Cine: Los ataques a Green Book y la infección racialista de la clase media acomodada

por David Walsh

Como señaló el WSWS anteriormente, la decisión de otorgar el Óscar a mejor película a Green Book: una amistad sin fronteras (dirigida por Peter Farrelly) en los premios de la Academia del 24 de febrero desencadenó una respuesta furiosa en los medios de comunicación estadounidenses, incluidos el New York TimesLos Angeles Times y otros.

¡Cómo se atreve la Academia a honrar una película que sugiere que blancos y negros podrían llevarse bien, que podrían aprender unos de otros y superar sus prejuicios, y que, de hecho, el progreso social dependía de tales interacciones! ¡Qué puntos de vista anticuados, regresivos, irremediablemente ingenuos! ¿Reducir la brecha entre la “América blanca” y la “América negra”? ¡Qué fantasía!

Los medios oficiales hablaron casi como uno solo: Green Book, con su sugerencia de que los seres humanos pueden ser ilustrados y pueden cambiar (en este caso, un trabajador ítaloestadounidense del Bronx), está diseñada principalmente para que los blancos “se sientan bien” cuando la realidad, según tales elementos, es que la población blanca es completamente racista, ahora y siempre.

Green Book

La sangría continúa. La infección racialista de la clase media acomodada, incluidos sus elementos de “izquierda”, ha alcanzado una etapa avanzada. En muchos casos, y escribimos esto deliberadamente, no hay mucha diferencia entre la infección actual y la ideología nacionalista y fascista que ayudó a producir una tragedia inmensa en la primera mitad del siglo XX. Se está produciendo algo profundamente enfermo y reaccionario en estas capas sociales.

A su vez, el sentimiento popular en favor de Green Book es considerable. Algunas de las viles críticas y columnas provocaron una respuesta, incluido un comentario en la red.

Se ha abierto una brecha social y moral, en este punto como en muchos, entre la pequeña burguesía cínica y egoísta, obsesionada con su riqueza y ascenso—y la gran mayoría de la población trabajadora, esencialmente decente y democrática en su perspectiva, relativamente generosa en su actitud hacia las diferencias y tolerante a las flaquezas humanas ( Green Book, de hecho, ganó el premio del público en el Festival Internacional de Cine de Toronto en septiembre pasado, un hecho que a los detractores del filme les pareció revelador e imperdonable).

Resumiendo el estado de las cosas, Indiewire señaló que la victoria de Green Book en los premios de la Academia “fue inmediatamente recibido con indignación por parte de los periodistas de cine y críticos en las redes sociales, quienes tuvieron una sensación de déjà vu al ver un drama polarizador sobre las relaciones raciales”. ¿Polarizador? Este no es el caso de una película con algún mensaje dudoso o incendiario, posiblemente de derecha. La “polarización” aquí ocurre entre esta multitud de racialistas endurecidos en los medios, la política oficial y las universidades, por un lado, y el público en general, por el otro, que se está moviendo en otra dirección.

Otra vez, para quienes no la vieron, Green Book es sobre un portero ítaloestadounidense, Tony “Lip” Vallelonga (Viggo Mortensen), que es contratado como chofer y acompañante por un pianista negro, el Dr. Don Shirley (Mahershala Ali), durante una gira por el medio oeste y el sur de Jim Crow en 1962. El guion fue coescrito por el hijo de Vallelonga. En el transcurso de los dos meses, los dos hombres se hacen amigos. Uno de los momentos más conmovedores del filme ocurre luego de que Vallelonga descubre, como resultado de un incidente desafortunado que involucra a la policía, que Shirley es homosexual. “He trabajado en clubes nocturnos en la ciudad de Nueva York toda mi vida”, dice Vallelonga. “Sé que es… un mundo complicado”.

Hay aspectos hollywoodenses en la película y, sin duda, una cierta simplificación de un evento y una relación sumamente complicados e intensos. Algo de eso, empero, es casi inevitable cuando se abordan asuntos tan espinosos. Pero, en general, es un filme popular que funciona a un alto nivel, que entretiene y arroja luz sobre temas importantes.

En cualquier caso, los comentaristas obsesionados con la raza no critican a Green Book por sus flaquezas, sino por sus considerables fortalezas. La noción, por ejemplo, de que un pedazo de basura como Black Panther o la mal construida y tediosa BlacKkKlansman (El infiltrado del KkKlan, de Spike Lee—totalmente artificial y poco convincente en sus elementos más “políticos”—merecían más el premio a mejor película es simplemente irrisorio. Las quejas más amargas contra Green Book (junto con el vergonzoso papel de Lee en la ceremonia de premiación) no tienen nada que ver con el costado artístico del filme y mucho que ver con su perspectiva social y optimismo.

