Venezuela: ¿y ahora qué?

por Alejandro Valenzuela

Venezuela amaneció sin noticias de madrugada ni acontecimientos de último momento. La noche, que se esperaba podía traer nuevos movimientos, resultó transcurrir en esa tensa calma que ya es costumbre. Las entrevistas y análisis en diferentes medios de comunicaciónduraron hasta horas avanzadas para repasar la cantidad de hechos suscitados durante las doce horas de mayor fuerza del martes: desde la aparición de Juan Guaidó y Leopoldo López hasta la huida de este último a la embajada de Chile y luego de España.

Un sector de la derecha y medios de comunicación situados en Miami, calificaron los hechos como un punto de inflexión que puso al gobierno de Nicolás Maduro en su punto más crítico. Según esa mirada, solo sería cuestión de horas, días, a lo sumo semanas, para que el presidente deba escapar del país. 

Dos declaraciones generaron mayor eco en esa mirada. La primera fue la pronunciada por el secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, quien afirmó que “Maduro estaba listo para irse y los rusos lo hicieron quedarse”. La segunda fue dada por el asesor de seguridad nacional, John Bolton, quien afirmó haber hablado con el general en jefe e la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) Vladimir Padrino López, el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, y el comandante de la Guardia Presidencial, Iván Rafael Hernández, y que estos hombres “habían acordado con Guaidó transferir el poder de Nicolás Maduro al presidente interino”.

Esa mirada triunfalista fue matizada por otros medios de comunicación y políticos opositores, quienes resaltaron aquello que puede verse en fotos: la falta de masividad en la respuesta popular ante el llamado hecho por Guaidó y López en la mañana. Si el plan era, como lo anunciaron, generar un levantamiento popular, ese plan no dio resultado. En cuanto a lo militar, sin tomar en cuenta especulaciones y frases como la de Bolton -acostumbrado a este tipo de operaciones mediáticas- lo cierto es que la acción de la madrugada nunca se acercó a poder controlar la base militar de La Carlota, ni tuvo respaldo de otros sectores de la Fanb.

El balance del 30 es entonces múltiple, aunque alejado de la narrativa de victoria inmediata, propia de las formas utilizadas por la estrategia de la derecha que pide el golpe militar o la intervención internacional. Lo mismo habían planteado a puertas del 23 de febrero: también, decían, era cuestión de horas. 

La jornada fue, no hay dudas, de fuerte impacto. Por la dimensión militar del anuncio, la presencia de López, las imágenes de militares apostados con ametralladoras en un puente de Caracas, luego armados arriba de un camión, y el anuncio de que irían hacia el oeste de la ciudad, es decir hacia el centro del poder político. La progresiva pérdida de fuerza se vio con las horas de la tarde por la falta de masividad y el callejón sin salida en el cual se encontraba la maniobra de la derecha: no podían avanzar hacia el Palacio de Miraflores ni mantenerse por tiempo indefinido en ese punto.

El punto que selló el final de la jornada fue la presencia de López y su esposa en la embajada de Chile, y luego en la de España, un cambio que atribuyó a la falta de habitaciones disponibles en el primer punto. Quien iba a encabezar el golpe pasó en un lapso de doce horas de estar al frente de un posible levantamiento militar a buscar un sitio donde resguardarse. Algunas especulaciones apuntaron a que la operación fue para lograr que López escapara de su prisión domiciliaria, una explicación que deja fuera varios elementos y no logra dar cuenta de la totalidad de una acción que perseguía varios objetivos simultáneos. 

El presidente Maduro brindó una cadena nacional a las nueve de la noche, donde ratificó algunas líneas principales que habían sido transmitidas durante todo el día. La primera y principal: que la Fanb no se había fracturado, los altos mandos y los cuarteles se habían mantenido leales al orden constitucional. También realzó la movilización que se dio durante todo el día al frente y en los alrededores del Palacio de Miraflores, en una nueva demostración de fuerzas y disposición a hacer frente al intento de golpe de Estado que ayer fue más nítido que nunca. 

En ese contexto la noche transcurrió sin nuevos acontecimientos públicos. El país amaneció con las imágenes de una jornada que quedará en la historia, así como frente a un nuevo día de movilizaciones, donde tanto el chavismo como la oposición movilizarán. El 1 de mayo es una fecha que la revolución ha hecho propia desde sus inicios, en cuanto a la convocatoria de la derecha se planteó que hoy sería el nuevo paso en la denominada “operación libertad”. El centro anunciado de las acciones será Caracas, en un escenario donde el factor imprevisto siempre está sobre la mesa.

La perspectiva de la situación en Venezuela puede ubicarse en el plano de los ensayos golpistas. Más allá del discurso de promover un levantamiento popular, EEUU sabe que tal vía le haría imposible instalar un gobierno luego de tal hipotético levantamiento. Lo que viene -ocurrió en julio del 73 con el tanquetazo en Chile- es un Golpe de Estado y una consecuente Dictadura Militar sustentada en Washington, un gobierno títere de Trump. Ese es el plan de EEUU, la apelación a la Constitución y a la protesta popular es palabrería.

Lo que ocurra en Venezuela marcará el curso de la relación de EEUU y el imperualismo con América Latina y ello está marcado en estos momentos por los rasgos seniles de una potencia en decadencia, que no logra afirmarse en ningún lugar del mundo y recurre a su patio trasero par ordenarse, también, en la política interna. Trump es la viva expresión de la decadencia del régimen norteamericano y de la incapacidad del mismo para sustentar su dominación en los términos del pacto democrático que establece su propia Constitución.

Los trabajadores y la militancia de izquierda que se reclama de la clase obrera y el Socialismo, hemos de estar alerta y dispuestos para pasar a la acción. Los Macri, Bolsonaro, los Piñera y otros mocitos del imperialismo son los referentes norteamericanos en la zona. La inconducta del Grupo de Lima, que actúa como banda terrorista, es la viva expresión de este aserto.

Por el lado de los trabajadores resulta evidente la falta de referentes internacionales que convoquen a la movilización internacionalista en defensa de Venezuela. El discurso «jurídico» de México y Uruguay proponiendo una salida «política» a la crisis se parece más a un alineamiento con la Unión Europea que a un compromiso con los trabajadores venezolanos. Tal salida «política» se formula en resguardo de los intereses de la burguesía venezolana y del orden capitalista. Nada podemos esperar de tales llamados.

La revolución bolivariana es la forma que ha tomado en este período la revolución obrera en Venezuela. La incapacidad del PSUV, del chavismo, de profundizar las tareas de esa revolución es el principal origen de la crisis. Resulta imprescindible asentar el poder en los órganos de lucha de los trabajadores y expropiar a la burguesía venezolana. Solo así será derrotado el imperialismo. El camino está abierto su desarrollo dependerá de la capacidad de lucha de los trabajadores y de la fuerza que logren acumular en este proceso construyendo su propia dirección política, revolucionaria, combatiendo en primera fila al imperialismo.