Medidores inteligentes: los tenemos que pagar y además nos espían

por Gabriel Arce

La entrada de los medidores inteligentes a la discusión ciudadana causó toda una bataola. Y si bien el principal blanco de críticas recae en el costo económico que deberán asumir las personas, aún hay un flanco invisible: las nuevas implicancias en la privacidad e intimidad de las personas que aún la mayoría ignora.

Sólo a fines del año pasado, la empresa Enel instaló unos 280 mil de estos aparatos en hogares de Santiago y Valparaíso y, según los plazos, los aparatos de la discordia deberían lucir en todos los hogares de Chile en 2025.

La relación de los consumidores y la electricidad, por ahora, se reduce a subir y bajar interruptores, enchufar los aparatos y pagar la factura de luz. No obstante, los nuevos aparatos no solo harán posible las lecturas remotas, sino que además ofrecerán un flujo de datos a las compañías capaz de hacer una radiografía completa de la vida de las personas.

“(Estos son) los beneficios de la medición inteligente y la nueva configuración como una red inteligente. Además de que ya no debe ir una persona a leer una vez al mes, podrá entregarnos información cada 15 minutos respecto al nivel de consumo, y monitorear la red en tiempo prácticamente real, todo el tiempo”, señaló Rodrigo Castillo, director ejecutivo de la Asociación Gremial de Empresas Eléctricas, el pasado viernes.

Y así es. Cada medidor inteligente se ubicará en el mismo espacio físico del convencional. Éste emitirá datos 4 veces por hora e irán por la red hasta el transformador de cada calle, donde se instalará un concentrador de datos. De ahí, la información irá a una central de datos que tendrá cada compañía y posteriormente se subirán a la nube para la disposición de las personas.

“Ante una contingencia, será mucho más fácil detectar cual es el consumo que está sin suministro y, si existen tarifas flexibles a futuro, el cliente podrá optar a una tarifa diferenciada y no a la tarifa plana que tiene el día de hoy”, dice el director del departamento de ingeniería eléctrica de la U. de Santiago, Humberto Verdejo.

GRAN HERMANO

Lo cierto es que los datos tienen un potencial inmenso. La lectura eléctrica a intervalos frecuentes permite no sólo calibrar el consumo, sino también identificar patrones vitales.

A qué hora lavaste tu ropa o te vas a dormir, cuando prendiste el horno, cuantos aparatos eléctricos usas y cuando te vas de vacaciones son sólo parte de la información que los “smart meters” podrán dilucidar.

También podrían, si así lo quisieran, recabar información de alto valor comercial, como el tipo y marca de los electrodomésticos en tu cocina o baño. Y por qué no, datos de interés policial, como quien posee un indoor de marihuana en base a la lectura de un alto consumo eléctrico.

A fines del año pasado, el Consejo Nacional de Energía (CNE) se dirigió al Consejo para la Transparencia y la Protección de Datos solicitando asesoría para la norma técnica de los medidores. Marcelo Drago, su presidente, señala que “se hicieron varias recomendaciones bien específicas. Es un tema que nos preocupa y queremos que se ajusten los más altos estándares”.

Drago agrega que “lo que insistimos es que se respeten los derechos arco: el acceso del usuario a su información, a rectificación, cancelación, a borrar los datos y la imposibilidad de que se intercambien sin autorización del cliente. Lo importante aquí es que no es el usuario, sino que la empresa quien debe hacerse responsable por la seguridad de los datos”.

Otra preocupación es que el mapa de vida de los usuarios irá a parar a una única central, lo que podría hacerlo fácilmente localizable para hackers. José Venegas, secretario ejecutivo de la CNE, señala que actualmente se encuentran en consulta pública del anexo técnico para la nueva red. Y entre varios temas están los protocolos de comunicación de datos.

Según detalla, efectivamente “la exigencia es que se registren medidas cada 15 minutos por cada cliente, pero estos datos no necesariamente serán comunicados con la misma periodicidad a la base de datos central, ya que podrá ser mayor, siempre y cuando se cumpla con la exigencia que especificará el anexo técnico”.

¿De quién serán los datos? La CNE explica que “sólo podrán ser usados con fines de facturación y operación del sistema”, además de que “no podrán ser usados con otro objeto sin la expresa autorización del cliente”, enfatiza Venegas.

Cualquiera sea el caso, las compañías por obligación deberán disponer de plataformas para que los usuarios vean su consumo también en tiempo real, y puedan gestionar mejor su uso hogareño. Eso, mientras no pocos critican el hecho de que las personas tendrán algo así como un “Gran Hermano de la red eléctrica” en sus casas, y al que no podrán negarse a no ser que no abran su puerta cuando el técnico llegue a la puerta con el nuevo “smart meter”.

LA NORMA HOLANDESA

Los “smart meters” llegaron a Europa mucho antes. En Holanda las compañías comenzaron a instalarlos en 2009 y ese mismo año el senado detuvo su proliferación. ¿La razón? Asociaciones de consumidores reclamaron y, tras un estudio técnico encargado a una universidad, se estableció que su funcionamiento transgredía el derecho a la intimidad.

La campaña cívica fue feroz. Incluso usaron como ejemplo que si los smart meters hubiesen funcionado durante el período nazi, la SS habría sido capaz de atrapar a todo judío que prendiera una ampolleta.

Lo cierto es que el gobierno decidió que su instalación no fuera obligatoria y en 2014 actualizaron la norma. Desde ahí, los holandeses pueden aceptar el medidor inteligente pero con la facultad de reprogramarlo o apagarlo administrativamente. Es decir: exigir que el medidor no emita datos cada 15 minutos, sino que en lapsos prolongados (diario, semanal o mensual) que imposibiliten una radiografía de la rutina del hogar.

(Tomado de Werken Rojo)