Luchar, fracasar, volver a luchar, fracasar de nuevo volver otra vez a luchar, y así hasta la victoria *

por Ariel Orellana Araya

Diciembre no es solo fiesta, cuando ya han transcurrido mas de 111 años de la masacre de los mineros y sus familias en Santa Maria de Iquique, la patronal y sus lacayos sigue ocupando la represión y el asesinato para enfrentar a quienes buscan derrotar la explotación y dominación capitalista, tiñendo de sangre la historia de nuestro pueblo y marcando a fuego a generaciones de luchadores y luchadoras de la clase trabajadora que pelean por conquistar sus derechos históricamente negados por los dueños del poder y la riqueza.

Fueron más de 3600 asesinados aquel 21 de diciembre de 1907 en la pampa nortina, donde hombre, mujeres, niños y ancianos fueron acribillados en la explanada de la escuela sin contar las y los muchos que murieron en las largas columnas de dignidad que bajaban desde los pueblos salitreros hacia el puerto grande a exigir sus justas demandas, lugar donde encontraron la solidaridad de clase de otros trabajadores y el odio de la oligarquía y sus bestiales sicarios.

Pero este hecho no fue el comienzo de las luchas de las y los trabajadores organizados, ni tampoco de la represión sangrienta, la “Huelga Grande” de 1880, que se inició en Iquique el 2 de julio y que sumo a trabajadores portuarios, mineros, lancheros, panaderos, jornaleros, mecánicos, y se extendió por todo el territorio nacional con movilizaciones en Antofagasta, Valparaíso, Viña, Santiago, Quillota, Talca, Lota y Coronel, con un saldo de muertos, heridos y detenidos. Luego en 1903 una nueva huelga, esta vez en Valparaíso, por parte de estibadores y jornaleros aduaneros termina con alrededor de 50 muertos y 200 heridos, entre los fallecidos 7 son asesinados desde el edificio de El Mercurio de dicha ciudad, luego de intentar quemar las oficinas del periódico servil a la patronal. En 1905, la “semana roja” marcó con sangre a Santiago con más de 200 muertos por la denominada “Huelga de la Carne”, donde miles exigían al gobierno regular el precio ante el alza indiscriminada del valor de esta. Es en Antofagasta el 1 de febrero de 1906 cuando los operarios de ferrocarriles demandan un horario para almorzar y los obreros salitreros exigen aumento de salarios, y son duramente reprimidos quedando un saldo de cerca de 100 muertos.

Posterior a 1907, otras tantas masacres de obreros se suceden unas tras otras, en 1920 la masacre de la Federación Obrera de Magallanes, con cerca de 27 asesinados, la matanza de San Gregorio en 1921, con un saldo cruel de más de 70 muertos, la masacre de Marusia en 1925 donde son cientos los fallecidos, la matanza de la Coruña y Pontevedra en 1925 con más de 1200 trabajadores ametrallados, la masacre de Ranquil en 1934 con cerca de 150 muertos, la masacre de la Plaza Bulnes en 1946 donde es asesinada la militante comunista Ramona Parra, luego la feroz dictadura cívico – militar impuesta por el imperialismo en 1973, tuvo un saldo de miles de muertos, prisioneros y torturados y así la historia se repite, hombres y mujeres dignos luchando por sus derechos y gobiernos que de la mano con la patronal asesinan a quienes cuestionen su patrón de acumulación capitalista.

Pero la historia la seguimos escribiendo con sangre de la clase trabajadora, desde el retorno a la falsa democracia de ricos y poderosos la cifra de asesinados por parte de las fuerzas represivas aumentan cada cierto tiempo,  para el sector de trabajadores los asesinatos de Rodrigo Cisternas, trabajador forestal, asesinado el 3 de mayo del 2007 en Curanilahue, Juan Pablo Jiménez, asesinado por una supuesta bala loca en su lugar de trabajo el 21 de febrero de 2012,  Nelson Quichillao asesinado por Fuerzas Especiales el 24 de julio de 2015 y Alejandro Castro, dirigente de la pesca artesanal de Quinteros encontrado muerto en extrañas circunstancias el 4 de octubre del presente año, han sido la señal de que luchar por mejorar las condiciones de vida y contra la precariedad laboral es un crimen y nos lo hacen pagar con sangre.

No solo han sido los trabajadores quienes han puesto la cuota de sangre, estudiantes como Daniel Menco y Claudia López, pobladores como Luis Antonio Gonzales y Luis Silva Jara, y al pueblo nación mapuche Alex Lemun, Matías Catrileo, Jaime Mendoza Collío, y recientemente Camilo Catrillanca asesinado por los sicarios de la patronal, son parte del largo listado de luchadores y luchadoras que han entregado su vida combatiendo este orden injusto.

La contraofensiva patronal se presenta cada vez que las y los trabajadores y el pueblo han impulsado luchas por sus justas demandas. No es una situación nueva ni debe extrañarnos, pues el uso de la fuerza militar y policial por parte de los dueños del poder y la riqueza es propio de la lucha de clases en su aspecto más agudo y como clase debemos prepararnos para enfrentarla en su integralidad.

Sin embargo, pese a estas arremetidas, la historia de la lucha de clases también nos ha enseñado y demostrado que el conjunto de oprimidos y explotados siempre vuelven a organizarse y luchar, y que las distintas formas que adquiere la reacción burguesa no son más que razones que se transforman en rabia organizada contra el modelo de explotación y dominación.

La clase explotadora ha impuesto su dominación gracias a la creación y uso del Estado como instrumento fundamental para la mantención del orden burgués, que ha sido fortalecido a sangre y fuego. Nosotros y nosotras que queremos derrocar este orden, debemos, como clase trabajadora acerarnos en la ideología proletaria, dotarnos de los métodos de lucha que históricamente hemos desarrollado y generar el instrumento político necesario para alcanzar la victoria y el poder para las y los trabajadores y el pueblo.

El autor milita en la Asociación Intersindical de Trabajadores y Trabajadoras Clasistas, AIT; * La cita del título pertenece a Mao Tse Tung; la imagen de portada corresponde a cadáveres de obreros tirados en la calle tras matanza de la Escuela Santa María de Iquique, 21 de diciembre de 1907.