Para que no seamos acusados de exagerar respecto a los ataques perniciosos contra Green Book, es necesario citar más pasajes de los que querríamos a partir de su tratamiento en los medios de comunicación.

El desprecio por la posibilidad de que los blancos y los negros se lleven bien ha sido un tema favorito. La revista Vanity Fair, por ejemplo, comentó: “ Green Book pretende abordar la conciliación racial, un sentimiento popular entre las personas que quieren que todos, tomados de la mano, asuman la responsabilidad de terminar con la supremacía blanca—no solo sus beneficiarios. Es una idea preocupante, tediosa, pero muy común—arraigada, creo, en el deseo de ser perdonado”.

Teen Vogue s eñaló brillantemente que “ Green Book ganó el premio de mejor película en los Óscar porque logró que los blancos se sintieran bien consigo mismos”. “Los blancos”, aparentemente, solo deben “sentirse mal” consigo mismos. Esta retórica reaccionaria contribuye a empujar a capas de la población a los brazos de la extrema derecha.

Una de las piezas más viles, que comentamos recientemente, apareció en el New York Times antes de los premios de la Academia, “¿Por qué a los Óscar le siguen gustando las fantasías de reconciliación racial?” (23 de enero), de Wesley Morris. En esa nota, Morris contrapuso Haz lo correcto, de Lee (1989) a Green Book. Morris describió el miserable filme de Lee como una “obra maestra sobre una olla hervida de animosidad racial en Brooklyn”. Esa película, afirmó, “dramatizó una verdad más cruda: todos no podíamos llevarnos bien”. En 1989, Lee “estaba bastante solo como voz de la realidad racial negra… Él ayudó a plantar las semillas para un ambiente en el que los artistas negros pueden mirar con recelo a las cuestiones de raza”. A diferencia de quienes “fueron criados con fantasías de reconciliación racial”, Lee entendió, según Morris, que “la superación es imposible porque la sangre es muy mala, demasiado estadounidense, históricamente”.

Morris siguió esta inmundicia con una conversación sobre los premios de la Academia con otros dos críticos del New York Times, A. O. Scott y Manohla Dargis (“Lo que dice ‘Green Book’ sobre la Academia. Nuestros críticos sobre los Óscar”, 25 de febrero).

(Aparentemente, en su ceguera y torpeza, no se les ocurre a Morris, Scott o Dargis que su propia cooperación intelectual y personal revela el fraude de su oposición a las “fantasías de reconciliación racial”. ¿Cómo pueden ellos, dos blancos y un negro, “llevarse bien”? ¿Por qué no se enfrentan como perros y gatos antes de que transcurran 10 minutos?).

Durante la discusión de los tres, Scott se quejó de que “el premio a mejor película fue para un filme cuyo mejor amigo es negro [sic], una película que no ve el color, una película sobre cómo todas las vidas importan”. ¡Qué horror! Aparte de que la afirmación es evidentemente falsa—el racismo, tanto en la familia de Vallelonga como en el Sur Profundo, es un tema muy activo en Green Book —se espera evidentemente que el lector responda con indignación al hecho de que la película “no ve el color” y sugiere “que todas las vidas importan”.

Que tales puntos de vista sean un anatema en este ambiente, que Scott y compañía no vean nada objetable en tener opiniones tan reaccionarias, es una indicación de cuánto se ha movido a la derecha esta capa de liberales adinerados e incluso de “izquierda”.

The Guardian en el Reino Unido (¡por supuesto!) intervino para señalar, en una columna de Joseph Harker, que “el Óscar de Green Book muestra que Hollywood todavía no entiende la raza—¿Mejor película para este cuento trillado, nostálgico, centrado en un blanco? La academia quiere que creamos que el racismo ya no existe”. Por el contrario, obviamente, Farrelly está obviamente perturbado por las condiciones actuales, incluido el crecimiento de la extrema derecha y las fuerzas fascistas estimuladas por el gobierno de Trump, y pretende que su obra sea una historia aleccionadora.

Harker, como muchos críticos, se opone enérgicamente a la noción de que Vallelonga, “un chofer blanco racista”, sea “de alguna manera ‘salvado’ por su pasajero negro”. Esto también fue uno de los temas de Morris, en su nota del 23 de enero, en la que denunció a Green Book por su “fantasía particularmente perversa” de que “la absolución reside en un hombre negro castrado que necesita a uno blanco no solo para que lo proteja y le sirva, sino también para que lo ame”. Esto no solo es malicioso, sino estúpido. En cualquier caso, como señalamos anteriormente, la influencia civilizadora de un ser humano o capa de la población sobre otra es simplemente descartada por esta lógica.

