La concentración y los beneficios de los grandes bancos, en medio de la crisis

de POR Brasil

Pasaron cien años de la publicación del libro “El imperialismo, fase superior del capitalismo”, una de las más importantes contribuciones de Lenin al marxismo. Obra que demuestra la «sustitución de la libre competencia capitalista por los monopolios capitalistas «, y la supremacía del capital financiero (resultado de la fusión entre el capital bancario y el industrial) sobre la economía y los Estados – características decisivas de la fase imperialista.

Una demostración del carácter ineludible de esa ley fue dada el 9 de marzo, cuando se informó de la fusión del Deutsche Bank con el Commerzbank (Banco de Comercio), en Alemania. La fusión elevará el valor accionario, atraerá a inversores, y ampliará la «cartera de clientes». Será una pieza para «ecuacionar» la caída de 73% en el valor de las acciones del Deutsche Bank, ocurrida en los últimos años. No por casualidad, la fusión permitirá al Deutsche Bank – la mayor institución acreedora del país – resolver, en parte, esa caída, monopolizando el 20% del sector bancario, en un mercado de 24 mil millones de euros. Lo que cobra aún más relevancia, si se tiene en cuenta que los bancos privados representan el 40% del mercado financiero, de crédito y de seguros en Alemania, valorado en 700.000 millones de euros. Por otra parte, Deutsche Bank, a través de fusiones y participaciones, controla aún un segmento más grande del mercado, tanto nacional como europeo (es considerado uno de los cinco mayores bancos europeos). Tiene un papel dominante en la financiación de las exportaciones industriales (88%) y de las exportaciones de capital (75%).

El gobierno alemán, el mayor accionista del Commerzbank (15% de las acciones, producto de un «rescate» para evitar la quiebra del banco en 2010), apoya la fusión. Según el ministro de Finanzas, Olaf Scholz, pretende «tener bancos alemanes fuertes», y evitar que el Commerzbank caiga en «manos de capitales extranjeros». Véase que el Estado burgués debe asumir la defensa de los intereses de la oligarquía financiera alemana, frente a la mayor competencia mundial del capital financiero. El gobierno busca la rápida aprobación de la fusión por el parlamento (Bundestag), para así evitar que coincida con las elecciones parlamentarias europeas en mayo de este año. Se teme que una nueva relación de fuerzas políticas pueda bloquearla.

Lo esencial de este hecho reside en que la fusión entre el Deutsche Bank y el Commerzbank refleja una tendencia creciente de concentración bancaria, que ha ganado fuerza, desde la eclosión de la crisis, en 2008. Según datos, en Europa, la concentración llegó hasta El 97% (Grecia), el 31% (Alemania) y el 28% (Luxemburgo). Se observa la contracción del número de entidades bancarias y crediticias (cierre o fusiones), principalmente en Alemania (-70%), Italia (-65%), Hungría (-49%) y Austria (-43%). A diferencia, Inglaterra y Suiza muestran un crecimiento de las instituciones financieras y crediticias: 15% y 3%. Proceso que se opera aún en medio de la contracción del importe total de activos de los mayores bancos europeos, producto del estancamiento económico.

La concentración bancaria ha crecido, por un lado, y ha disminuido el número de empleados en el sector, de otro. Se cerraron 40 mil empleos en toda la Unión Europea (UE), entre 2016 y 2017. Por eso los sindicatos de los bancos de Alemania (que reúne a más de 600.000 empleados) se pusieron en contra de la fusión. Dicen que el fortalecimiento del monopolio impulsará nuevas despidos, y que elevará el valor de los servicios administrativos y de la tasa de interés (una de las más bajas de Europa).

La tendencia a la concentración y centralización del capital financiero es más acentuada y rápida aún en las semicolonias y en aquellos países que más se han resentido de la crisis económica. En las potencias imperialistas, que dominan el mercado financiero mundial (Estados Unidos, Alemania, Francia e Inglaterra), aún persiste una significativa fragmentación en los sectores de seguros y ahorros, en forma de asociaciones público-privadas y de propiedad estatal.

