Historia argentina: Paso, paso, paso… se viene el mendozazo

por Gabriela Scodeller

“Que una versión errada de la historia se vuelva sentido común no nos llama solamente a rectificar la reconstrucción de los hechos, sino también a interrogarnos sobre cómo y porqué este sentido común se ha construido, sobre su significado y sobre su utilidad”. A. Portelli

A lo largo de este trabajo pretendemos aproximarnos a entender qué fue el Mendozazo, qué creemos que fue, y porqué lo segundo se aleja de lo primero. Es decir: quienes, cómo, y porqué construyen nuestras memorias.

¿Que ocurrió por abril del ’72?

El grado de conflictividad social que atravesó a Mendoza durante la década del ’70 conformó la antesala del hecho social de masas que se produjo el 4 de abril de 1972, cuando confluyeron una diversidad de fracciones sociales que venían desarrollando diversos conflictos. El estudiantado tanto secundario como universitario pasó de su lucha por reivindicaciones corporativas a la lucha político-ideológica. Los trabajadores estatales de la salud (ATSA) y del Magisterio luchaban por aumentos salariales entre otros reclamos reivindicativos, y si bien las medidas de fuerza tomaban mayor intensidad, cada gremio afrontaba individualmente la lucha por sus reclamos específicos, manteniéndose en el plano económico-corporativo. Los Contratistas de Viñas y Frutales reclamaban ser reconocidos como trabajadores dependientes (y no autónomos), cuestión que los enfrentó no sólo a la patronal, sino a un gobierno que era fiel representante de los intereses de la burguesía vitivinícola-. Los obreros de la CAP de San Rafael enfrentaron junto a las Uniones Vecinales de la zona, el cierre de la fábrica que significó 2000 despidos. Los obreros del cemento de la fábrica Corcemar, junto a sus familias, realizaron ollas populares y cortes en la explanada de la Casa de Gobierno debido al despido de 300 obreros. Varios gremios contaban con conducciones o comisiones internas combativas (educación, telefónicos, bancarios), mientras que en otros aparecían disputas al interior de los gremios por lograr formas más democráticas de participación desde las bases (comercio, construcción, petróleo, etc.). Sumado a ello, encontramos la creciente politización de los abogados, artistas y curas tercermundistas.

Las primeras manifestaciones de descontento:

En este marco, un aumento del 300% en las tarifas eléctricas produjo un descontento generalizado entre diversos sectores sociales, quiénes se expresaron de diversas maneras: los comerciantes a través de sus asociaciones y de la Unión Comercial e Industrial de Mendoza (U.C.I.M.), los barrios desde sus uniones vecinales, los trabajadores desde los diversos gremios de la provincia. Se anunció una Concentración para el domingo 02 de abril, convocada por la Coordinadora “No pague la luz”; un paro con movilización para el día 04 -la cual sería prohibida por el gobierno de la provincia- y una Mesa Redonda que convocó la central obrera para el día lunes 03, con el objeto de elaborar un petitorio conjunto que sería elevado al gobernador durante la manifestación. 

Los hechos que actuaron como detonante del Mendozazo, el aumento de las tarifas eléctricas, expresaban el reclamo de sectores del proletariado y de la pequeña burguesía pobre y acomodada, en tanto propietarios de sus viviendas. La política impositiva constituye un medio de distribución de la riqueza y un mecanismo de expropiación de la propiedad privada basada en el trabajo, con lo cual esta movilización de pequeños propietarios fue la forma que tomó su resistencia -al margen de su conciencia de ello- al proceso de pauperización que los afectaba. Así, este movimiento se expresaba contrario a una política de gobierno, en este caso el aumento en las tarifas eléctricas. 

Sin embargo, ya en la concentración del día domingo 2 se observaba a través de los cánticos y carteles -no sólo referidos al aumento tarifario sino al gobierno y su política salarial, a lo cual se sumaron los insultos contra los militares-, cómo lo que comenzó siendo un movimiento contra una política de gobierno, va tomando características de un movimiento contra el gobierno del Estado. Esto se hizo efectivo en la mesa redonda del día lunes 3, donde expresamente se cuestionó la actitud pasiva asumida por el gobierno provincial, enfatizando la diferencia con la férrea postura demostrada por éste en defensa de los intereses de la vitivinicultura. Se identificaba a un gobierno que actuaba en función de los intereses de la burguesía -de la cual forma parte-.

Movilizaciones obreras con las que estalla el movimiento

En torno al reclamo de las tarifas se fueron articulando entonces los diversos sectores. La amplia participación en la concentración del día 2 convocada por la Coordinadora “No pague la luz”, en la mesa redonda que organizó la CGT y las adhesiones al paro para el 4, ejemplifican el alto grado de unidad alcanzado en torno al reclamo. En este sentido, la conformación de la Coordinadora constituyó un importante paso en el plano organizativo. 

La reacción del gobierno de la intervención de F. Gabrielli (Partido Demócrata) fue prohibir la manifestación, argumentando que ésta resultaba innecesaria puesto que ya se habían iniciado las tratativas correspondientes con la empresa de Agua y Energía. Sumado a la prohibición, se dirigió a la población advirtiéndola del posible accionar de “elementos interesados en alterar el orden público”, utilizando el miedo con el objeto de evitar que la sociedad se movilice.

Martes 04: Lucha de calles.

El punto de concentración establecido era la Casa de Gobierno. La masa movilizada ascendía a unas 10.000-12.000 personas y era socialmente heterogénea. Algunos se movilizaron agrupados en tanto trabajadores, mientras que otros lo hicieron organizados como vecinos. El hecho de concurrir a la Casa de Gobierno a pesar de la prohibición gubernamental nos indica la fuerza moral contenida en las masas. Esto expresa la convicción de que el reclamo era justo y la necesidad de oponer una resistencia colectiva a la medida. Al desobedecer la orden impartida desde el Estado se rompía la sumisión a la autoridad gubernamental.

Frente a tal actitud desafiante de las masas, la táctica adoptada por las fuerzas armadas del estado fue evitar que se llevara a cabo la concentración en Casa de Gobierno. Por ello reprimió previamente a que la fuerza social se movilizara hasta ese punto: frente a la sede del Magisterio y ante el local de la CGT. Con el mismo objeto intentó dispersar a quienes ya se encontraban en la Casa de Gobierno, antes de la llegada del grueso de los manifestantes.

