La catástrofe que amenaza a Venezuela (y la lucha por el socialismo)

por José J. Moro

El pueblo venezolano enfrenta, nuevamente, una situación crítica que colma de peligros su futuro y amenaza liquidar su propia existencia como fuerza social. El proyecto bolivariano es el principal responsable de la catástrofe humanitaria que se cierne sobre la clase trabajadora venezolana, pues ha hipotecado el proceso revolucionario con el único objeto de perpetuar los privilegios del capital, alimentando una casta de funcionarios y empresarios que, en nombre del “socialismo”, parasitan del sudor y sangre del pueblo.

El resultado objetivo de la estrategia chavista, es pues una extrema crisis social y económica, que sume al pueblo venezolano en niveles de miseria y pauperismo inauditos, de los cuales parece no haber escapatoria. Es cierto que esta situación es utilizada por la ladina burguesía venezolana para fortalecer su ofensiva contrarrevolucionaria. Pero no deja, por ello, de ser una amarga verdad. 

Por eso, el chavismo es también responsable de la inminente invasión imperialista que hoy conjuran, utilizando todos los medios a su alcance, tanto la oposición burguesa como los gobiernos latinoamericanos del Grupo de Lima, a cuya cabeza se encuentra, por cierto, el aparato imperialista norteamericano.

Ellos, los explotadores de antaño, reprochan a los boliexplotadores de hoy —y sus socios chinos y rusos—, la agudización de una crisis nacional que está, en realidad, ligada a la existencia del régimen de producción capitalista y el Estado burgués, que ellos no sólo quieren recomponer, sino además perpetuar. Pero, ya que el gobierno bolivariano es incapaz de cumplir sus promesas de liberación, les permite mostrarse como los verdaderos libertadores del pueblo venezolano.

La farsa del nacionalismo burgués amenaza convertirse en tragedia. La única víctima de esta dramática situación es y será la clase trabajadora, a menos que tome en sus propias manos el destino de la sociedad, desplegando su fuerza y poder revolucionario contra los explotadores “oficiales” y de “oposición”, “nacionales” y “extranjeros”. Por eso, la única defensa necesaria y urgente es la defensa de las condiciones de vida y dignidad del pueblo venezolano. 

El defensismo a que nos invitan los partidarios del chavismo es el reverso del defensismo burgués. Ambos llamar a los trabajadores a realizar los mayores sacrificios para mantener un orden social que los condena, no sólo a una explotación y opresión creciente, sino también a nuevas y más profundas catástrofes. En última instancia, el régimen bolivariano (y su pseudo-democracia), la oposición burguesa (y su pseudo-liberación), así como el imperialismo yanqui (y sus falsas garantías de libertad y desarrollo) se proponen, ciertamente por diferentes vías, un mismo objetivo estratégico: resolver la crisis del sistema de dominación capitalista por la vía de una intensificación de la miseria y sufrimiento del pueblo, por la vía de la política del capital. 

Ninguna de estas tres fuerzas ofrece un futuro de dignidad al pueblo venezolano. Ninguna de estas fuerzas quiere acabar con la dramática situación de los trabajadores. No quieren acabar con el hambre. No quieren que cese la muerte, la prostitución infantil, la violencia patriarcal, la superexplotación, la carestía, y otras innumerables plagas que azotan a las y los trabajadores venezolanos. No quieren, y no pueden. No pueden ofrecer a los trabajadores el bienestar que merecen, la riqueza que les pertenece, el poder que les corresponde. Sólo barbarie, miseria y opresión. Sólo muerte y devastación.

Por eso, el problema político reside en la defensa de las organizaciones de la clase obrera y el pueblo, y no en el cuidado de una institucionalidad —todo lo democrática que se quiera, pero burguesa hasta la médula— que los encadena e impide emanciparse del terror capitalista. La catástrofe que amenaza al proletariado venezolano sólo puede evitarse redoblando la lucha por el socialismo, es decir, por el pan, la tierra y la libertad, por la vida, dignidad y bienestar de las y los trabajadores.

La lucha por el socialismo —único antídoto contra la barbarie— no está muerta en Venezuela, pese a los intentos del chavismo, la oposición y el imperialismo por confundir a los trabajadores. La paradoja que enfrenta el pueblo venezolano no consiste en la disyuntiva democracia-dictadura, o entre autodeterminación y colonialismo, que son en realidad problemas tácticos; sino entre la dictadura de los explotadores, (que estas tres fuerzas se proponen perpetuar) y la dictadura de los explotados (único camino que asegura la emancipación real de los trabajadores). 

La política que se deriva de este punto de vista de clase, el único que pone al centro los intereses del pueblo, asegura una acción política independiente de los trabajadores y permite la emergencia de un poder revolucionario, habla así a los trabajadores: 

“La intervención imperialista es devastadora para nuestro pueblo. La combatiremos, apoyando nuestros fusiles en el hombro de Maduro, para liquidar la amenaza imperialista y el peligro fascista. Evitaremos así la muerte inmediata de nuestras organizaciones y aseguraremos la sobrevida de nuestro pueblo. Pero, no por ello, eliminada la amenaza dejará de ser devastadora la continuidad del gobierno chavista. No nos extermina directamente, pero sí nos condena a una lenta agonía. No acabará con el hambre, la miseria y la opresión de nuestro pueblo; sino que hará nuestra vida cada día más insoportable, cada vez más dolorosa. Por eso, mientras luchamos contra el imperialismo y el fascismo, no dejaremos de decirle, con claridad y franqueza, que ese mismo fusil que apoyamos en sus hombros, pasada la borrasca, será puesta en la sien de los actuales explotadores de nuestro pueblo. Tendrán, por cierto, la libertad de escoger su bando: o se sitúan por fin del lado del poder revolucionario, del verdadero socialismo, o se condenan a caer, llevándose sus ilusiones y engaños nacionalistas, al basurero de la historia”

El problema fundamental de toda crisis social, económica y política, como la que se desarrolla actualmente en Venezuela, es el problema del poder. El proletariado es débil todavía, es cierto. Sus enemigos son poderosos. Sus falsos amigos, numerosos. Pero, a diferencia de todos ellos, tiene a favor la fuerza de la historia y el poder del socialismo, para tumbar, uno a uno, todos los obstáculos y peligros que amenazan con aplastar a la clase obrera. El pueblo venezolano encontrará una salida a esta crisis, multiplicando su resistencia, incrementando su organización, volcando toda esta inmensa fuerza contra los explotadores, construyendo su propio poder revolucionario; y diciendo, al fin, con su cantor:

“muchacho pásame los fósforos

que esa madera va a arder,

ese fuego alumbrará el camino

pa’ donde habrá que coger

pa’ donde va a hacer

cantar y cantar

hasta que la vida

se vuelva un cantar

y nuestro combate

una sola canción”