Para acabar con la cesantía y el subempleo: ¡organización y lucha obrera!

por José J. Moro

Mientras braman contra la falta de «clima» para las inversiones y se culpan unos a otros del estancamiento de la economía, la clase burguesa descarga sobre los trabajadores el látigo del desempleo. Durante 2018 la cesantía se mantuvo sobre el 7%, cifra que no experimenta variaciones desde hace más de dos años.

El estancamiento de la economía chilena es un hecho irrefutable. Los distintos sectores de la economía detienen su crecimiento a los niveles más bajos desde mediados de la década de los 80′. Sólo las crisis de 1982, 1998 y 2008 presentan peores resultados. El capitalismo chileno duerme sobre un barril de pólvora.

Como consecuencia, los salarios van ya disminuyendo, se precarizan las condiciones de trabajo y empeora el nivel de vida del conjunto de los trabajadores. Todo para «recuperar el clima de inversión» y asegurar mayores ganancias a los capitalistas.

¿Cómo detener la ofensiva de los patrones e impedir que la «recuperación» de la economía se haga a costa del pellejo de los trabajadores?

La principal arma que tenemos para resistir la ofensiva patronal es la organización. Para la defensa de nuestros propios intereses económicos y político, nos agrupamos en sindicatos. El problema es que no todos los trabajadores podemos organizarnos «legalmente» en ellos. De hecho, más de 3.000.000 de trabajadores se encuentran fuera de la «protección» del Código Laboral.

Se trata de un amplio sector de la clase obrera que no cuenta con cotizaciones previsionales ni de salud, seguro de censantía o los más básicos derechos laborales. No es extraño, entonces, que sus sueldos promedien entre 1 y 2 Salarios Mínimos.

En los últimos 8 años se ha duplicado el número de trabajadores subcontratados, sumando más de 870.000. Cerca de 300.000 no cuenta con ningún tipo de contrato laboral. Más de un millón de trabajadores se desempeñan como «falsos independientes», encubriendo la relación de explotación con toda clase de «boletas». Así mismo, un enorme grupo de trabajadores —otro millón de personas— se desempeña como «cuentapropista» y viven del trabajo informal.

La clase obrera chilena es una fuerza de más de 8.000.000 de personas, sin contar al resto de sus familiares inactivos. Sólo la mitad de ellos puede «negociar» con los patrones bajo las normas del Código Laboral. Otros 600.000 se encuentran sin empleo y el resto, más de 3.000.000 se encuentran, en realidad, subempleados y viven al vaivén de los ciclo económico del capital.

Ahora los patrones dicen que no se puede «sostener» a más trabajadores y vienen tiempos de apretarse el cinturón, mientras la clase obrera es superexplotada y tiene ese cinturón en el cuello.

¿Qué otro camino tenemos más que la organización y la lucha por nuestros propios intereses? ¿Qué otra vía para defender nuestras condiciones de vida y trabajo que resistir la violencia y explotación del capitalista? ¿Qué otro camino para asegurar nuestro bienestar como trabajadores que expropiar a los dueños del poder y la riqueza?

Los trabajadores no tenemos porqué esperar «buen clima» para combatir el calvario de la censantía y el subempleo.

Desde nuestros lugares de trabajo debemos resistir, levantando sindicatos bajo las condiciones que la situación nos exija. Legales o ilegales, de pocos o de muchos, es el momento de organizarse en cada empresa y convertirlas en fortalezas del poder obrero.

Es tiempo de tomar la iniciativa en todos los frentes, de masificar la resistencia sindical y preparar la contraofesiva política de la clase obrera. 

La situación económica no mejorará en el corto plazo, pese a las mentiras del gobierno de Piñera, y si los trabajadores no luchamos contra el desempleo, el subempleo y la explotación, sufriremos las consecuencias de la crisis capitalista. El único camino es organizarse y luchar.