El ocaso del trotskismo de posguerra y la cuestión «generacional»

de Corriente Obrera Revolucionaria

La ruptura del PO ha dado mucho que hablar en los últimos días. Sabemos que, de conjunto, las rupturas en los grupos trotskistas siempre son tortuosas, en general arrastran “vicios” del estalinismo y el populismo, donde se mezclan acusaciones, problemas de régimen interno, incidentes, etc., que suelen enmascarar las cuestiones de fondo. Es necesario despejar todas esas distorsiones para ubicar al PO en una dimensión más amplia, en un proceso general de la lucha de clases y los problemas del trotskismo, el único programa y la única teoría capaz de llevar al proletariado a su destino histórico.

En este análisis es inevitable que caigamos en algún error, dado que no conocemos en profundidad los mecanismos internos de esta organización hoy en franco derrumbe, ni venimos de su tradición teórico-política. A pesar de ello intentaremos aportar al debate con la intención de ser parte de una reflexión necesaria en el seno de la vanguardia obrera. Creemos que la actual crisis de este grupo tiene un origen en sus concepciones teóricas y en su posicionamiento ante la crisis mundial, dentro de un proceso más general que recorre al trotskismo a nivel mundial.

La crisis mundial y el fin de las condiciones de la posguerra

La crisis mundial que ha venido sacudiendo al mundo desde el 2008 puso de manifiesto la profunda descomposición del capitalismo en su etapa decadente.

Visto como un proceso histórico complejo, esa crisis mundial que hace 11 años que el imperialismo intenta sanear sin éxito – más allá de algunas coyunturas más benignas- trajo consigo todo tipo de fenómenos políticos, desde procesos de lucha obreras en el corazón de Europa, como caídas de gobiernos y regímenes y acciones radicalizadas de masas como en Medio Oriente y norte de África, procesos agudos en Centroamérica y recambios en los bonapartismos sui generis en Latinoamérica. Impactó fuertemente en los ex estados obreros hoy en vías de asimilación capitalista, especialmente en la relación entre Ucrania y Rusia.

De hecho, cuestiones como el derrumbe de la UE y el Brexit, incluso el surgimiento de Donald Trump, la guerra comercial con China y las tendencias proteccionistas, son el resultado de un proceso caótico cuyas contradicciones se fueron acumulando durante dos décadas y que finalmente estallaron allá por el 2008.

Pero lo más importante es que la crisis económica derrumbó todo el andamiaje institucional de la posguerra: la OTAN, la ONU, la OMC, y la “geopolítica” diplomática imperialista de toda una etapa quedó convertida en un sinsentido. Tal es así que Trump, como el bonaparte que hoy dirige el mundo, ha decidido desconocer todas las instituciones que se habían establecido como baluartes de la “multilateralidad”.  Dado que ya no existe más la guerra fría- reflexiona Trump, ya no tiene sentido seguir sosteniendo los viejos pactos imperialistas y seguir bancando las crisis de otros.

El fin de la utopía reaccionaria de la posguerra de los “Estados de Bienestar”, inspirada en la lucha entre dos sistemas que hoy ya no existe, ha marcado el desbarranque de los aparatos socialdemócratas, cuya base social era la aristocracia obrera de los países imperialistas y la burocracia sindical, hoy a la deriva y tratando de preservar alguno de los viejos privilegios. Su lugar ha sido ocupado por corrientes tan efímeras como pequeñoburguesas como Syriza y Podemos, que rápidamente fueron incorporadas a los regímenes imperialistas. Los chalecos amarillos son la expresión de sectores medios que quedaron huérfanos en representación política, confusos ante el golpe de la crisis.

Las corrientes trotskistas, que elaboraron sus programas y delinearon su práctica política en las condiciones específicas de la posguerra, no han podido acompañar el giro en la situación y se han quedado repitiendo sus viejas recetas: programas nacionales en forma de “medidas” anticrisis expresados como “exigencias” a los Estados. Luego de años de ser alas izquierdas de coaliciones reformistas formadas al calor del Estado de bienestar hoy se han quedado sin política. Lo que queda del NPA es la expresión más acabada de este desastre.

Las teorías campistas, los famosos “entrismos”, las participaciones en coaliciones electorales reformistas, la adaptación a los regímenes democráticos imperialistas, la dilución en cuanto movimiento policlasista hubiera, las consignas mínimas, todo ese sólido bagaje del trotskismo de la posguerra se desvanece en el aire, porque la historia no es misericordiosa con los centristas.

