Gas lacrimógeno en las protestas: la nube tóxica de Carabineros

por Arnaldo Pérez Guerra

En 1928 el CS fue desarrollado por los químicos norteamericanos Ben Corson y Roger Stoughton. Produce lagrimeo, irritación de la piel y de las vías respiratorias, estornudos; se adhiere a la ropa, causa dermatitis y reacciones alérgicas graves.

Diversos estudios han documentado los riesgos para la salud que implica su uso indiscriminado. Pese a ello, es el arma «disuasiva» por excelencia en el actuar represivo de Carabineros de Chile. Sepa de qué hablamos cuando hablamos de gases lacrimógenos.

A pesar de las investigaciones científicas que confirman el daño que provoca inhalar los gases de las bombas lacrimógenas, Carabineros continúa usándolas cada vez que hay una protesta en las calles. El daño que provoca el gas a la salud, sobre todo a sectores en riesgo como niños y mujeres embarazadas es enorme. Muchos de los componentes del gas lacrimógeno han sido reemplazados en Estados Unidos e Israel, países que las fabrican. Las bombas que usa Carabineros son fabricadas sólo para Chile y en otros países están prohibidas. Contienen sustancias químicas altamente tóxicas e irritantes de las mucosas y se ha descubierto que producen abortos. Su uso afecta no sólo a los manifestantes sino también a transeúntes y residentes de zonas aledañas, pues las corrientes de aire transportan los gases tóxicos con sus efectos nocivos atenuados, pero que no desaparecen.

El doctor Andrei N Tchernitchin, profesor titular de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile -además secretario del Departamento de Seguridad Pública y Medioambiente del Regional Santiago del Colegio Médico y director científico del Consejo de Desarrollo Sustentable de Chile, una comisión asesora de la Presidencia de la República-, en su calidad de experto en toxicología ambiental señala: “Hay antecedentes documentados de que los agentes químicos con que se fabrican las bombas lacrimógenas son abortivos. Además de producir graves daños a la salud, inciden negativamente en los aparatos reproductivos masculino y femenino.

Es un peligro que se sigan utilizando contra la población. Mi interés comenzó hace tiempo, durante la dictadura militar, cuando en los alrededores de la Facultad de Medicina la policía lanzaba bombas lacrimógenas.

Por eso decidí hacer un estudio científico. Pedimos a los alumnos que donaran sangre para estudiar algunos parámetros hormonales, como el número de leucocitos eosinófilos y, curiosamente, esos leucocitos estaban desgranulándose con mucha velocidad, lo cual podía significar alteraciones de diverso tipo. Estas células tienen que ver con la respuesta inmune de nuestro organismo, o sea, con la regulación de los corticoides, que son las hormonas de la respuesta inmune.

Le pedí a un grupo de alumnas que no participara en manifestaciones para no verse expuesta a los gases, y así tener un control para comparar. Además, acopiamos algunos envases de gases lacrimógenos que no explotaron, para hacer experimentos con ratones de laboratorio… Curiosamente, cuando se supo que estábamos haciendo este experimento, la policía dejó de lanzar bombas lacrimógenas cerca de la Facultad de Medicina. Los estudiantes llegaban muy afectados”, dice.

AGENTES QUÍMICOS

Según el doctor Tchernitchin, en la investigación se observaron importantes diferencias entre las muestras de sangre. “Las células se desgranulaban rápidamente. Todas las acciones de estas células están involucradas con la inmunidad, los procesos alérgicos y de hipersensibilidad… y en las funciones reproductivas masculina y femenina. Obviamente, todas estas importantes funciones podrían verse afectadas”, dice. 

“Hay probabilidad de que las sustancias químicas de las bombas lacrimógenas afecten las funciones reproductivas, dañen al feto en el último trimestre del embarazo, y a los niños en los primeros años de vida, provocando efectos en la salud que pueden resultar irreversibles. Es probable que los fabricantes de estos químicos y tóxicos tengan estudios científicos, pero no dan a conocer los detalles…

No es mortal, ni provoca enfermedades inmediatas, a menos que la persona inhale el gas bajo ciertas condiciones, en un sitio cerrado, etc. Lamentablemente no se han hecho investigaciones sobre las secuelas en quiénes están expuestos o sufren la acción de estos químicos”, dice. Según el doctor Tchernitchin las sustancias que estudiaron durante la investigación en los años 80 no eran neurotóxicas, “pero en las que existen actualmente no lo podemos asegurar, pues no hay información pública”.

¿Qué autoridad sanitaria autoriza el uso de estos químicos y basada en qué estudios? Nadie sabe nada. A ciencia cierta no se sabe cuáles sustancias y en qué proporción se utilizan contra la población.