Frente a la actitud asumida por el régimen se produjeron los primeros enfrentamientos con la policía. Las maestras ofrecieron una resistencia de tipo pasiva a la represión: no la enfrentaron, aunque sí la desafíaban. La actitud policial de ninguna manera las intimidó, puesto que continuaron su marcha a Casa de Gobierno. La fuerza moral la daba nuevamente el convencimiento en la legitimidad de su lucha. Los obreros que esperaban frente a la sede de la central obrera adoptaron otra actitud ante la represión policial. Se armaron con piedras para responder al ataque y prendieron hogueras. Al avanzar hacia el edificio gubernamental, levantaban barricadas por el centro de la ciudad. Marchaban hacia su punto de destino armados con piedras, que golpeaban en actitud desafiante. Se expresó la fuerza moral y material de obreros y estudiantes, su predisposición a la lucha.

En Casa de Gobierno, ante el ataque policial, las masas se armaron para enfrentar a la fuerza armada político-estatal. En el momento del enfrentamiento, la mayoría de las columnas de las uniones vecinales junto a las maestras abandonaron el campo de batalla. Quienes lucharon fueron los obreros, empleados y estudiantes. La protesta contra el aumento tarifario alineó a una diversidad de sectores. Sin embargo se observa ahora que no todos luchaban, y en cambio lo hacían quienes aparecían como un elemento secundario dentro de esa alianza: los “jóvenes”.

Su armamento se constituyó de palos, piedras y otros objetos que recogían en los alrededores del edificio gubernamental. Según J.C. Marín, el armamento material necesita ser portado por cuerpos moralmente armados, para que aquélla fuerza se realice y se potencie, dado que son las armas morales las que constituyen las condiciones de existencia de las armas materiales. Cuando la policía se vio superada, debió entrar en acción Gendarmería y el Ejército, produciéndose a partir de allí la ocupación militar del territorio. 

Las masas eran dispersadas pero se reagrupaban para avanzar nuevamente contra la fuerza militar. Levantaban hogueras y barricadas, que servían como elemento de defensa del territorio ocupado, pero fundamentalmente de cohesión y fuerza moral. El territorio de enfrentamiento se expandió hacia el casco céntrico, lugar visualizado como terreno de la burguesía. La ocupación de un espacio que concentra las instituciones del poder material del Estado, significa para las fuerzas armadas del régimen la apropiación por parte del enemigo de un espacio que le pertenece. Esta pérdida del territorio implica una derrota moral para aquella. El bando contrario ha perdido el miedo. La predisposición a la lucha es expresión de una crisis en las relaciones sociales y la creación de una situación de nuevo tipo. El carácter de las luchas es político, puesto que la relación de enfrentamiento se establece con el estado político.

Si bien el paro y la concentración fueron convocados y organizados por la CGT con la adhesión de otras instituciones, el momento de la lucha callejera ofreció rasgos de lo espontáneo: las masas no fueron pertrechadas, sino que se armaron en el mismo campo de batalla. El movimiento se produjo por fuera de las instituciones participantes, las cuales fueron rebasadas por la acción de las masas, a las que no contuvo. La lucha se dio en las calles, por fuera de las instituciones burocráticas.

La fuerza social antagónica al régimen buscó producir bajas materiales a su enemigo: agredió a aquellas instituciones vinculadas al poder de la burguesía (edificio gubernamental, bancos, diarios); mientras que la fuerza político-militar de la burguesía estaba interesada en producir bajas humanas –hubieron numerosos heridos y un muerto- a la fuerza social que combate, dado que ésta –por encontrarse en una etapa de acumulación de poder- tiene la base de su poder en sus cuadros, sin contar con una gran acumulación de elementos materiales.

Los troles fueron usados por los manifestantes para enfrentar a las fuerzas represivas

Luego de tres horas de combate, hacia las 13:30, Mendoza fue declarada “zona de emergencia”. Las emisoras locales debieron transmitir en cadena con L.R.A. Radio Nacional. Comenzó la guerra psicológica, se buscó desinformar y distorsionar los hechos. En las casas se apagaron las radios en forma de protesta. A últimas horas del día 04 se dio a conocer la renuncia del gobernador de la provincia, Francisco Gabrielli. En su lectura de los hechos, culpó de los sucesos a “activistas”, “gente extraña, perturbadores” que buscaban impedir “la salida electoral”. Desde Buenos Aires se respondió al tema tarifario: se mantendría el aumento sin modificación alguna. El gobierno nacional de Lanusse demostraba su actitud de no ceder al reclamo popular. La CGT difundió un comunicado por el cual repudiaba la represión y convocaba a un día de paro y luto por la muerte del canillita Ramón Quiroga, para el día siguiente.

Miércoles 05: Frenar la fuerza social constituida.

El acatamiento al paro fue total a pesar de que el comunicado no tuvo difusión debido a la censura radial, y al mensaje emitido por el comandante de la zona de emergencia por el cual aseguraba la libertad de trabajo. Esto expresaba el pleno repudio de la sociedad a la actitud represiva del régimen. 

El acompañamiento masivo al sepelio de R. Quiroga fue otra muestra de que el uso directo de la fuerza por parte del Estado fracasó en sus objetivos de quebrar a la fuerza social antagónica. Un grupo conformado en su mayoría por jóvenes marchó desde el cementerio hacia el centro de la ciudad. Nuevamente se produjeron choques callejeros entre éstos y las fuerzas armadas. Aunque cuantitativamente había disminuido la masa de los que luchaban, se reforzaba su fuerza moral y material. Aparecían como actores centrales los jóvenes, pertenecientes a fracciones de proletariado y pequeña burguesía pobre, quienes actuaron como detonante en las acciones callejeras que se desarrollaron a partir de este momento. Desde el lugar donde comenzaron los enfrentamientos, los manifestantes se replegaron hasta el departamento de Las Heras, espacio que les era propio, y donde junto a los vecinos se organizaron para la resistencia. Las fuerzas armadas debieron retirarse de ese territorio de confrontación.

A nivel provincial la renuncia de Gabrielli puso de manifiesto una derrota táctica de la burguesía. Su hegemonía había sido puesta en crisis al ser desafiado el poder material del Estado por parte de las masas en lucha. Por ello comenzó a pensar en una nueva estrategia para recuperarla, que consistía en impedir que la fuerza social antagónica constituida sumara aliados.

Jueves 06: Lucha de clases: la sociedad se parte en dos.

La prensa relata cómo en la mañana del jueves se paralizaron espontáneamente las actividades en los distintos departamentos debido al rumor de que grupos armados con palos y cadenas, provenientes de barrios de conformación predominantemente obrera de Las Heras, Guaymallén, y del barrio San Martín de Capital se dirigían hacia el centro de la ciudad, con intenciones de llegar hasta la Casa de Gobierno. A las 10:30 todos los locales se encontraban cerrados y las empresas de transporte habían retirado los ómnibus de circulación.

