Estancamiento secular, política monetaria y John Law

por Michael Roberts

La semana pasada, el prestigioso Instituto Brookings convocó una conferencia sobre la eficacia de la política monetaria para estimular y sostener el crecimiento económico. En la conferencia, Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos y profesor de la Universidad de Harvard, y Lukasz Rachel del Banco de Inglaterra, presentó un documento que pretendía revivir, una vez más, la idea de que las principales economías capitalistas están prisioneras de un ‘estancamiento secular’: “ Nuestros hallazgos apoyan la idea de que, sin políticas de compensación, las economías industriales maduras son propensas al estancamiento secular”.

Según esta tesis, hay un estancamiento a largo plazo en las principales economías capitalistas. A pesar de que los bancos centrales reducen las tasas de interés a cero o incluso por debajo (de manera que los banqueros y los capitalistas son pagados para que se endeuden); y a pesar de que los bancos centrales imprimen enormes cantidades de dinero para comprar bonos y otros activos financieros (flexibilización cuantitativa), el crecimiento del PIB real y de la inversión siguen siendo débiles. Aunque las tasas de desempleo están oficialmente cerca de mínimos de ciclo en muchos países, la inflación es igualmente baja, contradiciendo la posición tradicional keynesiana de que hay un equilibrio entre el empleo y la inflación (la llamada curva Phillips).

La estimulación monetaria de los bancos centrales ha fallado, excepto para promover ”burbujas de crédito y especulación de activos financieros y bienes raíces. Por ejemplo, estas son las conclusiones de un estudio reciente sobre el impacto de las inyecciones monetarias del BCE en Europa: “los esfuerzos del BCE para alcanzar su objetivo de inflación serían más creíbles si hubiera una convincente evidencia empírica de que sus políticas de balance es efectivoa a la hora de estimular la producción y la inflación. Nuestra investigación reciente muestra que esta evidencia macroeconómica todavía es deficiente“.

Y hay muchas posibilidades de que se acerque otra recesión económica ante la que los bancos centrales serían incapaces de hacer nada porque las tasas de interés ya están cerca de cero y los balances de los bancos centrales en niveles récord. “Nuestros hallazgos apoyan la idea de que, sin políticas de compensación, las economías industriales maduras son propensas al estancamiento secular. Esto plantea profundas preguntas sobre la política de estabilización en el futuro “. (Summers y Rachel)

En el Financial Times, el columnista keynesiano Martin Wolf se hizo eco de la opinión de Summers y Rachel. Las tasas de interés están cerca de los mínimos históricos y si se defiende la teoría de Fisher-Wicksell de una tasa ‘natural’ de interés que permite el pleno empleo, pareciera ahora que la tasa de interés natural del ‘sector privado’ necesaria para lograr puestos de trabajo para todos los que los buscan ha sido negativa.

Por supuesto, esta llamada tasa natural es un concepto dudoso en el mejor de los casos. Pero incluso si se acepta la teoría, como parece que ocurre en el caso de muchos keynesianos [ “Esa es la raíz de nuestro problema: la tasa nominal de interés natural … hoy es menor que cero, por lo que la Reserva Federal no puede reducir la tasa de interés nominal de mercado aún más”. Brad DeLong] , sólo saca a relucir el problema. La política monetaria ni ha funcionado ni funcionará para relanzar la economía capitalista a un ritmo de crecimiento que desencadene inversión y por lo tanto mantenga los puestos de trabajo cuando aumentan los salarios reales.

En efecto, como he señalado antes, Keynes también se dio cuenta después de que la Gran Depresión continuase bien entrada la década de 1930, que su defensa de las bajas tasas de interés e incluso de la política monetaria ‘no convencional’ (la compra de bonos del gobierno y la impresión de dinero) no funcionaba: “ahora soy algo escéptico del posible éxito de una política meramente monetaria dirigida a influir en la tasa de interés … ya que es probable que las fluctuaciones en las estimaciones de mercado de la eficiencia marginal de los diferentes tipos de capital, calculadas a partir de los principios que se han descrito anteriormente, son demasiado grandes para ser compensadas por los cambios posibles en la tasa de interés”. En otras palabras, no existe una tasa natural de interés lo suficientemente bajo como para convencer a los capitalistas a pedir préstamos e invertir si piensan que el retorno de esa inversión sería demasiado bajo. Se puede llevar un caballo al agua, pero no se le puede obligar a beber.

Esta semana, el comité de política monetaria del Banco de Japón se reunió y levantó sus brazos desesperado. Después de años de flexibilización monetaria ‘no convencional’ del banco central (la compra de bonos del gobierno hasta el 100% del PIB) mediante la impresión de dinero, la enorme inyección de crédito en los bancos no ha tenido ningún efecto para relanzar la economía. Como Darren Aw, economista de Asia Capital Economics, comenta: “Hay una gran probabilidad de que la economía de Japón se contraiga de nuevo en T1 de 2019, por tercera vez en cinco trimestres … Ante esto, la pregunta clave para el Banco de Japón no es cuando podrá poner fin a su política ultraflexible, sino que puede hacer más para apoyar la economía.” Así, la primera de las tres flechas de la política económica del primer ministro Abe (flexibilización monetaria, el estímulo fiscal y neoliberal de desregulación) ha fallado.

