por ejemplo, hay compañeros que son legisladores desde hace quince años). Hemos sostenido estos planteos en el anterior Comité Nacional e incluso en textos precongresales.”

Es el desplazamiento como camarilla dirigente lo que genera la fracción de Altamira y compañía. A manos de una pandilla ya entrenada en el manejo clientelista del dinero (lugar de conducción en la FUBA, manejo de planes sociales, privilegios que dan los espacios legislativos conquistados, espacios de poder en los sindicatos, etc.), la “vieja guardia fundadora” pierde poder, y organiza la rebelión como sea. 

La “nueva guardia” demostró ser una versión corregida y aumentada de la burocracia altamirista. De bajo nivel ideológico y político, pero de hábil sentido de la oportunidad para las maniobras, demostró ser implacable contra la vieja camarilla. Quizás se paguen también viejas facturas de las conocidas escenas de humillación a las que Altamira sometía a sus subalternos. 

Compartí 5 años el comité central y diversos organismos de dirección con Jorge y con varios más de los dirigentes en danza (Ramal, Juan Ferro, Rafael Santos, Pitrola, Daniel Blanco). Otros se alejaron de PO (Katz, Zamtleifer, Cacho Magri  -en realidad, el hemano de Jorge, el periodista económico Ismael Bermúdez). Otros, lamentablemente, fallecieron: Cristian Rath, Pablo Rieznik, Carlos Mendoza, Juan Yáñez.

Sesiones interminables monologadas por Altamira ante la pleitesía silenciosa del séquito, me resultaban insoportables. Como lo desarrollo en mi folleto ya citado, luego de mi expulsión y la formación del POR, mi rebelión era contra los síntomas evidentes de esa descomposición, sin lograr avanzar en la búsqueda de las raíces de tamaña degeneración. Por ejemplo, intentar poner límite de tiempo a las intervenciones para que todos pudiéramos hablar. El “gran Jorge” se volvía loco. Los demás, en silencio. Después, cuando almorzábamos en un porteño bodegón cercano al local de la calle Ayacucho, varios de ellos, como Claudio Katz, Ferro, Blanco o el propio Pitrola, me decían que yo “tenía razón”, pero que “no había que ir al choque”, que había que tener paciencia. 

En mi conciencia política, lo que terminó de clarificarme fue una reunión de Comité Central, posterior a las elecciones de 1985, abierta a otros compañeros (Carlos Mendoza, Gregorio Flores, entre otros). Altamira se ausentó por supuesta enfermedad. La dirigió Cacho Magri (Ismael Bermúdez), quien era el responsable de las finanzas del partido. El hermano de Altamira expuso la gravísima situación económica de la organización, que según él, dependía exclusivamente del dinero de los votos en las elecciones burguesas (que encima, habían sido muy pocos). 

Yo recuerdo haber expuesto con claridad que este síntoma revelaba el curso electoralista y democratizante del partido, destruyendo todo vestigio de la concepción leninista. Depender del Estado burgués para sobrevivir era terrible. Varios asintieron, incluido Magri, con este diagnóstico, que obviamente, había que revertir recaudando cotizaciones, etc. Pero en ese camino, el problema urgente era implementar un AJUSTE, que esencialmente consistió en reducir los cargos rentados. Que por supuesto, sufrieron aquellos que ya manifestaban cuestionamientos (Gregorio Flores, Carlos Mendoza). Quiero rendir aquí un homenaje a este último, cuyo nombre verdadero era Adolfo González, ya fallecido, que jugó un papel fundamental en mi maduración política de cara al posterior proceso de expulsiones y de formación del POR.

Bastante tiempo después, cuando Altamira y compañía montaron el proceso difamatorio contra el gran compañero Juan Yáñez (dirigente de la construcción de Neuquén, también fallecido), Altamira en persona me tentó tratando de negociar conmigo mi no expulsión del partido, si yo votaba a favor de la expulsión de Juan Yáñez. Desde luego, jamás estuve rentado.

