Argentina: 100 años de la Semana Trágica

La Semana Trágica comenzó el 7 de enero de 1919. Hacía un mes que los obreros de los Talleres Metalúrgicos Pedro Vasena se encontraban en huelga. Con 2500 trabajadores, era una de las empresas más grandes del país, controlada mayoritariamente por capital británico.

¿Qué reclamaban? Reducción de la jornada de trabajo de 11 a 8 horas, aumentos escalonados de jornales, la vigencia del descanso dominical y la reposición de los delegados obreros despedidos por la empresa al comienzo del conflicto.

El 7 de enero circulaban hacia los depósitos de la empresa varias chatas en busca de materias primas para la planta industrializadora. Las chatas conducidas por rompehuelgas eran acompañadas por la policía. Al acercarse, un grupo de huelguistas, acompañados por mujeres y niños intentaron detenerlos pacíficamente. Como no se detuvieron, comenzaron a tirarles piedras y maderas. La respuesta de los policías fue disparar sus fusiles. El saldo es de 4 obreros muertos y gran cantidad de heridos, algunos de ellos fallecieron días después. 

La Sociedad de Resistencia Metalúrgica lanza la huelga general del gremio. Los marítimos que estaban en huelga se solidarizan. Estos hechos fueron el detonante que desataría las fuerzas revolucionarias de la clase obrera. Dio lugar a la huelga general más importante hasta esa fecha, que superó los marcos tradicionales de la acción reivindicativa y que dio lugar a violentos enfrentamientos entre los obreros y las fuerzas represivas. Pese a la división del movimiento obrero, en dos centrales sindicales, casi simultáneamente lanzaron el llamado a la huelga general para el 9 de Enero, cuando se realizaría el sepelio de las víctimas. 

El cortejo fúnebre que se dirigía a la Chacarita reunió a decenas de miles de personas a cuya cabeza se encontraba un grupo de 100 obreros de autodefensa armados con revólveres y carabinas. Cuando llegó el cortejo al Cementerio se produjo la gran masacre. Mientras hablaba un delegado sindical, la policía y los bomberos armados, atrincherados en los murallones, balearon impunemente a la multitud. Algunos medios registraron 50 muertos en el ataque y cientos de heridos. La represión desató la bronca y la combatividad de los trabajadores. Al enterarse de la represión, los obreros que mantenían sitiada la empresa Vasena comenzaron a disparar sobre los que estaban en la empresa, siendo repelidos por la policía oculta que disparó con máuseres y ametralladora. Los obreros resistieron el ataque hasta que el Gobierno envió al ejército, que logró desalojarlos.

Como vemos, el Gobierno radical de Yrigoyen respondió a sangre y fuego. Yrigoyen se reunió con los dueños de los talleres tomados (los Vasena van acompañados del embajador inglés) y logra que acepten a regañadientes las “desmedidas” exigencias de sus empleados (reducción de la jornada laboral de once a ocho horas y un franco semanal). En las calles hay veinte mil efectivos del ejército, además de las fuerzas de policía y bomberos. 

Ametralladoras dispuestas por Yrigoyen para proteger la fábrica Vasena contra los huelguistas

La burguesía teme: no confía en el ejército ni en la policía, sus efectivos pertenecen a la misma clase social que tienen que reprimir.

El 11 de enero el ministro del interior Luis Dellepiane, asegura que la ciudad está pacificada. La Federación Obrera ha aceptado levantar la huelga. Pero en el Centro Naval, en una reunión convocada de urgencia, presidida por el contraalmirante Domecq García, a la que asisten representantes del obispado, del Jockey Club, del Círculo de Armas, el Club del Progreso, las Damas Patricias, el Yacht Club y el Círculo Militar, se decide conformar la autodenominada Guardia Cívica, que entrega armas a voluntarios “confiables”, que habrán de garantizar que los sectores acomodados de la ciudad estén defendidos día y noche de los vándalos. 

Uno de ellos grita: “¡Y si los agitadores no vienen por nosotros, vayamos por ellos!”. “¡Sí!”, contestan otros. Primero se trata de salir a buscar a cualquier inmigrante: catalán, italiano, eslavo, son todos bolcheviques. Y salen a cazar judíos. En los cuatro días siguientes habrá más de setecientos muertos en las calles (algunos dicen mil trescientos). 

“Se los obligaba a golpes a cantar el Himno Nacional, y a quienes no lo sabían se les orinaba en la boca”. Poco después escribirá que nunca se practicaron tantos abortos en el Once y Villa Crespo como en los tres meses siguientes a la Semana Trágica, por las innumerables víctimas que hubo de violación. 

El embajador de Francia, en un despacho privado a su gobierno, comenta que un civil se ha ufanado delante de él de haber matado en un solo día cuarenta judíos. El embajador norteamericano contacta al comisario Romariz para chequear si es cierta la cifra de 1300 muertes; el comisario contesta que es una exageración pero que igual es imposible de precisar, porque los muertos eran incinerados a medida que llegaban a los lugares de concentración, sin controlar su número.

El 15 de enero el Poder Ejecutivo dio orden de empezar a liberar los innumerables detenidos que abarrotaban las comisarías: a más de la mitad se les aplicó la Ley de Residencia y fueron expulsados del país. 

Ese mismo día tienen lugar dos reuniones en Buenos Aires. Una, a instancias del Episcopado y bajo el lema “Por la paz social”, se convoca a una gran colecta nacional para “un plan de obras, ateneos, servicios sociales e institutos de enseñanza para la clase obrera” (para que la clase obrera aprenda a entender su lugar en la sociedad). La otra en el Centro Naval, con las mismas fuerzas vivas que se habían reunido cuatro días antes, quienes evalúan tan positivamente “el heroico comportamiento” de las guardias cívicas de Domecq García, que deciden constituir formalmente la Liga Patriótica.

Un antecedente de lo que fuera en los 70 la “Triple A”, conformada bajo el gobierno del Gral. Perón. 

Osvaldo Bayer se encargó también de recordar cada año esta masacre y quiénes fueron los responsables: el gobierno radical, la jerarquía de la Iglesia, la oligarquía y los mandos militares. Otra de las masacres contra la clase obrera que tuvo como protagonista a un gobierno de la democracia burguesa, de uno de los mayores partidos del nacionalismo burgués. Por eso el cuidadoso trabajo de ocultamiento hasta nuestros días.

Habrá justicia cuando hayamos hecho realidad la revolución social que tanto temían, vengando definitivamente tanta sangre obrera derramada.

(Tomado de la página de Facebook del Partido Obrero Revolucionario, Argentina)