El desafío de una nueva generación de obreros revolucionarios, internacionalista, será sacar lecciones de las experiencias fallidas de la posguerra y recuperar el programa del marxismo ortodoxo, del trotskismo revolucionario, para reconstruir la IV Internacional. Para que esto no quede en una simple expresión de deseos, es necesario primero abordar y desentrañar las causas profundas de la crisis brutal por la que están atravesando las corrientes trotskistas.

En esta nota nos centraremos en la crisis del PO, como expresión a nivel nacional de la situación más generalizada en las corrientes del trotskismo. Para conocer nuestras elaboraciones con respecto al mandelismo y el morenismo, remitimos a nuestras otras publicaciones.

El PO y su visión de la crisis mundial

En el 2008, a la luz de los acontecimientos en la economía mundial, la CRCI sostenía:

Cualquier intervención estatal es totalmente inadecuada para enfrentar la magnitud del problema generado por la sobre-acumulación de capital ficticio (…) El estado-nación no es el custodio del último resorte económico que salvará al sistema capitalista. Por el contrario, debido a la crisis del sistema capitalista global, sucumbe ante el peso del sobreendeudamiento, la ruina de las finanzas públicas y la incapacidad de pagar la deuda, que lo lleva al default.

La relación entre la crisis económica y la movilización revolucionaria de las masas, por supuesto, no es lineal sino dialéctica, a través de contradicciones. Sin embargo, Marx y el marxismo han demostrado cómo las contradicciones internas del capital estallan en crisis recurrentes y cada vez más catastróficas, creando las condiciones para su derrocamiento (…)

La «aniquilación de una gran porción del capital» continúa, con una tremenda destrucción de montañas de deudas y bancarrotas de bancos, empresas y Estados; «la suspensión del trabajo» ya genera nuevas legiones de desocupados en la medida en que se desarrolla una violenta contracción de la economía mundial y, finalmente -pero en absoluto por último-, el fantasma de un «violento derrocamiento» del capitalismo está acechando todas las ciudadelas del capital. (Resolución del secretariado de la coordinadora por la refundación de la IV internacional, Milán, noviembre 2008)

Nuestra joven corriente, que hacía sólo un par de años se había formado luego de nuestra abrupta expulsión de la corriente gramsciana-morenista del PTS, intentaba analizar el estallido de la crisis capitalista recuperando las nociones de la teoría marxista –no sin cierta dificultad- para dar respuesta a un fenómeno novedoso y establecer las directrices para la militancia revolucionaria.

Batallamos por un lado contra la matriz centrista que habíamos heredado del morenismo, y por el otro contra algunos teóricos como Chesnais que sostenían que las crisis financieras no eran directamente crisis de sobreacumulación, sino crisis por la “financierización”, o las falacias de la economía burguesa que reducían el problema al subconsumo y que se habían puesto en boga entre los intelectuales e ideólogos pequeñoburgueses y que, por supuesto, ya habían contaminado a varias corrientes del trotskismo .

 Entonces decíamos

La ley tendencial de la baja de la tasa de ganancia debida al aumento acumulativo de la composición orgánica del capital, es decir, la gran acumulación a través de los años de capital fijo  disminuye la proporción de capital variable en la reproducción del capital (…) El problema de la sobreacumulación de capitales es la expresión concreta de esta tendencia y tiene diversas manifestaciones, en diversos tipos y subtipos de crisis capitalistas, que ocurren dentro de cierto comportamiento cíclico pero no repetitivo, ya que cada crisis profundiza la tendencia en el desarrollo del capitalismo (diferencia entre las crisis del período ascendente y las crisis del período de decadencia, en la etapa imperialista). Las crisis de sobreproducción, en sus variantes analizadas por algunos autores como crisis de subconsumo o de desproporción entre los sectores I y II de la economía (que se ven en la superficie como crisis financieras, recesiones, etc); son diversas manifestaciones concretas de la tendencia general del capitalismo (aplazadas y/o incrementadas por las fuerzas contratendenciales y sus contradicciones).(…) La dinámica de las crisis capitalistas debe ser buscada en el problema de la reproducción ampliada, en el funcionamiento concreto del sistema de conjunto (…)(Tesis internacionales II congreso COR, junio 2008)

Esta no era una discusión menor. La mayoría de las corrientes llamadas trotskistas oscilaban entre el evolucionismo y la negación sistemática de los efectos de la crisis en un plano meramente geopolítico (al PTS y sus satélites de la FT) o caían en las teorías monetaristas o subconsumistas en boga para explicar los fenómenos (como el mandelismo y afines)

En cuanto a la CRCI y al Partido Obrero en particular, y el desarrollo de su particular visión del llamado “catastrofismo”, advertíamos:

Esta corriente critica correctamente el evolucionismo morenista con respecto a la salud del capitalismo, sus crisis y manifestaciones. Sin embargo, su catastrofismo es la otra cara de la moneda. Su caracterización de que el capitalismo atraviesa una crisis mundial eterna impide comprender las fuerzas contrarrestantes a las que recurre el sistema, las intervenciones estatales, el accionar de la lucha de clases. De esta manera explica de forma muy general que las crisis se producen por la sobreproducción y la disminución de la tasa de ganancia sin explicar sus mecanismos. Esto lo lleva a establecer una relación casi directa entre su pronóstico de derrumbe y la revolución social sin detenerse a reflexionar sobre la mecánica y dinámica de ésta. 

