Una curva cada vez más larga, pero más baja de la economía global

por Michael Roberts

Los primeros tres meses de 2019 han mostrado una disminución significativa en la actividad económica mundial. La producción industrial global (medida por los economistas JP Morgan) está en realidad cayendo.

También el comercio mundial durante los dos primeros meses de este año.

Y justo hoy, las ventas minoristas en Estados Unidos de febrero también muestran una desaceleración.

Los indicadores de actividad económica en muchas economías importantes están cayendo; y se contrae la producción industrial en Europa y Japón. Los indicadores de actividad empresarial en los EE.UU. son los más altos de las principales economías capitalistas del G7, pero incluso allí están empezando a caer de nuevo. Este es el último indicador de Markit de producción industrial en los EEUU, que todavía está por encima de 50, pero cayendo.

Las ganancias de las empresas, que es el principal motor de crecimiento de la inversión (por lo general con un retraso de un año), también están disminuyendo en algunas de las principales economías. De hecho, China acaba de anunciar la mayor caída de beneficios industriales en diez años, un 14% menos en enero-febrero respecto al año pasado.

Las previsiones para el crecimiento económico del primer trimestre de este año, que acaba de terminar, son más bajas que las estimaciones previas. En los EE.UU., después de alcanzar cerca de un 3% anual en 2018, el pronóstico promedio es de un crecimiento anualizado de sólo el 2% en el T1 de 2019 y aún menor en el T2.

Como dije en mi último artículo, parece que lo que he llamado la Larga Depresión en las principales economías capitalistas desde el final de la Gran Recesión en 2009, no ha terminado. Defino esta Larga Depresión como el resultado de que el crecimiento global del PIB real, el comercio, la inversión y los ingresos salariales están muy por debajo de sus tasas previas a la crisis de 2007. Y el diferencial entre el PIB y la inversión potencial si el crecimiento tendencial hubiera continuado durante la últimos diez años y los que realmente son, no ha disminuido en absoluto.

Y sin embargo, esto es después de lo que John Mauldin, el blogger sobre inversiones llama : “años de asombroso, increíble, sin precedentes, y astronómicamente enorme estímulo monetario de la Reserva Federal, el Banco de Japón, el Banco Central Europeo, y otros. Todos ellos en diversas y variadas formas, abrieron los grifos y los dejaron correr a todo volumen durante casi una década. Y todo lo que produjo fue la débil recuperación antes mencionada“.

Y no son sólo las principales economías de Europa y Asia las que se están ralentizando rápidamente. También Australia, el llamado país ‘afortunado’ que ha evitado una recesión durante más de 27 años, un record solo superado por China. Sin embargo, con la desaceleración en China y en otros lugares, la economía australiana ha entrado en lo que algunos llaman una ‘recesión del crecimiento’, en la que el crecimiento del PIB real ya no coincide con la expansión de la población, por lo que el PIB per capita ha caído durante los dos últimos trimestres de 2018 . Después de un auge enorme de la vivienda que hizo crecer la deuda de los hogares a más del 120% del PIB, una de las más altas del mundo, que situó la deuda de los hogares cerca de 190% de su renta disponible, los precios de la vivienda han comenzado a derrumbarse, cayendo un 14% desde hace 18 meses.

Y luego están los llamados mercados emergentes. Esto es lo que escribí el pasado mes de mayo: 

“El aumento de las tasas de interés mundiales y la creciente guerra comercial iniciada por el presidente de EE.UU. Trump van a afectar a las llamadas economías capitalistas emergentes como Turquía. El coste de los préstamos en moneda extranjera va a aumentar mucho y es probable que la inversión extranjera disminuya … ..Turquía se encuentra actualmente muy cerca de una crisis de la deuda, junto con Argentina (dónde ya ha estallado), Ucrania y Sudáfrica “.

El aumento de los costes de los préstamos en dólares y la caída del comercio mundial, junto con el riesgo de una guerra comercial abierta entre los EE.UU. y China ha desmotivado a los inversores extranjeros a poner su dinero en las economías emergentes más débiles o con problemas como Turquía, Argentina, Venezuela , e incluso Indonesia. Sus monedas se han hundido, lo que eleva los costes de los préstamos aún más y provoca una fuga de capitales de los turcos o argentinos ricos. William Jackson, el economista jefe para mercados emergentes de la consultora Capital Economics, escribe: “La escala del endurecimiento de las condiciones financieras es similar a la que tuvo lugar durante la crisis de deuda de la zona euro en 2011-12.”

