¿Qué te pasó Partido Socialista? ¿Qué eres? ¿Adónde y con quién vas?

por Arturo Muñoz

Bendita buena memoria… recordar traiciones, entreguismos y asociaciones indebidas del PS ’oficial’ obliga a la crítica aunque hayan pasado algunos años: todo tiene negativa repercusión en el presente

“Nosotros los de entonces ya no somos los mismos”, escribió Neruda, y cuánta razón tuvo. Sí, ya lo sé; es un poema romántico, sensual, en el que dos amantes, pasado el tiempo, ven trastocarse sus cariños. Lo que bien puede aplicarse en política que, –no es posible negarlo– implica también una muy particular forma de amor (o de desamor).

La cuestión es que hoy en día ese ‘amor’ apunta al dinero y al consumo. El partido socialista (PS) es un buen ejemplo de lo dicho… “…los de entonces ya no somos los mismos”.

Algunos amigos –ex socialistas– aseguran que desde el exilio europeo, a fines de los años 1980, el PS trajo anidado en sus vísceras el huevo de Alien. Ya en Chile, se escapó el bichito omnívoro que fagocitó al viejo partido. El trasvasije ideológico hacia el neoliberalismo fue cosa de meses, apenas meses, incluyendo el abandono de los principios, los valores, las raíces y la historia. La traición a millones de chilenos modestos que veían en el viejo PS un defensor, fue artera y radical.

Estudiosos del tema dicen que la ‘mutación’ se dio de golpe (sin juego de palabras), días después del triunfo del NO en el plebiscito de 1988. Al año siguiente la novel Concertación “se bajó los pantalones” con ocasión del plebiscito de la reforma constitucional. Ricardo Lagos tuvo destacada participación y responsabilidad en la consolidación de los amarres constitucionales tejidos por la dictadura y Jaime Guzmán.

En la Concertación de aquellos años el pandero lo llevaban los señores Edgardo Böenninger (filo PDC golpista el ‘73, autor el 25 de septiembre de ese mismo año de un elaborado plan de limpieza de las universidades para la Junta Militar, promoviendo incluso el exilio de académicos UP), Enrique Correa (PS ex MAPU-OC) y el propio Ricardo Lagos.

Los elementos principales de “la bajada de pantalones” que consagraron vía plebiscito los dirigentes de la Concertación y el pinochetismo ese mes de julio de 1989, fueron los siguientes:

a) Aceptar constitucionalmente la estafa binominal.

b) Renunciar a la mayoría legislativa parlamentaria que le aseguraba la propia Constitución del 80, que habilitaba al Presidente para aprobar los proyectos de ley con mayoría simple en una cámara y sólo un tercio en la otra. Con esto Pinochet había querido asegurarse (si hubiese ganado el plebiscito y en el supuesto de haber seguido en la Presidencia) el poder legislar con los senadores designados que le daban mayoría a todo evento en el Senado, y con minoría hasta de un tercio en la Cámara de Diputados.

c) Renunciaron a la convocatoria de plebiscitos constitucionales, que se ganaban con el 5% más un voto, de origen presidencial. O sea, renunciaron al mecanismo por el cual se aprobó la Constitución del 80 y el mismo Plebiscito en que estaban votando en julio del 89 (!). Ello significa entonces que la Concertación consideró no válidas ambas acciones, pese a que a través de ellas Chile recuperó la ‘democracia’ y la propia Concertación accedió al gobierno. ¡De Ripley!

d) Otros asuntos de igual e incluso mayor gravedad, que están muy bien descritos en el libro “Chile, una Democracia Tutelada” del ensayista y sociólogo Felipe Portales (Editorial Sudamericana, 2000).

Fue así que el año 1989 se cerró el cofre institucional chileno y la derecha y el pinochetismo se quedaron con la llave. La Concertación sólo se aseguró la Presidencia y los sillones principales de la “Administración”. Hoy parece que la ‘amnesia consciente’ es parte fundamental de la línea política de la Nueva Mayoría. Los dirigentes de ese bloque escabullen el cuerpo no bien alguien les recuerda estos asuntos, sobre los que obviamente no tienen respuestas.

En la saga de una ‘democracia protegida’ a través de una política de los acuerdos, el PS ‘oficial’ (el de Bitar, Lagos, Montes, Insulza, Escalona, Bachelet, Letelier, Allende, Díaz, Rossi, etc.), ya reconvertido a la fe neoliberal, formando parte de la alianza llamada “Concertación”, afirma que realizó esplendidos gobiernos de 1990 en adelante.

