España: Podemos se desploma en las elecciones municipales, comunitarias y europeas

por Alejandro López

El partido pseudoizquierdista Podemos ha obtenido sus peores resultados a nivel local, comunitario y europeo desde que fuera fundado hace más de cinco años, dado que cientos de miles de personas que antes votaban a Podemos han decidido o bien abstenerse o votar al Partido Socialista Obrero Español (PSOE). Esto sucede a apenas un mes de que el partido perdiera 1,5 millón de votos en las pasadas elecciones generales.

El domingo, además de las elecciones al Parlamento europeo, los españoles estaban convocados para elegir a más de 8.000 alcaldes y Gobiernos regionales en 12 de las 17 comunidades autónomas españolas. El gran vencedor fue el PSOE, que fue capaz de obtener los mismos votos en las votaciones regionales, municipales y europeas. Los derechistas Partido Popular y Ciudadanos no mejoraron sus resultados en comparación con las elecciones generales del mes pasado, pero con el apoyo del ultraderechista Vox podrían unir sus fuerzas para gobernar en la ciudad de Madrid y en la comunidad de Madrid. El PSOE gobernará en las regiones de Castilla-La Mancha, Extremadura, y en las Islas Baleares.

Podemos se desplomó en todas las votaciones. A nivel de comunidad autónoma, el partido perdió 860.000 votos y 68 legisladores regionales en los 12 Parlamentos regionales. Podemos ha perdido votos, legisladores y poder en todas las regiones.

En Castilla-La Mancha, donde Podemos era el socio de gobierno clave del PSOE, Podemos ha desaparecido. Pasó de dos escaños a cero, con apenas 33.000 votos. El dirigente regional de Podemos, José García Molina, dimitió.

En las elecciones europeas, Podemos e Izquierda Unida sacaron 600.000 votos menos que en 2014 cuando se presentaban en listas separadas. Ese año consiguieron 11 escaños; esta vez han descendido a 6.

Junto con su bandazo programático hacia la derecha en curso, incluyendo su defensa de formar un Gobierno de austeridad y militarista dirigido por el PSOE, un factor principal en el declive de Podemos ha sido la experiencia de los trabajadores y gente de clase media con el partido en numerosos ayuntamientos de pueblos y ciudades.

Durante cuatro años, Podemos ha gobernado sobre una población conjunta de casi 7 millones de personas en importantes ciudades en toda España, incluyendo a Madrid, Barcelona, Zaragoza, Valencia, Cádiz, Santiago, Ferrol y A Coruña. Después del domingo, de esas ocho, solo Cádiz y Valencia siguen bajo el control de fuerzas respaldadas por Podemos. Manuela Carmena perdió en Madrid en beneficio de la derecha y la extrema derecha, y Ada Colau en Barcelona está empatada con el candidato separatista catalán de Esquerra Republicana de Catalunya.

Hace cuatro años, se los apodaba “ayuntamientos del cambio” o “ayuntamientos rebeldes”. Se hablaba de “auditorías de la deuda ciudadana” para parar el pago de deudas “ilegítimas”, acabar con los proyectos de construcción emprendidos durante el boom de la construcción en España, acabar con el aumento de los alquileres y dificultar la obtención de licencias para transformar apartamentos en alojamientos vacacionales de corta duración. También afirmaban que mejorarían la vida de los trabajadores comunes, aumentarían el gasto social y transformarían sus ciudades en refugios seguros para inmigrantes.

En vez de eso, se han convertido en herramientas de la clase gobernante para imponer la austeridad. En Madrid, Carmena redujo la deuda pública un 52 por ciento, incluso recortando prestaciones de sanidad y desempleo. Al mismo tiempo, Carmena le dio luz verde a la construcción de complejos de lujo y proyectos inmobiliarios congelados anhelados desde hace mucho por los grandes bancos y las grandes compañías inmobiliarias. En Barcelona, Colau estaba preparando unos presupuestos antes de las elecciones que habrían recortado hasta €109 millones de las escuelas, bibliotecas, teatros y centros de salud.

