El torturador Juan Emilio Cheyre preso por caso “Caravana de la Muerte”

por Alejandro Valenzuela

Juan Emilio Cheyre, el General del “Nunca Más” y “niño símbolo” de la transición, tras ser procesado por el ministro Hormazábal, fue trasladado hasta el Regimiento de Telecomunicaciones de Peñalolén, donde se encuentra en estos momentos detenido. Pasadas las 7:30 horas de esta mañana, ingresó a la Brigada de DDHH de la PDI en Providencia, y es notificado en un nuevo procesamiento por delitos de tortura contra 24 presos políticos.

Su abogado, Jorge Bofill, asegura que su defendido es “completamente inocente” y “nunca participó en los hechos que son materia de dicha resolución” y anunció que apelarán ante la Corte de Apelaciones de La Serena para revocar la detención. “Recurriremos contra ella ejerciendo todos los derechos que correspondan en las instancias respectivas”, dijo en un comunicado.

¿Cuáles son los hechos que se le imputan?

Poco después del golpe de Estado de 1973, el entonces teniente Juan Emilio Cheyre comenzó su estadía en La Serena, período clave de su vida ya que justo en esa época habrían sucedido los hechos que lo tienen hoy como procesado en calidad de autor del delito de aplicación de tormentos.

Son 24 los denunciantes que fueron torturados entre el 11 de septiembre y el 25 de noviembre de 1973, delitos por los cuales fueron investigados Cheyre y el coronel (r) Ariosto Lapostol Orrego.

De ellos, al menos cinco mencionan explícitamente al ex comandante en jefe y relatan lo que ocurrió: “Los policías me entregaron al servicio de guardia militar y me hicieron ingresar a una sala que está a un costado de la guardia, donde había más prisioneros, todos arrodillados en el suelo mirando la pared, mientras que otros estaban con sus manos en la nuca. Quedé de rodillas con la mano en la nuca, cuando repentinamente veo la presencia del teniente Cheyre y al mirarlo éste me increpó (…) se cambió de lado y detectó nuevamente mi mirada, por esta razón ordenó a dos soldados conscriptos que me sacaran al patio interior, uno por cada lado. En ese momento, el teniente Cheyre tomó un palo y comenzó a golpearme en las pantorrillas, parte posterior del muslo, glúteo y espalda”, dijo Nicolás Fuentes Rivera, en el contexto de la causa que tiene a su cargo el magistrado Vicente Hormazábal.

Oscar Rubén Carvajal, también hace referencia al militar en su testimonio: “Al día siguiente nos sacaron de las celdas y nos llevaron al segundo piso del Regimiento, donde se encontraba la fiscalía militar, recuerdo que nos dejaron con la vista al muro (…) escucho los tacones de una persona subiendo la escalera, dirigiéndose directamente donde me encontraba, procedió en forma repentina y violenta a tomarme el pelo, por la nuca, y preguntarme fuertemente si era cubano. Ante eso, le respondí “No, soy chileno”, reaccionando este militar con un golpe de puño muy fuerte en mi estómago, para seguir su camino hacia su oficina (…) esto lo comenté una vez que llegué a la cárcel, enterándome días después que correspondía al teniente Cheyre”.

Otra víctima de la dictadura que menciona a Cheyre es Nibaldo Pastén Vega, quien denuncia haber sido golpeado durante su paso por el Regimiento Arica. “Veníamos atados de las manos desde Ovalle, pero al llegar al Regimiento nos desataron. En ese momento una persona pregunta por mí (…) recibo un golpe con su arma en la boca, un culatazo (…) debido al golpe quedé sangrando de los dientes, pues me sacó dos dientes delanteros, pero tenía que seguir parado. Supe posteriormente que esa persona que me pegó el culatazo era Cheyre”.

Otro de los testimonios contra el ex comandante en jefe del Ejército que consta en la resolución del juez Hormazábal es la de Luis Ravanal Martínez: “Reconozco una voz, era la de Cheyre con quien había conversado el día anterior. El me dijo que me hincara, me dijo “híncate”, y me doy cuenta que me apuntan con un arma en la cabeza, sentí que la arena del piso estaba húmeda, me imaginé que era sangre de mis amigos, simularon en ese momento una ejecución (…) me amarraron las manos a la espalda y me pusieron colgando de algo parecido a una viga, quedando suspendido en el aire con las manos en la espalda”.

María Cecilia Marchant Rubilar también declaró ante el magistrado y sus testimonio apuntó a Cheyre. “Todas las veces que me subieron al Regimiento estaba Cheyre presente, en la guardia, e incluso estuvo en los interrogatorios”, contó.

El curso del proceso

La detención, consecuencia directa del procesamiento del que fue objeto Cheyre, deberá ser revisada por la Corte de Apelaciones quien decidirá sobre la procedencia de su procesamiento y eventualmente sobre su libertad provisional, normas que corresponden al antiguo procedimiento penal, vigente para estos crímenes.

Políticamente la resolución pone en entre dicho la viabilidad política de quien hasta hace poco integrara el Servicio Electoral y se desempeñara como profesor en instituciones castrenses. Cheyre pertenece al esfuerzo laguista de dar vuelta la página y consolidar un aparato represivo legitimado democráticamente.

Las medias aguas políticas por las que navegó este General han perdido toda profundidad y ello lo tiene en estos momentos tras las rejas. Si llega a Punta Peuco o no -sería el primer Comandante en Jefe del Ejército en hacerlo- dependerá dela capacidad que tenga de plantear su prisión como un ajuste de cuentas del pinochetismo más duro. No resultaría extraño que personajes como Insulza, Burgos o el propio Lagos, salieran en su defensa sosteniendo su constituiciuonal presunción de inocencia.

La prisión de Cheyre debe ser saludada como un triunfo de la lucha democrática de los organismos defensores de los DDHH y un paso más en contra de la impunidad. El castigo a los genocidas -de los que Cheyre no es sino uno más- es parte de la lucha general de los trabajadores y consustancial a la liberación de los explotados. Que torturadores como Cheyre estén -y sigan tras las rejas- depende de la capacidad de movilización que quienes reivindicamos la lucha por los DDHH, logremos desplegar. Medidas de este tipo deben ayudar a superar las ilusiones en la corrupta institucionalidad patronal, afirmando la voluntad de lucha de los trabajadores.

Que Cheyre se pudra en la cárcel, junto a todos los genocidas.