Ahora bien, es cierto que el crecimiento del PIB per cápita en Japón desde el final de la Gran Recesión hace diez años es más rápido que en la mayoría de las otras grandes economías capitalistas.  Pero eso es simplemente porque Japón tiene una población que se ha reducido mucho. El PIB real y nominal (antes de la inflación) prácticamente son los mismos. La producción nacional se ha mantenido más o menos la misma, pero hay menos gente que la genera y la consume. Japón tiene la población trabajadora más pequeña en relación con su población total de las 12 principales economías del mundo.

Sin embargo, la flexibilización monetaria es defendida por los keynesianos, especialmente los más radicales de la escuela poskeynesiana, incluidos los partidarios de la Teoría Monetaria Moderna (MMT). Si el estado y/o los bancos centrales imprimen dinero, este se puede utilizar para estimular la economía capitalista y relanzarla. Al parecer, el dinero no es tanto la raíz de todo mal, como la génesis de todo lo que es bueno. Este sentimiento me recuerda al primer exponente de la magia de dinero – o el ‘fetiche del dinero’, a saber John Law, que hace unos 300 años tuvo la oportunidad única de utilizar la impresión de dinero para relanzar una economía.

Ann Pettifor, la exponente keynesiana de izquierda de la magia del dinero, ha llamado a John Law un “gran genio calumniado cuya explicación de 1705 de la naturaleza del dinero es inmejorable”.  Este proto-keynesiano era hijo de un rico orfebre banquero escocés. Law nació en Edimburgo, despilfarró la importante herencia de su padre en el juego y una vida de placeres. Condenado por matar a un rival de amores en un duelo en Londres en 1694, Law consiguió salir de la cárcel a base de sobornos y escapó al continente. Allí se dedicó a desarrollar y publicar su teoría monetaria  y sus posibles aplicaciones, que presentó al Parlamento escocés en 1705, publicando su exposición ese mismo año en un folleto,  Money and Trade Considered, with a Proposal for Supplying the Nation with Money (Consideraciones sobre el dinero y el comercio, con una propuesta para suministrar dinero a la Nación,1705) .

Law defendió que el banco central emitiese papel moneda respaldado por ‘la tierra de la nación’. Haciéndose eco de la MMT (¿o es al revés?), Law propuso “proveer a la nación” con una cantidad suficiente de dinero. Ello vivificaría el comercio y aumentaría el empleo y la producción. Al igual que la MMT, Law enfatizó que el dinero es una mera creación del gobierno que no tiene ningún valor intrínseco. Su única función es la de ser un medio de intercambio y no una reserva de valor para el futuro.

Law estaba seguro de que cualquier aumento de la oferta monetaria y del crédito bancario no subiría los precios y que la expansión del crédito bancario y del dinero creado por el banco central haría caer la tasa de interés (como la MMT, otra vez). Para Law, como para Keynes después de él, el principal enemigo de su esquema era la amenaza de “acaparamiento”, una práctica contraria al propósito de un mayor gasto. Por lo tanto, al igual que a finales del siglo XIX el fetichista del dinero alemán Silvio Gesell, Law propuso una ley que prohibiría la acumulación de dinero.

Sorprendentemente, el regente de Francia se convirtió en un defensor de las teorías de Law. Aquel regente, el duque de Orleans, nombró a Law director de la Banque Générale en 1716, banco central con el monopolio de la emisión de billetes de banco en Francia. Fue asimismo nombrado director de la nueva compañía del Mississippi, así como director general de las finanzas francesas. La Compañía del Mississippi emitió bonos que estaban supuestamente “respaldados” por el enorme territorio sin desarrollar que el gobierno francés poseía en el territorio de Luisiana en América del Norte.

Este esquema finalmente produjo, no a una economía en auge, sino una burbuja financiera especulativa, de bonos, créditos bancarios, precios, y valores monetarios, que se dispararon de 1717 a 1720. Finalmente, en 1720, la burbuja estalló y Law, empobrecido y muy endeudado, se vio obligado una vez más a huir del país. Law no era tanto un ‘genio calumniado’ como un “una simpática mezcla de estafador y profeta” según Karl Marx (1894: p.441). Lo que el desastre de Law demuestra es que la mera emisión de dinero por el estado no puede reemplazar la ‘economía real’ de la producción y el comercio. El dinero por sí solo no genera inversión o producción.

