La cuestión femenina en las pensadoras bolcheviques

por José Miguel Bonilla

En el formidable estudio realizado por Engels sobre las interacciones sociales a través de la Historia, desarrollado en La Familia, la Propiedad privada y el Estado, el autor sustenta que en la aurora del Hombre existieron sociedades igualitarias en las que no había asomo de propiedad privada, ni opresión alguna sobre la mujer y de lo que se denomina “familia” como la entendemos hoy. En su caso, identifica un concepto denominado “gens” que no es otra cosa que una estructura comunitaria no clasista.

La Antropología social moderna entiende este concepto como “grupos corporativos de parentesco”, que tienen como función la de reunir personas ligadas o no por vínculos de sangre y que se dedicaban a la explotación común de la tierra desarrollando técnicas de horticultura y con una organización matrilineal o matriarcal. Estos conceptos hoy son rebatidos, en tanto se ha logrado determinar que estas sociedades primitivas eran, antes bien, de naturaleza nómade, cazadora y recolectora. Estos cazadores-recolectores vivían en grupos pequeños estaban conformados por 30 a 40 personas con o sin consanguinidad. Los medios de producción eran comunales y con escasa acumulación de excedentes considerando la movilidad de estos grupos. Si bien, existía una cierta división del trabajo, el cuidado de los niños era público, la sociedad entera respondía por ellos.

Al separarse la mujer de su compañero, ésta no veía menoscabado su derecho a continuar recibiendo los beneficios de su “gens”, por lo demás, dada la flexibilidad de roles, las mujeres podían participar también de la pesca y caza, exceptuando cuando cursaban embarazo o amamantaban.

En conclusión, la sociedad de cazadores-recolectores eran estructuras con relaciones económicas, sociales no estratificadas, no jerárquicas, sin diferencias de riqueza y que resolvían sus conflictos sobre la base del debate, persuasión y consensos. Engels sitúa el fin de esta etapa idílica y el advenimiento de la propiedad privada, en buenas cuentas, el crepúsculo de la mujer como sujeto igualitario, por el desarrollo de las fuerzas productivas y la tecnología. Según autores como Vere Gordon Childe, arqueólogo y filólogo australiano, y uno de los primeros teóricos de la arqueología marxista, la “Revolución Neolítica”, ocurrida hace más menos 9 mil años, en la zona denominada de la “creciente fértil” o medialuna (Oriente Medio), constituye la base de la estratificación, desigualdad social y opresión femenina.

La domesticación de plantas y animales supone un nuevo tipo de relación entre los hombres. Al originarse excedentes que acumulan algunos sujetos, éstos comienzan a utilizar a otros para el cuidado de esos mismos excedentes. Paralelamente otras sociedades se mantienen intactas con comportamientos pre-neolíticos, incluso hasta nuestros días. En las comunidades neolíticas, por naturaleza asentadas en un territorio específico se observa un cambio en el comportamiento de la mujer, evitando el control de la natalidad que era común en su etapa nómade y alejándose de prácticas abortivas.

Con todo, la propiedad continúa siendo colectiva por un largo tiempo. El desarrollo de la agricultura y sus medios de producción ocasionan excedentes que progresivamente se le fueron asignando a personas con mayor jerarquía o con relaciones de linaje para que a su vez éstas realizaran la distribución equitativa. Al extinguirse esta práctica, se inicia el desarrollo de la Casta o clase social. Con el crecimiento de las comunidades en aldeas o villorrios, luego pueblos, surge la necesidad del control o fuerza coercitiva que ejercitara la debida vigilancia sobre las fuerzas productivas y los tributos a la casta dominante y parasitaria, ésta última asociada a cultos de adoración de ancestros o Dioses. Es el origen de la trenza del poder político, económico, social y religioso.

El desarrollo de Estados permite que éstos controlen los medios de producción y se apropien de los excedentes. La pérdida de la posición social de la mujer va en paralelo a todas estas transformaciones.  Es el hombre el que a partir de ese momento se le entrega facultades de uso de herramientas, de acopio y distribución de excedentes. Aumenta la importancia del hogar como unidad económica y en competencia con el grupo de parentesco, relegando a la mujer a labores domésticas propias de familia patriarcal monogámica. Hoy el régimen neoliberal y sus estructuras de opresión continúan perpetuando el abuso, la violencia, la restricción de los derechos reproductivos, el sexismo, la discriminación y el doble estándar en muchas sociedades.

