Defensa de la concepción leninista del imperialismo

por  Osvaldo Costa

Ha llegado a nuestras manos un artículo de Rolando Astarita, titulado “Imperialismo en Lenin, análisis crítico”. Donde el autor desarrolla una serie de tesis, concluyendo que; (…) la contradicción entre el capital y el trabajo pasó a ser dominante también en el tercer mundo, en la misma medida en que las formas de coerción extraeconómica (colonialismo en particular) para la extracción del excedente perdieron relevancia.

Hay una serie de objeciones que, desde el marxismo – leninismo, se pueden hacer a los planteos del Astarita.

“Las tesis sobre el imperialismo de Lenin no permiten entender el modo de producción capitalista de hoy, y que la perspectiva de El Capital (esto es, asentada en la teoría del valor trabajo y la plusvalía) permite una aproximación más justa”.

Hay un gigantesco error teórico y político al poner en un mismo plano e intentar confrontar la teoría del valor con la teoría del imperialismo. La teoría del valor está situada en el plano económico, mientras la teoría imperialista se asienta en el plano político. La primera se ubica en la base de producción y reproducción capitalista (infraestructura) y la otra en el nivel de la estrategia política de dominación (imperar o controlar por parte de un estado burgués a otro), se contraponen niveles de realidad totalmente distintos. No obstante, ambas están interrelacionadas. Pero esto no las pone al mismo nivel. Por ejemplo, nadie pensaría que la teoría del valor se desvirtúa producto de la existencia del trabajo esclavo de los negros en EE.UU., ¿Porque entonces se debería trastocar el concepto de valor cuando a través del sistema imperialista se impone la extracción de mercancías más baratas de un país dominado?  Resulta bastante trasparente que ni la teoría del valor niega o cuestiona la existencia del imperialismo, ni la teoría del imperialismo niega la teoría del valor.

Pero hay más, Astarita precisa que “La tesis de que los monopolios manejan más o menos a voluntad los precios (destacado nuestro) no tiene validez empírica en el capitalismo contemporáneo (lo cual implica que rige la ley del valor “a lo Marx”). Esta premisa, resulta contradictoria con la realidad actual. Los monopolios controlan efectivamente los precios (ojo; no el valor de producción, los precios). Ejemplos al canto, existe una institución mundialmente conocida, la OPEP, que agrupa a los principales productores de petróleo, que tiene por objeto el manipular los precios de venta del crudo no el valor de producción, y lo vienen haciendo desde que se fundó, a través del recurso de establecer cuotas de producción a los integrantes, para a través de los mecanismos de oferta y demanda alterar artificialmente los precios. Ejemplos nacionales que corresponden a mecanismos similares (aunque no se trata, claro de imperialismo), conocido por todos, la colusión de los pollos, del confort y de las farmacias, situaciones en que carteles locales establecieron cuotas a sus socios o directamente acordaron los precios de los productos, con el objetivo de imponer precios mayores a sus productos. La existencia de leyes antidumping en la mayoría de las formaciones económicas imperialistas, revela a las claras que están plenamente conscientes de la posibilidad de que un estado particular manipule los precios a la baja, a objeto de hacer sus mercancías más competitivas. Nada de esto pone en cuestión la validez de la ley del valor, ni la existencia de la ley de hierro del valor impide la existencia de los carteles. Estas son pruebas empíricas.

Luego Astarita, plantea que “No se verifica la tesis del estancamiento permanente del Tercer Mundo, una idea que domina prácticamente todos los escritos sobre imperialismo y dependencia desde los años 50”.Aquí cabe una digresión. El cuestionamiento peca de ser ahistórico, el planteo del estancamiento de las fuerzas productivas, tan caro a quienes buscan encontrar un error en los planteos de los revolucionarios, era un hecho de la causa en el momento en que se escribe el texto de Lenin “el imperialismo fase superior del capitalismo” 1916. Y el análisis posterior del desenvolvimiento del capitalismo confirma que las fuerzas productivas se desarrollan en el conjunto del planeta, si bien al costo de un deterioro, que puede llegar a ser irreversible, del medio ambiente, y al costo de la calidad de vida del ser humano. Pero de ningún modo altera el hecho de que la época actual es la época del imperialismo.