Otra pieza particularmente repelente y provocadora, de Justin Chang, apareció en Los Ángeles Times el 24 de febrero. Chang, crítico de LA Times y fanático de la política de identidad, es especialmente venenoso: “La comedia dramática de amigos e interracial de Peter Farrelly es simplista y falsa en un grado insultante, una olla satisfecha de sí misma que se hace pasar por un ramo de oliva. Reduce la historia larga, brutal y constante del racismo estadounidense a un problema, una fórmula, una ecuación dramática que puede ser balanceada y resuelta. ‘Green Book’ es una vergüenza; la bienvenida incondicional a ella por parte de la industria es otra”.

Chang sigue en esta veta derechista extensamente. Hasta cierto punto, hay que leer su crítica para creerla.

El crítico del LA Times reconoce que sus puntos de vista no son populares: “Sé que he molestado a algunos de ustedes, aunque si se ofenden más por lo que he escrito que por ‘Green Book’, no hay mucho más para decir. Las diferencias de gusto no son nada nuevo, pero hay algo sobre la ira y actitud defensiva provocadas por esta película en particular que hace que el desacuerdo razonable sea excepcionalmente difícil. Quizás ‘Green Book’ realmente es la película del año, después de todo—no la mejor película, sino la que captura mejor la polarización que surge cuando la conversación se desplaza hacia los temas de raza, privilegio y la pregunta tan importante de quién cuenta qué historia.”

Sí, señalaremos una vez más: existe una “polarización” entre esta pequeña burguesía ambiciosa y codiciosa y las grandes capas de la población que luchan por sobrevivir económicamente y que son hostiles a la obsesión con la política racial y de género.

Una entrevista publicada en The Nation (“Hollywood es todavía una sundown town [ciudad segregada] para la representación negra”, 26 de febrero) apuntó a la realidad social. Hablando con el realizador Yoruba Richen, que hizo un documental sobre The Negro Motorist Green Book (el punto de partida para Green Book, de Farrelly, publicado entre 1936 y 1966), el entrevistador Aaron Ross Coleman preguntó qué llamado a la acción—en respuesta al filme de Farrelly—imaginó Richen, “¿se trata de apoyar a negocios de negros o quizás un pedido de más inversión en ellos?”. Y Richen respondió, “Yo diría, apoyar negocios de negros, apoyar historias de negros, cambiemos las narrativas. Ya es hora. Cambiemos la narrativa y tomemos el control de nuestra propia imagen y representación”.

La política de identidad es una industria inmensa y rentable. Un estrato social importante tiene una gran inversión en ella. Las vidas y carreras de miles de personas están muy ligadas a ella. ¿Qué quedaría de un director como Spike Lee o un crítico como Chang si desaparecieran la política racial y la de género? Muy poco.

Aparte de su egoísmo y ambición, estas capas sociales ricas, incluidos la clase media alta y los afroestadounidenses burgueses, tienen cada vez más terror de un movimiento unificado de trabajadores desde abajo porque amenaza su posición de clase y sus privilegios. Dividir a la clase obrera en líneas raciales, étnicas y de género es esencial para la defensa del capitalismo estadounidense (no es un accidente que David Duke, ex líder del KKK, expresara admiración por Spike Lee o que supremacistas blancos elogiaran a Black Panther. El racialismo y el chovinismo son el terreno de la extrema derecha).

El comentario de Chang fue tan atroz que provocó una respuesta enojada. El LA Times se vio obligado a publicar algunas de las respuestas en “Crítica de Justin Chang del Times al triunfo de ‘Green Book’ en los Óscar suscita fuerte reacción de lectores” (28 de febrero).

Un lector comentó, “Tal como Justin Chang dijo que ocurriría, me siento ofendido por su reseña de la película ganadora del Óscar, ‘Green Book’. ‘¿Desacuerdo razonable?’. No, fue una chapuza; el filme es excelente”. Un segundo escribió, “Creo que esta reacción negativa contra ‘Green Book’ es ridícula. Es un filme sobre dos hombres, opuestos, que a través de un viaje peligroso se hicieron amigos y maduraron para protegerse mutuamente. Cambiaron la vida del otro en innumerables niveles”. Un tercero preguntó, “¿También debemos odiar películas como ‘Matar un ruiseñor’ y ‘Tiempos de gloria’ por el pecado de una perspectiva blanca?”. Un lector señaló, “Como afroestadounidense, me sentí ofendido por la presunción de que solo el público negro puede tomar el camino correcto en cuestiones de raza. ¿En serio? La insensatez, arrogancia y crueldad vienen en todos los colores. No nos digan qué es lo blanco y qué es lo negro”.

