La realidad del capitalismo: GM gana $11,8 mil millones, cierra plantas y elimina 14.000 empleos

por Jerry White

General Motors acumuló $11,8 mil millones en ganancias en 2018, según una declaración de la empresa publicada el miércoles. Esto incluye $10,8 mil millones de ganancias en América del Norte solo el año pasado y un margen del 9,5 por ciento durante el último cuarto. Estas enormes ganancias fueron anunciadas mientras GM acelera sus planes para cerrar cinco plantas en Estados Unidos y Canadá y destruir más de 14.000 empleos.

La junta corporativa de GM inició la masacre de trabajos dos días antes de la publicación de su reporte financiero, el cual mostró una caída de 8 por ciento en las ganancias desde el año pasado. El objetivo es reasegurarle a Wall Street que GM no se doblegará ante la indignación popular por los cierres de planta y despidos masivos.

El lunes, los primeros 4.000 ingenieros, técnicos, administradores y trabajadores oficinistas, incluyendo 1.300 trabajadores del Centro Técnico de GM en el suburbio de Warren en Detroit, fueron despedidos y escoltados de sus lugares de trabajo. Está programado que la planta de ensamblaje de medio siglo en Lordstown, Ohio se cierre el próximo mes. La planta de ensamblaje de Detroit-Hamtramck tiene previsto su cierre el 1 de junio, y la planta canadiense en Oshawa, Ontario, el cuarto trimestre del 2019. La empresa también planea cerrar las plantas de transmisiones en Baltimore y Warren el 1 de abril y el 1 de agosto, respectivamente.

En 1979, durante la primera bancarrota de Chrysler, las corporaciones y el sindicato United Auto Workers (UAW) afirmaron que las enormes concesiones salariales y de prestaciones por parte de los trabajadores eran necesarias para “salvar” la industria automotriz. Después de tres décadas de entregas interminables, el UAW alegó lo mismo mientras colaboraba con el Gobierno de Obama para recortar salarios durante la reestructuración de GM y Chrysler en 2009.

Ahora, incluso cuando las empresas automotrices tienen enormes cantidades de efectivo, las corporaciones están exigiendo más sacrificios a los trabajadores para entregarle miles de millones a Wall Street.

Desde 2015, GM ha derrochado $10,6 mil millones en recompras de acciones para inflar artificialmente los valores de la empresa. Esto es más del doble de los $4,5 mil millones que GM espera ahorrar el próximo año con los recortes de empleos.

Miles de millones más han sido entregados como dividendos a sus acaudalados accionistas. Esto ha significado rellenar las fortunas personales de los mayores inversores de GM como Warren Buffet, el tercer hombre más rico del mundo (patrimonio de $84,4 mil millones). Su firma Berkshire Hathaway es dueña de 52,4 millones de acciones de GM. La firma BlackRock de multimillonario Laurence Fink controla 79 millones acciones de GM.

En una llamada de conferencia el miércoles, la CEO de General Motors, Mary Barra, les dijo a los representantes de Goldman Sachs, Morgan Stanley, Citibank, Barclays, Deutsche Bank y otras firmas de inversión que los ejecutivos empresariales “seguiremos cumpliendo con nuestros compromisos hacia ustedes, nuestros propietarios” de “crear valor a corto y largo plazo para nuestros accionistas”.

Los trabajadores en Estados Unidos, Canadá, Corea y Brasil están siendo tirados a las calles, destruyendo sus comunidades, mientras que las ganancias que produjeron son entregadas a la aristocracia financiera que controla la sociedad.

La clase obrera está recibiendo una lección objetiva de la naturaleza del capitalismo. Mientras la clase obrera produce toda la riqueza de la sociedad, el producto de su labor es propiedad de la clase gobernante, la cual transfiere enormes sumas de riqueza a las manos de una minoría superrica, mientras condena a los obreros a la pobreza, la servidumbre y la miseria social.

Predeciblemente, ninguno de los inversionistas en la llamada objetó a la devastación que acompañaría los cierres de planta y despidos masivos. Sin embargo, un analista del banco UBS con sede en Suiza, expresó preocupación sobre “la enorme resistencia” contra los cierres. Le preguntó a Barra, “¿Cuánto de los $4,5 mil millones en ahorros están en riesgo si los sindicatos no permiten los cierres o concesiones?”.

