El bolsonarismo como terrorismo político

por Ibán de Remerntería

“En la hora de los balances de fin del año 2018 no se puede ser optimista. Donald Trump y Estados Unidos tienen al mundo más cerca de una nueva guerra fría; el cuidado del medio ambiente ha ganado conciencias pero no reales acciones; la economía es llevada por los capitales financieros al borde del precipicio; aumenta la desesperación de los pueblos desheredados y expoliados; la socialdemocracia neoliberal está en retirada y su lugar lo ocupan los políticos de extrema derecha, neoconservadores o neofascista; la alternativa al capitalismo actual no se perfila; la única esperanza, por ahora, son los movimientos de base, ciudadanos, mujeres, migrantes, estudiantes y otros, que no abandonan sus luchas”.  

Este editorial de la revista semanal electrónica Primera Piedra, del 31 diciembre 2018, bien sitúa el momentumpolítico en el cual nos encontramos. El momentumes el instante de máxima tensión de una organización o artefacto inmediatamente anterior a un cambio de estado, por ejemplo, la máxima potencia del motor de un avión antes de despegar.  La marca simbólica de este momento es la asunción de la Presidencia de República de Brasil por Bolsonaro precisamente el 1 de enero del 2019.

En lo político la tendencia planetaria y nacional es a la polarización, esta no es una mera polarización ideológica entre izquierdas y derechas referida a temas valóricos, la polarización que está sobreviniendo es crecientemente una polarización entre el neoliberalismo, como doctrina y práctica económica, social, cultural y política para garantizar la reproducción ampliada del capital, que está siendo resistida y confrontada crecientemente por el movimiento social y la sociedad civil, lo que se inicia en los 90 con los antisistemas como los Occupy Wall Streeten Manhattan, Nueva York,pasando porlos movimientos indígenas como el Ejercito Zandinista de Liberación Nacional (EZLN) en México, la fuerza del Movimiento Ocupa en las plazas españolas que dio origen a Podemos y culminando ahora con las chalecos amarillos de Francia y Europa.

Las migraciones masivas de Africa y Asia hacia Europa, de América Latina a Estados Unidos son la expresión dramática de la resistencia y adecuación a la globalización, mayoritariamente esos migrantes no son los pobres de los países subordinados sino que sus clases medias que cuentan con las habilidades y recursos para hacerlo –por eso aquí los haitianos tienen un promedio de escolaridad mayor que los nacionales. Migraciones que resuelven en los países receptores tanto el problema de  la escasez de la fuerza de trabajo como la financiación de la seguridad social dado el envejecimiento de sus poblaciones locales. Las ambigüedades ideológicas y  políticas sobre este asunto, particularmente el racismo y la xenofobia, son el principal instrumento de control cultural sobre una fuerza de trabajo que se necesita pero se teme, de igual manera como el patriarcado somete a la mujer para controlar su exclusivo poder  reproductivo de la fuerza de trabajo que portan los seres humanos, el orden autoritario se hace necesario para defenderse de lo externo, de “los invasores”. Por esto la derecha se hace cada vez más machista, racista, xenófoba y autoritaria. 

El triunfo de Jair Bolsonaro es una manifestación de esa polarización política, pero, a la vez es la mejor expresión del fracaso de  la social democracia para resolverlas demandas de las mayorías nacionales en la época del neoliberalismo y la globalización que ella misma prohijó desde la década de los setenta.     

El bolsonarismo, como bien lo dice la prensa brasilera, marca su impronta con el discurso de posesión de Bolsonaro, ese no es una propuesta de gobierno es la continuación de la campaña electoral, anticomunista en lo político, conservador en lo cultural y religioso en lo social, entonces las luchas políticas deberán centrarse en defender los derechos ciudadanos y políticos, que so pretexto de la lucha contra la delincuencia, el narcotráfico y la corrupción serán cercenados, obligando en consecuencia al movimiento social feminista, por los derechos sexuales y de género, juveniles, medioambientales, étnicos, por los derechos de los trabajadores o de los consumidores, etc. a centrarse en la defensa de los logros conseguidos que están siendo limitados, constreñidos o simplemente suprimidos, limitando así su capacidad de organización, convocatoria y movilización por sustanciales cambios políticos, económicos, sociales y culturales que el derrumbe neoliberal está demandando.

En la propuesta de Bolsonaro al igual que en el modelo de la Dictadura de Pinochet no se trata de transformar nada sino de sostener los negocios que hay, el modelo de reproducción ampliada y acumulación del capital, restringiendo todos los derechos de los trabajadores y de los consumidores, ampliarlo sus negocios a otras esferas mediante las privatizaciones y, además, obligando a la población a endeudarse para financiar por su cuenta  sus derechos sociales a la salud, educación y seguridad social, la universalización las tarjetas de crédito para consumo ponen a la gran mayoría de la población a trabajar directamente para el capital financiero.

El fantasma del bolsonarismo, en marcado en una supuesta fascistización universal de la política debido al fracaso global de la social democracia neoliberal, surge como la alternativa de centro izquierda para derrotar al fascismo ascendente. Este es un uso terrorista del fantasma del bolsonarismo que no tienen tanto por finalidad derrotarlo sino que sub ordinar, una vez más, al movimiento social y a las organizaciones políticas emergentes a la conducción social demócrata neoliberal. El miedo al bolsonarismo es una maniobra de distracción a la construcción socialmente demandada de una alternativa de poder que al menos se proponga la provisión universal, gratuita y de calidad de los derechos a la salud la educación y la seguridad social que se financie con la recuperación por el Estado de las rentas y utilidades provenientes de los recursos naturales, las obras públicas y los servicios públicos.

Es altamente probable de las vicisitudes estrambóticas del Gobierno de Bolsonaro imposibilitado de realizar sus propuestas machistas, racistas, xenófobas y autoritarias de control político y social termine por acuñar al “bolsonarismo” como sinónimo de chapucería y fracaso político. Será como la estruendosa caída del macronismo pero más “sudaca”. 

Que estamos en una etapa crítica de la globalización neoliberal –no me atrevo a decir final por razones obvias-, en un momentum  crítico del capitalismo financiero para proteger su acumulación, es el rol que estaría jugando el cobre, como nuestra materia prima fundamental,  en la protección del capital financiero especulativo, la información que nos aporta Manuel Riesco sobre esto dice así: “Lo que es impresionante es que el “superciclo” de materias primas no lo determina la demanda para producción, que evidentemente es menos dinámica durante las crisis seculares de economías desarrolladas que son de lejos sus principales consumidores directos o indirectos, sino la demanda para especulación”[1].

Ya no son el oro o las obras de arte los bienes de protección del capital financiero, sino que nuestro humilde cobre, de la misma manera que el gran negocio del capital financiero ya no es prestar para hacer negocios, sino que prestarle a millones de familias para comprar cotidianamente alimentos al crédito. 

el autor milita en el Núcleo Valparaíso Socialista, PS


[1]Riesco, Manuel. Interferencia Destructiva. Primera Piedra 811 Análisis Semanal, del 31 de Diciembre de 2018.