Astarita vuelve a la carga señalando enfáticamente “Desde hace más de 7 décadas no han vuelto a producirse guerras interimperialistas”. Aquí se perpetra un nuevo error político, y de proporciones. Confunde la forma con el fondo del enfrentamiento interimperialista. Desde hace 7 décadas que no se produce ninguna guerra mundial, es decir un enfrentamiento directo entre las diferentes alas del imperialismo. Pero a menos que estemos muy desinformados, ello no significa que desde hace 70 años que el mundo haya estado viviendo en un periodo de paz. Muy por el contrario desde el fin de la segunda guerra mundial, el orbe ha estado sumido en múltiples conflictos bélicos, motivados por la rapiña imperialista. El cambio de la modalidad de los conflictos armados interimperialistas a guerras locales en territorios alejados de los centros imperialistas, está dado en primer lugar porque desde el fin de la segunda guerra mundial existe un imperialismo hegemónico – EE.UU.- con un potencial bélico superior al conjunto de los restantes bloques imperialistas –Europa – Japón y actualmente China-. Por otra parte dada la proliferación de armamento atómico, resulta inconducente un conflicto bélico directo entre los bloques imperialistas, porque el resultado de tal evento es la destrucción casi total de los involucrados. La guerra desatada en oriente medio por el control de los recursos petroleros, o incluso para definir el curso de oleoductos, o gaseoductos, resulta incomprensible sin la concurrencia de los intereses y apoyos a los locales en guerra por parte de diferentes bloques imperialistas. La guerra de Siria es un muy buen ejemplo del enfrentamiento entre los bloques imperialistas en una formación económico social dependiente, que tiene como trasfondo evidente la lucha por la distribución del petróleo y el gas a Europa, y el posicionamiento geoestratégico de Rusia.

Astarita continúa señalando cual es en su opinión la visión clásica del imperialismo; 

“La principal característica del imperialismo es el monopolio, consistente en “la dominación de las asociaciones monopolistas de grandes patronos” Esto implica que prevalece la violencia en la manipulación de precios; la ley mercantil pierde relevancia, y las ganancias son más el producto de “maquinaciones financieras y estafas”, y del robo, que de la ley económica”.

Es una reiteración del intento de confrontar la ley del valor con el imperialismo entendido este como un proceso económico donde prevalecen mecanismos extra-económicos para determinar las ganancias (de nuevo ojo, ganancias, no valor). En realidad en el desarrollo de la producción capitalista se va generando una concentración del capital en unos pocos grandes monopolios fenómeno que puede observarse en todos las formaciones económico sociales. Unas pocas empresas comienzan a controlar cada sector productivo (telefonía, transportes, energía, etc.) con lo que la mítica libre competencia va desapareciendo, este proceso se desarrolla de manera no lineal, a través de múltiples contradicciones, y es claramente diferenciable de las características del capitalismo primitivo, donde en cada sector competían muchos pequeños productores.

“La competencia se desplaza del mercado interno al mercado mundial, y se desarrolla a través de conflictos armados entre las potencias”.

La formación de asociaciones de capitalistas trasciende las fronteras nacionales y se transforman en asociaciones internacionales que se reparten el mundo, se produce un reparto territorial del mundo entre las potencias capitalistas más importantes que comienzan a operar en función de sus sectores burgueses más poderosos. En la época del librecambio, en el siglo XIX, las burguesías de los distintos países buscaban nuevos países para obtener más materias primas y nuevos mercados donde colocar sus mercancías. Dicho proceso ha terminado. El mundo se ha repartido territorialmente de forma completa y concreta. Esto obliga a cualquier potencia a desplazar o someter a otros países (o a otras potencias) si pretende obtener más materias primas o ampliar su mercado. Y si no lo hace las que sí lo hagan se acabarán haciendo más poderosas. Esto es lo que determina la confrontación por diferentes medios (guerras monetarias, comerciales, de aranceles o finalmente si los mecanismos previos resultan insuficientes en guerras abiertas).