En Capital, la avenida San Martín se colmó de empleados públicos y de los comercios céntricos -liberados de sus tareas- como de estudiantes, ansiosos por conocer la veracidad o no de los rumores. Se hicieron presentes numerosos grupos de jóvenes coreando estribillos como “Luchar, vencer, el pueblo al poder”, “Argentina”, “Obreros, estudiantes, unidos adelante”, “Viva Perón”, “Viva la revolución”, y columnas provenientes de Las Heras y Guaymallén. Comenzó una manifestación conformada aproximadamente por 4.000 personas. Alrededor de las 11:45 las fuerzas militares pretendieron realizar un “operativo rastrillo”, motivo por el cual se produjeron numerosos enfrentamientos entre ambos bandos. Hacia las 13 horas ya había sido “limpiado” el radio céntrico, aunque los conflictos se habían trasladado a otras zonas.

En Guaymallén, antes del mediodía se iniciaron los enfrentamientos entre la fuerza social antagónica y las fuerzas militares, prolongándose éstos hasta la caída del sol. Desde diversas zonas aledañas a la ciudad, gran cantidad de jóvenes se agruparon en la avenida de Acceso norte. Levantaban barricadas y arrojaban gruesos bloques de cemento y piedras en la calzada, con el fin de impedir el paso de las fuerzas policiales. Los jóvenes arribaron a la zona denominada la “Media Luna” de Pedro Molina. Allí se les sumaron los vecinos -la reserva obrera- levantando e incendiando numerosas hogueras. Sacaban de sus casas todo tipo de elementos que nutrían las barricadas, y arrojaban piedras a los bomberos que pretendían apagar las llamas. Al llegar al lugar, la policía comenzó a arrojar gases lacrimógenos. 

En horas de la tarde, el Carril Godoy Cruz se encontraba cubierto con adoquines y piedras. Algunas de las calles que lo atraviesan habían sido taponadas con carteles de publicidad, haciendo casi imposible el desplazamiento de las fuerzas represivas. En Pedro Molina, éstas no pudieron siquiera penetrar, debido a las numerosas hogueras y barricadas, y a la fuerte agresión de los vecinos, quienes utilizaban cualquier elemento como proyectil. Los gases lacrimógenos no resultaban efectivos, por lo cual comenzaron a utilizarse armas de fuego. 

Por su parte, el departamento de Las Heras permaneció totalmente aislado la noche del día jueves. Desobedeciendo el toque de queda que iniciaba a las 20 horas, numerosos jóvenes se encontraron en las calles levantando barricadas. La calle San Martín permaneció a oscuras, puesto que habían sido rotas las lámparas del alumbrado público. Se levantaron barricadas en un radio de 50 manzanas, donde los vehículos que intentaban pasar eran apedreados. Todas las fuerzas armadas debieron replegarse, dejando el territorio en manos de los manifestantes. Sin embargo, previamente los disparos del Ejército mataron a Susana Gil de Aragón. Por la tarde efectivos del Ejército allanaron la sede del periódico vespertino El Andino, con el objetivo de impedir la difusión del paro decretado por la CGT para el día viernes.

Podemos ver que el uso de la violencia por ambos bandos produjo diversas respuestas por parte de las distintas fracciones sociales. La unidad inicial generada en torno a una política de gobierno –el aumento tarifario- comenzaba a fracturarse y se producían realineamientos. Mientras que una fracción tomó conciencia de su lucha, otra se desactivó. Mientras por un lado una fracción radicalizó su lucha llevando adelante choques callejeros en las zonas ya mencionadas; por otro lado reaparecía el miedo. Por ejemplo, por temor a que continuaran los conflictos, sectores de la población comenzaron a acaparar productos alimenticios y combustible, produciéndose su desabastecimiento. Comenzaba a hacerse efectiva la nueva estrategia de la burguesía de impedir que el bando enemigo sumara aliados. 

Como vimos, en la ciudad los enfrentamientos fueron de menor intensidad que en los días anteriores. Aquí la fuerza armada estatal se hizo eficiente para defender su territorio: la masa que luchaba era rápidamente dispersada, debiendo emprender la retirada del campo de batalla. Por el contrario, la lucha cobró mayor intensidad en algunos barrios obreros que eran tomados por la fuerza social antagónica. Aquí se activó la reserva obrera: hombres, mujeres, ancianos y niños que con su accionar legitimaban y fortalecían el aspecto moral de la masa movilizada. Al igual que los jóvenes, se encontraban poco ciudadanizados e institucionalizados. Aquí, las fuerzas del régimen debieron abandonar el territorio de confrontación. La lucha fue tomando un carácter de clase, los jóvenes –fracción de proletariado y pequeña burguesía- estaban presentes por la defensa de los intereses de los explotados. Pero este carácter objetivo de la lucha de clases no aparecía aún en la conciencia de los sujetos en lucha.

Pueden observarse ciertos rasgos de organización durante los hechos que se produjeron en el casco céntrico por la mañana, y en la acción que los manifestantes desplegaron en los barrios. Relata Benito Marianetti que se realizaban asambleas en los barrios tomados donde se discutía acerca de la defensa del territorio: dónde levantar barricadas y cómo enfrentar a las fuerzas armadas del régimen. Los vecinos -la reserva- contribuyeron con dinero y alimentos a sostener las barricadas y hogueras. Esto pone de manifiesto cómo el hecho que originariamente se presentó como espontáneo fue adquiriendo otras características: hay organización para la lucha. Estos ámbitos se reapropian de un poder históricamente expropiado, construyendo nuevas relaciones sociales, una nueva territorialidad. 

Viernes 07: Institucionalización del conflicto.

En el departamento de Las Heras se produjeron numerosas detenciones, heridos y un nuevo muerto: Luis Mallea. Finalmente, la resistencia pasó a ser aislada y decayó. Las fuerzas armadas recuperaron el casco céntrico, territorio que les era propio, y con ello su fuerza moral. Buscaron controlarlo a fin de asegurar el normal funcionamiento de las actividades. En función de este objetivo, por la noche del viernes se anunció la suspensión en el cobro de las tarifas eléctricas. Para muchos –la conducción burguesa de la central obrera incluida- con ello se daba por terminada la lucha. 

A fin de reencausar el conflicto se nombraron nuevas autoridades “civiles” en la provincia –nuevamente asumiría un gobernador-interventor demócrata, Félix Gibbs-. Contribuyeron a dicha institucionalización del conflicto los principales gremios en lucha en ese momento –ATSA y Magisterio-, y la Coordinadora Provincial en Defensa de Mendoza –ex Coordinadora “No Pague la Luz”-, al suspender las medidas de fuerza (adoptadas con anterioridad al Mendozazo), ofreciendo con ello una importante tregua al régimen. 