En España, cinco grandes bancos (Santander, BBVA, CaixaBank, Bankia y Sabadell) concentran el 70% del mercado financiero, y un capital total de 50.000 millones de euros (210 mil millones de euros). En México, siete bancos (CitiBanamex, BBVA Bancomer, Santander, Banorte, Inbursa, HSBC y Scotiabank) concentran el 79% de los créditos empresariales, inmobiliarios y de consumo. En Brasil, cinco bancos (Itaú Unibanco, Bradesco, Banco do Brasil, Caja Económica Federal y Santander) responden por R $ 4 de cada R $ 5 ocupados en el país (80%). Cuatro de ellos (Banco do Brasil, Itaú Unibanco, Caja Económica Federal y Bradesco) concentran el 72,4% de las transacciones. El 20% restante es divididos entre cerca de 150 instituciones, que actúan en áreas específicas, a ejemplo de financiamiento de automóvil y préstamos para medianas y pequeñas empresas. Destacamos estos tres países, porque tuvieron las tasas más altas de concentración bancaria de los últimos años, según informes del FMI. Y porque parte de los bancos señalados está bajo el control el control de capitales extranjeros, norteamericanos y europeos, fundamentalmente. Como se ve, la concentración bancaria, en las las semicolonias, refleja la concentración ya alcanzada en las potencias imperialistas. Recordemos que EEUU, Alemania, Francia e Inglaterra controlan aproximadamente el 50% del mercado financiero mundo.

El alto grado de concentración por un puñado de grandes los bancos imperialistas de crédito, la emisión de valores, la financiación y la inversión de capitales, es la vía para aprovechar las ganancias. En 2017, las ganancias de los mayores bancos brasileños fueron de R $ 83 mil millones, 28% más que 2016. Sus «patrimonios» (capitales bajo su control) pasaron, de R $ 541,6 mil millones, a R $ 595,6 mil millones. Unibanco, por ejemplo, obtuvo un beneficio neto en el el valor de R $ 24,9 mil millones, en 2017. Santander vio su rentabilidad subir un 8% en dos años, cerrando 2017 con aumento en su beneficio del 18,3%. Y, eso, en el cuadro general de caída de la producción industrial y del comercio.

Es bueno señalar que el aumento de los beneficios de la oligarquía, la tendencia a la concentración y centralización del capital financiero es aún más acentuada y rápida en las semicolonias y en aquellos países que más se han resentido de la crisis económica internacional financiera se basa en el crecimiento en la composición orgánica del capital bancario y el agravamiento de la sobreexplotación asalariada de los trabajadores del sector financiero. Es decir, por un aumento significativo de las inversiones en medios e instrumentos tecnológicos (informatización), reducción de la fuerza de trabajo e intensificación de la explotación.

Es lo que se observa en 2017, año en que se invirtieron R $ 19.500 millones en tecnologías digitales, software y hardware (5% más que en 2016). Lo que se ha reflejado en el crecimiento de las operaciones financieras por móviles y ordenadores (35% del total), y en el pago de cuentas por esos mismos medios (85%). Lo que, a su vez, impulsó la tercerización de los servicios de atención y pago de cuentas con las llamadas «Agencias digitales» (aquellas en las que los clientes son atendidos por medio de chat, e-mail, teléfono o videoconferencia), que pasaron, de 101 (2016), a 373 (2017). Lo que explica la reducción de las «agencias físicas», de 23.400, para 21,8 mil. Bradesco, además de fusionarse con HSBC (ampliando su dominio del mercado), redujo «costes operativos», aplicando tecnologías digitales a tareas antes realizadas por funcionarios. De modo que la reducción del número de empleados y la reducción del precio de la fuerza de trabajo (congelación salarial, flexibilización y destrucción de derechos laborales) se acompañan del aumento de la alta productividad del trabajo.

