Argentina, El secreto mejor guardado de la Dictadura: la muerte de Mario Santucho

por Pino Narducci, Abel Boholavsky y Diego Ortolani

“En abril de 2019 se desclasificaron y publicaron 5.596 registros que abarcan 43.472 páginas” dice textualmente un informe titulado en inglés “ARGENTINE DECLASSIFICATION PROJECT: RESPONSIVE RECORDS”. 

Se trata de documentos del Pentágono, la CIA, el FBI y el propio Departamento de Estado norteamericano relacionados con Argentina.

Entre ellos, hay apenas 4 páginas que reactualizan la persistencia de uno de los mayores secretos de la dictadura, de su aparato de represión y espionaje, y la relación estrecha entre el gobierno de EE.UU y el de Argentina, así como entre las Fuerzas Armadas y de seguridad.

Ese secreto es bajo qué circunstancias capturaron y murió Mario Roberto Santucho. Por eso no es casual que muchos párrafos aparezcan censurados, a pesar de toda la publicidad que se dio a esta ‘revelación’.

Todos los documentos desclasificados no hacen más que corroborar y probar la co-responsabilidad de los Estados Unidos en el genocidio planificado por la dictadura argentina. Ya en enero de 1976, antes del golpe al régimen fascistoide -si bien constitucional- que encarnaba Isabel Perón, el mismo PRT-ERP había denunciado el plan de exterminio cuando su propia inteligencia obtuvo la información de las entrañas del poder militar. El gobierno aquel ya ejecutaba el terrorismo estatal y en aquel momento el PRT alertó a su propia militancia de ese plan.

Lo que aparece en estos documentos pone en evidencia el especial interés en destruir al PRT-ERP por parte del gobierno norteamericano, un objetivo que asumió como propio el Ejército Argentino.

Es muy elocuente que el epicentro operativo haya sido Campo de Mayo, la mayor base militar y el mayor centro clandestino de detención, tortura y exterminio, desde donde también se planificó y ejecutó la eliminación de gran parte del activismo del movimiento obrero, con la participación directa de ejecutivos de grandes empresas, como Ford, Mercedes Benz y muchas otras. Ambos aspectos de un mismo plan deben ser siempre relacionados.

Al decidirnos a aportar las siguientes consideraciones es porque han aparecido numerosos artículos y comentarios que no esclarecen sino más bien vierten falacias, que es imprescindible neutralizar, para que los lectores eviten conclusiones erróneas y apresuradas que aún medio siglo después hay quienes se empeñan en presentar como certeras.

Las partes deliberadamente ocultadas por las autoridades norteamericanas revelan la intención de impedir que se conozca la verdad de cómo fueron los hechos y responsabilidades casi medio siglo atrás. 

SOBRE ÉXITOS REPRESIVOS

* Un informe desclasificado del FBI del 15 de julio de 1976, dice que:

Como una señal de los éxitos de las fuerzas de seguridad sobre el ERP, la SIDE recientemente detuvo a dos hermanos de Mario Roberto Santucho, y estuvo muy cerca de detener a Santucho mismo. Es sabido que Santucho es el legendario líder del ERP”. Además señala como parte de esos éxitos que “Durante el periodo del 11-12 de julio de 1976, las unidades del Servicio de Inteligencia del Ejército (SIE) en operaciones conjuntas con la policía provincial de Buenos Aires y de Córdoba, descubrieron dos imprentas en la provincia de Buenos Aires y Córdoba”.

El SIE dice que el ERP ha quedado gravemente golpeado. Para certificar la fidelidad de su información, aclara que:«La fuente es el coronel Alberto Valín», que era nada menos que el jefe del Batallón 601 de Inteligencia del Ejército. 

¿Qué hay de cierto en ese informe? 

* Es correcta la apreciación de que la situación organizativa del PRT-ERP fue golpeada al descubrirse las dos imprentas, porque las publicaciones eran un pilar de su política, y allí se imprimían las bases materiales de su propaganda escrita (periódicos de aparición regular, semanal o quincenal, volantes, folletos, libros).

