España: el partido fascista Vox crece sustancialmente en las elecciones andaluzas

por Paul Mitchell //

Los resultados de las elecciones regionales en Andalucía pregonan el regreso abierto del fascismo a la política española, 43 años después de la muerte del dictador General Francisco Franco en 1975 y la transición a la democracia.

El partido Vox, que se decidió apenas a última hora a presentar candidatos, ganó 12 de los 108 escaños del parlamento andaluz y casi el 11 por ciento de los votos en comparación con los cero escaños y el 0,46 por ciento en 2015.

Es muy probable que el partido entre en el gobierno regional haciendo de partido bisagra, ya que tiene la llave para formar una nueva coalición de gobierno con los partidos derechistas, el Partido Popular (PP) y Ciudadanos. El candidato por el PP a presidente de la comunidad andaluza, Juan Manuel Moreno, y el de Ciudadanos, Juan Marín, ya están hablando de la formación de un gobierno que incluya a Vox.

La jefa de Reunión Nacional (el antiguo Frente Nacional) de Francia, Marine Le Pen, tuiteó, “Mi más cálida enhorabuena a nuestros amigos de Vox que esta noche en España han obtenido un resultado muy significativo para un movimiento joven y dinámico”.

Vox fue fundado en 2013 por miembros franquistas del PP. Sus políticas incluyen la suspensión de la autonomía regional catalana, la prohibición de partidos y otras organizaciones que “promuevan la destrucción de la unidad territorial [española] y su soberanía”, revertir las limitadas medidas relativas a los crímenes de Franco, cerrar mezquitas, promocionar a la Iglesia Católica, bajar el impuesto a la renta y el corporativo, y deportar inmigrantes.

No es que haya habido una oleada de respaldo a tales políticas reaccionarias —la enorme tasa de abstenciones del 58 por ciento indica la oposición generalizada a todos los partidos oficiales. Los que votan generalmente por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y por Unidos Podemos (la coalición entre el pseudoizquierdista Podemos e Izquierda Unida, dirigida por los estalinistas) se quedaron en casa. El declive en la participación, la más baja desde 1990, fue especialmente fuerte en los bastiones obreros del PSOE, como las provincias de Sevilla o Jaén y los municipios sevillanos de Alcalá de Guadaíra o Dos Hermanas.

Esta enajenación política es alimentada por dificultades sociales desesperadas. El desempleo permanece en el 23 por ciento (ocho puntos por encima de la media nacional) y el desempleo juvenil asciende a un abrumador 47,3 por ciento (la media nacional es del 34,7 por ciento). El riesgo de pobreza y de exclusión social en Andalucía es del 37,3 por ciento, y afecta a más de 3,1 millones de personas. Casi el 10 por ciento de la población es “severamente” pobre, lo que quiere decir que más de un millón de andaluces sobrevive con menos de €300 por mes.

El dirigente de Vox Santiago Abascal dijo que el resultado sorpresivo de su partido había sacudido al PSOE, que llevaba gobernando en esa comunidad autónoma varias décadas y brindaba una “oportunidad para echar al comunismo y la corrupción de Andalucía”.

“La Reconquista empieza en Andalucía y se extenderá al resto de España”, tuiteó el partido.

Aunque el PP sufrió su segundo peor batacazo en votos —26 escaños, mientras que antes tenía 33— declaró, “Estamos eufóricos. Esto es histórico”. Los dirigentes del partido no solo estaban exultantes porque el sorpasso con que amenazaba Ciudadanos —que sube de 9 a 21— no se había producido, sino además porque el PP tiene la posibilidad de ostentar el poder en Andalucía. Le dieron la bienvenida a los logros de Vox.

“El monopolio de un solo partido ha terminado, voy a ponerme a trabajar inmediatamente y a hablar con todas las fuerzas y grupos con el objetivo de alcanzar una mayoría alternativa al PSOE”, insistió Moreno.

Marín declaró, “Ha llegado el cambio a Andalucía. … Hay suficientes diputados para forzar un cambio”. El dirigente nacional del partido, Albert Rivera, dijo, “Vamos a echar al PSOE. …”.