Tal vez, el aspecto más decisivo de la concentración y centralización del capital financiero sea el de agravar la opresión nacional de las semicolonias y la subordinación de sus gobiernos, ante las directrices del imperialismo. En Brasil, ese fenómeno se manifiesta, concretamente, en el gigantismo del parasitismo financiero sobre la economía nacional y el Estado. La gigantesca deuda pública tiene una importancia decisiva para los negocios de los financistas.

La mayor parte de la masa de capital-dinero, en las semicolonias, se orienta hacia la explotación y comercialización de materias primas, minimizando las inversiones en la industria, por un lado. Y de otro, se orienta por la emisión de valores de deuda pública, préstamos para la compra de empresas privatizadas, desnacionalizaciones y saqueo del multimillonario fondo de la Previdencia. No por casualidad, el principal objetivo que el capital financiero trazó para el Gobierno Bolsonaro es el de garantizar el pago de los intereses y amortizaciones de la deuda pública y abrir las jubilaciones al capital financiero (capitalización). Se sigue, así, la ofensiva de la la dictadura civil de Temer, que aprobó la Ley del Techo, la reforma el trabajo y la tercerización. En conjunto, ambos gobiernos, crearon las condiciones para la elevación de los beneficios monopolísticos, y su control sobre la economía interna, a costa de agravar la opresión nacional, reducir el precio de la fuerza de trabajo, aumentar la explotación asalariada, destruir derechos trabajo, etc

La fase imperialista del capitalismo está marcada por los gigantescos beneficios y la «dominación de la oligarquía financiera», aunque la economía se encuentra en «estado de estancamiento», como señaló Lenin. Es ese proceso que continúa manifestándose con todas sus consecuencias en la fase actual de la crisis capitalista, en que se destruye parte de las fuerzas productivas.

Lenin también demostró cómo ese fenómeno de monopolización y centralización del capital financiero llevaría a la formación de las bases materiales y sociales necesarias para la transición del capitalismo a una formación social y económica superior: el socialismo. Según explica, los monopolios desarrollan en su seno «un gigantesco progreso en la socialización de la producción. Se socializa, también, en particular, el proceso de las invenciones y las mejoras técnicas. «

Lo esencial de su obra reside, no sólo en registrar de forma precisa y minuciosa las leyes y las características fundamentales de la fase monopolista del capitalismo – y todas sus brutales consecuencias -, como también en demostrar la necesidad de la acción revolucionaria del proletariado para liberar las fuerzas productivas y la producción social de las cadenas de la gran propiedad monopolista de los medios de producción. En las palabras de Lenin: «El capitalismo, en su fase imperialista, conduce a la socialización integral de la producción, en sus más variados aspectos; arrastra, por así decir, a los capitalistas, contra su voluntad y sin que de ello tengan conciencia, para un nuevo régimen social, de transición entre la absoluta libertad de competencia y la «socialización completa.» El problema reside, afirma, en que esa tendencia progresiva de las leyes económicas tropieza con el carácter reaccionario de la propiedad privada de los medios de producción.

Lenin señala que la tarea planteada para la clase obrera es la de expropiar la propiedad privada de los medios de producción y transformarlos en la propiedad social, colectiva. Un paso en ese camino será dado cuando la clase obrera se constituya como clase independiente y desarrollar su programa y sus métodos de lucha propios. la que exige de su vanguardia avanzar en la construcción del partido revolucionaria.

Una de las primeras tareas de la revolución será la de estatizar completamente el capital financiero y ponerlo al servicio de las fuerzas productivas. La bandera de cancelación de la deuda pública ganará cada vez más importancia para la movilización de las masas. Retirando al capital financiero el mando del Estado, acabando con la fuerza de los monopolios, se cierra paso a la anarquía producción, y es posible establecer la planificación económica. Ciertamente, se trata de una tarea que compone el programa de expropiación revolucionaria de la burguesía. La vanguardia tiene todo para divulgar las tesis marxista-leninistas sobre el imperialismo, trabajar en el seno de las masas las banderas antiimperialistas y anticapitalistas de expropiación del capital financiero y de los monopolios.

(nota de MASAS – BRASIL – nº583)