* La información de la captura de los hermanos de Santucho era cierta y aunque en ese momento sus familiares y compañeros ignoraban el lugar dónde estaban secuestrados, fue públicamente conocida su desaparición. Manuela y Carlos Santucho fueron secuestrados el 13 de julio en Buenos Aires y conducidos al centro clandestino de exterminio a cargo de la Secretaría de Inteligencia del Estado – la SIDE “Automotores Orletti” (según se lo denominó después que fue descubierto tras la fuga de los prisioneros Graciela Vidaillac y José Ramón Morales en noviembre de 1976). 

* Lo que es pura especulación es la información acerca de que las tropas estuvieron cerca de capturar a Santucho, porque en el único momento en que eso fue así ocurrió 5 días después del golpe, el 29 de marzo de 1976. En ese momento, en la localidad de Moreno, un suburbio a 40 km. al oeste de la ciudad de Buenos Aires, cuando la policía detectó una reunión del Comité Central del PRT y en el ataque al lugar cayeron 12 militantes, unos muertos en combate y otros secuestrados y desaparecidos. 

La llegada a ese sitio no fue por ningún seguimiento ni éxito del espionaje militar. Se debió a una denuncia recibida por haber observado movimientos extraños en esa casa-quinta. Es decir, el Ejército no sabía quiénes estaban allí. La mayoría de los asistentes a la reunión pudo eludir el ataque. Si el Ejército hubiese conocido con antelación que allí estaba la máxima dirigencia del PRT-ERP, hubiese cercado la zona y pocos se habrían salvado.

* El informe del FBI, además, no menciona menciona ninguna fuente concreta ni un informante proveniente del PRT-ERP. Valín no refiere nada acerca de dónde estaría Santucho. Sin embargo, en otro informe publicado simultáneamente se afirma que «Los servicios de inteligencia argentinos creen que el líder del ERP, Mario Roberto Santucho, está en Buenos Aires». Esta versión es atribuida al General Albano Harguindeguy, por entonces ministro del Interior de la dictadura, y que había sido jefe de la Policía Federal del gobierno de Isabel Perón. A Harguindeguy, el informe norteamericano le atribuye insólitamente el grado de “Brigadier General” (¡sic!).

VERDADES, ERRORES Y MENTIRAS

* Hay otro informe del espionaje norteamericano del 21 de julio de 1976:

«La información que permitió a las fuerza de seguridad localizar a Mario Roberto Santucho fue proporcionada por un oficial del ERP que se puso en contacto con el Ejército Argentino y se ofreció a revelar el paradero de Santucho y otros líderes del ERP a cambio de la liberación de su esposa, que había sido secuestrada. El Ejército no solo aceptó, sino que prometió al oficial del ERP que le daría dinero y asistencia para salir de Argentina con su familia. En ese momento, el Ejército argentino llevó al oficial del ERP para que corroborara que su esposa estaba detenida y se encontraba bien. Después de lo cual, el oficial señaló el edificio de Villa Martelli, provincia de Buenos Aires, cerca de la Capital, donde Santucho y otros líderes estaban escondidos.

l oficial del ERP dijo que Santucho había estado viviendo en ese edificio cerca de un mes. El oficial del ERP también dijo a las autoridades que, por el peligro que corría la vida de Santucho, a causa de la campaña antisubversiva en Argentina, estaba planeando viajar, a finales de julio, hacia Cuba, vía Mendoza en Argentina, Chile y Europa, para permanecer en Cuba cerca de un mes.Comentario: la esposa de Santucho, sus padres y sus hijos de un matrimonio anterior se cree que están en Cuba. Comentario: fue encontrado un boleto aéreo con destino a Cuba en el cuerpo de Santucho….El oficial del ERP dice que un reemplazo probable de Santucho como comandante del ERP es Mattini… El oficial del ERP dijo que, a principios de julio, Santucho se había reunido con Mario Firmenich, comandante de Montoneros, para continuar las discusiones sobre la posibilidad de una fusión del ERP con Montoneros. Una situación que aún estaba siendo negociada por las dos organizaciones el 19 de julio. De acuerdo con el oficial del ERP, Santucho también le pidió dinero a Firmenich que se lo negó señalando que el ERP ya le debía a los montoneros U$S 600.000. La reunión entre Santucho y Firmenich se realizó en los suburbios del norte de Bs As«.

Aquí, el informe combina hechos ciertos con errores de información, e información falsa o inventada. Veamos.