Lecturas en torno al hecho desde el campo el pueblo:

Poco después de producido el Mendozazo, se publicaron dos interpretaciones del hecho. Una, elaborada por Benito Marianetti desde el Partido Comunista (PC); la otra, por el Centro de Estudios y Difusión Peronista (CEDIP), instancia de formación y discusión orgánica al Peronismo de Base y a las Fuerzas Armadas Peronistas (PB-FAP). Ambas pertenecían al campo del pueblo en lucha, sin embargo ofrecieron distintas interpretaciones de los hechos, donde cada uno aparecía ocupando un papel central en la escena de los acontecimientos, y su línea política direccionando el proceso general. 

Esa necesidad de apropiarse del hecho, nos muestra hasta qué punto el Mendozazo significó una ruptura en la vida de los sujetos, y permite pensar la relevancia que tuvo no sólo haber participado en las jornadas de lucha, sino demostrar el rol de dirección que cumplieron en él ambos interlocutores, respectivamente; puesto que se estaba disputando la conducción del movimiento de masas: se entraba en el terreno de la lucha ideológica.

El relato de Marianetti ponía énfasis en el papel organizativo jugado por las uniones vecinales y la Coordinadora “No pague la luz” en la etapa previa al hecho social de masas, ámbito en el cual tanto el Partido Comunista como las distintas organizaciones ligadas a éste efectivamente tuvieron una muy importante participación. Sin embargo Marianetti omite o niega según los momentos, la real participación del peronismo. La referencia al rol de dirección del P.C. muestra la importancia que tenía mostrarse como conductores del hecho.

“Lo ocurrido pone de relieve una vez más que el único camino para satisfacer las reivindicaciones y abrir paso a la conquista de un gobierno democrático, popular y antiimperialista es el de la lucha de masas, organizada, con programa y centro de dirección. En este sentido, el pueblo mendocino ha hecho suyas las ideas por las que permanentemente viene bregando el Comité Provincial del Partido Comunista”.

“Han puesto en primer plano la actuación del Partido que ha estado en todas partes, en todo momento, orientando y contribuyendo eficazmente a la mejor organización de las masas”.

El documento del Centro de Estudios y Difusión Peronista buscó mostrar la influencia de un sector del peronismo dentro del Mendozazo, diferenciándose de la fracción burguesa dentro de este movimiento (tanto sindical como política).

“Y ya, ahora, comienzan a organizar su alternativa revolucionaria. Totalmente identificada con Perón, pero totalmente independiente del sistema, totalmente independiente de las burocracias que lo traicionan. Y su reivindicación final es el PODER”.

Ambos textos dieron especial importancia a los choques callejeros que tuvieron lugar con posterioridad al martes 4, cuando la lucha de clases tomó un carácter marcadamente obrero. El CEDIP ponía énfasis en “la violencia revolucionaria” que el poder temía, de una “juventud obrero-estudiantil harta de farsas”Bajo el subtítulo “los barrios jaquean a Lanusse”, afirmaba: “Cuando… Lanusse anunció la suspensión del actual régimen tarifario, todos sabíamos que se lo debíamos a las luchas de los barrios”. Por su parte, Marianetti relataba que “El poder se ejerce en zonas y barriadas”, como en “Las Heras, primer territorio libre de Mendoza”, donde las asambleas ejercían la “autodefensa de masas”.

En relación a quiénes actuaron en el hecho, el CEDIP afirmó: “…Si la manifestación comenzó incluyendo vastos sectores medios, éstos desaparecieron del frente con las primeras escaramuzas. Los que pelearon… fue la gente de los barrios. Los que siguieron desafiando y hostigando a pesar del toque de queda… fueron los barrios…

“Y no en vano la represión se desató en la periferia. Es de allí desde donde faltan los ‘desaparecidos’ y son de allí los pibes rapados y arrestados en guarniciones militares”.

Marianetti sostuvo que “fue la clase obrera la que empezó la lucha y fue capaz de aglutinar alrededor de una misma bandera a amplios sectores de nuestra comunidad”. Posteriormente remarcaba que: “hubo una verdadera alianza o acción común de clases para un objetivo común, pero no hubo conciliación de clases”.

Ya entonces se denunció cómo se iba “… preparando la interpretación de los grupos foráneos”. Paralelamente a que se producían los enfrentamientos callejeros –materiales, corporales-, se libraba un enfrentamiento en el plano simbólico, moral, donde lo que estaba en juego era la identidad de un sujeto autónomo ó heterónomo:

“Se oculta la realidad que está pasando. Se intenta recrear la fábula bucólica de la Mendoza trabajadora, pacífica, armoniosa”Pero contra esa imagen se reivindicaba otra: “‘Mendoza es la provincia más conservadora’. ‘En Mendoza nunca pasa nada.’… Esta mentira impuesta a fuerza de presión y de fraude, tenía interiormente inquieto al pueblo mendocino… El estallido tiende a reafirmar una personalidad largo tiempo sojuzgada… Y muestra que mantiene con hechos su lugar histórico de primera línea en la larga empresa de la LIBERACIÓN ARGENTINA”En el mismo sentido, el texto de Marianetti comenzaba con el título: “Una falsa imagen de Mendoza”.

Por otro lado, en mayo del ‘72, en un reportaje sobre el Mendozazo realizado a J. C. Cerutti, militante de la Tendencia, éste expresaba:

“Evidentemente la historia de Mendoza se divide en antes y después del 4 de abril de 1972. La posibilidad de hacer frente a la represión y a un gobierno oligárquico a través de la lucha organizada del pueblo se ha afirmado en la conciencia de todos y cada uno de los mendocinos. En verdad, nadie suponía una represión de semejante magnitud por lo que evidentemente no había absolutamente nada organizado para hacerle frente, es decir que el saldo más positivo del mendocinazo es la conciencia popular de la necesidad de la organización como asimismo la tremenda fuerza que posee el pueblo organizado y en marcha”.

Por su parte, desde su órgano de prensa el PRT-ERP aportó su lectura del hecho:

“En los primeros días del mes de abril, Mendoza fue escenario de una nueva lucha popular contra la dictadura. Durante varios días el pueblo desarmado, miles de activistas anónimos, pero armados todos del mismo odio contra el gobierno militar que saquea el país, hambrea al pueblo y enriquece a los monopolios internacionales, libran en las calles y barrios mendocinos una lucha valiente y heroica contra las fuerzas del ejército de los explotadores.” (…)  “En vano los militares tratan de hacer aparecer las movilizaciones de Mendoza y San Juan como hechos a los cuales el pueblo había sido arrastrado por quien sabe qué peligrosos individuos. Al fin, debió confesar su derrota, accediendo a la suspensión del pago de las facturas eléctricas, reconociendo así lo justo de los reclamos populares y la masiva participación del pueblo en las movilizaciones”.

