La estrategia revolucionaria en Chile

por José J. Moro

La reproducción ampliada de la formación social chilena sobre bases específicamente capitalistas constituye el rasgo fundamental del actual periodo histórico; reproducción cuya dinámica genera una acumulación desigual de contradicciones económicas, políticas e ideológicas, y la simplificación del antagonismo de clases en el enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado. Este es el punto de partida de la estrategia de poder del proletariado revolucionario en Chile.

La cuestión estratégica fundamental en las formaciones sociales capitalistas dependientes, donde no concluye aún la transición a un modo de producción específicamente capitalista, es decir, en donde no se han extendido y generalizado las relaciones de explotación capitalistas, consiste en la conformación de una alianza social revolucionaria que, teniendo al proletariado como fuerza motriz hegemónica, permita la articulación y unificación de todas las masas explotadas y oprimidas no-proletarias bajo su conducción revolucionaria. La imbricación de relaciones sociales de producción heterogéneas bajo el predominio del modo de producción capitalista, que caracteriza el desarrollo social en tales formaciones, hace del proletariado una fuerza relativamente minoritaria, aunque motriz, en el curso del proceso revolucionario. En tales casos, evidentemente, el proletariado no renuncia a la revolución social y política contra el capital, pero se ve obligado a construir un bloque de clases que le asegure la correlación de fuerzas necesaria para derrocar a la burguesía, combinando tareas democráticas y comunistas en clave de revolución permanente. La acumulación de fuerza social revolucionaria, entonces, consiste en la cristalización de una alianza social con el proletariado revolucionario como fuerza dirigente.

Sin embargo, el eje de la construcción estratégica sufre una modificación radical cuando se afianza el modo de producción capitalista en la formación económica de la sociedad. La subsunción real del trabajo al capital conlleva la tendencia a la desaparición de las clases explotadas no proletarias, asentadas en relaciones de producción precapitalistas o premercantiles. Asimismo, el desarrollo intensivo y extensivo de la acumulación de capital, menoscaba el peso relativo de las masas oprimidas cuya existencia depende de la pequeña producción mercantil. En Chile, durante las últimas cuatro décadas, tanto el semiproletariado como el campesinado pobre han pasado a engrosar las filas del proletariado urbano y rural. La reforma agraria, junto con culminar la transición capitalista, ha destruido la base material de la estrategia obrero-campesina. La relación dominante y principal en el campo chileno se da ahora entre la burguesía agraria y el proletariado agrícola. La forma de producción capitalista, centrada en la extracción de plusvalía y recubierta por la forma salarial, domina el agro chileno. Junto a la apertura definitiva de un mercado de tierras y la conformación de un campesinado en posesión de parcelas productivas individuales, se ha desarrollado una agricultura de exportación integrada al mercado mundial. Consecuentemente, la distribución anacrónica -y actualmente reaccionaria- de la tierra, es decir, la eternización de la propiedad privada, no se corresponde con el programa del proletariado. La tarea revolucionaria consiste en convertir la agro-industria capitalista en propiedad social y sumar al resto de pequeños campesinos, a la pequeña burguesía propietaria rural empobrecida, a la lucha encabezada por el proletariado, incorporándolos posteriormente a la construcción del comunismo, no por la vía coercitiva sino demostrando las ventajas prácticas, materiales, de la producción colectiva.

El proletariado se alza, entonces, ya no sólo como la fuerza motriz, sino también como la fuerza principal (mayoritaria) del proceso revolucionario. Por ende, el eje de la construcción estratégica lo constituye la organización y dirección de la fuerza social revolucionaria del proletariado.