Colau y Carmena también prometieron poner fin a los aumentos salvajes anuales de los alquileres. En vez de eso, en los últimos cuatro años, los alquileres han subido un 36,7 por ciento en Madrid y un 34,2 por ciento en Barcelona. Cientos de familias obreras siguen siendo desahuciadas todos los días.

Las dos alcaldesas son infames por el trato brutal a los vendedores ambulantes inmigrantes, desplegando grandes cantidades de policías locales para dispersar, arrestar e incluso amenazar con la deportación a vendedores ambulantes. Los vendedores callejeros, principalmente inmigrantes y refugiados del África subsahariana, son atacados regularmente por la policía que les tiende “emboscadas” en ciertas paradas del metro y les confisca la mercadería a los vendedores ambulantes.

En los años pasados, los vendedores ambulantes se han enfrentado a los alcaldes pseudoizquierdistas, incluyendo en Madrid en marzo, cuando estallaron disturbios después de que un vendedor senegalés muriera de un ataque al corazón tras un registro policial.

En Barcelona, Colau también atacó abiertamente a trabajadores huelguistas. En 2016, se opuso a la huelga de 3.200 trabajadores del sistema público del metro barcelonés (TMB). Cuando esta se puso en marcha, Colau apoyó un requisito de “servicio mínimo” ordenado por la ley para mantener funcionando los trenes, ayudando así a conseguir la derrota de la huelga.

A ojos de muchos trabajadores, las “alcaldías del cambio” se han vuelto un símbolo de lo que la pseudoizquierda haría en el poder, como lo demuestran el Gobierno de Syriza en Grecia y el apoyo de Podemos a un Gobierno de austeridad y militarista del PSOE. Lo que está aflorando cada vez más claramente es que la oposición creciente de la clase trabajadora, expresada en huelgas y protestas crecientes para oponerse a la austeridad, el militarismo y los ataques a los derechos democráticos, no puede encontrar expresión sin luchar contra los partidos pseudoizquierdistas.

Mientras la clase trabajadora se está desplazando hacia la izquierda, la pseudoizquierda se desvive por bloquear la oposición de la clase trabajadora al PSOE y al peligro creciente de la extrema derecha en Europa.

El domingo por la noche, el líder de Podemos Pablo Iglesias habló en la sede del partido sin medir sus palabras sobre los resultados. A través de las semanas pasadas, había explicitado que su objetivo para el domingo era sacar el mejor resultado posible para utilizarlo para presionar al PSOE para formar un Gobierno de coalición a nivel nacional. El viernes pasado, Iglesias incluso le dijo a EFE que era “de sentido común” que él sea ministro caso de haber un Gobierno de coalición con el PSOE.

Ayer, Iglesias reconoció que los resultados no fueron buenos, achacando los malos resultados a la “división” de la izquierda. Felicitó al PSOE y exigió un “bloque de Gobierno progresista” desde los ayuntamientos, hasta los Gobiernos autonómico y nacional. Esto significa que Podemos podría incluso encontrarse potencialmente en alianza con fuerzas abiertamente derechistas.

Evaluando los resultados, el presidente en funciones Pedro Sánchez del PSOE apeló a que Ciudadanos tenga la voluntad de gobernar con él: “El PSOE es la primera fuerza política del país. Los españoles comparten las recetas que estamos preparando para el Gobierno de España. Donde el PSOE no pueda gobernar será porque la derecha llegue a acuerdos con la ultraderecha. Esto es enteramente responsabilidad del PP y de Ciudadanos. Los partidos liberales y conservadores europeos no entenderán esto. Apelo a vuestra responsabilidad. Es hora de que se le levante el cordón sanitario al PSOE. Debemos aislar a la extrema derecha”.

(Tomado de WSWS)