“El capitalismo monopolista se caracteriza por el estancamiento de las fuerzas productivas.Frente al estancamiento la respuesta de los capitalismos adelantados es la conquista de la periferia y la empresa colonial”.

Como sosteníamos más arriba, la tesis del estancamiento se demostró erróneo, a partir de la segunda mitad del siglo XX (es adecuado reiterar que Lenin escribió “El imperialismo…” en 1916), sin embargo este hecho no liquida la teoría. Y efectivamente la respuesta del imperialismo es la empresa colonial (la famosa compañía de las indias de la Reina Victoria, y la United Fruits de los yankees), pero luego de la post guerra con las luchas de independencia de los países coloniales, que amenazaron convertirse en luchas socialistas, el imperialismo se volcó a un control político económico de las FES más débiles, que pasaron a constituirse en formaciones económico sociales dependientes. Es muy evidente que en la actualidad todas las economías nacionales (imperialistas y dependientes) están profundamente interrelacionadas, y son todas dependientes entre sí. De hecho si se bloquea el flujo de mercancías y capitales provenientes de los países dependientes a alguna FES imperialista, esta colapsa en menos de una semana. Este mecanismo hipotético es que se está aplicando con eficiencia a Venezuela. El problema de la dependencia es que si bien todas las FES son interdependientes, existe una asimetría en esta relación, hay FES que mantienen el control, el poder, “imperan” en la relación con las otras, lo que se basa en su potencia económica, y bélica, esto genera que haya formaciones económico sociales imperialistas y dependientes.

“Se piensa que el capitalismo llegó a un estadio en que la sobreproducción es estructural, debido a que las masas trabajadoras y campesinas están empobrecidas, y no tienen poder de consumo. Es la visión subconsumista de Hobson, aceptada por Lenin y otros marxistas de la época”.

Pretender que Lenin adhería a la teoría del subconsumo es un error gigantesco, ni P.M. Sweezy se atreve a hacerlo, siendo que es uno de los que defiende esa tesis a ultranza. Incluso tras una verborrea semántica lo deja ubicado en el centro de la controversia “subconsumo-desproporcionalidad”. Por su parte, Ernest Mandel ni piensa en ubicarlo en ninguna de las dos posiciones. Por otra parte Hay una contradicción lógica en los planteos de Astarita cuando plantea que (según Lenin) hay un estadio de sobreproducción estructural y concluye que tiene una visión subconsumista. Los estudiosos de las crisis económicas se dividen en varios “clusters” los teóricos de la sobreproducción que plantean que las crisis se originan en el exceso de producción que genera que no se pueda realizar el valor, y los teóricos del subconsumo que plantean que por la caída de la capacidad de consumo de las masas no se puede cerrar el ciclo productivo y por tanto encuentran allí el origen de las crisis. Lenin se situa claramente en el grupo de los teóricos de la sobreproducción.

“El desarrollo del capitalismo ha llevado a la fusión del capital bancario con el capital industrial, y al dominio del primero sobre el segundo. El capital financiero es parasitario”.

Tenemos acuerdo con esta tesis.

“Las guerras entre las potencias son inherentes al capitalismo monopolista. El razonamiento que lleva a esta afirmación es que el mundo ya está repartido entre las potencias y sus monopolios. Así las guerras ínter-imperialistas son inevitables, y características de la nueva era del capitalismo”.

Tenemos acuerdo parcial con esta tesis de Astarita, porque desliza en ella un análisis mecánico y lineal, nada es inevitable, el desarrollo de los procesos sociales es histórico, dinámico, como lo señala la teoría de la revolución permanente y la ley de desarrollo desigual y combinado, se trata de procesos flexibles que contienen contradicciones internas, que tensionan su desarrollo.

Nos parece prudente citar las características centrales del imperialismo de Lenin tal cual las planteo en su obra, que resultan diferentes de las que nuestro inefable “profesor” profiere;

  1. “La concentración de la producción y el capital se ha desarrollado hasta un grado que ha creado monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica.”
    1. “La fusión del capital bancario con el capital industrial, y la creación sobre la base de este capital “financiero”, de una oligarquía financiera”.
    1. “La exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere excepcional importancia”.
    1. “La formación de asociaciones capitalistas monopolistas internacionales que se reparten el mundo”.
    1. “Ha culminado el reparto territorial de todo el mundo entre las más grandes potencias capitalistas”.