Por supuesto, los keynesianos modernos (a menos que sean de la variedad MMT) no promueven la impresión sin fin de dinero para que los gobiernos y el sector privado lo gasten. Esto se debe a que se han visto obligados a reconocer, como John Law en 1719-20, como Keynes en 1933, y como Abe en Japón ahora (y los teóricos del estancamiento secular), que la impresión de dinero no funciona si los capitalistas y banqueros acaparan el dinero o lo transforman en inversiones especulativas de activos financieros.

Entonces, ¿cuál es la respuesta? Como Martin Wolf dice: “La credibilidad de la ‘tesis del estancamiento secular’ y nuestra triste experiencia con los efectos de la política monetaria demuestran que hemos llegado a confiar demasiado en los bancos centrales. Pero no pueden superar el estancamiento secular. En todo caso, empeoran el problema, a largo plazo. Necesitamos otros instrumentos. La política fiscal es por dónde hay que comenzar”.  Sí, hay que volver a los estímulos fiscales. Pero ¿servirán para algo?

El año pasado el presidente Trump puso en marcha una especia de estímulo fiscal reduciendo los impuestos a los ricos y las grandes corporaciones. Se impulsaron las ganancias después de impuestos en 2017 y el crecimiento del PIB real un poco hacia el 3% anual. Sin embargo, ese impulso ha sido demasiado fugaz. El crecimiento del PIB real en EEUU está cayendo por debajo de la tasa del 1% este trimestre y la inversión empresarial también está disminuyendo.

Una de las flechas de la política económica de Abe en Japón fue el estímulo fiscal.  De hecho, no hay ninguna gran economía que pueda compararse con Japón y los déficits presupuestarios permanentes de su gobierno (tipo MMT).

Japón: los déficits presupuestarios anuales en relación al PIB (%)

Este debería ser la política económica ideal de la MMT y otros poskeynesianos. Pero no ha funcionado en Japón. Japón tiene ‘pleno empleo’, pero con salarios bajos y con contratos temporales y a tiempo parcial para muchos (especialmente mujeres). El consumo real de los hogares ha aumentado en un 0,4% anual desde 2007, menos de la mitad que antes. Así que el estímulo fiscal no ha funcionado en Japón, que se mantiene en un ‘estancamiento secular’.

Y tampoco funcionó en la Gran Depresión de la década de 1930. Después de abandonar la flexibilización monetaria como respuesta política a la depresión, en el diario Los Angeles Times del 31 de diciembre de 1933, Keynes escribió: “Por lo tanto, como el primer motor en la primera etapa de la técnica de la recuperación, puse un abrumador énfasis en el aumento del poder adquisitivo nacional resultante del gasto gubernamental financiado con créditos y no simplemente una transferencia a través de impuestos de los ingresos existentes. Ninguna otra cosa puede compararse con ello”. La respuesta era la financiación del déficit.

El régimen de Roosevelt  mantuvo déficits presupuestarios consistentes de alrededor del 5% del PIB a partir de 1931,  gastado dos veces más que los ingresos fiscales. Y el gobierno contrató en tandas más trabajadores en los programas de empleo (tipo MMT). Pero todo con poco resultado.  El New Deal con Roosevelt no puso fin a la Gran Depresión. Keynes lo resumió así: “Es, al parecer, políticamente imposible para una democracia capitalista organizar el gasto en la escala necesaria para hacer los grandes experimentos que probarían mi teoría – excepto en condiciones de guerra” (de The New Republic, citado de P . Renshaw, Journal of Contemporary Historia 1999 vol. 34 (3) p. 377 -364).

Wolf reconoce que la política fiscal quizás tampoco funcione. “Es por supuesto esencial preguntar cómo utilizar mejor los déficits de manera productiva. Si el sector privado no quiere invertir, el gobierno debe decidir hacerlo”. Así que si el ‘sector privado’ (es decir, el sector capitalista) no aumenta las tasas de inversión para impulsar el crecimiento a pesar de tasas de interés negativas y a pesar de enormes inyecciones de dinero público financiados mediante la impresión de dinero, el gobierno tendrá que intervenir para hacer el trabajo, aparentemente.

Por lo tanto, la respuesta keynesiana / MMT es actuar como un contrapeso al fracaso capitalista.  Sin embargo, el sector capitalista determina las decisiones de inversión y las toma sobre la base de la rentabilidad potencial, no el coste de los créditos. Keynes creyó políticamente imposible garantizar una inversión suficiente a través del gasto público – y tenía razón en cierto modo. Sólo un control completo del sector capitalista podría permitir a los gobiernos garantizar el pleno empleo con salarios dignos. En este punto, estoy tentado de repetir el comentario de la keynesiana de izquierda Joan Robinson a los MMT/keynesianos: “Cualquier gobierno que tenga tanto el poder y la voluntad de solucionar los principales defectos del sistema capitalista tendría la voluntad y el poder de abolirlo por completo”.

(Tomado de The Next Recession)