Con la noticia de que el “Trump turco”, Erdogan, ha perdido las elecciones locales en las grandes ciudades como Ankara y Estambul, porque la economía ha entrado en depresión, la lira turca se ha desmoronado.  El banco central de Turquía ha utilizado hasta un tercio de sus reservas en dólares para tratar de apuntalar la lira turca y, después de fracasar, el gobierno está bloqueando la ‘venta a corto’ y que los bancos presten dinero al exterior. Erdogan se ha negado a aceptar la financiación del FMI porque implicaría una austeridad severa y la pérdida del control sobre la política del gobierno. Pero la lira sigue cayendo.

Por el contrario, el gobierno Macri de derecha de Argentina ha solicitado un enorme préstamo al FMI, de hecho, el más grande de la historia del FMI: $ 57.000 millones. El FMI trata de apuntalar un gobierno dispuesto a imponer la austeridad y la privatización al dictado del FMI. Pero en vano, porque la economía se atasca. El peso cae de nuevo en medio de un declive más profundo de la economía doméstica y Argentina se aproxima a las elecciones generales de octubre.

Ucrania también ha sido un beneficiario de la ayuda del FMI, impuesta al país en medio de la profunda recesión de 2016 durante la guerra civil que estalló entre el gobierno de derecha en Kiev y el este del país rusófono, con el respaldo de Putin. Aunque la economía se ha recuperado algo en 2017 y 2018, arrastrada por la subida mundial de los precios de las materias primas, el nivel de corrupción no tiene precedentes.

Como resultado, los electores de Ucrania se han alejado de los principales contendientes, como el presidente Poroshenko y la favorita de Occidente, Yulia Timoshenko, y parecen optar por un comediante de televisión que asegura que esta limpio de toda corrupción.  “Bajo Poroshenko, nuestro nivel de vida ha disminuido aún más. Me convertí en pensionista bajo su administración. Tengo una experiencia de trabajo de 30 años como maestra de jardín de infancia y recibo 1600 hryvnia [$ 58], que recientemente han aumentado en 100 hryvnia [$ 3.6] “, asegura una votante con lágrimas en los ojos. “Estoy muy insatisfecha con el actual gobierno. Son todos unos ladrones“.

Y además la tragedia de Venezuela. No puedo abordar de nuevo la terrible situación en ese país, con apagones diarios, la hiperinflación (según el FMI, la tasa anual de inflación en Venezuela en 2019 será 10 millones %) y la escasez en medio de un intento de golpe impulsado por la derecha respaldada por los EE.UU. y sus acólitos en otros países de América Latina. Se han hecho con el control financiero de la petrolera estatal (pero no con las instalaciones). El régimen de Maduro resiste con un limitado apoyo y la ayuda de Rusia y China. El colapso del PIB de Venezuela desde 2013 es mayor que el que provocó la caída de la Unión Soviética.

Las economías capitalistas avanzadas se están desacelerando rápidamente y muchas de las llamadas economías emergentes están entrando en recesión. Incluso en los EE.UU., el temor a una posible recesión ha llevado a los inversores a mantener los bonos del gobierno, reduciendo su rendimiento (la tasa de interés efectiva) por debajo del nivel de los préstamos a corto plazo de los bancos.  La llamada curva de rendimiento invertida ha sido un indicador bastante fiable del peligro de una recesión, ya que refleja la falta de voluntad para invertir en la producción, incluso cuando las tasas de interés para los préstamos son muy bajas.

¿Cómo se producirá una recesión global? El punto de inflexión más probable será la deuda empresarial. Desde el final de la Gran Recesión, la deuda no financiera global ha seguido aumentando. La deuda de los hogares ha caído porque las personas han dejado de pagar sus hipotecas o porque no son capaces de conseguir una. La deuda pública se disparó cuando los gobiernos rescataron a los bancos y se endeudaron para cubrir los déficits causados ​​por la caída de los ingresos fiscales y el aumento de las prestaciones sociales. Sin embargo, la deuda del gobierno más o menos se ha estabilizado (como porcentaje del PIB). Sin embargo, la deuda de las empresas sigue en aumento.

Hasta ahora, el coste de los intereses del servicio de esta creciente deuda ha sido manejable – al menos para la mayoría de las empresas, aunque el Banco de Pagos Internacionales (BIS) estima que alrededor del 20% de las empresas son ‘zombies’, es decir no ganan beneficios suficientes para cubrir los costes de sus deudas. Si las tasas de interés se dispararan (¡y no pueden bajar más!), y/o los beneficios se hundieran, grupos empresariales completos podrían verse en problemas y empezar a dejar de pagar sus bonos o los préstamos de los bancos.

Quizás la crisis actual sea sólo leve, como la caída del crecimiento del PIB en 2015-16. Pero pareciera que esta vez es más amplia y puede ser mucho más profunda.

(Tomado de The Next Recession)