Vamos por la jornada de 40 horas

por Ibán de Rementería

El debate sobre la reforma laboral se ha centrado en dos propuestas con relación a la jornada de trabajo, por una parte el Gobierno de Piñera ha propuesto una jornada laboral de cuatro días a la semana con 11 horas diarias de trabajo, para un  total de 44 horas semanales, por otra parte, los diputados Gabriel Bóric y Giorgio Jackson del Frente Amplio  han hecho suya la propuesta de la diputada Camila Vallejo, del Partido Comunista, hecha en 2017, la cual establece una semana laboral de 40 horas en cinco días de 8 horas de trabajo, de ahí la consigna  “Vamos por la semana de 40 horas”. Como antecedente a la actual semana laboral de 45 horas con 9 horas diarias de trabajo, hasta 2005 la jornada era de 48 horas semanales. 

La propuesta presidencial apunta a la “flexibilidad laboral”, a la incorporación de la mujer, los jóvenes y los adultos mayores a las actividades laborales, lo cual termina mostrándose como diversas formas de precariedad laboral, de trabajos a tiempo parcial –part time- , elteletrabajo, que es trabajo a domicilio en red,formas de cuentapropismosubcontratado como uber o cabify, repartir pizzas o cualquier cosa, también drogas, comprar por encargo en los supermercados, super tiendas o almacenes especializados en esos despachos, etc., trabajos parciales que se complementan entre ellos o con la “mala pega” que se tiene, para procurarse ingresos mínimos; allí afloran la generalización de las precariedades laborales sin contrato ni laboral ni comercial alguno, donde la sobre explotación es siempre “de palabra”. También es alternativa usar esos tiempos para convertirse en un emprendedor o asociado como parte de una de esas pymes “tercerizadas” en las “cadenas globales de valor”, que en sus momentos bien hicieron la industrialización de Japón, Corea y China. En fin, entre viernes y sábado y si es necesario en domingo uno se puede ganar unos pesos, en la práctica es casi media semana.

En cambio, la propuesta de la diputada Vallejo y los diputados Bóric y Jackson de disminuir en lo concreto la jornada laboral está en las históricas luchas de las y los trabajadores por sus derechos desde los orígenes del movimiento obrero.

Con la primera revolución industrial en el tránsito del siglo XVIII al siglo XIX  comenzaron las luchas de los trabajadores por la jornada 8 horas diarias de trabajo, la consigna fue 8 horas de trabajo, 8 de recreación y 8 horas de descanso, lanzada en 1817 por Robert Owen, empresario, líder social y político gales, en 1886 los mineros ingleses del carbón fueron los primeros en conseguir la jornada de 8 horas, lo mismo aconteció en varios sectores de la industria en los Estados Unidos de América, como resultado de las grandes movilizaciones entre las cuales se produjo la Matanza de Chicago el 1 de mayo, a modo de referencia, después de la Revolución de 1848 los obreros franceses habían conseguido la jornada de 12 horas diarias.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE  LA REDUCCIÓN DE LA JORNADA DE TRABAJO

Horas de trabajo por año y persona en el Reino Unido (1785-2000)

La revolución industrial es, a la vez, el paso de la plusvalía absoluta a la plusvalía relativa para extraerle al trabajador la riqueza que produce, mediante el aumento de la productividad del trabajo gracias, por otra parte, es la aplicación de la tecnología a los procesos productivos. En breve, la plusvalía absoluta se obtenía aumentando la jornada de trabajo, mientras que la plusvalía relativa se obtiene aumentando la productividad del trabajo manteniendo la jornada de trabajo o incluso disminuyéndola, como se puede observar en el cuadro adjunto sobre el Reino Unido.  

Mientras  a los inicios de la revolución industrial, en 1785, un trabajador generaba  US$ 1,29 por hora de trabajo, en vísperas de la I Guerra Mundial, en 1913, generaba US$ 4,4 por hora, más del doble; al inicio de “los años dorados” de la poste guerra, en 1950, cada trabajador generaba US$ 7,86, y, finalmente, en el año 2000, luego de las crisis de 1974 y 1982, la productividad llegó US$ 28, 71  por hora. La productividad del trabajo por hora en el Reino Unido se multiplicó por 22,3 veces desde 1785 al año 2000.

En Chile, sin pretensión de hacer una comparación exhaustiva, sino que meramente referencial e informativa, y ateniéndonos a la siguiente definición oficial sobre la productividad laboral: “…como el valor agregado que genera cada peso destinado en salario por parte de las empresas”. Agrega el Informe que: “…en promedio, un trabajador dependiente genera anualmente en Chile alrededor de 23,2 millones de pesos”. [Ministerio Economía Fomento y Turismo Informe de resultados: Productividad laboral sectorial y por tamaño de empresa a partir de microdatos.2017].

Si convertimos a US$ dólares esos 23,2 millones de pesos chilenos a razón de 660 pesos por US$ dólar, la productividad anual de cada trabajador en promedio sería US$ 35.152. Si consideramos 249 días laborables al año por 9 horas diarias, tenemos un total de 2.241 horas anuales, siendo entonces la productividad por hora de US$ 15,7 dólares, en términos latos la productividad actual de las y los trabajadores en Chile llegarían en el presente al doble de la productividad de los trabajadores ingleses en 1950, pero a la mitad de la productividad de estos en el año 2000.

Es de destacarse, además, que en el año 2000 las hora de trabajo anual en el Reino Unido era 1.489 y aquí en la actualidad son 2.241 horas, las horas trabajadas a la semana allí eran 30, aquí son 45 horas, mientras que allí las horas diarias a laborar eran seis, aquí son nueve.

La aplicación de tecnología y el aumento de la productividad del trabajo es lo que caracteriza a las revoluciones tecnológicas, permitiendo así ir liberando a las y los trabajadores de largas jornadas de trabajo. Desde que en los países imperiales en 1886 las y los trabajadores consiguieron la jornada de 8 horas diarias, hemos electrificado el planeta, lo hemos intercomunicado, hemos ido a la luna y más allá en el universo, hemos desintegrado el átomo y su núcleo, también hemos llegado a la “destrucción mutua asegurada”, hemos digitalizado todo y nos estaremos comunicando de manera inalámbrica a una velocidad 1.000 veces mayor a la actual (5G), pero seguimos pensando en trabajar 8 horas diarias.

En fin, se argumenta que con el programa 11 horas x 4 días de flexibilidad laboral se tendrían más días para estar y atender a la familia, pues bien, la alternativa de reducir la jornada laboral a 40 horas semanales le asegura a las y los trabajadores al menos una hora diaria más para esos cuidados, entre otros, los que pide con los niños y jóvenes el programa “Elige vivir sin drogas”. Por lo demás, cuando en el año 2005 se disminuyó la jornada laboral de 48 a 45 horas no se produjo ni una disminución de la producción ni de los salarios.

El autor es militante del Núcleo Valparaíso Socialista (PS) e integrante del Equipo Editorial de El Porteño