El borramiento del conflicto: 

Toda inscripción memorial –tanto material como simbólica- es susceptible de ser borrada. Hablar de borramiento implica preguntarse quién es el que borra, qué se borra, qué se vuelve a escribir, cuándo, dónde, cómo, porqué, con quiénes, contra quiénes, con qué intereses o necesidades. En este apartado se presenta el relato construido por la memoria hegemónica: desde los sectores que entonces se vieron cuestionados, hasta la producción historiográfica local.

1972: el Mendozazo en el discurso de la burguesía.

La lucha también se manifiesta en el lenguaje. El discurso, como producto ideológico actúa como vehículo de los intereses de una clase social en conflicto con otras. Al reconocerse al discurso político la capacidad de producir efectos sobre la realidad y definir identidades, es importante evaluar la eficacia o no de la estrategia discursiva puesta en juego por la burguesía en el contexto del Mendozazo, para convencer al destinatario de su discurso de no “quebrar la tradicional tranquilidad de la provincia”. La pregunta a responder para evaluar dicha eficacia es, si existió una apropiación del hecho social por parte de sus protagonistas, o si por el contrario éstos se sintieron identificados con el discurso hegemónico; es decir, observaremos con que fuerza social se alinearon en ese momento.

También es posible observar el papel que jugó la prensa -particularmente el periódico local Los Andes– en el hecho. Al actuar sobre la “opinión pública”, su posicionamiento incide sobre los procesos sociales favoreciendo la reproducción del régimen existente, participando de esta manera en la conformación de la memoria colectiva.

Con la renuncia de Gabrielli, el régimen puso en práctica una estrategia para recuperar su hegemonía, que consistió en impedir que la fuerza social antagónica sumara aliados, frenando la apropiación por parte de la sociedad del hecho al que ya se había denominado “Mendocinazo”. Recurrió para ello a un juego discursivo, que buscaba tergiversar el papel de los manifestantes en los hechos. Detrás de esta “confusión” se escondía su nueva táctica: convencer a quienes participaron del Mendozazo de que habían sido utilizados por “elementos subversivos extraños a la provincia” que pretendían alterar la “tradicional forma de vida mendocina” y dificultar una próxima salida electoral. La burguesía podría haber optado por una condena a la actitud “violenta” adoptada por los manifestantes; sin embargo, referirse a ellos como “bienintencionados… muy bien aprovechados por los subversivos profesionales” le permitía realizar una última jugada para ganarlos como aliados.

El régimen necesitaba ponerle freno a lo que este hecho “inusitado” podía llegar a significar. De allí la importancia de descalificarlo, atribuyéndolo a “subversivos extraños a la provincia” que llegaron con la intención de desestabilizar un aparente orden de cosas. Se apeló a una serie de valores tradicionales de los mendocinos a fin de que la sociedad se reconociera en ellos y se identificara así con su clase gobernante y no con quienes pretendían alterar su status quo. Era recurrente la intención de contagiar la sensación de horror frente al quiebre de “la tradicional tranquilidad de la provincia”. La intención de este relato era cerrar, generar silencio y olvido.

En su momento, la estrategia que puso en práctica la clase dominante logró objetivos parciales, puesto que como observamos, a pesar de que continuaron las manifestaciones y los enfrentamientos callejeros, logró fragmentar a las diversas fracciones sociales en conflicto, restándole aliados a la fuerza social que permanecía activada. Pero fue en el largo plazo donde la estrategia discursiva de la burguesía resultó más efectiva, ya que como veremos, los hechos fueron tergiversados e incorporados en el sentido común de una manera trastocada, gracias a la repetición y a la fuerza de penetración de la narración hegemónica. Logró así ocultar el carácter de clase de las luchas e impuso su visión de una provincia donde el conflicto no existe. Esta imagen del “laborioso y pacífico pueblo mendocino” vivida como natural, es en cambio una construcción histórica e ideológica, reforzada por quienes hoy escriben la historia local.

El tratamiento del Mendozazo en la historiografía local.

En los trabajos generales sobre historia de Mendoza encontramos breves menciones al Mendozazo, que aunque lo reconocen  como un hecho clave en la historia de la provincia, no sólo no profundizan en la temática, sino que reproducen la visión de los sectores hegemónicos recién analizada. 

Santos Martínez escribe: “Desde los tiempos del ‘cordobazo’ (1969), diversos grupos agitadores promovían una ‘revolución popular’ y para cumplir su objetivo aprovecharon el descontento provocado por el incremento del precio del servicio eléctrico”.

La obra de A. Cueto, M. Romano y P. Sacchero, que apareció en forma de fascículos en el periódico local LOS ANDES, constituye lo que podríamos denominar un lugar de memoria por su amplia difusión, ya que a ella accede –al haber sido distribuida gratuitamente con el diario- un público masivo.

Allí escriben: “Se formó así una concentración popular de características poco comunes, tanto por la cantidad de personas intervinientes, como así también por la heterogeneidad de sus componentes, ya que era fácil observar a los grupos infiltrados en la marcha que no pertenecían al nucleamiento docente o al movimiento obrero”.

Esta afirmación, que los autores no se preocupan por corroborar, indica un desconocimiento del tema, ya que no fueron sólo los actores nombrados en el párrafo citado los intervinientes, sino que además hubo estudiantes, vecinos, comerciantes, etc., que se movilizaron desde sus barrios o en forma individual, lo cual no los convertía en “infiltrados”. El relato que hacen ambos textos se limita a narrar lo sucedido el día martes 4 de abril. El silencio acerca de los hechos que tienen lugar en los distintos barrios obreros del Gran Mendoza los días posteriores es absoluto. 

En otro libro de A. Cueto, queda claro qué es lo que debe permanecer en las memorias respecto del Mendozazo: los grupos agitadores, la represión policial a las maestras, y los cambios institucionales; lo demás debe pasar al olvido –es rechazado hacia los márgenes-: “La provincia de Mendoza registra en el primer cuatrimestre del año 1972 una efervescencia inusitada. El aumento desmedido en las tarifas eléctricas en toda la Nación, es utilizado por grupos agitadores que no tienen más que encender la mecha de la explosiva realidad socioeconómica reinante. El malestar general hace eclosión el 4 de abril, en ‘el Mendozazo’”.

