En Valparaíso termina el gran paro portuario y sigue la lucha

de El Porteño

Después de 34 días, el movimiento de portuario de Valparaíso ha logrado imponerse en contra de la terquedad de TPS y Ultraport, doblándole la mano a Von Appen, que ridículamente hasta el día de hoy siguió sosteniendo que no había paro portuario, que el T1 funcionaba normalmente y que se trataba de un problema de alteración de orden público propiciada por violentistas. 

Sin embargo, suscribieron una acuerdo  que implica un bono de 750.0000 (los trabajadores pedían 2 millones), e incluye una giftcard de 250.000, un curso de capacitación de 400.000, un préstamo de 550.000 y un aguinaldo de 75.000.

No alcanza a lo planteado inicialmente por los trabajadores, pero triplica la primera oferta de TPS y -por sobre todo- significa que ha nacido un nuevo referente parea los portuarios de Valparaíso: la Asamblea de Fuerza Portuaria, que agrupa a trabajadores de diversos sindicatos y que se expresa a través de vocerías -destacando la de Pablo Klimpell- pero que siempre tuvo el poder para decidir.

La Asamblea Portuaria es un nuevo actor político de los trabajadores, un organismo de lucha que tuvo a raya a los FFEE de Carabineros todos estos días, que fue capaz de pasar por encima del cerco comunicacional y que -en el día más duro de esta lucha el pasado lunes 17 de diciembre- pudo resistir el asalto al local de Goñi 51, mantener a los compañeros atrincherados y no ser desalojados.

El ataque perpetrado por el Gobierno, siguiendo las órdenes dadas por Von Appen en una reunión de la CPC en el Cerro Castillo, orden dada al propio Piñera, fracasó y no logró su objetivo de acabar por la fuerza con este movimiento. Después de esta derrota, el Gobierno -en estado de knock out- mantuvo una línea comunicacional cuyo único objetivo era contener el fracaso forzando a TPS a hacer concesiones. El frente patronal -formado por el Gobierno, Von Appen y el empresariado- no pudo imponer su tesis inicial de que se estaba en presencia de simples alteraciones al orden público y que todo estaba funcionando normal y legalmente.

La fuerza de este movimiento estaba en su Asamblea y en su capacidad de movilizarse, de imponerse inclusive sobre el preacuerdo del martes 18. Sin embargo no logró avanzar de forma sustancial debido al aislamiento relativo que lo cercó desde su inicio. La Unión Portuaria prestó apoyo al movimiento, pero de forma retaceada, con paros escalonados de horas y en algunas zonas portuarias. La solidaridad de otras organizaciones de trabajadores CUT, ANEF, el Cobre, ni hablar de la de los partidos políticos de izquierda, simplemente no se expresó más que de palabra. En realidad, en muchos momentos los portuarios debieron soportar graves episodios de violencia desatada por  las fuerzas policiales contando con el apoyo de los porteños que bajaban de los cerros a acompañar la lucha, a apoyar la olla común y a difundir los objetivos del movimiento.

Contribuyó de forma decisiva a este apoyo la circunstancia de que el movimiento se mantuvo fiel a sus objetivos y desplegó una línea de debate político que cuestionaba no sólo la oferta económica de la empresa, sino que la institucionalidad jurídica que somete a los estibadores eventuales a un régimen laboral sub humano, sin vacaciones, sin protección de la maternidad, sin años de servicio, sin subsidio de cesantía, es decir un régimen que legaliza la hiper explotación de la mayor parte de los estibadores.

El término de esta lucha nos deja estas valiosas enseñanzas y plantea al propio movimiento portuario el avance a formas más amplias de movilización -como un paro portuario nacional- y la necesidad de desarrollar plataformas programáticas que permitan restituir a los estibadores las condiciones de trabajo del resto de los trabajadores. Acabar con la precariedad de los eventuales es parte también del reclamo salarial.

Este año termina con un Gobierno quebrado, incapaz de hacerse cargo de las cuestiones más básicas de orden democrático y cuya única respuesta frente al movimiento social es la represión. Mientras se escriben estas líneas el General Director de carabineros -Hermes Soto- protagoniza una escandalosa insubordinación deliberativa forzando a Piñera a llevarlo al Congreso, para poner bajo control la crisis policial más proifunda de la historia de la institución.

Está planteada la necesidad de que los trabajadores se expresen vivamente en las calles, mediante la movilización unitaria en contra del Gobierno de los patrones. Está planteado reconstruir el movimiento obrero sobre bases clasistas, que pasen por encima de la institucionalidad burguesa. Está planteado -y este es el regalo navideño de los portuarios de Valparaíso al conjunto de los trabajadores de Chile- que se puede vencer si hay unidad, si las bases se expresan de forma asamblearia y si mantiene firme el timón aún en los momentos más duros de la lucha.

Este 21 de diciembre, a 111 años de la Masacre de la Escuela Santa María de Iquique, rendimos sentido homenaje obrero a los caídos y abrazamos con ello a los valientes portuarios de Valparaíso, herederos de una larga lucha emancipadora de los trabajadores, por el poder obrero y el Socialismo.

Vivan los portuarios, viva la clase obrera, a unificar las luchar preparando un Paro Nacional -un solo paro de todos- en contra del Gobierno proimperialista de Piñera