Todos los cuales se pueden comprobar empíricamente. Se debe destacar Lenin no pone como uno de los rasgos centrales del imperialismo el estancamiento de las fuerzas productivas, y tampoco, como buen marxista, pone como rasgo distintivo la necesidad mecánica de enfrentamientos armados entre los bloques imperialistas. Está claro que hay una serie de elementos que se han desarrollado de un modo verdaderamente excepcional como es el caso del capital financiero, parasitario, que es el que actualmente domina las relaciones de explotación capitalista mundial.

Consideramos que continuamos en la misma fase imperialista en primer lugar porque los cambios son producto de un “desarrollo esencialmente orgánico del capitalismo monopolista” conservándose las contradicciones propias del capitalismo clásico, no obstante el mayor grado de concentración de capitales y la aparente estabilidad y universalidad del sistema de dominación. En segundo lugar porque la forma de repartir las zonas de influencia en el mundo se mantiene idéntica, por lo que cualquier planteo respecto a una superación de la fase imperialista constituye un error de análisis.

Esto significa que toda la propaganda que realiza a diario el propio imperialismo para intentar convencernos de que estamos en una nueva fase económica diferente del imperialismo; “del capitalismo mundializado”no es más que eso; propaganda ideológica, que lamentablemente ha infiltrado profundamente las masas y aún a sectores que se reclaman del socialismo revolucionario internacionalista.

Astarita plantea la existencia de una dicotomía teórica, basada en 4 puntos;

“Nunca quedaron debidamente precisados el contenido y los límites del concepto del imperialismo. el término “imperialismo” puede significar por una parte a todo el sistema –con un funcionamiento económico distinto al del capitalismo de libre competencia–, y por otro lado se refiere a una “superestructura” conformada por las relaciones entre los países opresores y oprimidos, caracterizada por la tendencia a la guerra y el aparato político militar implicado. Se puede interpretar como designando al sistema capitalista o como refiriéndose a las relaciones entre los Estados”.

La disquisición entre el sistema económico imperialista por una parte y las relaciones entre las diversas formaciones económico sociales por otra, es artificial. El concepto de imperialismo engloba un sistema económico mundial (donde rige la ley del valor), que funciona a través de una superestructura que podemos llamar imperialismos (relaciones entre países imperialistas y dependientes).

Se conforma una jerarquía entre los distintos países cuyos eslabones de alianza y dependencia (o sometimiento) se establecen según la fuerza política, económica y militar que poseen. Para poder competir y desarrollarse cada formación económico social se ve sometida al papel que ocupa en el sistema. Dadas estas condiciones el sistema político que prevalece es un sistema imperialista, propio de aquellos países que se colocan a la cabeza para dominar al resto a costa de someterlos de una u otra manera.

“Existe otra cuestión, que es de dualidad teórica, el enfoque del imperialismo introduce una matriz de pensamiento cualitativamente distinta a la desarrollada por Marx, que se basa en la teoría del valor trabajo. En otras palabras, existen dos teorías. Una, de Hilferding y Lenin, que dice que los precios se establecen por el poder de mercado de las corporaciones. La otra, de Marx, sostiene que los precios se determinan de manera objetiva en los mercados, a través de la competencia. En las tesis clásicas del imperialismo ambas coexisten, sin hacerse nunca explícito que había un problema que podríamos llamar “de unificación teórica”.”

Efectivamente el imperialismo coexiste con la teoría del valor, no son contradictorios. El error del “profesor” Astarita es su intento de ponerlos en el mismo plano. Reiteramos la teoría del valor está en el plano económico, y la teoría imperialista está en el plano político. Naturalmente que ambos planos no son “impermeables”, por el contrario se interrelacionan.