Después de 36 años de gobierno ininterrumpido en la región, el PSOE sufrió su peor derrota. Sigue siendo el mayor partido, conservando 33 escaños y el 28 por ciento de los votos, pero se desplomó de 47 escaños y el 35,4 por ciento de los votos. La dirigente regional del PSOE Susana Díaz adelantó las elecciones previstas para el próximo mes de marzo para el domingo pasado, creyendo a los sondeos que sugerían una victoria fácil del PSOE. En lugar de eso, los 33 escaños del PSOE, combinados con los 17 del frente electoral de Unidos Podemos, Adelante Andalucía, que también baja de los 20 escaños, no llega a la mayoría absoluta de 55 escaños.

La caída dramática en apoyo por el PSOE y por Unidos Podemos viene apenas seis meses después de que el presidente del gobierno del PSOE Pedro Sánchez desbancara a Mariano Rajoy y su gobierno del PP, que el PSOE había mantenido en el poder. En una moción de censura respaldada por Unidos Podemos y los nacionalistas regionales, el PSOE llegó al poder como un gobierno en minoría. Poco después, las encuestas empezaron a indicar un crecimiento, del 10 por ciento al 32 por ciento, en el apoyo al PSOE gracias a sus promesas de poner fin a la austeridad e implementar medidas sociales progresistas. Dirigentes del PSOE no solo hablaban en privado de ganar en Andalucía. Sánchez también sugirió que podría convocar elecciones anticipadas para mayo de 2019.

El optimismo del PSOE fue estimulado después de que Sánchez anunciara un nuevo presupuesto para 2019, que prometía elevar el salario mínimo a €900 por mes de €736, o un 22 por ciento —el mayor aumento en 40 años— y prometió aumentos en las pensiones, del gasto en educación, prestaciones de desempleo, vivienda y baja por paternidad, e impuestos para los ricos.

Podemos, que ha estado persiguiendo una alianza duradera con el PSOE, aclamó esto como prueba de un giro a la izquierda por parte de Sánchez bajo su influencia. Sin embargo, apenas dos semanas antes de las elecciones andaluzas, Sánchez anunciaba que no presentaría el presupuesto de 2019 al parlamento a causa de la oposición de los independentistas catalanes —después de que los fiscales del Estado confirmaran los cargos de sedición contra los dirigentes independentistas por declarar la independencia el año pasado.

Esto era de hecho una promesa de implementar el presupuesto de austeridad de 2018 redactado por el gobierno de Rajoy e incluir recortes masivos a los servicios públicos. Las ilusiones cultivadas por el Secretario General de Podemos Pablo Iglesias de que “cogobernar” con el PSOE era “un punto de partida para un nuevo período en la política económica española” están hechas jirones, y en cambio le abren las puertas a la derecha fascista.

Esto no ha cambiado la orientación política de Podemos en lo más mínimo. Su respuesta a los logros de Vox fue exigir un “frente antifascista” y que los independentistas catalanes dejen de bloquear los presupuestos de 2019 del PSOE —advirtieron, “no solo están en juego los presupuestos generales del Estado, sino también la conducción del Estado”.

Iglesias dijo que esperaba “Que este resultado ayude al PSOE a entender que necesitamos ser sus aliados y que las fuerzas catalanas entiendan que se trata del futuro de nuestro país”.

La dirigente regional de Podemos en Andalucía, Teresa Rodríguez, miembro destacada de los pablistas Anticapitalistas, culpó a Díaz por la derrota del PSOE gracias a que ella no “nos puso en su bloque”.

El World Socialist Web Site adviritió en octubre, “En la clase trabajadora española e internacional hay una profunda oposición al fascismo históricamente arraigada. Sin embargo, en la medida en la que la clase trabajadora siga subordinada al PSOE y a Podemos hay un peligro real de que VOX crezca”.

La campaña electoral confirmó esta advertencia, de manera que Vox, en medio de sus denuncias al PSOE por buscar un acuerdo con los independentistas catalanes, intentó un llamamiento populista al “hombre humilde” contra “los privilegiados, los acomodados”. Abascal declaró, “Son precisamente los trabajadores, la clase media, la gente que tiene más dificultades día a día, quienes más necesitan al país, quienes más necesitan una sociedad con sus raíces fijas”.