Efectivamente, Santucho fue capturado el 19/07/76 en el departamento 4° B de calle Venezuela 3145 de Villa Martelli. 

No estaba solo. Estaba con su esposa Liliana Delfino, y otro miembro del Buró Político del PRT, Benito Urteaga y su pequeño hijo José, de 3 años. Los dueños de casa no estaban en ese momento: eran Ana María Lanzillotto y Domingo Menna

Menna – Lanzillotto

Lanzillotto había salido hacia la casa de unos compañeros en la zona norte del Gran Buenos Aires, para darles un alerta de seguridad. Esto lo sabemos por el relato de una compañera de ella, Diana Cruces, con quien se frecuentaban en esa época. Menna, que también era miembro del Buró Político del PRT y aquel día tenía citas con diferentes personas, había acudido a una cita con algún militante (de la que hablaremos más adelante). 

* Al departamento 4° B, los militares accedieron tras amenazar al portero, al que hicieron tocar el timbre para que su voz conocida por los moradores franqueara la apertura de la puerta, y luego lo obligaron a que se retire inmediatamente. Según testimonio del portero, un militar trabó la puerta al abrirla una mujer (Liliana Delfino), que alertó al resto con un grito (hay una versión, que no ofrece respaldo testimonial, que la puerta la abrió uno de los varones). Santucho y Urteaga no empuñaban armas en ese instante, de lo contrario hubiesen disparado instantáneamente a los asaltantes. 

Según un militar, el sargento Víctor Ibáñez, en Campo de Mayo, escuchó decir a miembros de la fuerza de tareas que tras reducir a los dos hombres, al ser “cacheados” por el jefe del operativo, Capitán Juan Carlos Leonetti, uno de ellos lo desarmó. Se entabló un desigual tiroteo. Los otros militares rafaguearon a los dos insurgentes, pero no pudieron evitar que el que arrebató el arma de Leonetti también disparara, dándole muerte. Urteaga murió instantáneamente. Santucho cayó herido inconsciente. El niño y Delfino quedaron ilesos. Todos fueron llevados a la base militar de Campo de Mayo, donde Santucho murió sin recibir atención médica en el Hospital Militar, porque allí habría llegado sin vida según el mismo testimonio de Ibáñez. 

El 21 de julio, el mismo día en que se escribió el informe de la inteligencia norteamericana, los militares argentinos completaron la puesta en escena con la redacción de dos actas de defunción de personas NN. En realidad esos NN eran Mario Roberto Santucho y Benito José Urteaga. 

ACTA DE DEFUNCIÓN BENITO URTEAGA

El acta que lleva el N° 604 debe corresponder a Urteaga, porque lo describe de “cutis blanco” y “calvicie incipiente” 

ACTA DE DEFUNCI{ON MARIO ROBERTO SANTUCHO

El N° 605 debe corresponder a Santucho, porque consta “cutis trigueño”

En ambos casos, se consignó como causa de muerte “hemorragia masiva traumática”. Los militares se estaban preparando para hacer desaparecer sus cuerpos. 

El sargento Ibáñez dijo que el cuerpo de Santucho permaneció un tiempo en un sótano convertido en “museo”. Liliana Delfino fue llevada al “Campito”, sitio dentro de Campo de Mayo donde estaba el centro de tortura y exterminio. El niño, José, fue restituido a familiares muchas semanas después.

Al poco rato que los militares se retiraran (no más de cinco, según testimonio del portero), llevándose a los muertos, al herido y al niño y a la mujer sanos, llegaron a la puerta del mismo edificio Eduardo Merbilhaá -también miembro del Buró Político del PRT- y su esposa, que vivían en el departamento 3° C. El portero los atajó en la puerta, advirtiéndoles: “Mire que del departamento de sus familiares se llevaron dos cadáveres” (los habitantes de ambos departamentos mantenían la coartada de que eran “parientes” como apariencia para justificar el vínculo).

El matrimonio se retiró sin inconvenientes, según relató Merbilhaá a un compañero suyo del área de Comunicaciones Internacionales del PRT, y lo confirmó su esposa. El episodio revela con claridad que Merbilhaá no estaba identificado por el espionaje militar (vivía allí desde noviembre de 1974). Los militares no fueron a buscarlo a su departamento, que solo mucho después fue allanado. Merbilhaá llegó y se fue del edificio sin pasar su vehículo por ningún retén o pinza militar o policial. Es decir, en ese breve período de tiempo no hubo ningún operativo militar en torno al edificio.