(…) Tanto el catastrofismo estancacionista como el evolucionismo coinciden en devaluar las tareas preparatorias para la dictadura del proletariado de su programa y la construcción de partido cayendo en una primacía de la coyuntura y de los eventos de la lucha de clases”.

Y decíamos que un grave problema en los análisis del PO era “absolutizar los elementos constitutivos de fenómenos como el del capital ficticio y su funcionamiento en la reproducción, ya que no aplican la dialéctica que describe su movimiento (…) Sorprendidos por las nuevas tecnologías, parecen olvidar que desde Lenin el marxismo constata el dominio del capital financiero por sobre todas las ramas de la economía (…) Al parecer el PO toma al pie de la letra, cierta visión de Rosdolsky respecto de Lenin, que se habría quedado en el funcionamiento “ideal” de la circulación definido por Marx en el tomo II de El capital. Lejos de ser así, el desarrollo teórico-político de Lenin alrededor del problema del imperialismo contradice tal caracterización, ya que se basa principalmente en el estudio de la dinámica contradictoria de las tendencias a la crisis del capitalismo esbozadas, pero no culminadas, por Marx en el tomo III de su obra.” (Tesis internacionales II congreso COR, junio 2008)

Altamira elaboró en profundidad, y llevó hasta las últimas consecuencias, la visión unilateral del lambertismo alrededor del estancamiento de las fuerzas productivas. Este estancamiento es inevitable en la decadencia imperialista y está dada por la naturaleza misma del capital, que es la contradicción entre el carácter social de las fuerzas productivas y el carácter privado de su apropiación. Sin embargo, el capital se sobrevive a si mismo mediante sus contratendencias, entre ellas el papel de los estados imperialistas, los aparatos contrarrevolucionarios y las mediaciones. 

Si bien es verdad que el estado- nación “no es el custodio del último resorte económico que salvará al sistema capitalista” lo es en un sentido histórico, pero no coyuntural.

El “Estado-nación” está superado, como “marco” para el desarrollo de las fuerzas productivas, en cuanto “base” para la lucha de clases, y, por consiguiente, en cuanto a “forma estatal” de la dictadura del proletariado (Trotsky “War or Revolution, Bolshevist Socialism versus Capitalistic Imperialism”) Pero que esté superado, e incluso perimido, no significa que no pueda actuar aún como concentrador de las contradicciones del capital, y aunque a la larga no sea sino un catalizador de esas contradicciones, puede, coyunturalmente, imponer mecanismos (reaccionarios) para atenuarlas.

La visión mecánica, heredada del lambertismo entre crisis económica y crisis política, es decir, entre los mecanismos de la crisis que socavan la estructura del capital sin resquebrajarla del todo, y su repercusión en el plano de la superestructura con crisis políticas de estados y regímenes, desarmó al PO y a la CRCI para toda una etapa.

Confusión y crisis

Al no tener la crisis económica un correlato directo en crisis políticas, menos aún en el plano nacional, su concepción llevó al PO a una escisión tal entre la caracterización de la etapa y la práctica política inmediata, que mientras caracterizaban una nueva etapa de alzamientos revolucionarios en todo el mundo y una situación prerrevolucionaria en América Latina en sus proclamas internacionales, en la práctica sostenían en el país una actividad política dentro de la normalidad burguesa.

Es claro que la dicotomía entre el catastrofismo en el plano internacional y la intervención política limitada a las reglas del régimen burgués en el plano nacional expresa una tendencia nacional trotskista y tarde o temprano llevará una organización a la crisis.

De caracterizar una crisis de poder y el “golpe” durante el conflicto del campo en el 2008 pasaron al “vote y luche” en las elecciones del 2009, el 82% móvil en el 2010, y finalmente al FIT en el 2011, una coalición plenamente electoral, para evitar la proscripción establecida por las PASO con la ley electoral promulgada por el Kirchnerismo en el 2009. Sin embargo, esta alianza técnico-electoral no se expresó en un solo proceso de lucha de clases, donde en los conflictos el PTS, IS y PO intervenían con programas distintos y posiciones enfrentadas.

