El puerto de Valparaíso y sus problemas

por Ibán de Rementería

El reciente conflicto portuario que ha estallado en Valparaíso pone de presente que en sus orígenes este está motivado por la legislación laboral que rige las relaciones de trabajo de las actividades que allí se realizan y, sobre todo, por el modelo de gestión y explotación portuaria que se han instalado en los últimos años. 

El caso de los trabajadores portuarios eventuales, de los estibadores, es la expresión más descarnada de la institucionalización de la precarización laboral, sometidos a un contrato de trabajo día a día que día a día se finiquita, sin ningún derecho laboral reconocido en las otras contrataciones laborales, como descanso dominical, vacaciones, seguro de enfermedad, etc., peor que el trabajo agrícola de los temporeros, que al menos saben cuál es su temporada laboral, en este caso cada cual puede ser llamado a faena cada día del mes, por una semana, un par de días o nunca, sin fecha ni calendario alguno.

El modelo de manejo portuario instalado por la Concertación en el puerto de Valparaíso y todos los puertos de Chile es la aplicación de la doctrina neoliberal a esta actividad económica, consistente en privatizar su explotación económica mediante concesiones lo que permite transferir del sector público al sector privado las utilidades y rentas que producen las propiedades geoestratégicas de esa localización portuaria.  De la misma manera como se han privatizado la explotación de los recursos naturales –cobre, litio-, el agua, los recursos pesqueros, las obras públicas, los servicios públicos, la educación, la salud, la seguridad social, etc.

En los últimos tiempos el puerto de Valparaíso se ha visto sometido a una constante disminución de la transferencia de carga por sus limitados frentes de atraque, deficiencias operativas y pérdida de competitividad, cuyo primer impacto es la constante y creciente disminución de llamados a faenas para los trabajadores portuarios eventuales, que son más del 60%. Durante años los trabajadores portuarios aceptaron condiciones laborales precarias a cambio de ingresos laborales relativamente regulares, regularidad que fue disminuyendo constantemente hasta pauperizar sus ingresos familiares.

El movimiento de los trabajadores eventuales organizados en sus sindicatos han logrado un notable éxito al alcanzar algunas compensaciones económicas después de 35 días de huelga, movimiento que ha tenido la virtud de poner en la conciencia pública las inaceptables condiciones precarias de trabajo que se dan en los puertos del país, así como de abrir el debate sobre el actual modelo de gestión y explotación de los puertos en el país.

El rol del Alcalde Sharp se cumplió bien en representar a la ciudadanía porteña en el conflicto, este no podía jugar un rol mediador, pero apareció mucho más activo en la representación de los interese colectivos de la ciudad y el país, que el Intendente Jorge Martínez y al Presidente de la EPV, señor Raul Celis, que si tenían una responsabilidad mediadora en el conflicto entre los trabajadores y las concesionarias del puerto y fueron incapaces de cumplir. La personalización del conflicto en la familia Von Appen, propietaria de  la concesionaria Terminal Pacífico Sur (TPS), se limita a pone el problema portuario en la tozudez de un mal empresario, como lo ha tratado de mostrar el Gobierno y los gremios empresariales, esquivando que el problema portuario de Valparaíso está en su modelo de gestión y explotación y en la legislación laboral que hacen posible relaciones laborales precarias inaceptables según los convenios internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Este conflicto ha expresado la principal crisis del puerto de Valparaíso y su ciudad, la pérdida de transferencias de carga y las insuficiencias de sus instalaciones portuarias. A tres tareas políticas hay que avocarse para defender a Valparaíso y modernizar el sistema portuario nacional: primero, al cambio en las normas laborales abusivas que imperan en la gestión portuaria; segundo, al cambio en el modelo de gestión portuaria y del destino de la riqueza que produce su localización geoestratégica, y, tercero al rediseño constructivo y operativo del puerto para recuperara y ampliar su capacidad de transferencia: volver a ser el puerto pivote (hub port) entre  el Atlántico sur y el Asia Pacífico ( APEC).

Sobre el uso de la violencia por parte de algunos sectores de los trabajadores en conflicto, lo cual ha sido de justa preocupación por loa habitantes, locatarios y comerciantes del sector puerto, lo que está siendo manipulada en contra  de los estibadores, se debe comprender que es la expresión radicalizada de un conflicto social no resuelto, que muy bien explica El Mercurio de Valparaíso en su editorial “El Hervor de la Caldera” del 16 de diciembre pasado, así: “Los hechos de violencia, que concentran a su vez todas las violencias del modelo, no son -como  dicen por ahí- un “chantaje” al Gobierno o a la empresa privada por un bono navideño más abultado, sino por el hervor final de una caldera de descontento y precarización incubada por largos años en el Puerto y hecha carne en el citado segundo turno del día 16” –día de inicio del paro en referencia.

Simplemente “la caldera estalló” en el puerto de Valparaíso por que la disminución de las transferencias de cargas puso en evidencia la precariedad de las relaciones laborales y los ingresos de sus trabajadores.