Carta abierta a chilenos y mapuche

por Francisco Franzano

Para mi amiga y amigo chileno.

Me apena Chile, esta tierra donde me tocó nacer, ya no sólo por todos los hechos horribles que han acontecido en los últimos días y la brutal desigualdad que destroza a nuestra sociedad, sino por la impactante desconexión de muchas personas con la realidad.

He leído como un “argumento válido” la propuesta de que el Comando Jungla vaya a las poblaciones a combatir a los narcos, ¡ES LA IDEA MÁS ESTÚPIDA QUE PUEDE EXISTIR!, el nivel de represión que viven hoy las comunidades es asqueroso, Carabineros juega a la guerra entre las canchas de tierra que tienen niñas y niños en sus escuelas rurales mientras le sobrevuelan helicópteros y golpean a sus madres, padres, abuelas y abuelos, ¿se imaginan ver eso en poblaciones como la Pablo Neruda en Valdivia por ejemplo? aparte de la violencia que ejerce el narco junto a los carabineros “comunes”, más encima queremos condenar a las familias a vivir en un clima de guerra entre el narcotráfico y el Comando Jungla? Pensemos un poco antes de lanzar consignas al aire sin sentido, el Comando Jungla se debe terminar, dar de baja a todos esos funcionarios y dejar a las comunidades en paz de una buena vez. La propuesta de que ese mismo comando combata a los narcos ni siquiera empatiza con el dolor que sufre a diario el pueblo mapuche ni mucho menos con la violencia que se sufre en las poblaciones a manos de la droga como la pasta base o la cocaína, esa droga que tiene a la niñez en vilo entre la muerte o la cárcel, esa droga que literalmente destruye familias y la confianza entre las personas, esa droga que muchos/as “activistas” terminan jalando en sus fiestas para poder estar más prendid-s y poder pasarlo “mejor” (espero que no haya ninguno de esos por aquí).

La lucha que está dando el pueblo mapuche es la misma que vienen dando desde mucho antes que se invente esto llamado Chile, y como chilenas y chilenos hijos de esta “democracia” jamás de los jamases llegaremos a comprender siquiera en una milésima parte lo que es nacer y crecer en un ambiente de violencia absoluta, porque nos arrebataron la memoria, no somos la generación que nació sin miedo como nos gusta siempre jactarnos de decirlo, somos la generación que nació naturalizando que militares torturadores y asesinos ocupen cargos de elección democrática, cómo Labbé (ex alcalde de Providencia constantemente reelegido) asesino de Tejas Verdes, Villa Grimaldi y torturador en Futrono y Panguipulli, o Rosauro Martínez diputado(desaforado) por Chillán que torturó trabajadores de la CTC y que asesinó gente a machetazos en Neltume, sólo nombraré estos porque son los primeros que se me vienen a la cabeza, pero lamentablemente somos un país desmemoriado, en proceso de formación, dónde nuestra historia se manipula a tal punto que somos capaces de naturalizar la muerte e incluso celebrarla. Es culpa nuestra y sólo nuestra que en esta época aparezcan jóvenes que avalen la dictadura, que usen poleras aludiendo a la desaparición de personas en helicópteros, es culpa nuestra como chilenos no fijar la mirada en aquella madre que se está muriendo sin saber el paradero de los hijos que la dictadura le arrebató y que nunca le dio la posibilidad de despedir porque hasta hoy, hay gente que sabe del paradero de ellos y ellas, pero somos tan indolentes y fáciles de manipular que más encima a esa gente que les torturó, asesinó y desapareció les regalamos votos para que nos representen y administren este país. No sería extraño que en un futuro próximo ese paco del Comando Jungla que participó del rescate de los 33 mineros y del asesinato de Camilo Catrillanca en unos años más se esté postulando a un cargo público…

Chilena y chileno, ni tu ni yo sabemos lo que es vivir en el campo rodeado de tanquetas y dónde la policía que supuestamente debiese cuidarnos nos asedia y hostiga a diario desde nuestra temprana infancia hasta la vejez, dónde si no son los pacos los que golpean mapuche, somos nosotr-s mism-s como sociedad chilena que les golpeamos cada vez que les discriminamos por su color de piel o por sus apellidos o por tener el descaro de resistir a esta chilenidad de la que tristemente estamos orgullosos y que nos impusieron mediante balas, la discriminación y el racismo.