P. Lacoste también restringe el hecho al día martes. Centra la mirada en la represión, ocupando la escena principal las maestras: “La agresión policial cayó sobre el segmento más débil de los disconformes: las maestras… lo cual genera mayor indignación entre los obreros… Fuerzas de ejército y gendarmería abren fuego para reprimir… Finalmente, los manifestantes se dispersan, las fuerzas de seguridad detienen a decenas de dirigentes”. Este autor, si bien no silencia los conflictos y luchas de la historia reciente en la provincia, reedita la teoría de los dos demonios, al afirmar que por esos años la mayoría de la población vivía con miedo, metida en sus casas, y no apoyaba ni a las fuerzas armadas del estado ni a las organizaciones armadas populares. 

Los análisis realizados con mayor profundidad, también contribuyen a implantar una serie de tergiversaciones y deformaciones sobre el Mendozazo. La novela del periodista A. Montes de Oca, plantea como hipótesis central que el Mendozazo fue digitado por sectores de derecha dentro de las Fuerzas Armadas -contando con la ayuda de la organización Montoneros- que pretendían frenar la salida institucional –hipótesis que no es sustentada por medio de fuentes-. 

Recientemente, M. C. Sacchero retoma dicha hipótesis –aunque pone en duda la complicidad de Montoneros-, atribuyendo el Mendozazo a un sector del Ejército contrario a Lanusse, que buscaba promover una insurrección en “la provincia de la siesta”. Este trabajo gira en torno a una serie de entrevistas realizadas a las “víctimas” del Mendozazo.

El término “víctimas” no es neutral, ya que significa adjudicarles un carácter inocente, puesto que se recibe pasivamente la acción de un otro, sin que exista una acción propia que la motive. Se borra la condición de cuerpos armados moralmente, de militantes políticos y sociales; y se construyen identidades heterónomas, obedientes; en función de una lógica que bloquea pensar la resistencia. Con este fin se manipula y trastoca el recuerdo. En este sentido, la autora realiza una selección intencionada de las fuentes, ya que el 25% de las entrevistas fueron realizadas a docentes, contribuyendo con ello a formar una memoria falseada del hecho. La muestra resulta desproporcionada en relación al papel desempeñado por este sector en los hechos, contribuyendo así a otorgar a las maestras un lugar mítico en la memoria, que no se corresponde con lo sucedido. 

El artículo de Carrizo de Muñoz indaga sobre diversas temáticas (contexto, cronología, actores, motivaciones, etc.), para lo cual trabaja con diarios, documentos escritos y entrevistas orales. También aquí se da por concluido el hecho el martes 4 de abril, omitiendo referirse a las luchas que se desarrollaron en los barrios durante los días posteriores: “El Mendozazo se caracteriza por su orientación hacia los logros inmediatos y pragmáticos que signa con fuerza el estallido social… al conseguir los objetivos inmediatos, el estallido pierde toda otra razón para continuar”. Más adelante afirma: “…se advierten reclamos concretos de intereses propios y personales de los participantes… sin exponer un proyecto histórico de transformación de las estructuras sociales”.

En contraposición a las lecturas anteriores, F. Beigel ubica al Mendozazo en el proceso de luchas que tienen lugar en la provincia en las décadas ‘60-‘70, sin limitarlo al reclamo por el aumento tarifario: “Esta explosión popular unificó todos los reclamos reivindicativos y políticos, produciendo una situación insostenible…. La sensación de hartazgo que se apoderó del pueblo encarnó primero en la lucha contra el aumento de la luz y terminó por cuestionar todo el sistema político”. Aunque no se detenga en el relato de los días posteriores, no limita el Mendozazo al día 4, sino que se refiere, contemplando dichos hechos, a: “… los días que van desde el 4 hasta el 10 de abril de 1972…”.

Reflexiones, entre la historia y la memoria:

El Mendozazo o Mendocinazo otorga claridad al proceso por el cual una fuerza social contenida se realiza, en un momento cualitativamente diferente, conformando un nuevo espacio social, una nueva territorialidad. En el movimiento de masas estudiado aparecieron sujetos moralmente armados. Se produjo una ruptura en las relaciones sociales existentes, que dio paso a relaciones de nuevo tipo: la fuerza social que se radicalizó rompió su dependencia histórica con las clases dominantes, cuestionando el orden social vigente. Lo que se puso en juego con el Mendozazo fue la alteración de determinadas relaciones sociales existentes, para dar paso a nuevas formas de organización, de poder y de articulación social. Los barrios ocupados o “territorios libres”, las asambleas y barricadas descriptas anteriormente, son un ejemplo de formas de lucha y organización no subordinadas a una autoridad ni pautadas por el sistema institucional, que aunque venían gestándose desde tiempo antes, el Mendozazo potenciaría y radicalizaría, tomando a su vez a partir de allí distintas orientaciones tácticas y estratégicas.

La violencia actúa como fundante de las relaciones sociales y emerge nuevamente en el momento de refundación de dichas relaciones. Al serle disputado su poder y el uso monopólico de la violencia, al verse amenazada su existencia como clase, la burguesía asumió el modelo de la guerra como forma de reproducción de sus condiciones de existencia. Se sintió atacada y debió organizar la recuperación del territorio social perdido.

Ante el fracaso del uso directo de la violencia del Estado para impedir que la fuerza social antagónica se constituyera, el régimen diseñó una nueva táctica que tuvo por objeto evitar que su enemigo sumara aliados, frenando la apropiación por parte de la sociedad del hecho social de masas al que éstas ya habían denominado “Mendocinazo”. Debía recuperar su hegemonía -puesta en crisis al serle desafiado el poder material del Estado por parte de las masas en lucha-, y bloquear el desarrollo de nuevas formas de sociabilidad y de organización social. Las armas militares fueron desplazadas y subordinadas a las políticas y sociales, que importan fundamentalmente por los procesos que construyen.

La intención de esta nueva táctica discursiva por la cual los mendocinos habrían sido víctimas de la violencia de elementos extraños a la provincia, era cerrar, generar silencio y olvido. Así, en el largo plazo los hechos fueron tergiversados e incorporados en el sentido común de una manera trastocada, gracias a la mayor posibilidad de acceder a la superestructura de la narración hegemónica; que logró ocultar el momento en que la lucha de clases tomó un carácter eminentemente obrero, e impuso su visión de una provincia donde el conflicto no existe.

Dichos efectos sobre las memorias del campo popular pudemos observarlos por ejemplo realizando un ejercicio de cruce de fuentes escritas y orales, –producidas por el mismo grupo político, pero mediadas por una distancia temporal de 30 años-, a fin de observar cómo la memoria hegemónica actúa sobre las formas en que aquellas se mantienen, a fin de comparar qué cambios, silencios y deformaciones se producen a través del tiempo; de qué maneras y en qué grados juega la circulación de la memoria de los vencedores. 