Un número de figuras prominentes, algunas de las cuales realmente conocieron a Don Shirley, también respondieron de forma positiva y poderosa a Green Book .

En diciembre, el legendario productor musical afroestadounidense Quincy Jones se dirigió a la audiencia en una proyección de la película de Farrelly en Los Ángeles. Según Deadline, Jones dijo, “Espero que todos hayan disfrutado este filme tan especial sobre la amistad y el poder de la música para unir a las personas … Tuve el placer de conocer a Don Shirley cuando trabajé como arreglista en Nueva York en los años 50, y él fue sin dudas uno de los mejores pianistas de Estados Unidos … un músico tan talentoso como Leonard Bernstein o Van Cliburn. … Así que es maravilloso que finalmente se cuente y se celebre su historia. Mahershala [Ali], hiciste un trabajo absolutamente fantástico interpretándolo, y creo que tu actuación y la de Viggo [Mortensen] conformarán una de las grandes amistades registradas en celuloide”.

Don Shirley

Deadline informó que Jones agregó, “Hice esa gira del ‘circuito chitlin’ por el sur cuando estuve con la banda de Lionel Hampton, y déjenme decirles que … no era un picnic. Y éramos una banda. No puedo imaginar lo que hubiera sido hacerlo solo, apenas con un chofer. Así que, Peter [Farrelly, director y escritor de la película], gracias por contar este relato de nuestra historia no tan lejana y capturar en el filme los lazos que nos unen cuando pasamos el tiempo escuchando, hablando y viviendo con los demás”.

Más recientemente, Harry Belafonte, el cantante, compositor y actor de 92 años, respondió a los críticos del filme (significativamente, Belafonte tiene un papel en El infiltrado del KKKlan, de Lee). En un correo electrónico, él comentó, “Mi esposa Pamela y yo acabamos de ver Green Book y, aunque generalmente no hago esto, me siento obligado a dejar esta nota para agradecer a los realizadores por hacer este filme para que todos lo veamos. Conocí a Don Shirley, y, de hecho, tuve una oficina frente a la suya en Carnegie Hall, y viví mucho de lo que él vivió al mismo tiempo. Esta película es precisa, es verdadera, es una película maravillosa que todos deberían ver.

“Las pocas personas que parecen objetar la descripción del filme de la época y el hombre están muy equivocados, y, si la base de su resentimiento radica en que fue escrito y/o dirigido por alguien que no es afroestadounidense, discrepo con ellos aún más. Hay muchas perspectivas para contar la misma historia y todas pueden ser verdaderas.

“Agradezco personalmente a los realizadores por haber contado esta importante historia desde un punto de vista muy diferente, que no es menos convincente que cualquier otro.

“Así que, otra vez, digo a los realizadores, gracias y felicitaciones”.

En una nota del Hollywood Reporter (“¿Por qué las controversias sobre ‘Green Book’ no importan”, 14 de enero), el grande del baloncesto Kareem Abdul-Jabbar defendió a la película de sus críticos racialistas. Como argumento final, abordó “la pregunta de si la historia debería haber sido contada por tres hombres blancos: el director y coguionista Peter Farrelly, Nick Vallelonga (hijo de Tony) y el coproductor Brian Currie. Artísticamente, no debería marcar una diferencia. Un buen artista debe ser capaz de recrear personajes que son diferentes a él. Aunque soy consciente de que los negros en la industria del cine necesitan una mayor representación—y abogo fuertemente por ellos—también soy consciente de que este era un proyecto personal que podría no haberse realizado si no fuera por la dedicación de estos hombres”.

En un evento en la ciudad de Nueva York en enero, un grupo de amigos de Don Shirley defendió fuertemente a la película. Indiewire, antes de que descubriera cuán “reprobable” era el filme, informó, por ejemplo, que el antiguo amigo y estudiante de piano “Michael Kappeyne dijo a la multitud, ‘Creo que hablo en nombre de todos [sus amigos] cuando digo que ha sido una experiencia maravillosa, y es una película maravillosa, maravillosa por tantas razones’. … Emocionado, continuó, ‘Estamos realmente encantados con este retrato del Dr. Shirley, porque da justo en el blanco, sentimos la dignidad, sentimos la desconfianza, sentimos algo del enojo oculto, y él tenía mucho, pero también sentimos la presencia y generosidad de espíritu que tuvo con todos nosotros, y nos ayudó a varios de nosotros y cambió nuestras vidas’”.

La división social y cultural es grande en Estados Unidos, y, a medida que se intensifica la lucha de clases, solo se hace más grande.

(Tomado de WSWS)