Reflexiones sobre el Aniversario N°86 del PS y el futuro de socialismo

por Cynthia Burgos

Para la militancia del Partido Socialista esta fecha 19 de abril, emociona y obliga a revisar nuestra historia, nuestra trayectoria y nuestro presente. 

Nuestro partido ha tenido un rol fundamental en el desarrollo histórico del país, ha sido protagonista y articulador de la democracia y de la lucha contra la opresión, la desigualdad y la injusticia social. Nos llena de orgullo nuestra historia, nos compromete y nos obliga a reflexionar sobre el actual estado de la sociedad, nuestro país, y de la izquierda a nivel internacional.

Por un lado vemos con pesar el avance del fascismo en muchos países, y con el mismo pesar vemos el silencio y la inacción desde nuestra vereda, la fragmentación y las competencias personales, sin un proyecto de sociedad que remplace el actual, que supere los actuales conflictos y de respuesta a las necesidades del país.

Nuestro partido tuvo un origen y un objetivo muy claro y preciso: la clase trabajadora, la base social, representarla y construir una sociedad donde la discriminación y segregación no sea posible, para lo cual el gobierno de la Unidad Popular agrupó todas las fuerzas políticas que compartían este ideal.

Con la llegada del compañero Salvador Allende al gobierno, se constituyó  el primer gobierno socialista marxista en asumir por la vía democrática en la historia, por este motivo no podemos menos que sentirnos orgullosas y orgullosos de nuestra historia y del legado de tantos y tantas que dieron su vida  para defender este proyecto de sociedad.

La Dictadura que truncó el gobierno de la UP el año 1973, tuvo grandes y nefastas consecuencias: destruyó,  en primer lugar, el proyecto socialista, proyecto político que buscaba el bienestar y la igualdad. Para eso se propuso “exterminar el cáncer marxista”, de eso  conocemos bien la larga noche oscura que duró 17 años, donde desaparecieron nuestro mayores referentes, que hoy recordamos y honramos. Pero no solo eso, todo esto se hizo para instaurar un nuevo modelo económico: el capitalismo más extremo y radical del mundo.

Se saquearon las empresas estatales y pasaron a manos privadas a precios irrisorios, así emergieron las grandes fortunas que hoy ostentan  las familias empresariales. Se privatizaron los recursos naturales, inclusive el agua, siendo esta situación única e increíble en el mundo entero. Se privatizaron todos los derechos sociales: educación, salud, previsión, pensiones; todo fue privatizado, mientras se incentivaba el consumo, las deudas, el individualismo, la competencia.

Para terminar con la horrorosa Dictadura que sufrimos como país, como familias, como Partido, se tuvo que pactar con el tirano, conviniendo y comprometiendo nuestros principios fundamentales: la verdad, la justicia; y mantener el modelo explotador, extractivista y rentista.

Así hoy, a 30 años de democracia pactada, nos encontramos con un país  totalmente colapsado: con el más alto nivel de endeudamiento histórico en los hogares; con los más altos índices de América latina de enfermedades mentales (depresiones), drogadicción, y suicidio en adolescentes y adultos mayores. Esto por la carencia de oportunidades, de estabilidad laboral, por la precariedad de la vida, la inseguridad, donde vemos de manera ostentosa la desigualdad social, como el bienestar , el progreso y el desarrollo es solo para algunos, los mismos de siempre, los que saquearon Chile, los que tienen el capital a costa de mano de obra barata y de la explotación de los recursos que son de todos los chilenos y chilenas; mientras la clase trabajadora, quienes movemos el país, quienes generamos la riqueza, que somos la gran mayoría, viven con un sueldo mínimo de 280 mil pesos, y que al llegar a la edad de jubilar, las pensiones miserables bordean los 150 mil pesos, situación totalmente injusta e indigna. 

Por otra parte tenemos un medio ambiente colapsado, contaminado y sobrexplotado; con serios conflictos con nuestro pueblos originarios; con un sistema de salud con listas de espera de hasta 5 años, y un largo etcétera de necesidades no satisfechas.

Esa es la sociedad que se configuró mediante una sanguinaria en dictadura, y que una democracia pactada ha mantenido y profundizado, hay que decirlo. Duele,  pero la realidad hay que mirarla de frente.

Y que hemos hecho los socialistas…?, que fue del Partido de los trabajadores…?, que fue del proyecto de igualdad y justicia social…?, que fue del sueño socialista..?. Nos hemos dedicado a administrar el modelo neoliberal, ese que crea segregación, carencias  e injusticia, eso hemos permitido. 

Nos ocupamos, o hablamos de los problemas sociales, solo cuando estamos en elecciones.

Que hemos sembrado en este escenario…? corrupción y clientelismo, esa es la realidad. Se llega al poder con discursos falaces, falsas promesas y ambiciones personales.

Nuestro partido se ha enfermado, y nuestra responsabilidad, si realmente creemos en el socialismo, es recuperarlo. Esto debe dejar de ser un análisis, una opinión, una declaración o un deseo;  esto debe ser nuestro objetivo de vida, no solo desde la militancia, debe ser desde donde nos encontremos, en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestro barrio, con mayor razón si se ostenta un cargo de elección popular, donde el pueblo nos ha dado su confianza; debemos vivir el socialismo y recuperar el sueño socialista, contagiarlo y motivarlo.

Tenemos una responsabilidad, un compromiso con la historia y para eso, estamos obligados a rescatar los valores que fundaron nuestro partido.

Que no nos cambien el discurso, ni nos acomoden a las circunstancias; porque nuestro objetivo  fue ayer, es hoy y  debe ser mañana, el Socialismo, el bienestar social, la justicia, la igualdad, y la libertad, y eso hoy no existe.

Por lo tanto, los socialistas tenemos hoy un  desafío sustantivo, histórico e insoslayable, que requiere toda nuestra convicción y compromiso. El  llamado hoy, a 86 años de  nuestro nacimiento como partido político, como instrumento de cambio y palanca para el desarrollo, es a recuperar el PS, a derrotar al modelo neoliberal, a terminar con la corrupción y no renunciar al proyecto revolucionario socialista: acabar con el capitalismo e instaurar el gobierno de la clase trabajadora.

Como fueron unas de las últimas frases que nos legara el compañero Salvador Allende a momentos de su muerte, la historia nuevamente nos llama a “abrir las grandes alamedas por donde pase el hombre y la mujer libre”, esa es la misión socialista.