EEUU: tanques en las calles de Washington D.C. para el 4 de julio

por Eric London

La mañana del 4 de julio, las bases militares en las afueras de Washington D.C. estarán llenas de actividad.

Si Donald Trump prevalece en las negociaciones en marcha dentro del ejército sobre los planes para el Día de la Independencia, los escuadrones de tanques M1A1 Abrams se estarán alistando para atravesar el río Potomac hacia el Mall Nacional, mientras que un escuadrón de aviones de combate Blue Angel de la Armada, escuadrones de helicópteros del Cuerpo de Marines y aviones furtivos F-35 estarán preparándose para sobrevolar el Capitolio.

Antes de que anochezca, con los jets de caza rugiendo en el fondo, Trump dará un discurso televisado a nivel nacional ante una multitud de simpatizantes.

Este despliegue de fuerza militar en el terreno que separa el Congreso y la Casa Blanca es una provocación política planeada hace mucho por Trump y sus asesores fascistizantes. Al reemplazar los fuegos artificiales tradicionales del Día de la Independencia con un mitin propio de campaña acompañado por lo que será efectivamente un desfile militar, Trump está midiendo su fuerza.

Al reafirmar el poder personal de la rama ejecutiva sobre el ejército, Trump está siguiendo el camino histórico hacia el gobierno autoritario y la abolición de los derechos constitucionales.

La rama legislativa, habiendo cedido a Trump el poder de declarar una “emergencia nacional” y asignar miles de millones de dólares para financiar su represión en la frontera, ahora se enfrenta a la posibilidad de tener tanques en la sombra de su sede, el Capitolio. La semana pasada, el Partido Demócrata votó a favor de (1) darle a Trump $4,9 mil millones para financiar su ofensiva antiinmigrante, (2) el mayor presupuesto militar en la historia y (3) “rellenar” el dinero del Pentágono tomado por Trump para construir un muro fronterizo. El Partido Demócrata es incapaz de oponerse a las medidas de Trump porque ambos representan los mismos intereses sociales: el capital financiero.

Trump habla en la planta de tanques del Ejército de Lima en Ohio en marzo

Trump anunció sus planes del 4 de julio en febrero, tuiteando que el evento se llamará “Un saludo a Estados Unidos” e incluirá “un discurso de su presidente favorito, ¡yo!”.

El viernes, menos de una semana antes del feriado, el Departamento del Interior de Trump hizo el anuncio sin precedentes de que el evento también verá sobrevuelos militares por encima de la capital. Empleando palabras cuidadosamente seleccionadas, el secretario del Interior, David Bernhardt, dijo que incluiría “un pronunciamiento de nuestro comandante en jefe ”. El lunes, la prensa reportó que Trump también solicitó la presencia de tanques y otros vehículos militares.

Los preparativos para el evento del 4 de julio de Trump se remontan a enero de 2017, cuando su comité inaugural luchó para incluir personal y equipo militar en su desfile de investidura. Días antes, Trump le dijo al Washington Post, “Vamos a mostrarle al pueblo, según expandimos nuestro ejército, desplegaremos a nuestro ejército. El ejército podría venir marchando por la avenida Pennsylvania”.

Mientras los militares detuvieron a Trump para prevenir este despliegue, el mandatario intentó colocar a soldados detrás de él mientras daba su discurso de inauguración. En 2018, llamó nuevamente a realizar un desfile militar el Día de los Veteranos, pero esto también fue cancelado.

Desde las elecciones de mitad de término el año pasado, Trump ha seguido poniendo en prueba su poder personal sobre el ejército, proponiendo entregar indultos a soldados sentenciados por realizar crímenes de guerra y exigiendo que la Armada envíe el buque USS John McCain —el nombre del fallecido rival republicano de Trump— lejos de la vista del presidente.

Trump no es una aberración en una democracia de lo contrario sana. Es un producto reaccionario de un proceso prolongado.

La última vez que hubo tanques y tropas atravesando Washington fue en junio de 1991, cuando 8.000 soldados marcharon en la llamada “Celebración Nacional de la Victoria”, marcando el fin de la primera invasión estadounidense de Irak. En ese entonces, como ahora, el desfile militar fue dirigido hacia un fin político consciente. El desfile de 1991 sucedió en medio de la disolución de la Unión Soviética, y el imperialismo estadounidense declaraba su hegemonía geopolítica incuestionable sobre el mundo entero en lo que llamó un “momento unipolar”.

Semanas antes del desfile militar, el presidente George H.W. Bush comentó: “Por fin nos deshicimos del síndrome de Vietnam”, refiriéndose a la esperanza de que una victoria militar abrumadora cambiaría la amplia oposición a la guerra en las décadas que siguieron la catastrófica guerra en Vietnam, la cual cobró la vida de tres millones de vietnamitas y 55.000 soldados estadounidenses.

El desfile marcó el comienzo de un esfuerzo sobre integrar sistemáticamente el ejército en todos los elementos de la vida política y cultural. Después de 30 años de guerra permanente, Estados Unidos ha perpetrado sociocidios por todo el norte de África, Oriente Próximo y Asia central, creando un desastre tras otro. Lejos de resolver el prolongado declive de la posición global del capitalismo estadounidense, Estados Unidos alza la mirada y ve competidores en todo rincón del mundo, mientras se enfrenta a un mayor descontento social en casa. La clase gobernante está preparándose febrilmente para una guerra mundial y represión interna.