El aporte de las pensadoras comunistas en el tema en cuestión, desde fines del siglo XIX, es irredarguible. Clara Zetkin,miembro del Partido Social Demócrata de Alemania hasta 1917, y luego fundadora de la Liga Espartaquista junto a Rosa Luxemburgo y que a su vez conforma el partido Comunista de Alemania, en su discurso POR LA LIBERACIÒN DE LA MUJER pronunciado ante el Congreso Obrero Internacional de París el 19 de Julio de 1889 declara que: “ así como el trabajador está subyugado al capitalista, así la mujer esta subyugada al hombre; y ella quedara subyugada en tanto no se alce en pie económicamente independiente. La condición obligada para esto, su independencia económica, es el trabajo. Si se quiere hacer de la mujer un ser humano libre, como miembro de la sociedad en igualdad de derechos, como los hombres, pues no se necesita ni abolir ni limitar el trabajo de la mujer, excepto en determinados casos, muyaislados”.Vemos aquí una imagen de la mujer como un sujeto de derechos, como parte de la gran cuestión social. Más adelante denuncia el escaso precio y docilidad que caracteriza a la fuerza de trabajo de la mujer:“El capitalista se debe esforzar, para no sucumbir a la concurrencia, en hacer tan grande como sea posible la diferencia entre el precio de compra y el precio de venta, y producir tan barato como sea posible. El capitalista tiene, por ende, todo interés en ello, en prolongar la jornada de trabajo continuamente y despachar con tan solo irrisorio escaso salario como le sea posible. Este empeño, está en oposición directa con el interés de las trabajadoras, lo mismo que con los trabajadores varones. No hay, por tanto, una oposición real entre intereses de trabajadores y trabajadoras, más bien existe una oposición irreconciliable entre los intereses dela capital y del trabajo”.Para el lector esto le debe parecer familiar. Acto seguido remata y reafirma lo anterior e insiste en que la trabajadoras proletarias no deben pedir prebendas, que les asiste el mismo derecho que sus compañeros  no pidiendo otra protección que no fuese la de circunstancias especiales como el embarazo, refuta las tesis de las feministas burguesas respecto de la libertad a través del voto, yendo más allá al considerar que no hay libertad política sin libertad económica “ Si la emancipación social dependiera de los derechos políticos, no existiría en los países con derecho al voto universal ninguna cuestión social. La emancipación de las mujeres, como la emancipación de todo el género humano, será exclusivamente la obra de la emancipación del trabajo versus el capital. Solo en una sociedad Socialista conseguirán las mujeres, como los trabajadores, la totalidad desus derechos”

Alexandra Kollontai, Primer Comisaria del Pueblo para la Asistencia Pública del Sornarkom o Consejo de Comisarios del Pueblo de Rusia y primera mujer diplomática del mundo en los primeros años del gobierno bolchevique, desarrolla un escrito en el año 1907 que titula Los Fundamentos Sociales de la Cuestión Femenina. En primer lugar, reconoce a la Social Democracia como la primera corriente de pensamiento que asume el tema de la cuestión de la mujer y sus derechos y que los seguidores del Materialismo Histórico rechazan escindir los intereses de la mujer respecto de los social. Así, Kollontai emplaza a las feministas y denuncia que buscan acceder a privilegios en un marco de igualdad en una sociedad clasista: “El mundo de las mujeres está dividido, asimismo los hombres, los intereses y aspiraciones de un grupo de mujeres las acercan a la clase burguesa, y el otro grupo tiene estrechas conexiones con el proletariado y sus demandas de liberación abarcan una solución completa a la cuestión de la mujer. Así, aunque ambos bandos siguen el lema general de la liberación dela mujer, sus objetivos e intereses son diferentes. Cada uno de los grupos inconscientemente parte de los intereses de su propia clase, lo que da un colorido especifico a los objetivos y tareas que se fija para sí mismo…”señala. ¿Cuándo inicia esta diferencia? Durante la segunda mitad del siglo XIX el avance tecnológico de capitalismo provoca impacto social y económico en las capas medias obligando a la mediana y pequeña burguesía a luchar por el acceso al campo laboral. La Universidades, Institutos, Editoriales, oficinas se ven inundadas por mujeres burguesas en busca de sustento, fenómeno que ocurre mucho después que sus hermanas proletarias hubiesen ingresado al mundo del trabajo capitalista. Nace así el Feminismo, a la sombra de la pequeña y mediana burguesía.

Para Kollontai, esta aparente igualdad de derechos de las Feministas constituye un fin en sí mismo, para la mujer proletaria es un medio para avanzar en la lucha contra la esclavitud, visualizando al hombre no como su enemigo, sino como su compañero, sometidos ambos a las mismas condiciones de explotación. El evidente conflicto de intereses la hace preguntarse:“¿Dónde, entonces, está la cuestión “femenina “general?, ¿Dónde está la unidad de tareas y aspiraciones acerca de las cuales las feministas tienen tanto que decir? Más tarde remata: ¿Por qué razón entonces debe la mujer trabajadora buscar unirse a las feministas burguesas?, ¿Quien, en realidad, se beneficiaría en tal caso de esta alianza? Ciertamente no la trabajadora, ella es su propia salvadora, el futuro está en sus manos. La mujer trabajadora protege sus intereses de clase y no se dejará engañar por los discursos sobre el mundo que comparten todas las mujeres”

