Lobby, vista gorda y el apuro por cortar una cinta: el tongo de Parque Barón

por Boris Kúleba

La sensación de participación, en vez de una participación real, es lo que terminó por dejar conformes a los más recientes activistas aficionados de la estética costera de Valparaíso. No así a quienes tradicionalmente han defendido las causas porteñas y su borde costero, quienes ven como el lobby y la manipulación mediática están promoviendo un rechazo al uso portuario de nuestro propio puerto para favorecer su uso como terrenos destinados a pasatiempos para urbanistas y turistas. Unos quieren puerto, otros quieren parques. Los porteños y los parqueños.

La validación por parte de una supuesta ciudadanía a través de encuestas digitales de dudosa rigurosidad territorial han transmitido la sensación de que este es un anhelo participativo y no lo que realmente es: un proyecto armado y vendido al Gobierno por Atisba, la empresa consultora de Iván Poduje, el insistente lobbista de la agrupación (o, más bien, club) de urbanistas Metropolítica, que durante años ha tratado de colocar sus megalómanos proyectos inmobiliarios en la zona.

Tras la llamada “Caída del Mall Barón”, que tuvo durante más de una década a la ciudadanía en contra de la intención público-privada de privatizar el borde costero bajo la consigna “No al Mall, Sí al Puerto”, el alcalde Sharp creó una misteriosa mesa de trabajo, la “Comisión Ciudadana por el Borde Costero Integrado”, a la que fueron convocados 40 representantes de la ciudadanía y de cuyas identidades, al igual que de la convocatoria, nadie se enteró. 

La misión era zanjar en el corto plazo una visión municipal para el terreno del muelle Barón. Finalmente, la noche del 10 de agosto se hace un llamado a través de redes sociales para el Primer (y único) Encuentro Creemos Valpo, que se realizaría el 11 de agosto por la mañana. Una invitación con 12 horas de anticipación, que sólo rima con participación. Ese día, el alcalde dio a conocer cuál sería la propuesta de la comisión secreta: la misma que envió Piñera. Es decir, no tenían propuesta propia, se reunían en secreto para presentar la propuesta de Piñera. O una parte, ya que lo que vendría después se volvería cada vez más disparatadamente desvergonzado.

La propuesta de Piñera consistía en tres etapas. La primera, ese apurado encuentro, en el que se iniciaría la “participación” ciudadana . Luego, una encuesta en la cual los porteños decidirían qué uso querían darle al paño Barón: portuario, urbano o mixto. Y finalmente, en base a los resultados de esa encuesta, un “Concurso de Ideas” abierto a la comunidad para que diseñen el nuevo “Paseo del Mar”, que es el nombre que le darían al sector (el anterior proyecto, el de Mall Plaza, se llamaba Puerto Barón). 

Un par de días después vino Piñera a Valparaíso a anunciar lo que ya había preanunciado Sharp, rodeado de sus ministros, autoridades, y con una inquietante presencia en la foto: la figura de Iván Poduje asomándose detrás de las autoridades (nada raro para un lobbista). Pese a que su nombre, como broma, figuraba cada vez que alguien desconfiaba de la propuesta, esta vez quedó confirmado que no sólo estaba asesorando al Minvu en este proyecto, sino que el proyecto a realizarse sería exactamente el mismo que presentó seis meses antes en la revista Capital (fíjense en un detalle: el socio de Poduje en Metropolítica, Alberto Texido, también presentó una propuesta en esa edición. Lo retomaremos más adelante) y que al mes siguiente la publicó en el sitio web de su consultora. Todo empezó a oler mal en Barón.

El día de la encuesta en el que la ciudadanía iba elegir el uso que quería darle a Barón, sólo se podía votar por un uso. Tal como en los renders del proyecto de Poduje, no había un uso portuario, se eliminó la posibilidad de elegir Puerto. Lo que sí había era un listado de elementos que uno podía marcar, para imaginar que se estaba decidiendo algo, pero que en verdad era el listado de los mismos elementos de la propuesta de Poduje ya conocida, incluyendo el uso para comercio. No fue una votación, fue un simulacro de validación. Votaron 16 mil personas a través de internet. ¿Todos porteños? No se sabe. Quedaron todos tan satisfechos con haber “participado” que es muy probable que no se den ni cuenta cuando cambien la antigua consigna por “Sí al Mall, No al Puerto”

Como nadie pareció escandalizarse de este primer y evidente tongo, lo que vino después fue aún más descarado. El Concurso de Ideas, en el que todos podrían participar, fue lanzado el 17 de octubre, allí se dieron a conocer las bases que eran muy simples ya que sólo había que cumplir con dos requisitos indispensables: no desarrollar propuestas fuera del polígono indicado (1.2 Mandante y Normativa: “A fin de no generar falsas expectativas en la comunidad o los concursantes, no se recibirá propuestas que traspasen o modifiquen el polígono del terreno expuesto en la Figura 1.1.1. ya que nuestra idea es materializar las ideas que surjan y sean factibles de incorporar”) y no cometer la indecencia de permitir concursantes que tengan vínculos profesionales con cualquiera de los miembros del Jurado (1.3 Condiciones para Participar). 