Sin embargo, la generalización de las relaciones de explotación y la reproducción ampliada de la formación social chilena sobre bases específicamente capitalistas, tiene consecuencias importantes en la fisonomía y composición de la clase obrera. El aumento ininterrumpido de la composición orgánica del capital, conforme se desarrolla la acumulación capitalista, conduce al descenso progresivo de la demanda de fuerza de trabajo y a la formación de una población obrera excesiva para las necesidades de valorización del capital. El ejército de reserva industrial, se convierte en palanca de la acumulación de capital durante cada crisis de superproducción y, por lo tanto, en condición de existencia del modo de producción capitalista. La intensificación de la explotación en la parte ocupada de la clase obrera engruesa las filas de los obreros semiocupados o desocupados, condenando a una parte de la clase obrera al ocio forzoso mediante el exceso de trabajo impuesto a la otra parte; a su vez, la competencia del ejército industrial de reserva presiona al ejército activo de la clase obrera al trabajo intensivo y a someterse a los dictados del capital, durante cada fase del ciclo industrial y cada crisis de sobreproducción. De esta forma, los movimientos generales del salario, en las formaciones capitalistas, están regulados principalmente por la expansión y contracción del ejército industrial de reserva.

En consecuencia, en el actual periodo histórico, la tarea fundamental de la construcción estratégica consiste en la conformación de un bloque obrero revolucionario, es decir, la unificación de las distintas capas del proletariado y el subproletariado (ejército industrial de reserva), por la vanguardia social y política de la clase obrera, en torno a la estrategia de la revolución proletaria y comunista. En el papel y la actividad de la vanguardia obrera reside la clave del triunfo revolucionario. Por un lado, son estos, los sectores más cohesionados, organizados y conscientes del proletariado quienes deben impulsar la unidad y coordinación de las diversas capas de los explotados en cada enfrentamiento táctico, impulsando la construcción de organizaciones para la lucha económica y política contra la burguesía y la centralización máxima de las fuerzas en combate; así como también, durante la fase estratégica de agudización de la lucha de clases y apertura de una situación revolucionaria, su función será cohesionar las fuerzas de la clase obrera en torno a los incipientes organismos de poder, impulsar el desarrollo de formas superiores de lucha política y la organización de la insurrección proletaria, como expresión superior del combate del proletariado por la conquista del poder político y la dictadura proletaria.

Sin embargo, tales tareas no pueden desarrollarse sin la previa conformación de la vanguardia política del proletariado, organizada en partido revolucionario. La acumulación de fuerza social revolucionaria, implica tanto el desarrollo creciente de los niveles de lucha, consciencia y organización de la clase obrera como la más férrea y permanente defensa de la independencia de clase del proletariado frente a la política e ideología de la burguesía y la pequeña-burguesía. De igual modo, el papel de la vanguardia social y política del proletariado es mantener en alto las banderas del internacionalismo proletario frente a todas las variantes de divisionismo nacionalista, impulsando la solidaridad y acción conjunta con el proletariado mundial.

La política del proletariado respecto a las fuerzas auxiliares del proceso revolucionario, a los sectores empobrecidos de la pequeña-burguesía propietaria urbana y rural —quienes siendo propietarios de medios de producción no explotan fuerza de trabajo— y a los sectores pauperizados de la pequeña-burguesía asalariada, queda comprendida en el terreno táctico y subordinada al reconocimiento del carácter motriz y principal del proletariado. Sin embargo, la tendencia fundamental del actual periodo histórico es el declive de la pequeña-burguesía propietaria, y principalmente, el surgimiento de conjuntos asalariados de transición en vías de proletarización, conforme avanza y se profundiza la subordinación del trabajo al capital en diversas ramas de la producción. Estos sectores son más proclives a una alianza táctica con el proletariado y, en consecuencia, la vanguardia social y política proletaria impulsa la conformación del bloque obrero revolucionario, apoyándose tácticamente en tales fuerzas auxiliares.

Planteamos la resolución del problema nacional mapuche no reivindicando su unidad como «nación» en abstracto con el fin de crear su propio Estado burgués mapuche —lo que significaría fomentar la conciliación política entre obreros, pequeños propietarios rurales y franjas mapuche burguesas—, sino llamando a unificar, en perspectiva comunista, la lucha de los obreros y campesinos pobres mapuche junto a la del resto de la clase obrera que vive en Chile.