En 2008 Carabineros declaró al periódico electrónico El Mostrador que el disuasivo químico utilizado irrita las zonas húmedas del cuerpo, sería de fácil dispersión y corta duración, y no produciría daños a la salud. Según Carabineros los químicos están sometidos a la ley Nº 17.798, sobre control de armas y explosivos. Reconocen que las partidas se adquieren en Estados Unidos, aunque nunca se ha especificado a qué proveedores. Señalan, además, que no serían necesarias las autorizaciones sanitarias pues el listado de químicos no pasa por el Ministerio de Salud sino que ingresa directamente al Ministerio de Defensa. Tampoco el Instituto de Salud Pública tiene competencia, pues la institución sólo realiza registros sanitarios de medicamentos, pesticidas y alimentos. Según la periodista Claudia Urquieta, el control de estas sustancias se haría desde el Banco de Pruebas de Chile, dependiente del Instituto de Investigaciones y Control del Ejército, brazo técnico que “controla, modifica y prueba elementos, como armas y los disuasivos en cuestión”. 

Para el doctor Tchernitchin es ilógico que “nadie responda qué sustancias químicas se utilizan en los carros lanza agua y quién regula su concentración. Desde el punto de vista de la salud pública, es una vulneración de las leyes que protegen a los ciudadanos; además, nadie garantiza los niveles de neurotoxicidad de estos químicos”, agrega.

ABORTOS Y CÁNCER

En 1981 Estados Unidos reanudó oficialmente la producción de armas de gases tóxicos “suspendida” en 1969. Los gases más comunes son los usados contra manifestantes: lacrimógenos, bombas de humo, vomitivos y el gas pimienta. Ex presos políticos de la ex Penitenciaría y la Cárcel de Alta Seguridad denunciaron, en varias ocasiones haber sido rociados con gases durante motines y traslados. Algunos aerosoles de pimienta de “triple acción” contienen gas lacrimógeno. Se han documentado casos de mujeres que, expuestas a los gases durante la menstruación o el embarazo, sufrieron abortos e interrupciones del período menstrual. La exposición podría ser más severa en casos de acné o eczema. Mujeres en periodo de lactancia pueden traspasar toxinas a sus bebés. Pueden inducir episodios de asma. Han causado la muerte de personas. El sistema respiratorio puede colapsar. Existe riesgo de paro cardíaco. Ser golpeado de lleno por una bomba puede ocasionar lesiones muy graves: quemaduras, hemorragia interna del cerebro y en la caja toráxica, etc.

“Existen gases como el ortoclorobenzilidenmalononitrilo, conocido como CS, que pueden liberar ácido cianhídrico, que es muy venenoso. Son los gases más fuertes; producen dolores de cabeza, náuseas, sangramiento de narices, diarreas, y puede provocar edema pulmonar; también se ha documentado que provoca una reacción emocional muy intensa… y se ha descrito que son abortivos. ¿Por qué algunos sectores políticos se preocupan tanto por el contraceptivo de emergencia -la píldora del día después- y, sin embargo, nadie alega nada contra los gases lacrimógenos, que son comprobadamente abortivos”, dice el doctor Tchernitchin. 

El ortoclorobenzilidenmalononitrilo, si se inflama, desprende ácido cianhídrico o cianuro de hidrógeno, un producto incoloro, altamente venenoso. Hay investigaciones que señalan que una concentración de 300 partes por millón es capaz de matar a un ser humano en minutos. “Según las autoridades la cantidad de este componente utilizado en las bombas es mucho más baja. Pero su constante inhalación provoca daños a la salud”, agrega Tchernitchin. 

Pruebas toxicológicas con animales muertos después de exposición a CS demuestran presencia de células caliciformes en las vías respiratorias y conjuntiva -membrana mucosa de los ojos-, necrosis -muerte celular- en las vías respiratorias y gastrointestinales, edema pulmonar y hemorragia en las glándulas suprarrenales.

“Otra de las sustancias es la cloroacetofenona (CN), que provoca más o menos los mismos efectos un poco más atenuados. Y existe un tercer químico, la oleorresina de capsicum (OC) que contiene capsiceína, que es el principio activo en el ají y los pimientos. Se absorbe con la sustancia P, que produce una serie de manifestaciones que a la larga van desensibilizando el organismo al dolor. Si afecta al aparato respiratorio y la lengua se pierde el gusto, el olfato”.

Los gases CN irritan los ojos, la piel -la exposición reiterada produce dermatitis-, y el tracto respiratorio. Su inhalación puede generar edema pulmonar. No hay estudios sobre los efectos del gas lacrimógeno en combinación con la contaminación ambiental. La ciudadanía tiene derecho a saber qué sustancias químicas emplea Carabineros. Se sabe que están mezcladas con solventes y se lanzan mediante propelentes. Hay solventes que según la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos causan cáncer y mutaciones genéticas. Uno de los solventes tóxicos es el cloruro de metileno, que puede causar confusión mental, dolor de cabeza, hormigueo de las extremidades, arritmia, alucinaciones visuales y auditivas, trastornos del ciclo menstrual, aborto espontáneo y una variedad de efectos en pulmones y sistema digestivo.

“Las células que desgranulaban por efecto de los gases y tienen que ver con la reproducción y con estrógenos, migran al útero. Me parece concordante entonces que los gases afecten el aparato reproductor y podrían ser causantes de abortos…
Desde el punto de vista de la salud pública, no debieran emplearse gases lacrimógenos. Los más afectados son los niños de hasta 14 años y los mayores de 60 años. Los gases les pueden provocar una enfermedad grave. No se ha estudiado pero es altamente probable que deje secuelas en los fetos… Y si es así, como sucede con otras sustancias químicas, puede ser causante de cambios conductuales o de enfermedades orgánicas”, advierte Tchernitchin.