* Por el contrario, quien fue capturada al regresar a su casa fue Ana María Lanzillotto. Ya los militares habían hecho una ratonera en el 4to B. Tuvieron que pasar algunas horas para que el Ejército confirmase que los caídos eran Santucho y Urteaga.

* El escaso personal militar destinado a asaltar ese departamento pone en total evidencia que el Ejército ignoraba que allí estaban Santucho y Urteaga. La ausencia de un operativo de gran despliegue, habitual en esa época para cualquier asalto a casas de “subversivos”, deja muy claro que no tenían esa información precisa. Sobre todo, porque los militares seguramente sí sabían que Santucho tenía un grupo de protección armado, que en la nomenclatura errepiana se denominaba “Escuadra Especial”, que entre sus tareas tenía la de cubrir sus movimientos. 

* Otra evidencia de “error” de información es mencionar que la esposa de Santucho estaría en Cuba. El 21 de julio, Liliana Delfino llevaba dos días secuestrada en Campo de Mayo. ¿No sabían todavía quién era? ¿O deliberadamente el informante del Ejército Argentino le mintió a su colega norteamericano?

¿CÓMO LLEGARON A VILLA MARTELLI?

* El informe del 21 de julio dice que el Ejército llegó a Villa Martelli por datos brindados por un “oficial del ERP”. Cabe explicar que esa denominación era la que los servicios de inteligencia norteamericanos usaban para calificar a algún/a militante, y no necesariamente implica que el mencionado tuviese grado militar dentro de la organización guerrillera.

Contrastando ambos informes desclasificados se deduce que el día 15 de julio, el Ejército no poseía esa información. Por lo tanto, la supuesta “esposa” del “oficial” debe haber sido capturada después de esa fecha y antes del día 19. Pero no descartamos que el Ejército pudiese tener esa información -dentro de la hipótesis del delator-, y no pasársela en esa fecha al servicio de espionaje norteamericano, o que haya sido borrada en el cable desclasificado.

* El informe afirma que «el Ejército argentino llevó al oficial del ERP para que corroborara que su esposa estaba detenida y se encontraba bien”. Esto revela que la mujer estaría en un centro clandestino, ya que si hubiese estado detenida legalmente, el eventual entregador no tendría que haber ido a negociar su vida. Él quería certeza que estaba viva y negociar su liberación a cambio de información.

* Según el documento el “oficial del ERP” señaló el edificio en Villa Martelli donde según esa versión estaba Santucho. Pero esto es más que difícil de creer, porque si los militares hubiesen sabido que allí estaba Santucho, no hubiesen destinado una patrulla de cinco efectivos, ni hubieran actuado sin rodear primero la zona y después el edificio. La información militar está presentada como para demostrar que el Ejército ya sabía de la presencia del Jefe del ERP en ese lugar.

* Acá el informe oculta o ignora que un rato antes (ignoramos exactamente cuánto tiempo), el Ejército había capturado sigilosamente a Domingo Mennaen un lugar cercano a su domicilio, pero probablemente del otro lado de la Avenida General Paz, dentro de la jurisdicción de la Capital Federal (Ciudad de Buenos Aires). Y sostenemos que sigilosamente, porque no se conoce hasta hoy ningún testimonio de que persona alguna haya presenciado un secuestro callejero, a plena luz del día como fue. Y sin duda Menna tiene que haber sido rodeado, inmovilizado y metido dentro de un vehículo. Si hubiese tenido un instante de posibilidad, habría accionado su arma de puño. No hubo enfrentamiento armado. 

Menna fue visto después sin heridas de bala en Campo de Mayo, por dos sobrevivientes: Patricia Erb, una joven norteamericana que militaba en la Juventud Guevarista y Eduardo Cagnolo, un soldado conscripto, secuestrado y liberado. Alguien debe haberles señalado a los secuestradores quién de los que caminaban por la zona era Menna. Ese debe haber sido el “oficial”

* Que Menna tenía una cita con algún integrante de la organización, lo confirmó Eduardo Merbilhaá en un mensaje escrito a otro miembro del PRT, y también en una conversación con otro cautivo, el ya nombrado Eduardo Cagnolo, cuando ambos estaban secuestrados en Campo de Mayo. (ver el artículo Nuevas revelaciones sobre “El Campito”https://es.scribd.com/document/297879709/Revista-La-Roca-Numero-2-Diciembre-2015-Version-Digital). 