Pese a que las bases y el concurso se dieron a conocer en octubre, el 14 de septiembre (más de un mes antes) el arquitecto Alberto Texido (como ya dijimos, socio de Poduje en Metropolítica) hacía un llamado en su cuenta de instagram para que sus alumnos de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Chile participen en su taller para concursar. 

Posteriormente, se anunció quiénes serían parte del jurado que seleccionaría a las mejores propuestas, encabezado por dos Premios Nacionales, la directora de SECPLA de la Municipalidad de Valparaíso, un representante del Intendente, un urbanista destacado de la región y dos representantes de la ciudadanía ¡Tantas eminencias y ninguno fue capaz de leer las bases! El jurado representante de la Intendencia, designado directamente por Jorge Martínez, resultó ser Gonzalo Undurraga, arquitecto, que junto a Texido hicieron la propuesta de TPS (oh, sorpresa, vinculada a Jorge Martínez) para su fallida licitación del Terminal 2 de Valparaíso, y con quien además de ser socio en Metropolítica, también lo es en su otra organización de urbanistas Plan Cerro. El “urbanista destacado de la región” del jurado fue otro arquitecto, Marcelo Ruiz, leal a Poduje y también socio de Texido, Poduje y Undurraga en Metropolítica. Entre el creador, los jurados y el postulante de Metropolítica tenemos a todos los varones de la mítica portada del suplemento Reportajes del Mercurio de hace cuatro años. 

Se podría pensar de buena fe en que el anonimato permitió que el jurado no notara esta clara transgresión a las bases, a la ética y a la igualdad de condiciones con respecto a los otros 71 participantes, pero el proyecto de Texido, realizado en su taller de la U. de Chile, además traspasaba y modificaba el polígono (¿recuerdan? punto 1.2 de las bases, lo mencionamos recién). Hasta hubo un período de consultas, en el que se respondió insistentemente que las propuestas que no cumplan con esta condición quedarían inadmisibles

Sin embargo (o sin escrúpulos), pasaron coladas estas dos faltas a las bases, y así el jurado la eligió dentro de las tres propuestas para que la gente “vote” por ellos de forma presencial en las bodegas Simón Bolívar ¿El jurado eligió a los tres proyectos en base a qué? ¿a las bases? ¿qué clase de eminencias tienen de jurado? Finalmente votaron más de 11 mil personas porque, al igual que con los 16 mil votos del tongo anterior, la votación se hizo a través de internet en vez de hacerlo como se indicó al comienzo, y adivinen qué proyecto salió ganador del Concurso de Ideas. Sí, el de Texido y la U. de Chile. Ellos ganaron los $35.000.000 de dinero fiscal que había como premio. ¿Votaron porteños? ¿hubo conflicto de interés? ¿se cuestionó a sí mismo el jurado? No. Emitieron un comunicado defendiendo su vista gorda, en lo que ellos mismos definen como un “proceso ejemplar”. Vaya jurado. 

Posteriormente, Poduje utilizaría las redes sociales para descalificar a sus opositores, siempre lealmente secundado por el arquitecto y jurado Ruiz, y el decano de la Facultad de Arquitectura de la U. de Chile replicaría su mismo lenguaje descalificador para referirse a los cuestionamientos. 

Tras todo este tongo carente de la más mínima sutileza, lo preocupante es que se instala una implacable manera de ejecutar proyectos “participativos” mediante argucias, manipulando a la opinión pública y acostumbrándola a procesos que carecen de cualquier rigurosidad o mínimo sentido de la vergüenza, dejando a un lote de oportunistas ajenos la maquiavélica tarea (¿fue esto una concesión?) de planificar el destino de una ciudad con el único objetivo de alcanzar a cortar una cinta dentro del período presidencial (con complicidad alcaldicia) del patrón de turno. Vaya jurado.

(Tomado de El Martutino)