Y mientras, seguían planteando el inminente derrumbe capitalista y la situación prerrevolucionaria en América latina. 

¿Dónde estaban las tareas preparatorias para la dictadura del proletariado para el PO ante el derrumbe capitalista? ¿Si desde el 2011 en adelante los tiempos, militancia y construcción estuvieron centrados en la actividad electoral del FIT? Esto se exacerbó luego de las elecciones legislativas del 2013 y el “fenómeno Del Caño” donde el FIT tuvo un salto en la cantidad de votos y pudo meter varios legisladores provinciales y a tres diputados nacionales. Caracterizaron de “salteñazo”, no por acciones de masas en las calles de Salta sino por un resultado electoral, que metió a López como diputado.

Confundir una acción de masas de tipo insurreccional (que en el imaginario de la clase obrera quedó como Cordobazo, Rosariazo, Viborazo, etc) con una elección burguesa, escenario distorsionado y confuso para las masas y hostil para los revolucionarios, es un grave error político. Instauró la idea en los cuadros de que la respuesta de las masas ante el “derrumbe capitalista” podía ser en clave electoral, ante la falta de acciones revolucionarias por parte del movimiento obrero

La crisis que la mayoría de la dirección del PO achaca a Altamira con el resultado de las PASO en el 2015 fue de toda la organización. Los cuadros del PO quedaron desmoralizados y en total estado de confusión. No es de extrañar, teniendo en cuenta que el FIT inauguró un método ajeno al trotskismo, resolviendo sus disputas por candidatos en la PASO, es decir, mediante un mecanismo burgués. Pero además de ello, al establecer una relación directa entre la consciencia de las masas y los votos a la izquierda, dejaron a los cuadros totalmente desubicados ante la situación política.

Que toda la lucha fraccional entre la fracción de Altamira y la mayoría alineada con Solano y cía haya girado casi exclusivamente en balances electorales es una clara muestra de esta crisis.

Claramente la dispersión de la estructura del PO, el surgimiento de una dirección “Fubista” compuesta por ex militantes universitarios y dirigentes más jóvenes, es consecuencia directa del desarrollo y fortalecimiento de un ala parlamentarista dentro de su partido.

Es similar al desarrollo que ha tenido el PTS, que ya no es más un partido (no tiene periódico, ni cuadros, ni estructura leninista) sino un movimiento difuso político-cultural incapaz de llevar adelante cualquier acción radicalizada en el movimiento obrero. Sin embargo, el PTS preparó a sus militantes previamente, elaborando una “teoría” para sostener dicho giro, donde abandonaron el trotskismo para desarrollar una “teoría” gramsciana millenial. ¿Cuál será la teoría-programa que elaborará el nuevo PO de Solano?

Solano acusa de fatalista a Altamira, pero no plantea ninguna caracterización de la crisis mundial y todo su análisis se restringe a la capacidad de la economía argentina. Acusa a Altamira de electoralista, pero sólo hace análisis electorales del régimen. 

Solano y su elenco dirigente buscan presentarse como una nueva generación que renueva el partido, sacándose de encima a los viejos que serían un obstáculo para el desarrollo de su corriente. Si bien implementaron un hecho novedoso – desplazar a su máximo dirigente, al fundador de su grupo, mediante una votación en un congreso- lamentamos decirles que estos “jóvenes” no expresan nada nuevo.  El electoralismo, las consignas mínimas nacional trotskistas, la adaptación a los movimientos pequeñoburgueses, la naturalización de la democracia burguesa, la licuación de los organismos partidarios y la apertura de la organización a cualquiera viene siendo patrimonio de las corrientes mandelistas, pablistas y sus desprendimientos hace ya más de 40 años.

Los métodos burocráticos y el aplastamiento de los opositores internos mediante acusaciones morales ya tienen copyright: Pierre Lambert, Stéphane Just, Michel Pablo o Tony Cliff fueron grandes exponentes de estos métodos.

La fracción de Altamira ha intentado ser un ala resistente al giro de la mayoría del PO. Pero poco podrá hacer si mantiene las viejas recetas de la posguerra para oponerlas al posmodernismo twitero. La razón histórica de todo grupo que se reivindique trotskista es tomar en sus manos la enorme tarea de establecer las bases teóricas para la ruptura con las concepciones heredadas de las principales corrientes centristas del trotskismo, que en estos años han sido golpeadas por la crisis capitalista, pero de las cuales no ha habido rupturas por izquierda, sino más bien que tienden a la descomposición.