Raíces del conflicto portuario

por José Miguel Bonilla

El sector portuario de Chile tiene un largo historial de conflictos. Desde fines del Siglo XIX la clase trabajadora comienza a tomar conciencia de  que es un sujeto histórico. En particular los portuarios se constituyen en  una de las piedras angulares del incipiente movimiento sindical. En un país con una larga costa, y enclave del Pacìfico Sur, Chile vio incorporarse a miles de obreros a diversas labores marítimas. No tardaron en surgir los conflictos con la patronal,  Asi el 2 de Julio de 1890, los obreros lancheros de Iquique, empujados por la precarización de sus fuentes de trabajo , la devaluación, y remuneraciones indignas,  inician una de los primeros conflictos sindicales marítimos del que se tenga memoria, arrastrando en la ola de protestas a más de una decena de puertos y otros gremios como panaderos, carretoneros, operarios de fundiciones , ferrocarriles, etc. No sòlo se involucraron los puertos sino que ciudades del interior. Era, por tanto , el albor de uno de los movimientos mas importantes de la clase obrera: el portuario. Este movimiento se caracterizaba por una  masividad y organización nunca antes vista. Las clases dominantes no tardaron en acusar recibo y reaccionaron como lo saben hacer siempre : usando el aparato de Estado para aniquilar el alzamiento a través de una brutal represión, haciendo desaparecer incluso los cadáveres para ocultar las estadísticas de sus masacres. El mismo patrón represivo se vivió igualmente en las primeras décadas de siglo XX. 

En el presente, el sistema de concesiones, avalados por los gobiernos privatizadores de Frei y Lagos, específicamente en Valparaíso, ha consagrado la hegemonía del privado en la actividad portuaria, constituyendo el Estado, representado por EPV,  un mero espectador incapaz de frenar los abusos de la patronal. El puerto de Valparaíso se ha convertido en un feudo, un territorio escindido del resto de la ciudad que no está interesado en agregarle valor a través de un royalty  u otro tipo de tributo que permita que la ciudad prospere ya que el centralismo crónico posibilita que los flujos de dinero sean entregados en las casas matrices ubicadas en la Metrópoli.    En cuanto a régimen laboral, y a contrario sensu de otros puertos, como los de Le Havre o Rotterdam, donde la mayoría de los trabajadores disponen de contratos, salarios a la altura de sus necesidades, y otras regalías, Chile posee una fuerza mayoritaria de trabajadores eventuales, que son obreros contratados por el día, y que al término de la jornadas son finiquitados, impidiéndoles acceder a garantías laborales como estabilidad, vacaciones, pre y postnatal, etc. Es en este contexto que, en Noviembre pasado centenares de eventuales de las empresas TPS, de Von Appen y TCVAL inician movilizaciones en Valparaíso, solicitando la instalación de una mesa de trabajo a fin de discutir las condiciones laborales, en particular la disminución del número de turnos, homologación de condiciones de trabajo similares a los sindicatos de obreros contratados beneficios económicos y término de listas negras.  La incompetencia de las autoridades que se habían comprometido a ser garantes en el conflicto ,  permitió que éste escalara, provocando en principio la renuncia del Director de EPV , Raúl Celis, y por otro lado logrando despertar la solidaridad de otros puertos que se manifestaron con paros temporales. La respuesta de la patronal, por cierto, no se hizo esperar, iniciando una ofensiva mediática para desacreditar el movimiento y utilizando incluso amenazas de muerte por parte de matones. 

Los operarios de TCVAL, tras 13 días de paralización aceptaron la propuesta de la concesionaria y acordaron la conformación de una mesa de trabajo, bono de 1 millón y un préstamo de $500 mil, destrabándose el conflicto en el Terminal 2 del puerto. Los eventuales del TPS de Von Appen, sin embargo, continuaron en el movimiento y tras 35 días arriban a un acuerdo que consistió en un préstamo, giftcard, aguinaldo, y otros bonos menores. Algunos de estos beneficios han sido pagados parcialmente y en forma asimétrica, pero lo más grave es la existencia de 22 eventuales despedidos sin posibilidad alguna de reintegro, que sobreviven a duras penas y sin ninguna política de reinserción  por parte del Estado. Este conflicto ha servido para visibilizar la existencia de trabajadores del Siglo XXI con condiciones del Siglo XIX y también del poderío del patrón de TPS  bajo cuya soberbia Piñera palidece y se prosterna. No por nada Von Appen, uno de los dueños de Chile, ha estado involucrado en el financiamiento de campaña del actual Presidente. 

Al término de este informe sabemos del despido de otros 47 trabajadores, a los que se sumaran otros tantos en los próximos días. Sin lugar a dudas el mar estará agitado los días venideros. Estaremos atentos y por cierto solidarizando desde El Porteño con este y otros conflictos sindicales.

El autor integra el Equipo Editorial de El Porteño