En mi caso, nunca recibí discriminación por mi color de piel, menos por mis apellidos y mucho menos por mis costumbres, pero sí por haber nacido huacho en un país dónde al igual que muchos y muchas que pudiesen estar leyendo esto, nací con la categoría maldita de “hijo ilegítimo” al igual que mi abuelo que también sufrió la categorización de huacho y que a pesar de su condición de huinca fue acogido junto a su madre por una comunidad mapuche por allá por Traiguén, zona altamente abatida por las balas, los balines, los perdigones, las tanquetas y los helicópteros, allí aprendió mapuzungun, esa lengua que muchas y muchos mapuche hoy no saben hablar porque se les prohibió en las escuelas y sus familias no querían que la hablen por miedo a golpes y rechazo social, esa lengua mi abuelo la hablaba, era zungufe y sin nunca haberle conocido sé que transmitió mucho de lo que aprendió allí a mi madre que me crió siempre con el cuidado de poder respetar siempre a ese niño o niña que todos molestaban por el hecho de “ser indio”, ese respeto que muchas de ustedes chilenas y chilenos no tiene, porque les gusta tomarse fotos junto a una ñaña con su vestimenta tradicional, o ponerse los ponchos y trarilongko en la cabeza mientras andan de vacaciones, jugando a ser ellos, siempre como un juego, porque a ti no te molesta el mapuche que te invita a su ruka deja que juegues con sus vestimentas y te de comida, te molesta el mapuche que es capaz de cuestionar tu propia chilenidad y en tu cara te dice que tú también eres culpable de esto. Me duele que ataquen esas tierras porque sin conocerlas de alguna manera hoy lo que soy y lo que seré es gracias a lo que su hermosa gente fue capaz de entregarle a mis antiguos.

Me apena esta juventud de la que formo parte, me aterroriza la indolencia y la indiferencia frente a todo lo que constantemente ocurre, me atemorizo cada vez que conozco a un orgulloso descendiente de colonos justificando las muertes y la represión por el sencillo pretexto de que las tierras dónde él vive, el las “TRABAJA” sin “pedirla nada a nadie” a diferencia del mapuche que es flojo, borracho y que es capaz de cambiar sus tierras por vino, siendo ese su principal argumento para defender lo indefendible, la muerte, la tortura y el hostigamiento policial (para qué  hablar de la usurpación territorial, eso ni se nombra entre esa gentuza). Valdivia está repleto de esos personajes, unos más pobres que otros pero por el simple hecho de tener un apellido alemanoide se sienten con la autoridad de destrozar a cualquiera que se atreva a tener la piel más oscura o que posea un apellido que no provenga de su alcurnia, no vale la pena educarlos, no tienen remedio.

Me da terror y al mismo tiempo rabia ver tanta energía canalizada sólo en períodos de elecciones tanto de federaciones de estudiantes como parlamentarias o presidenciales dónde las y los militantes lo dejan todo en las calles y los campos de este territorio sólo en los meses que duran las campañas, pero que no son capaces de acudir aunque sea por unos minutos a concentraciones o marchas a favor del pueblo mapuche…

Quizás fue una pésima idea que el pueblo mapuche ingrese a las universidades porque invaden esos hermosos campus de una rabia tremenda que nadie más comprende, e inundan de violencia los espacios dónde siempre hubo dialogo y respeto (solamente entre los dueños de Chile y porque no decirlo, del mundo), cuestionan constantemente nuestra débil chilenidad e intentan que podamos aunque sea por un minuto comprender su dolor, pero no, las y los estudiantes poco a poco nos vamos introduciendo en una burbuja llena de sinsentidos banales y egoístas que espero que pueda estallar en este preciso instante con la misma violencia con la que estallan las armas del Comando Jungla, que estalle de una vez esta burbuja que nos encierra en la indiferencia, la discriminación y el olvido de nuestras raíces..

Tú y yo, chilena y chileno jamás sabremos que es lo que se siente haber nacido con la categoría de “indio” en un Chile completamente abusivo y violento, pero podemos empezar a realizar un sano ejercicio de empatizar (por lo menos un poco, vamos, no cuesta tanto) con el dolor que vive este pueblo tantas veces golpeado.

Si no somos ni siquiera capaces de acompañar a nuestros peñis y lamgnenes en este amargo luto por Camilo Catrillanca, de verdad no deberíamos seguir jugando al activismo político, mejor quedémonos en la comodidad de nuestros hogares acostados disfrutando del sonido de la lluvia mientras nos enteramos de todo lo que pasa en el Chile que nos inventa El Mercurio.