“Según Lenin coexistían dos dinámicas, dando lugar a una formación económico-social heterogénea: en la “base”, la producción capitalista, determinada por la ley del valor, que seguía operando en el plano nacional. En la “superestructura”, el monopolio, con el pillaje, la manipulación de precios y la disminución en importancia de la ley del valor y de la plusvalía. Esta superestructura económica a su vez determinaría otra “superestructura”, conformada por la política colonial y anexionista, el armamentismo, la diplomacia de la fuerza y la guerra, dando forma al espacio del mercado mundial y las relaciones entre los países.”

El problema de esta tesis es que en ninguna parte de los escritos de Lenin se plantea la disminución en importancia de la ley del valor y la plusvalía, el planteo es que a nivel internacional e incluso nacional los carteles empresariales utilizan mecanismos extraeconómicos para aumentar su participación en las ganancias.

 “Los antagonismos centrales –con una importancia por lo menos igual al antagonismo entre el capital y el trabajo– se ubicaban a nivel de los Estados. La idea de “el eslabón más débil de la cadena imperialista” (Lenin) y la situación revolucionaria que derivaba de ello, se inscribe en esta lógica. La contradicción fundamental se daba entre “el crecimiento de las fuerzas productivas de producción de la economía mundial y las fronteras que separan naciones y Estados” (citado por Trotski, 1974, p. 124)”.

De acuerdo solo que mejor que hablar de estados, hablar de FES

Nuestra conclusión es diametralmente opuesta a la de Astarita, consideramos que la teoría del valor conserva toda su vigencia en la época actual, y que es de extraordinaria importancia su comprensión para la aprehensión del proceso de producción capitalista. Pero simultáneamente consideramos que la teoría del imperialismo como la enuncio Lenin es una herramienta extraordinariamente relevante no solo a la hora de comprender el desenvolvimiento de los procesos de la lucha de clases a nivel nacional e internacional. Sino que resulta imprescindible para definir la política de los revolucionarios. Una política revolucionaria que no contemple la existencia del imperialismo resulta no solo ineficaz, sino impotente. Resulta imposible el formular una política respecto a cualquier fenómeno de la lucha de clases a nivel mundial sin desarrollar una política antiimperialista. Esto no significa por ejemplo encorsetarnos detrás de la política de frente antiimperialista desarrollada por sectores del estalinismo criollo (PCap), respecto a Venezuela, que detrás de su propuesta, que a primera vista puede parecer correcta, esconde una propuesta de frente policlasista, donde la clase trabajadora cumple el rol miserable de comparsa detrás de la burguesía nacional. La política revolucionaria consiste en partir del hecho de una agresión imperialista a una formación económico social capitalista dependiente, con un régimen democrático burgués bonapartista y nacionalista, cuyo gobierno está en crisis. En esta confrontación nuestra posición es llamar a los trabajadores y las masas venezolanas a exigir al gobierno de Maduro que enfrente consistentemente al imperialismo, expropiando las empresas ligadas al imperialismo norteamericano y a los sectores de la burguesía local opositora. Maduro no estará dispuesto a esta política y se desenmascara su política vacilante que se apoya en el corrupto ejercito burgués y no en las masas. La orientación es la ruptura real con el imperialismo, con el que el gobierno y el régimen mantienen, aun en una situación crítica como la actual, miles de lazos de subordinación y dependencia.

Para desarrollar una política como esta no sirve en lo más mínimo la conclusión del “profesor” Astarita que la contradicción entre el capital y el trabajo pasó a ser dominante también en el tercer mundo, en la misma medida en que las formas de coerción extraeconómica (colonialismo en particular) para la extracción del excedente perdieron relevancia”.

Para nosotros trotskistas, marxistas revolucionarios, hoy la ley del trabajo opera en todos los niveles, y la contradicción trabajo capital es lo central, pero el imperialismo introduce mecanismos extraeconómicos de coerción para mantenerse en el poder. El problema no es económico, es político. Basta mirar el medio oriente, allí Astarita les dirá a los trabajadores sirios, vean ustedes, para elaborar una política revolucionaria consecuente, deben considerar que las formas de coerción extraeconómicas para la extracción del excedente han perdido relevancia. Afortunadamente para Astarita, no ha tenido oportunidad para compartir sus conclusiones. 

  • el autor es parte del equipo editorial de El Porteño