“Como son consideradas ‘armas’, las Fuerzas Armadas y de Orden regulan su ingreso y uso… y como no me parece que sean expertos en salud, no piensan estos aspectos. En muchos países se ha reclamado contra el uso de estos gases porque justamente provocan daños a la salud. Acá ni siquiera hay antecedentes de cuáles son los químicos que se emplean en los chorros de agua que lanzan contra manifestantes”, agrega.
Según el doctor Tchernitchin, “el Ministerio de Salud o el Instituto de Salud Pública debieran ser quienes autoricen los componentes del gas lacrimógeno, pero hasta donde tengo conocimiento, no han sido consultados. ¿Dónde están los estudios de toxicidad crónica y de efectos diferidos para autorizar compuestos que no sólo afectan a los manifestantes? Muchos efectos neuroconductuales y secuelas aún no han sido investigados. Estos químicos matan lentamente. Sus compuestos son venenosos, inclusive la oleorresina que produce una reacción emocional muy fuerte.

Una personalidad limítrofe o con problemas sicológicos, puede verse en extremo sensibilizada por este compuesto, provocando una reacción agresiva”.

FATALIDADES

En 1928 el CS fue desarrollado por los químicos norteamericanos Ben Corson y Roger Stoughton. Produce lagrimeo, irritación de la piel y de las vías respiratorias, estornudos; se adhiere a la ropa, causa dermatitis y reacciones alérgicas graves. “Es un agente alquilante que se adhiere a los átomos de oxígeno, nitrógeno y azufre en la proteína ADN y ARN, causando cáncer”, señalaron en 1972 los investigadores J.B. Neilands y Gordon H. Orians en Harvest of death. Ha sido el agente más usado por los gobiernos. En 1956 el laboratorio británico CBW, de Porton Down, desarrolló el CS para controlar disturbios civiles. Se usó por primera vez en gran escala por las fuerzas de ocupación británicas contra las protestas civiles en Chipre. En 1960, fue adoptado oficialmente por el ejército de Estados Unidos.

El CN fue descubierto por investigadores alemanes alrededor de 1870 y se preparó por primera vez en 1877. Francia lo usó a fines de la década de 1920 contra los disturbios civiles en sus colonias. Fue adoptado en todo el mundo para uso por entidades policiales alrededor de 1930. En 1923, el gobierno de Estados Unidos financió el desarrollo de agentes químicos en el Arsenal Edgewood. Produce lagrimeo, sensación de ardor en la piel, fotofobia -sensibilidad a la luz- y ha causado quemaduras documentadas de segundo grado y dermatitis vesicular aguda. Es un cocarcinógeno. Provoca dermatitis, prurito, eritema, edema, vesiculación y, en los casos peores, púrpura y necrosis. Cuanto mayor sea la humedad, tanto más graves serán las lesiones. En forma de aerosol, o a dosis mayores, puede causar más daño a los ojos y la piel que el CS. Necrosis y daños han sido documentados por la American Journal of Ophthalmology. Muertes asociadas con la inhalación de CN revelan signos de jadeos, ronquidos -un sonido raspante profundo en los tubos bronquiales-, disnea -respiración dificultosa o laboriosa-, dolores en el pecho y falta de aliento. Las lesiones patológicas se registraron como edema, congestión, hemorragia de los pulmones, formación de pseudomembrana -tejido adiposo- y neumonía.

La oleorresina de capsicum (OC) puede de causar lágrimas, dolor e incluso ceguera temporal. Sus efectos a largo plazo no han sido investigados.

Eldesmethyldihydrocapsaicin, un análogo sintético, es utilizado como “spray de pimienta”. Según la Revista de Oftalmología Investigativa y Ciencias Visuales la simple exposición del ojo al OC es inocua, pero la exposición repetida puede provocar cambios a largo plazo en la sensibilidad de la córnea. La Comisión de Opciones Tecnológicas y Científicas del Parlamento Europeo publicó en 1998 que “los efectos del aerosol de pimienta son bastante más severos, incluyendo ceguera temporal con duraciones de 15-30 minutos, una sensación ardiente de la piel que dura de 45 a 60 minutos, espasmos de la parte superior del cuerpo que fuerzan a la persona a doblarse hacia delante y provoca una tos incontrolable dificultando la respiración y el habla de 3 a 15 minutos”. 

Personas con enfermedades respiratorias o que estén tomando ciertos medicamentos pueden morir. Se han reportado muertes por el uso policial del aerosol. El ejército de Estados Unidos concluyó en un estudio del Aberdeen Proving Ground (1993) que podía producir “efectos mutagénicos, carcinogénicos, de sensibilidad, cardiovasculares y toxicidad pulmonar, neurotoxicidad, así como otras posibles fatalidades humanas”; sin embargo, su uso fue aprobado por el FBI.

(*) Publicado en revista Punto Final, en agosto de 2009