Respecto al Matrimonio y el tema de la Familia, A. Kollontai afirma que la solución de la opresión de la mujer en el matrimonio es piedra angular y no menos importante que la lucha por la igualdad política. Denuncia la doble moral y las escasas alternativas que tiene en general la mujer en la sociedad capitalista, o es el yugo conyugal, o es la prostitución, esta última menospreciada, pero secretamente sostenida. Objeta el concepto de “amor libre “de la mujer burguesa pues este concepto no involucra liberarse de la doble cadena de opresión: el capital y el matrimonio. Asimismo, interpela a las feministas, en tanto refieren las relaciones extramaritales como “amor libre”, pero cuando se trata de reconocer esta conducta en la mujer proletaria, se les moteja como “relaciones sexuales desordenadas”. Expresa que “para la esposa y madre proletaria, la clave del problema conyugal y familiar no reside en sus formas exteriores rituales o civiles, sino en las condiciones económicas y sociales que esas complejas relaciones familiares a las que debe hacer frente la mujer obrera”.Su preocupación por la maternidad y niñez la inclina a pensar que la sociedad debe cuidar de la generación más joven. Supuso que el concepto de familia se extinguiría como unidad social egoísta y aislada, conforme fuese construyéndose una nueva sociedad. Uno de los últimos planteamientos de Kollontai refiere a  la lucha por los derechos políticos, reconociendo la diferencia de aspiraciones entre las feministas burguesas y las proletarias. Las primeras, en general, inclinándose a la reforma social, pero sin intenciones de involucrarse estrechamente con las demandas de la clase obrera. Identifica què si bien ambos sectores son semejantes en desigualdad, la coincidencia en las tareas de liberación son puramente formales. En tanto las feministas burguesas alcancen sus derechos políticos, supondría  la defensa inmediata de sus derechos de clase, generando una reacciòn lógica de recelo de la mujer trabajadora. 

Una menuda y frágil Rosa Luxemburgodefiende sus tesis sobre el feminismo en las Segundas jornadas de Mujeres Socialdemòcratas de Stuttgart , 12 de Mayo de 1912 en la que reafirma con su particular vehemencia que la monarquía alemana y la falta de derechos de la mujer se han convertido en los instrumentos màs importantes de la dominación capitalista de clase. El voto femenino –señala- no es tarea mesiánica sólo de las mujeres proletarias sino una responsabilidad común de clase. Extracto el siguiente párrafo de ese importante encuentro:“En realidad se trata para el Estado actual de negar el voto a las mujeres obreras, y sólo a ellas. Teme acertadamente, que puedan ser una amenaza para las Instituciones tradicionales de dominación de clase, por ejemplo, para el militarismo (del que ninguna mujer obrera con cabeza puede dejar de ser suenemiga mortal, la monarquía, el sistema fraudulento de impuestos sobre la alimentacióny los medios de vida, etc. El voto femenino aterra al actual Estado capitalista porque tras él están los millones de mujeres que reforzarían al enemigo interior, es decir, a la Socialdemocracia. Si se tratara del voto de las damas burguesas, el Estado capitalista lo considerará un apoyo para la reacción. La mayoría de las mujeres que actúan como leonas en la lucha contra los “privilegios masculinos”, se alinearían como dóciles corderitos en las filas de la reacción conservadora y clerical si tuvieran tal derecho a voto. Serían incluso mucho más reaccionarias que la parte masculina de su clase.” 

En conclusión, el pensamiento de las mujeres bolcheviques sobre el tema en comento, difirió de las feministas de su tiempo en tanto el tema de los derechos sociales, políticos y económicos no se extinguían con el derecho a voto. Esta era una táctica más, por cierto valorable, pero que tenía, y tiene aún, como norte la transformación profunda de las relaciones entre Capital y trabajo y las estructuras del Estado como superestructura servil al abuso de las clases dominantes. En segundo término, la transformación revolucionaria de la Sociedad no se lograría actuando las mujeres y hombres del proletariado por separado en tanto, se experimentaba en conjunto el rigor de clase explotada.

FUENTES

 Clara Zetkin, ¡POR LA LIBERACIÓN DE LA MUJER!, discurso ante el Congreso Obrero Internacional de Paris, 19 de Julio 1889.

Clara Zetkin , SOLO CON LA MUJER PROLETARIA TRIUNFARÁ EL SOCIALISMO, discurso pronunciado en el Congreso de Gotha del PSDA el 16 de Octubre de 1886 ( reproducido como panfleto).

Alexandra Kollontai, LOS FUNDAMENTOS SOCIALES DE LA CUESTIÓN FEMENINA, escrito en o antes de 1907, Marxists Internet Archive.

Rosa Luxemburgo, EL VOTO FEMENINO Y LA LUCHA DE CLASES, discurso pronunciado en las Segundas Jornadas de Mujeres Socialdemócratas, Stuttgart, 12 de Mayo de 1912. 

Rosa Luxemburgo, LA PROLETARIA, tomado de El Pensamiento de Rosa Luxemburgo, 5 de Marzo de 1914.

Alexandra Kollontai, EL DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER, Marzo de 1920

Christine Thomas, ENGELS Y LA LIBERACIÓN DE LA MUJER, publicado en El porteño.cl

Cintia Frencia y Daniel Gaido, FEMINISMO Y MOVIMIENTO DE MUJERES SOCIALISTAS EN LA REVOLUCIÓN RUSA, Primera Ed. Agosto 2018.