Cartografía de la memoria política en el día del joven combatiente

por Miguel Arriagada

Desde las brumas del tiempo escribía Rodolfo Walsh:«Nuestras  clases dominantes  han  procurado siempre  que  los trabajadores  no  tengan historia,  no  tengan doctrina,  no  tengan héroes  ni  mártires. Cada  lucha  debe empezar  de  nuevo, separada  de  las luchas  anteriores.  La experiencia  colectiva  se pierde,  las  lecciones se olvidan. 

La historia aparece así como propiedad privada cuyos dueños son los dueños de todas las cosas. Esta vez es posible que se quiebre el círculo…» 

La apropiación de la memoria se traduce en la búsqueda de legitimidad de las clases dominantes levantando una bruma senil sobre la clase oprimida, a esta última, se le expropia de su historia, intentan arrasar con sus recuerdos, desaparecer a sus muertos, invisibilizar sus luchas, de esta manera la burguesía impone los márgenes de lo que ha sido posible y de lo que sería imposible como consecuencia de un relato histórico construido a medida por las clases dominantes.  La memoria de la clase dominante se presenta como señala Gabriel Salazar “Como un Narciso horripilante que contempla extasiado, sólo, la belleza impúdica de sus mentiras”, aquella es lo que constituye la “historia oficial”, que como en la película argentina del mismo nombre se niega a reconocer la brutalidad y el horror sistemático del que son capaces, aunque los muertos los acusen, aunque oculten en elegantes trajes la guadaña con la cual intentaran destazar al cordero cuando se trasforme en león.

Este “fetichismo de la memoria” en Chile es reflejado en todo el espectro político burgués de una manera impúdica. Así los partidos de la ex concertación se ufanan de haber derrotado a la dictadura con un lápiz y un papel, instalando el relato autocomplaciente de una transición en la medida de lo posible, transición-traición que tuvo que pagar el pueblo a costa de desmovilización del movimiento popular con delaciones y extorsiones de por medio, para que los burócratas concertacionistas amoldaron el culo al tibio asiento del poder, traición que se posó sobre los cadáveres y la tortura de sus propios militantes. 

La apropiación histórica, la recreación de la “historia oficial” es el campo donde se congregan los “sectores políticos oficiales”, haciendo eco de un relato que en Chile no disiente mucho entre uno u otro partido político, el ejemplo claro es el consenso de  los “sectores políticos oficiales” respecto a que el ajusticiamiento de Jaime Guzmán sería un crimen injustificado, por tanto no debiese sorprender la “impostura” del Frente Amplio, maestros circenses del equilibrismo, de la conciliación de clases, y a su paladín de lo políticamente correcto Gabriel Boric, condenando el ajusticiamiento del ideólogo de la dictadura. Estas declaraciones no solo obedecen a la impostura, tibieza o falta de carácter del personaje en cuestión, sino que es una postura, es un compromiso total con la historia oficial, con la historia de los vencedores. Valga lo mismo para el PC. 

Hablar de memoria en la Derecha chilena, es hablar de alzheimer parcelado, y de como un adefesio horripilante es capaz de mirarse al espejo sin quebrarlo, y aun así, extasiarse con su desfiguración, en fin, una historia de superación personal, una enseñanza de libro de autoayuda. La derecha torturo, violo, asesino, masacro, y pauperizo a este país, quizás no haya delito que no hubiesen cometido desde las raíces de su árbol genealógico, pero ahí se mantiene, con su verborrea hipócrita, con sus tics nerviosos, con su tufo rancio maloliente, con sus personajes vetustos, con las gárgolas de la dictadura en vitrina, con sus saqueos descarados al estado llamándolos privatizaciones, intentando fundarlo todo en un supuesto éxito económico, la historia de un vergel económico chileno, donde campea la desigualdad, el trabajo precarizado, es decir, la miseria tras bambalinas.  La derecha exitista ha convertido la historia de este país en un mall,  donde el pueblo ha pagado en cómodas cuotas mensuales con su sangre las cirugías estéticas de este esperpento, es decir, la ventaja histórica de la derecha seria su capacidad para conseguir el éxito económico, mas su único éxito ha sido masificación de la cultura del mall.

En las catacumbas de la historia como los primeros cristianos esta la memoria de la clase trabajadora, es la memoria de una práctica política a favor de los oprimidos, es una memoria que se resiste a ser expropiada, es resistencia que ofende, que se acumula, que se recupera constantemente para un día saldar cuentas con la “historia oficial”. Sobre esta fuerza subterránea cabalgan nuestros mártires, nuestras fechas fuera del calendario oficial, nuestras prácticas fuera de la legalidad burguesa, nuestras esperanzas fuera de lo que se nos repite que es posible. Refulgen desde la noche enceguecedora que la burguesía ha tratado de imponer sobre nuestros recuerdos los hermanos Vergara Toledo y tantos que han caído, que caen, o que luchan por iluminar el futuro de los oprimidos, aquellas flores rojas del pueblo debemos atesorarlas, repetir sus nombres cada vez que sea necesario, hasta el cansancio, más allá del alba, llevarlos en cada palabra y acto, rayar nuestros muros, reescribir para nosotros nuestra historia, forjar a partir de aquellos una nueva cultura política organizativa que funja lo mejor de las mejores generaciones de luchadores que ha tenido el pueblo y encontrarlos con los retoños de hoy que despejan camino y muestran el sendero. 

Cada 29 de marzo, cada día del joven combatiente, volverá la izquierda a recordar como en una ensoñación fantasmagórica, a aquellos retazos faltantes, entonces algún día, aquellas pinceladas vendrán desde los volcanes rojos como la lava, desde los hornos enardecidos como el hierro fundido, a completar las piezas restantes de la memoria popular para alimentar la vigilia de un Santiago en llamas.