Como pudimos observar, las lecturas realizadas en los ‘70 desde las distintas fracciones alineadas con el campo del pueblo (PC, PB-FAP, PRT-ERP, Montoneros), mostraban el carácter político de una lucha que se enfrentó al estado y al capital, donde el lugar de los “subversivos extraños a la provincia” era reemplazado por una clase obrera explotada que se rebelaba y organizaba. Todos ellos hacían referencia al componente obrero del Mendozazo, y rescataban los hechos posteriores al martes 4 de abril. También se referían a una imagen falseada, que ya desde entonces se pretendía construir sobre los mendocinos. En cambio, en el presente vemos que lo anterior se desdibuja, para dar paso a lugares comunes del recuerdo: los aumentos tarifarios, la represión a las maestras, los carros neptuno, los enfrentamientos del día martes en la Casa de Gobierno y los autos quemados, lo “infiltrados”. Es aquí donde podemos observar la eficacia del relato elaborado por la burguesía.

Tomando como ejemplo de lo anterior las memorias de los militantes del PB-FAP, y poniéndolas en relación a lo observado en el documento del CEDIP, encontramos que para éstos en la actualidad el Mendozazo aparece como un movimiento espontáneo, que trae consigo un cambio en las conciencias y mayor movilización, y que es vivido como una victoria popular. Hay repeticiones, una misma geografía de la memoria y del olvido, casi una memoria oficial del Peronismo de Base: hablan de los días previos, de los aumentos tarifarios, de los enfrentamientos que se produjeron en la Casa de Gobierno, de como llegaron los distintos barrios, de la represión a las maestras; pero no aparece ninguna referencia a los conflictos y choques callejeros que se sucedieron en los barrios obreros.  En esto que podría interpretarse como un recuerdo más estructurado de este grupo (PB-FAP) acerca del hecho y sus consecuencias, no está presente –se borra- el relato de los días posteriores al martes 4. Interesante, ya que la mayoría de los entrevistados pertenecían al frente barrial de la organización político-militar, con lo cual podríamos suponer que se hubiese mantenido vivo el relato de las luchas que se libraron en los barrios. 

Cuando en cambio se recuerda cómo se vivió esta experiencia en los barrios, la memoria se desestructura y aparecen distintas versiones. Mientras para algunos el Mendozazo fue vivido como una jornada de “lucha popular”, que aparece inmersa en el mismo proceso de luchas del barrio; para otros, los resultados son negativos, debido a la fuerte represión que sufrieron los barrios –sin logro alguno, según ciertos relatos-. Lo que queda impreso en la memoria es la represión de que fueron objeto las fracciones del campo popular, pero en general, se borra la causa que la motiva. El efecto de la violencia no es otro que producir el olvido de la lucha y de los logros, y la permanencia en el recuerdo de la represión y del miedo. Busca obturar la posibilidad de pensar el proceso, se lo vacía de sentido. Se hace presente la construcción memorial hegemónica del modelo de las “víctimas pasivas”, que suprime la identidad del luchador o militante. Para otros testigos, el Mendozazo se convierte en una excusa para recordar lo largamente silenciado, ocultado. No es tan importante cuándo ocurren los hechos, sino la necesidad de contar, de recordar por ejemplo a un compañero muerto en la lucha, dando cuenta de cómo las pérdidas materiales y morales pesan sobre los vivos. Otros testimonios expresan lo que queda en las memorias colectivas de muchos de quienes no eran militantes en los ’70: la derrota, la imposibilidad de la acción –que las narraciones dominantes buscan construir-.

A partir de este ejercicio de cruce de fuentes producidas por el mismo grupo político pero atravesadas por el tiempo, lo que vemos es cómo los trabajos realizados desde la historiografía hegemónica acerca del Mendozazo contribuyen –intencionalmente- a profundizar la distancia entre historia y memoria, entre lo sucedido y lo recordado. Esto responde a la necesidad de ocultar el momento en donde la lucha de clases tomó un carácter obrero que se pretende diluir y borrar de la historia, manteniendo en la memoria la imagen de un movimiento de clase media, por un reclamo de tipo económico. Se cambian actores y se modifican sus fines –el contenido de la lucha se esfuma así en las memorias-.

La memoria es un campo de conflictos, a través del cual se continúan –aunque resignificado por otros sujetos y en otros tiempos y lugares- las luchas del pasado. En la provincia de Mendoza, la política de la memoria desde el poder es una política del olvido sobre el pasado reciente, cuya principal herramienta es la producción historiográfica local, al elaborar un relato en el cual el conflicto no aparece, es borrado. Ofrece una memoria, que no sólo no pretende dar cuenta de otras memorias, sino que intencionalmente las silencia, y trabaja por apropiarse de otros discursos de memoria y de identidad, tarea necesaria para la construcción de un sujeto con una identidad distinta, heterónoma. Socialmente, la derrota se expresa como pérdida tanto de la memoria colectiva como de la historicidad de las luchas de las que el campo del pueblo formó parte.

La memoria contrahegemónica:

Sin embargo, encontramos narraciones que dan cuenta de aquellas memorias donde el relato hegemónico ha logrado una menor fuerza de penetración. Estas narraciones nos permiten observar que, si bien la reconstrucción que se realiza desde el presente es siempre fragmentada, podemos encontrar diversos grados de disciplinamiento a la narración de los vencedores. El recuerdo es más difícil de domesticar cuando el narrador puede inscribirse en una tradición de lucha. 

Nora Moyano era empleada de la Dirección General de Escuelas, y delegada del Sindicato de Obreros y Empleados Públicos entre 1972 y 1974. 

 Nora Moyano entrevistada por la autora Gabriela Scodeller

N. M: -“… ‘Yo estuve en el Mendozazo, en Las Heras’, te dicen, que fue uno de los focos de resistencia más grandes acá en la provincia. (…)

P.: -“Y te acordás algo? Estuvistes?

