Anuladas las elecciones del PS en San Ramón y 20 comunas más: ¿resuelve esto la crisis?

por Gustavo Burgos

El Tribunal Supremo del Partido Socialista ha procedido a anular las elecciones internas, en instancias de Dirección Comité Central Nacional y Comité Central por la Región efectuadas en las comunas de Calama, Andacollo, La Serena, La Higuera, Los Vilos, Canela, Cabildo, Catemu, Llayllay, Olmué, Fresia, Maullín. Sólo a nivel regional en Alto Hospicio, Camiña, Colchane, Huara, Pica, Pozo Almonte. En todos sus niveles fueron anuladas las de la comuna de San Ramón.

Lo resuelto por este órgano jurisdiccional partidario se hace cargo de aspectos formales de la crisis abierta en el PS y procede, de oficio, a desconocer actos eleccionarios celebrados en infracción a normas estatutarias. Se trata de un reconocimiento formal a la derrota política sufrida por la dirección en ejercicio.

Especial atención merecen, en este sentido, las alocuciones de Elizalde quien hace un par de días reivindicó la juridicidad de las elecciones y como consecuencia, de su continuidad en la cabeza del Comité Central partidario. Esta resolución del Tribunal Supremo debe ser leída en un doble sentido. Por un lado es una derrota para Elizalde y sus adláteres. Que el Tribunal Supremo haya resuelto anular las elecciones en San Ramón y casi 20 comunas más pone objetivamente en entredicho la mayoría supuesta con la que la misma noche de las pasadas elecciones de 26 de mayo, Elizalde se proclamara vencedor.

Por otro lado lo resuelto, si bien no acoge la tesis del comando de Maya Fernández -que apuntaba a anular todo el proceso eleccionario- le otorga un triunfo político a éste y genera un espacio para resolver en un. espacio de transacción, la crisis partidaria.

Sin embargo estamos hablando de una solución jurídica a un problema político. Dicho de otra forma, de un simple parche, el decorado puesto en un edificio cuyos cimientos y estructuras organizativas están inficionadas no sólo por la corrupción clientelar, sino que por una política que desde hace décadas ha hecho de la defensa del orden capitalista y del llamado Consenso de Washington, prácticamente, un dogma de fe.

La prensa burguesa ha hecho un festín del PS, pretendido hacer con ello también un festín con toda la izquierda. Se pretende hacer creer que son los narcotraficantes de La Bandera en San Ramón los que dirigirían el partido. Esto es un espejismo, grave, real e inaceptable, pero secundario.

La verdad es que el PS, desde iniciada la transición, es dirigido desde Las Condes, La Dehesa y Vitacura, es la burguesía el gran empresariado quienes lo conducen. Son los Garretón, Puccio, Máximo Pacheco, por mencionar a los más visibles, quienes han corroído los cimientos del PS para transformarlo en una organización patronal de corte socialdemócrata. Desde el PS con Schilling a la cabeza se articuló la represión sobre la izquierda con la creación de la Oficina. Fue Insulza el canciller que corrió a Londres para defender a Pinochet preso en 1998. Hoy es el alcalde Viñambres el que impulsa una campaña en contra de la juventud pobre de la comuna de Quilpué a la que criminaliza con una propuesta de toque de queda inconstitucional y que ha sido saludada por Kast y sus fascistas.

Estos hechos no son accidentes, son expresiones superficiales de la política general de un partido sin el cual la transición, para salvar el régimen pinochetista sin Pinochet, se salvara. Sin el PS no se habría sostenido el orden político institucional de las multinacionales, las AFP y el gran capital financiero.

La dirección actual, una de las mas torpes y despolitizadas de la historia del PS, quedó desnuda en este instancia y no supo conjurar los demonios liberados con motivo de las escándalo de las pasadas elecciones. Pero no se trata de un problema estatutario y reglamentario. Se trata de la crisis originada en la contradicción entre una cúpula partidaria aburguesada y apatronada de un lado y del otro, una base socialista obrera, que se reclama revolucionaria y defiende el legado allendista. Esta es la crisis del PS, la resolución de la crisis y la reconstrucción del PS como un partido de trabajadores es una tarea que hoy está en las manos de las bases partidarias. El resto es parafernalia de abogados.