Merbilhaá no mencionó que ese otro integrante fuese un miembro de la dirección del PRT, como se publicó hace algunos años en un sitio de internet, sino un militante vinculado directamente con Menna. Aquí debemos destacar que Merbilhaá comentó a Cagnolo que Menna “…había concurrido a una cita con un representante de una Liga…que era un infiltrado y lo secuestraron…”.

Menna circulaba con documento falso a nombre de Guillermo Longo, como nos cuenta un ex integrante de la Escuadra Especial del ERP. Pero es muy probable que el “oficial” entregador conociera su verdadera identidad, además de su fisonomía. Es imposible que Menna haya sido la fuente voluntaria, en ese momento preciso, de la información sobre la dirección del departamento de calle Venezuela, dado el breve lapso transcurrido entre su captura y la llegada de los militares allí. Por otro lado, los testimonios de sobrevivientes de Campo de Mayo, Patricia Erb y Eduardo Cagnolo, aseveran que tras meses de tortura, jamás reveló un dato comprometedor y siempre desafió a los torturadores militares. (ver Revista La Roca N° 2, ídem). 

¿”FALSA NOTICIA” O PISTA CIERTA?

* Desde aquella misma época el PRT manejó la información de que Menna, al momento de su captura, tenía en un bolsillo el recibo del alquiler de un nebulizador para su hijo Ramiro. Según esta línea de investigación, los militares acudieron inmediatamente a la farmacia que figuraría en el recibo, para obtener la dirección de quien había alquilado el aparato. Sin embargo, según otras fuentes conocidas por nosotros, probablemente la dirección estaba escrita en ese mismo recibo, ya que el negocio que alquilaba esos aparatos (no una farmacia) los pasaba a retirar a domicilio. Así habrían llegado los militares a la calle Venezuela. 

* Esa misma versión, aunque con otro relato, fue publicada en aquel entonces por la revista Cambio 16 de España, del 8 de agosto de 1976. Allí se escribió que “el 16 de julio, el abogado López, alias Gustavo, un jerarca del ERP, se presentó a los militares del Ejército para decir que estaba dispuesto a entregar informaciones en cambio del respeto de la vida de su familia y reveló que, el lunes 19 de julio, Menna tenía una cita con Liliana Delfino”. El propio Merbhilaá tenía información parecida, tal como lo mencionamos. Se la transmitió por escrito a un compañero del Comité Central del PRT, comunicando lo que él sabía y aludiendo a la revista española. Sin embargo, muchos investigadores dudaron (y aún dudan) de su veracidad, ya que consideran que se trató de “carne podrida” (falsa información) para despistar a los integrantes del PRT y otros, acerca de cuál era la verdadera pista que les permitió llegar a Santucho (es decir, el “oficial”). Las “falsas noticias” siempre han existido. 

Ahora, leyendo los informes desclasificados, podemos afirmar que al menos el núcleo central de esta historia no fue “carne podrida”. Reiteramos. Por investigaciones de las que hemos tenido conocimiento, sabemos que una persona efectivamente había alquilado un nebulizador en ese mes de julio de 1976, en una zona no muy lejos del domicilio de Menna. De ahí surge que es posible que la dirección de quien alquiló el nebulizador (Depto. 4° B de calle Venezuela 3145, Villa Martelli), figurase en el recibo que Menna llevaba en su bolsillo, ya que hacían entrega a domicilio, y que eso haya facilitado la rapidez con que actuó Leonetti. Probablemente, el jefe de la fuerza de tarea destinada a aniquilar la dirección del PRT-ERP ni siquiera perdió el tiempo, porque ya tenía en sus manos el domicilio de Menna. De todas maneras, esta hipótesis sigue estando en cuestión.

