La nueva Derecha y el populismo refundacional

por Ibán de Rementería

El contexto general de la política actual, aquí y en el mundo, es la crisis entre el crecimiento económico y el cambio climático. Entendida la política como el arte en la gestión de la redistribución del poder, que gobierna la redistribución de la riqueza que entre todos producimos. Fue sintomático que el contexto de la Cuenta Pública ante el Congreso Pleno del Presidente de la República hiciese aparición sorpresiva de un tornado en Los Angeles (Alto Bio Bio) y luego un tromba marina en Talcahuano, con muchos heridos, una mujer muerta y cientos de viviendas destruidas y afectadas, fenómenos no conocidos en el área, es de recordar que en los tiempos recientes los impactos del cambio climático han hecho sus manifestaciones duras con las inundaciones en el norte y los incendios forestales en las zona centro sur del país, en magnitudes nunca antes vistas.

Ante esta crisis de crecimiento la nueva derecha ha optado por el negacionismo del cambio climático, tal es el discurso de los presidentes Trump y Bolsonaro, si bien el discurso de Piñera no es explícitamente negacionista ante los “límites del crecimiento”, su respuesta populista es similar a la de aquellos, en primer lugar se proclama la guerra contra la delincuencia, incluidos los eventuales jóvenes delincuentes, los estudiante y escolares, también, se anuncia la guerra contra el narcotráfico, en las calles y las cárceles, asimismo se proclama la lucha contra las drogas, en particular entre los jóvenes con el “programa elige vivir sin drogas”. Sobre este tema de la provisión y el consumo de drogas no hay la más mínima referencia a los problemas crecientes de salud mental de la población, que demanda drogas para gestionar sus trastornos mentales, demanda social que es satisfecha por el narcotráfico, mientras las autoridades sanitarias y políticas no se hacen cargo del hecho que el 50% de las licencias médicas son por salud mental y el 70% de ellas lo son por depresión y ansiedad, entretanto el gasto por esta especialidad no llega al 3% del gasto total en salud. 

Las guerras de Trump son contra las migraciones, que según él traen delincuencia y drogas, y contra las importaciones chinas, que en realidad son importaciones de productores estadounidenses que producen más barato en China. Las guerras de Bolsonaro son contra la delincuencia, los homosexuales y las minorías sexuales, los estudiantes y, sobre todo, contra la administración y el gasto público: hay que privatizarlo todo, todos los servicios que hacen las prestaciones que cubren las garantías a los derechos sociales como la salud, la educación y la previsión social. Bueno, en otra cosa que se parecen Piñera y Bolsonaro es que ya tienen menos de un tercio de respaldo ciudadano y más de la mitad de rechazo, esto lo ha conseguido Piñera en quince meses y Bolsonaro sólo es seis.

La nueva derecha chilena, en la medida que se ha percatado como la política de los acuerdos y, más aún, la institucionalidad de la constitución Pinochet-Guzmán ya no sirve a sus intereses, se ha tornado re-fundacional: se necesita un nuevo parlamento con menos diputados y senadores que tanto gastan, pero sobre todos con menos partidos políticos para lograr más rápidos y eficientes acuerdos; también un nuevo sistema judicial menos corrupto, pero sobre todo menos protector de los derechos de la ciudadanía, ante el cambio climático, los derechos laborales, los derechos humanos, etc., todo lo cual impide el crecimiento ya que inhibe la inversión nacional y extranjera. Evidentemente, todo lo que sea luchar contra los privilegios y la corrupción hace estallar en alborozo a las “barras bravas” como se constató en la última sesión del Congreso Plano.

Otra fábrica de aplausos del mensaje de Piñera fueron las obras públicas, aquí como en los viejos tiempos de la política de los acuerdos se impone la doctrina Lagos, se realizarán obras públicas por US$ 20.000 millones de dólares que serán ejecutadas y financiadas por el sector privado, quitándole así al Estado todos los ingresos por utilidades y rentas que producen esos US$ 20.000 millones, con los cuales se podrían financiar las prestaciones garantizadas en universalidad, gratuidad y calidad de los derechos sociales.  

Como el Estado cede a los privados las utilidades y rentas que producen las obras públicas, los servicios públicos y los recursos naturales, que son de la nación, no tiene recursos para financiar la salud, la educación y la previsión social, esto es el núcleo económico, social y político del modelo neo liberal de producción y apropiación privada de la riqueza de las naciones.

el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista del PS e integra el Equipo Editorial de El Porteño