N. M.: -“En el Mendozazo, sí. Ya te digo, yo esa madrugada, no dormimos esa noche, porque estuvimos como una semana militando a full todos los compañeros del Grupo Independiente de Base allá en Maipú. A mí me tocó Maipú, toda la zona de Maipú, Gutiérrez y Luzuriaga. Y ya te digo que Brizuela y García nos abrieron el gremio [SOEVA] en ese sentido… (…) Este… nos pusieron a disposición todo, para poder trabajar en los barrios, ir a… Eran reuniones febriles, de una pasábamos a la otra, la volanteada en la puerta de un turno de una fábrica, y de otra, y de otra. Eh… asambleas en las uniones vecinales, bue. La noche anterior, que se planificó todo todo todo, lo que es Maipú, Luzuriaga, Gutiérrez, Fray Luis Beltrán, bue, todo el departamento de Maipú. Desde el SOEVA, con nosotros por supuesto, y bueno salían estos camiones que iban buscando por distintos lugares. A mi me tocó ir con los compañeros del barrio Santa Elvira, que me dejaron a las 6 de la mañana en la Casa de Gobierno, yo entraba a las 7, estuve una hora ahí hasta poder entrar. Así fue…

P.: -“Y después?

N. M.: -“Bueno, ese mismo día, nos cerraron las puertas de la Casa de Gobierno, cuando empezó la represión, nosotros la veíamos desde ahí, desde la Casa de Gobierno. Y cuando logramos, varios compañeros que estábamos que queríamos salir, logramos que un soldadito conscripto nos abriera una de las puertas y nos escapamos, éramos como 10. Y yo me acuerdo que cuando entramos a correr por la calle San Martín… y era impresionante porque la gente se replegaba y volvía a salir, se replegaba y volvía a salir, y así durante varios días. Yo me acuerdo que la casa de mis padres la allanaron, la casa donde vivían mis ex suegros la allanaron. Nos escondieron en un barrio, a varios compañeros los tuvimos que esconder en distintos lugares. Y ahí la solidaridad de todos los grupos, como nosotros no teníamos aparato, el Grupo Independiente de Base digamos… a nosotros nos ayudaron los compañeros del Peronismo de Base y del PRT para escondernos, porque había capturas recomendadas. Uno de los hermanos de mi ex marido estaba haciendo el servicio militar, en la oficina de donde se hacían los partes y vio el nombre del hermano (rie) bueno, el nombre de varios. No se cómo nos llegó la noticia, nos empezaron a ubicar a cada compañero. Fue así. (…)

“Yo, mirándolo desde acá, hubo organización, o sea, los gremios participaron activamente, más allá de las frenadas de la CGT de ese momento, que no quería saber nada, y los superaron ampliamente el pueblo; por eso, fueron los gremios, las uniones vecinales, este… Todos venían, por lo menos los que venían de Maipú, después yo me enteré que de todos lados, no venían con las manos vacías, por las dudas, no se si me entendés (silencio). Le faltaba una chispa para que… tipo Cordobazo, que también está toda esa discusión si fue espontáneo o no fue espontáneo. Y bueno, o sea, la gente llega encuadrada orgánicamente en sus gremios y en sus uniones vecinales, a la movilización del “No pague la luz”. Muchos iban preparados por puta pudiera (silencio).

“Obviamente que, la gente explotó. Que se yo, se incendiaron tantos autos que muchos eran de empleados públicos, que no tenían un pedo que ver, viste. Y fue una cosa, bue, como cuando explota un dique, fue así. Pero que, yo no estoy de acuerdo con los que dicen de que fue totalmente espontáneo. No, esto… empezó el “no pago la luz” y evidentemente tuvo eco porque… fueron muchas reuniones, muchas asambleas, en gremios, uniones vecinales. Lo que no se lograba era que la CGT se expidiera, si participaba o no participaba de la movilización de ese día. Pero previamente, y yo que participaba en la Casa de Gobierno, un día te caían los colectiveros, paraban, te cortaban el tránsito ahí en la Casa de Gobierno y armaban quilombo. Otro día caían los taxistas. Ya habían ido los maestros antes. Caían los, o sea, los días previos al famoso Mendozazo, movilizaciones de las más insólitas, este… productores habían ido también.

P.: -“Todos por la cuestión del aumento de la luz?

N. M.: -“Sí, o sea, el aumento de la luz y que no dábamos más, no se si me entendés, económicamente. Entonces cada uno llevaba su propio pliego, su propio petitorio, lo que unificó a todos fue el “no pague la luz” (silencio). (…)

P.: -“Y de los días posteriores, por ejemplo que me hablabas de Las Heras, vos tenés algún recuerdo?

N. M.: -“En Las Heras es donde se resistió. Porque ya te digo, después tomó el control operacional de todo esto el Ejército directamente, y hubo resistencia, pero no fue una resistencia… suavecita; sobre todo en Las Heras… compañeros… yo no estuve en ese lugar digamos, pero yo me acuerdo de un compañero que falleció, que el era uno de los que estaba ahí organizando la resistencia en Las Heras, y lo se por un compañero ordenanza, que vivía en Las Heras, y su papá era de Las Heras y era del PC, el papá de él… Y un día que yo fui a su cumpleaños estaba el papá todavía vivo, y… pero fue impresionante lo de Las Heras, la resistencia, del Sanjón de los Ciruelos por la calle San Martín hacia el interior. No entraba, el ejército ni entraba, o sea directamente la policía no entraba, y al ejército le costó muchos días poder entrar. Nunca se supo el saldo de muertos, así fehacientemente viste. Eso se tapó, se ocultó.

P.: -“Ese hombre te contó que se hacía para resistir?

N. M.: -“Desde molotov para arriba de todo, lo que te puedas imaginar. Lo más suavecito eran piedras y molotov. Porque aunque vos no lo creas, en el pueblo hay armas. 

P.: -“Y a nivel organizativo?

N. M.: -“Yo se que hubieron muchos compañeros que estaban en distintas organizaciones de las llamadas revolucionarias que estuvieron ahí al frente (silencio).

P.: -“Organizando?

N. M.: -“Sí.

P.: -“Porque lo que hubo fue mucha participación…

N. M.: -“Popular… las mujeres, los niños, los viejos (…)”.

Tomando como ejemplo este relato, vemos que al inscribirse la memoria en una tradición de militancia, puede entender el proceso de luchas, y por ello otorga al Mendozazo un contenido distinto al que prevalece en el sentido común. El pasado cobra otro sentido en el presente: de resistencia ofensiva, de organización y lucha popular. Lo que parecía perdido permanece: “…la tradición revolucionaria popular, tras vivir bajo tierra para ocultarse de la mirada de las autoridades, sobrevivió y reapareció bajo nuevas formas y bajo nuevas condiciones históricas”. Diciembre de 2001 abre, en palabras de M. Halbwachs, los marcos sociales y culturales que posibilitan el recuerdo, se actualizan los interrogantes, de un pasado vivo en el presente.

El presente trabajo fue cedido por la autora y forma parte de la compilación “Mendoza 70 Tierra del sol y de las luchas populares” 1a Edición Manuel Suarez, 2006

Editor Laburantes .org (Tomado de la revista argentina Laburantes, de Mendoza)