El hecho de que Trump no es ninguna aberración se demuestra por la respuesta de la supuesta oposición. Desde la inauguración de Trump, el Partido Demócrata minimizó al público el peligro presentado por los esfuerzos de Trump para movilizar el ejército en la capital.

Cuando Trump propuso marchar el ejército por la avenida Pennsylvania después de las elecciones de mitad de término, los demócratas se rehusaron darles atención a las implicaciones políticas de tal maniobra, de la cuales estaban particularmente conscientes. En cambio, los demócratas afirmaron que el desfile sería “demasiado caro”.

La prensa corporativa servilmente se dejó llevar por esta narrativa deshonesta, oponiéndose a los tanques en las calles, ¡basándose en que dañarían los caminos de la ciudad! Ayer, el Ayuntamiento de Washington D.C., que controlan los demócratas, publicó un juego de palabras banal en Twitter: “ tanks but no tanks ” [tanques pero no gracias].

La verdadera razón que los demócratas están restándole importancia a la naturaleza dictatorial de los pasos de Trump es su temor a la oposición desde abajo. En cuanto a los planes del 4 de julio de Trump, el New York Timesescribió que “Eleanor Holmes Norton, una demócrata y delegada que representa el distrito de Columbia en la Cámara de Representantes, dijo que le preocupaba que la presencia del presidente politizaría tanto un evento familiar que podría desatar protestas anti-Trump”.

El Times citó a Holmes Norton: “La gente va a estar enojada. Este va a ser el 4 de julio más enojado. La gente va a estar tan enojada que una figura política tome control del 4 de julio que encontrarás a muchos que busquen encontrar una expresión política para su indignación”.

En una declaración en junio de Michelle Cottle, miembro de la junta editorial del New York Times, mostró una preocupación similar de que a Trump “no le importe para nada la unidad popular” y que sus acciones estén “atizando las divisiones nacionales”. Tales declaraciones exponen al Partido Demócrata como cómplices en las decisiones fascistizantes de Trump.

Decenas de millones de personas de verdad están “enojadas” hacia los crímenes históricos siendo perpetrados por el Gobierno de Trump, y justificadamente. Más allá de una pequeña base de apoyo, las amenazas dictatoriales de Trump no cuentan con un apoyo significativo en las amplias masas de la población.

La propuesta de un desfile militar en Washington es parte de su método impopular cada vez más autoritario de gobierno. Ha amenazado reiteradamente con ignorar los resultados de las elecciones de 2020 si pierde, un hecho que los líderes demócratas han descrito deshonestamente como un “chiste”.

La semana pasada, Trump amenazó con emplear “una fuerza abrumadora” para “obliterar” Irán, arrastrando a EUA a otra guerra desastrosa. Su Gobierno está buscando extraditar y encarcelar al editor de WikiLeaks, Julian Assange por exponer los crímenes de guerra perpetrados por EUA duranta la guerra contra el terrorismo.

El evento del 4 de julio de Trump se produce en vísperas de la expiración de la fecha límite dada hace dos semanas por Trump para llevar a cabo redadas de estilo militar contra inmigrantes en 10 ciudades.

Con miles de soldados ya desplegados en la frontera entre EUA y México bajo el auspicio de una “emergencia nacional”, las redadas nacionalmente coordinadas traen consigo el espectro de despliegues militares y la imposición de ley marcial en la mayoría de las grandes ciudades en el país, incluyendo Chicago, Los Ángeles, Miami, Houston, Nueva Orleans, Denver, San Francisco, Atlanta y Baltimore.

Decenas de miles de niños inmigrantes están detenidos en condiciones inhumanas descritas por doctores y abogados como “campos de concentración” e “instalaciones de tortura”. Los cuerpos sin vida de familias inmigrantes están llegando a las orillas de río Bravo. Ayer, ProPublica reveló publicaciones de Facebook hechas por miles de agentes fronterizos que son plenamente fascistas, bromeando sobre asesinar a trabajadores inmigrantes indefensos que ponen en riesgo sus vidas por una vida mejor.

El Partido Demócrata no se opone a las amenazas de Trump sobre realizar desfiles militares según consideraciones democráticas, sino porque están preocupados de que la Presidencia personalista de Trump y su conducta errática sean obstáculos para mantener el dominio geopolítico del imperialismo estadounidense. Los esfuerzos neomccarthistas de las agencias de inteligencia y militares y los demócratas para presentar a Trump como un títere de Rusia y censurar las redes sociales son igual de antidemocráticas.

La marcha hacia la dictadura, como lo indicó Trotsky, se puede comparar con un circuito eléctrico sobrecargado. “Bajo el peso de contradicciones de clases e internacionales altamente cargadas, los interruptores de seguridad de la democracia se queman o explotan”. Son los conflictos globales e internos del capitalismo estadounidense y mundial los que han socavado fatalmente la democracia estadounidense.

(Tomado de WSWS)