Poema de Jaime Rayo: «Narciso»

Un soberbio mapa de sangre, el límite preciso,
Expía sus pecados y os deja siempre esperando el desenlace.
No busca días perfectos, la causa ni el sino de la espera.
Empapado en aguas de paraíso, los años le lamen
Sus simplezas de experto y esa aureola casual tan peligrosa.

Una raíz cortada es centro de atracción y aun mejora vidas.

Frente a este altar de espanto
Viven y mueren los hombres poseídos.
A aquellos, su infortunio, su pasajera exactitud les conmueve.
Recientes pasiones, desconocidos deseos alrededor les asaltan.
A menudo interviene la crueldad y el hastío.
¡No hagáis surgir tantas mentiras! ¡No le mortifiquéis!
Tal vez le hallemos en el silencio reparador
O entre dos luces.
Escondido en su castidad como un libro o una mano ciega.

Algo o nada puede dulcificar esta huida presente.
Las palabras mueren al llegar al punto de partida.
Una sola lágrima contamina y destruye sus sagrados impulsos.
Aun corre detrás una amenaza inverosímil
Cuando está allí su imagen
Suspendida entre las épocas.