Cine: «La Favorita», el erotismo de las pasiones políticas

por Cristián Garay

Esta producción, tan suntuosa como su escenografía, nos muestra la corte de la Reina Anna (Olivia Colman) y su relación con dos mujeres, Sarah Jennings (Rachel Weisz), la mujer de Malborough y su prima lejana, Abigail Masham (Emma Stone). Sobre esta base, donde la segunda favorita desplaza a la primera, una insegura Reina Anna Estuardo (1665 – 1714) es manipulada por el genio de Sara, antigua dama de honor de María de Módena, a la que le consiguió de marido en 1678 nada menos que a su campeón militar, el famoso Duque de Malborough, John Churchill (1650-1722) nuestro conocido de la canción “Mambrú (versión castellana de su título) se fue a la guerra y nunca más volvió”. Y tiene relación con España precisamente porque sus grandes éxitos fueron en la Guerra de Sucesión española (1701 – 1714).

En medio del desorden de las guerras, y de una interminable Guerra de Sucesión contra los franceses, y cuya realización somete a tensiones en los partidos británicos wight y tories. Sarah, interlocutora de dos reinas, era partidaria de la guerra, y de someter a Francia, en tanto, el líder de oposición, Robert Harley (Nicholas Hoult) –pariente de Abigail-, quiere terminar con ese conflicto que beneficia a los comerciantes y perjudica a los terratenientes. El matrimonio Malborough fue un dúo de temer en la política inglesa, apoyando la continuación de la guerra con los whigs, versus las simpatías que tenía Anna por los tories y su portavoz político Sidney Godolphin.

Por otro lado, Malborough (Mark Gattis), anglicano, sirvió al católico rey Jacobo II, luego aceptó la invasión de Guillermo de Orange, y terminó sirviendo a la antigua princesa Ana (hija de Jacobo) como reina ya casada con Jorge de Dinamarca, y que tuvo 19 hijos fallecidos. En ese marco, 1702, cuando fue elevado a Duque por sus victorias sobre los franceses y luego sobre los adversarios austriacos. Pero la guerra se prolongaba y tras algunas victorias muy costosas, en 1711 fue acusado de malversación de fondos y despojado de sus bienes y títulos, hasta su rehabilitación por el rey Jorge I en 1714, tras dos años de exilio. En este marco se centra la película donde se desarrollan las luchas de la corte, quizás menos disipada y tortuosa que la francesa, pero igual pasto de pasiones políticas que se encendían en la cama. La reina, incapaz de concebir hijos, se rodea de conejos por cada hijo malogrado, mientras su favorita Sarah se convierte en su amante y toma el cargo de Señora de los Trajes en la corte, hasta caer con su marido y ser reemplazada por Abigail.

Con algo del género de la picaresca, expresivo en Barry Lindon de Stanley Kubrick (1975), nos alterna el mundo de la nobleza con los empleados de baja categoría y el bajo pueblo, aunque este solo aflora como un sujeto pasivo, aunque capaz de hacer revueltas, cuyos ecos recoge el líder del Partido opositor. De todas maneras, en la película, el bajo pueblo es un coro cruel, ignorante y malvado, capaz de todas las humillaciones posibles entre sus pares como se narra con la sirvienta, y también con la favorita cuando es “rescatada” por el dueño de lupanar.

Mientras tanto, siguen las carreras de pato, el tiro al pato, y las veladas musicales. La reina conduce el país entre sus cambios de genio, los padecimientos de la gota, y sus frustraciones respecto de la maternidad. Sarah se enfrenta con Abigail, mientras el tratamiento de la enfermedad y el sexo entre ellas, como se postula en la película, va minando el poder de los wighs ante los tories. El uso de la intimidad para acceder al poder es un recurso también de sobrevivientes, como son estas mujeres. Con todo, este cuadro de mujeres no es halagüeño. Están tan presas de las tentaciones del poder, y son tan egoístas como cualquiera. A veces intuyen cierto bien, como que la paz es inconveniente sin una victoria, pero también se incluyen berrinches y conspiraciones que utilizan para aniquilar a las y los rivales sin compasión alguna.

En el largometraje, la sirvienta destrona a su prima, y logra su destierro por acusaciones de dineros. En suma, a pesar de que es una película sobre mujeres fuertes, y sobre cierta base histórica, no es un filme feminista. No hay una voluntad de un relato distinto, sino que están empoderadas como hombres, ansiosos de poder, capaces de cualquier abuso. A veces como un barniz se emplean las armas de la seducción y del teatro, pero en definitiva se deja constancia que en el Corte inglesa como en la vida, la ansiedad y las tentaciones acerca del poder son las mismas. Quizás, la única particularidad es que, habiendo un sistema parlamentario, hay una válvula de escape, que permitió entre otros elementos, la proyección de la monarquía británica hasta hoy.

La película tiene una fotografía extraordinaria, un vestuario diseñado por Sandy Powell, y una música maravillosa. El montaje está construido sobre viñetas, con títulos muy ingeniosos y dividida en partes tal como Mishima. Una vida en cuatro actos, de Paul Schrader (1985). Una joya de la ficción histórica, la cual levanta que por sobre mujeres y hombres se encuentra el poder como un demonio y también como una necesidad. Pura supervivencia en envase de lujo.

La favorita (The Favourite). Dirección: Yorgos Lanthimos. Guión: Deborah Davis y Tony McNamara. Fotografía: Robbie Ryan. Elenco: Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, Joe Alwyn, Mark Gatiss, James Smith, Jenny Rainsford, Tim Ingall, Basil Eidenbenz, Jack Veal, James Melville, Hannah Morley y John Locke. Estados Unidos, Irlanda y Reino Unido, 2018. 121 minutos


La actriz Emma Stone en “La favorita” (2018), de Yorgos Lanthimos

Tráiler: 

(Tomado de Cine y Literatura)