Es lógico que nada de esto aparezca en los documentos desclasificados, porque éste es el mayor y mejor guardado secreto del aparato militar argentino. Este y otros “detalles” nada menores sobre la captura de Menna, sobre la identidad del delator y de la mujer secuestrada y luego liberada, sin duda que están en alguna de las partes borradas de los documentos desclasificados o, más probablemente, en algún archivo secreto del Ejército Argentino. Y por supuesto, en la memoria de los militares que aún viven y fueron directores de las tareas de inteligencia (basadas ante todo en la tortura sistemática).

SEMBRAR CONFUSIÓN Y OCULTAR HECHOS

* El documento desclasificado por el gobierno de EE.UU. también está destinado a reproducir la confusión y ocultar verdades. Leonetti ignoraba, o tal vez solo sospechaba, que Santucho estaba allí, aunque la información es presentada como que sí sabía. Parece más probable queel “oficial del ERP” ofreció otra información, es decir la de una cita con Menna. 

* Lo que resultó exitoso para los militares fue la sagacidad del capitán Leonetti, de no demorarse por un reporte burocrático a su superior Coronel Valín sobre la información de la captura de Menna, que sí estaba prevista desde horas o días antes por la Inteligencia militar. Leonetti estuvo asignado a la fuerza de tareas especial destinada a aniquilar la jefatura del PRT-ERP por el General Jorge Rafael Videla, Jefe del Ejército designado en el cargo durante el gobierno constitucional, y Presidente de facto tras el golpe del 24 de marzo de 1976. ¿Tomó Leonetti esa audaz decisión presumiendo que la ausencia de Menna desatase una alerta en la organización insurgente? ¿O para ganar prestigio ganándole de mano a sus superiores?

* Otros detalles revelan que lo que es presentado en los documentos desclasificados como información militar previa, no es exactamente así. Se afirma que Santucho tenía un boleto de avión con destino final La Habana. Cualquiera sabe que en aquella época no había vuelos Argentina-Cuba, y que quien viajase a la isla caribeña lo hacía por combinaciones que no dejaba acreditadas en el país. Se llegaba a Cuba vía Europa (París, Praga, Moscú) o vía México. No era obra de espionaje alguno suponer que si Santucho salía al exterior, en algún momento iría a Cuba. Además el informe afirma que el oficial del ERP reveló que Santucho… “estaba planeando viajar, a finales de julio, hacia Cuba, vía Mendoza en Argentina, Chile y Europa, para permanecer en Cuba cerca de un mes”. El “oficial del ERP” no conocía la verdad o el informante argentino de la embajada norteamericanano contaba la verdad. 

Según nos refirió Julio Santucho, dirigente del PRT que el 20 de julio de 1976 esperaba en Roma a su hermano y a Liliana Delfino, la ruta exacta del viaje era: Mendoza-Perú-Roma-Praga-La Habana. Significa que el delator sabía o intuía algo pero no con precisión. Según el militar informante, lo que sabía bien era que el viaje empezaría en Mendoza y terminaba en La Habana. Todo esto puede también resumirse de otra manera: los militares, al haber detectado post-facto un boleto aéreo de Santucho, dedujeron que saldría del país y que no lo haría por la más “visible” y muy controlada salida de Ezeiza.

* También el delator dice (según el militar informante), que Santucho estaba viviendo en calle Venezuela hacía un mes. No fue así. La pareja Santucho-Delfino vivía en ese edificio hacía 7 meses. Desde fines de diciembre de 1975 en el departamento de Merbilhaá y desde febrero de 1976 en el departamento de Menna, como contó la esposa de Merbilhaá. 

La relación entre el PRT-ERP y Montoneros era públicamente conocida para la militancia, no un secreto. Ambas organizaciones, junto a la Organización Comunista Poder Obrero (OCPO) tenían proyectado un frente común, propuesto por el PRT desde el año anterior. El nombre proyectado de ese frente era Organización para la Liberación de Argentina (OLA). Existía un borrador programático que el PRT circuló en su Boletín Interno desde fines de 1975. Y se ratificó en otro similar de julio de 1976.

El encuentro de Santucho y Menna con Firmenich (junto a dirigentes de Montoneros como Roberto Quieto, Adriana Lesgart, Héctor Talbot Wright y otros) ocurrió en noviembre 1975.