“No veo ningún riesgo”, le aseguró inmediatamente la CEO de GM, dejando en claro que el UAW ya había aprobado el cierre de lo que llamó plantas subutilizadas. Mientras que la condición de las plantas se decidiría en las negociaciones con UAW sobre los nuevos convenios este verano, dijo, “es una transición que tenemos que hacer… y resolver junto a UAW”.

Lejos de luchar contra los cierres de planta, UAW y el sindicato Unifor en Canadá han apoyado activamente la destrucción de los empleos y niveles de vida de los trabajadores automotores. Una porción sustancial de los salarios y beneficios robados por los trabajadores ha encontrado su camino hacia las cuentas bancarias y portafolios de inversión de los ejecutivos sindicales. Cuando GM anunció los cierres de planta en noviembre, el valor de las acciones de GM controladas por el UAW aumentó más de $200 millones.

Ante la creciente militancia obrera, los sindicatos, los cuales se han visto desacreditados por décadas de traiciones y sobornos, están culpando a los trabajadores mexicanos por los cierres de planta, alegando que roban los trabajos de los trabajadores estadounidenses y mexicanos y haciendo eco de las bravuconerías nacionalistas del Gobierno de Trump.

Tal mentira ha quedado hecha trizas por la valiente y continua lucha de os trabajadores de las maquiladoras en Matamoros, México. Los trabajadores han librado una batalla de tres semanas después de rebelarse contra los sindicatos, formando comités independientes de huelga y convocando asambleas populares para luchar por mejoras tanto salariales como en sus condiciones laborales.

Libres de la camisa de fuerza de los sindicatos, estos trabajadores marcharon a la frontera con Brownsville, Texas, y apelaron a sus hermanos y hermanas estadounidenses a que se unieran a la lucha contra estas corporaciones globales. La lucha ya se propagó a los trabajadores de supermercados, de servicios públicos y otras secciones de la clase obrera matamorense, con las publicaciones empresariales advirtiendo sobre el “contagio” de la lucha de clases.

El resurgimiento de la lucha de clases y de la radicalización política de la clase obrera ha sembrado terror en el corazón de la clase gobernante. Espantada por el pensamiento que el auge las luchas de la clase obrera adquiera una perspectiva consciente y anticapitalista, el presidente Trump declaró en su discurso del “Estado de la Unión” el martes por la noche, “Estamos alarmados por los nuevos llamados a adoptar el socialismo en nuestro país”. Su advertencia fue aprobada por los legisladores de la burguesía, tanto demócratas como republicanos, quienes esperaron que con aplaudir sus manos se detenga la ola de malestar de la clase obrera extendiéndose por todo el país e internacionalmente.

La respuesta a la aniquilación de empleos por parte de GM es la manifestación del sábado 9 de febrero, convocada por el Comité Directivo de la Coalición de Comités de Base y el Boletín de los Trabajadores Automotores del WSWS. Su objetivo es movilizar la oposición de la clase obrera a los cierres de planta y despidos masivos de GM. La marcha se opondrá al supuesto “derecho” de GM de cerrar plantas.

La manifestación no es súplica a GM ni a sus ejecutivos fieles a Wall Street, sino un llamado a la clase obrera a expresar su fuerza independiente y su determinación para luchar. Tampoco es una súplica al UAW, que no es más que un contratista de mano de obra barata y una fuerza policial para la industria, sino que es un llamado a los trabajadores automotores y de todos los sectores a formar comités de base e independientes para organizar y unir sus luchas.

La manifestación exigirá un freno a todos los cierres de planta, la abolición de los sistemas de salarios y prestaciones de dos escalas, la transformación de todas las plazas temporales a tiempo completo y la recontratación de todos los trabajadores despedidos y victimizados. En oposición a la dictadura que ejerce la gerencia corporativa en las plantas, luchará por una democracia industria, es decir, el control obrero sobre la producción y la transformación de GM, Ford y todos los gigantes del sector automotriz en entidades públicas, administradas democráticamente y controladas bajo propiedad colectiva de la misma clase obrera.

Este programa es una parte crítica de la transformación socialista de la economía mundial: que atender las necesidades sociales y conquistar la igualdad, no la acumulación de niveles grotescos de riqueza personal, sean el principio elemental de la vida económica, política y social.

(Tomado de WSWS)