Ese juicio, interesado, no es de recibo.

A menos, claro, que aceptemos como “buenos gobiernos” los años del Transantiago; del descalabro de Ferrocarriles; del robo en descampado de las AFP; de la brecha económica en incremento; del escándalo y corruptela en varias instituciones fiscales; de educación pública en franco descenso; de entrega gratuita y voluntaria de nuestros recursos naturales a grupos financieros sin patria, Dios ni ley; de abandono de las regiones; de casas Serviu que se deterioran con la primera lluvia; de tasa de desempleo muy manipulada que oficialmente no baja del 7%; de salarios mínimos similares a los de cualquier nación centroafricana; de aislamiento de Chile en América Latina; de exclusión de nuestro país del anillo energético; de educación y salud basadas en el lucro; de delincuencia desatada; de previsión social cara y jubilaciones económica y socialmente inaceptables; de autopistas y carreteras en manos extranjeras; de agua potable, electricidad y teléfonos en poder de empresarios predadores; de contaminación de ríos y lagos en beneficio de capitalistas foráneos y criollos; de expoliación de recursos naturales como bosques, mares y glaciares; de abandono de nuestras etnias originarias; de desprecio por las organizaciones sociales, sindicales y estudiantiles; de legislaciones que favorecen únicamente al empresariado; de evasión de impuestos generalizada; de libertad de prensa asfixiada desde la Moneda a través del avisaje oficial; de dependencia absoluta de la voluntad y conveniencia económica de países industrializados; de gobiernos que aseguraron ‘alegría para todos’ pero que han satisfecho exclusivamente las necesidades e intereses de un exiguo sector (precisamente de aquel que nunca ha requerido de apoyo oficial); de trabajadores, etnias originarias, pobladores, estudiantes, pensionados, gremios, sindicatos, pescadores, pirquineros, portuarios, empleados, pequeños agricultores, trabajadores del agro, pequeños comerciantes, pymes y profesionales, que llevan más de dos lustros manifestando una abierta disconformidad con el actual estado de cosas.

¡Sin embargo, el viejo PS neoliberalizado dice lo contrario, y se jacta de ello! Que nadie se mueva a engaño: quien cuestiona a este PS inscrito en la Nueva Mayoría critica también a la Derecha, puesto que ambos son abejorros del mismo panal. A los hechos me remito.

Para qué hablar de lo que hicieron los ministros de Hacienda de los “socialistas” Lagos y Bachelet con nuestras reservas y excedentes, exportados en dólares “en depreciación” a la banca y a los especuladores internacionales. Además de ayudar al déficit creciente y al esfuerzo de guerra de los gobiernos de EEUU, Chile perdió más de US$ 20.000 millones de dólares en los años de la administración de George W. Bush.

Por otra parte, encabezados por los guaripolas socialistas y democristianos, fue habitual el desfile-peregrinación de los gobiernos de la Concertación a los aquelarres empresariales del CEP, ENADE, CPC, SOFOFA , ICARE, Consejo Minero y Asociación de Bancos en Casa Piedra y otros lugares por el estilo, para recibir aplausos y declaraciones de amor del empresariado más ultramontano y depredador… O coscorrones si alguna medida de un ente estatal afecta al 2% de las ganancias empresariales o amenaza la política de destrucción sindical.

Ennegreciendo el tenebroso cuadro, debe recordarse lo que hicieron Codelco y BancoEstado, Metro, Polla y otras empresas y entes estatales, con ejecutivos de nombramiento presidencial, con la Ley de Subcontratación, cuestión que definitivamente colocó al PS a la derecha de la derecha.

Hoy día, ¿qué le ofrece al pueblo este PS ‘oficial’ perteneciente a la llamada “izquierda de arriba”, que no sea lo mismo que ofrece la derecha? ¿Humanizar el sistema neoliberal, ‘aggiornarlo’, suavizarlo un poquitín pero sin tocarle una sola de sus bases principales?

Eso hacen algunos sectores derechistas como Evópoli, los liberales, varios dirigentes de RN y una nada despreciable parte del PPD.

Hoy, el PS ni siquiera le opone resistencia al avance del conservadurismo nacionalista que amenaza con traer de regreso el fascismo rampante.

Ayer abandonó a su suerte al presidente Allende. Hoy está asociado financieramente al otrora enemigo.

(Tomado de Resumen Latinoamericano)