Es decir: la “militancia revolucionaria” como medio de vida es un elemento de corrupción invariable de una organización y del militante. De hecho, Jorge Altamira estuvo rentado desde mucho antes que el 1º Congreso de Política Obrera (año 1975) “legalizara” tal situación.

En definitiva, como dicen en el barrio, “ES POR PLATA”. No es que no existan vedetismos, espacios de poder, e incluso, diferencias genuinas de ideas. Pero lo definitorio del régimen interno de PO y de su fractura actual, es la paradoja que una mayoría se quedó con el aparato y el dinero y la legalidad del partido, contra una minoría que durante décadas fue dueña de todo eso. Y esto con el agravante que el PO creció como aparato, y que quien lidera la minoría es un líder mesiánico, Jorge Altamira. Nunca más atinado el aforismo: CRÍA CUERVOS Y TE COMERÁN LOS OJOS.

Nuestro grupo, el SR, viene desarrollando un taller de debate sobre la cuestión del partido. Nos permitimos revisar, problematizar, la cuestión del centralismo democrático, las viejas 21 condiciones de pertenencia a la Internacional Comunista, leemos a Moreno, a Mandel, a Venturini, interactuamos con otros grupos, como La Caldera o el PRC, etc. 

Hemos logrado salir del fetiche del “partido leninista de combate”, como si esto fuera una verdad absoluta y permanente para todos los tiempos históricos. Privilegiamos avanzar en un funcionamiento democrático, abierto, y no por eso dejamos de intervenir políticamente, organizar, y luchar. Repudiamos la concepción de aparato. Queremos recuperar el principio de quien pelea por sus convicciones, y no por la plata. 

UNA FRACCIÓN (O TENDENCIA PÚBLICA)

Altamira y compañía pretenden victimizarse. A caballo de esa intención, han impulsado un petitorio sobre la defensa de sus derechos, apelan a un tribunal internacional, etc. Yo personalmente no me solidarizo en nada con esta “campaña”. La fracción pública que encarna la minoría no es víctima de la represión, ni del Estado Burgués, ni de la patota de la burocracia sindical. ES VÍCTIMA DEL APARATO POR ELLOS MISMOS CREADO. ES VÍCTIMA DE SÍ MISMOS.

La mayoría que dirige hoy el PO tiene todas las características de un oportunismo empírico, que acomoda ideas y posiciones políticas al servicio de preservarse. 

Cualquier militante honesto que hoy intenta en el PO construirse como revolucionario no tiene nada que aprender con esta lucha facciosa, tiene que romper con ella, para explorar un camino propio, claramente revisionista de los dogmas establecidos. 

Me parece oportuno terminar este trabajo copiando y pegando la conclusión de la segunda edición de mi folleto ya citado, que insisto, goza de completa vigencia: 

“En el periódico siguiente a la muerte de Nahuel Moreno, el profeta Altamira vaticina correctamente un diagnóstico cierto, y un pronóstico que luego se cumplió. Decía que sólo Moreno podía mantener el equilibrio interno dentro de su corriente, y que su muerte iba a provocar inmensas tendencias centrífugas, a la fractura y/o al astillamiento. En un artículo reciente de Prensa Obrera, a 20 años de la muerte de Moreno, el hermano de Altamira, Julio Magri, repite la idea, luego de recordar el recorrido centrista de la corriente morenista. (con el nulo rigor científico que da una crítica incapaz de colocar a Moreno y a la propia Política Obrera-Partido Obrero en el contexto histórico en el cual se desarrollaron). Cabría preguntarse si, como opinan algunos compañeros, se verificará también en PO la dispersión y el astillamiento cuando, como ley de la vida, también muera el gurú bonapartista de la secta. Desde Plejanov, el papel del individuo en la historia tiene una gran importancia (negativa o positiva), pero no deja de ser una expresión concentrada de las propias leyes generales y particulares de esa historia. Para nosotros, de lo que se trata es de estimular la sana lucha política, capaz de forjarse como cuadros combatientes contra la degeneración burocrática EN VIDA de quienes la encarnan.” 

el autor de esta nota milita en Socialismo Revolucionario, Argentina e integra el equipo editorial de El Porteño