Posteriormente, en 1976, hubo otro encuentro entre Santucho y Roberto Perdía en la casa de este último, en Ciudadela, provincia de Buenos Aires. No se debatía préstamos de dinero como alega saber el informante del espionaje, sino política (incluso, colaboración del PRT en materia de prensa y propaganda, razón por la cual la dirigente montonera Victoria Walsh visitó la imprenta clandestina del PRT en Córdoba, tal como relató recientemente Carlos Orzaocoa, entonces miembro de la dirección del PRT, y hoy abogado en la causa que recuperó esa vivienda para los hijos de sus legítimos propietarios, asesinados por el Ejército). 

El acuerdo PRT-Montoneros-OCPO se iba a suscribir ese 19 de julio de 1976. Lo que describe el desclasificado es totalmente falso (¿por error de “inteligencia” o para seguir des-informando?). Por información recibida de Luis Mattini, Secretario General del PRT después de la caída de Santucho, sabemos que en todo ese período no se vio con Firmenich, y las tratativas con Montoneros se hacían con Perdía, Vaca Narvaja y otros dirigentes. Por eso, cuando se propone la fecha del 19 de julio para la firma del acuerdo de lo que sería la OLA con la presencia de Firmenich, Santucho demoró expresamente su viaje para estar presente. Después de estos acontecimientos, Montoneros descartó la concreción de ese frente común.

FERNANDO GERTEL

OTRA OMISIÓN QUE NO PARECE CASUAL

* Uno de los enlaces por parte del PRT era Fernando Gertel, responsable de finanzas y enlace del Buró del partido. Fue capturado ese mismo día, muy lejos de Villa Martelli, en San Antonio de Padua (oeste del Gran Buenos Aires), a primera hora de la tarde. En circunstancias similares a las de Menna, en una cita “envenenada” (delatada). Su captura fue presenciada por su esposa, Diana Cruces, que no era conocida por quien concurría a la cita, no fue identificada por los secuestradores y regresó a su casa donde estaban sus suegros. La vivienda jamás fue encontrada por los militares.

Gertel ya había informado a sus compañeros que el enlace de Montoneros había faltado a la cita. De todo esto Diana Cruces (fallecida el 31 de enero de 2017), una tenaz investigadora de estos sucesos, dio testimonio varias veces, una en sede judicial. Ella sabía que en San Antonio de Padua su esposo tenía una cita con un compañero de militancia, es decir un militante del PRT. 

En los últimos años de su vida, Diana sospechaba que la misma persona, el mismo militante, habría entregado a Menna y a Gertel, según documentos de Diana entregados antes de su muerte a uno de los autores de este artículo. No sabemos si su hipótesis es fundada pero, sin embargo, creemos que sí existe una estrecha relación entre el secuestro de Gertel y las otras caídas del 19 de julio. La captura de Gertel también es omitida en los documentos desclasificados hasta hoy conocidos. 

EL SECRETO NUNCA “DESCLASIFICADO”

* En resumen, las circunstancias de las muertes de Santucho y Urteaga, los secuestros de Menna, Delfino, Lanzillotto y Gertel, todos ocurridos en el lapso de horas entre la mañana y la tarde del 19 de julio de 1976, no están esclarecidas y los informes desclasificados publicados hasta hoy, no ayudan a llegar a la verdad.

Menna permaneció secuestrado en “El Campito” de Campo de Mayo por lo menos hasta el 11/11/76. Delfino fue vista en ese lugar en septiembre del 76. Según el testimonio de la sobreviviente Patricia Erb, estaba con Ana María Lanzillotto, que parió un bebé en una dependencia de la Policía Bonaerense, lejos de Campo de Mayo, ubicada en los bosques de Ezeiza, en el cruce de autopistas Ricchieri y Jorge Newbery (su hijo es el nieto recuperado 121, en octubre de 2016). Merbilhaá fue visto en Campo de Mayo también en noviembre del 76. Gertel nunca fue visto. Aún se ignora dónde están escondidos los cuerpos de Santucho y Urteaga a los que se les confeccionó falsas actas de defunción como NN. De los otros no hay rastros.

¿Cómo llegaron, entonces, los militares al departamento de Villa Martelli? Los documentos publicados ocultan y mienten. 

¿Cómo llegaron los militares a las citas con Menna y con Gertel? Los desclasificados no lo dicen. 

Pero está documentado, y hay quienes saben mucho del secreto mejor guardado de los últimos 50 años de la historia argentina.