Andrés Manuel López Obrador es investido nuevo presidente de México

por Alex González y Don Knowland //

Andrés Manuel López Obrador (AMLO) prestó juramento como presidente de México el sábado. El nuevo Gobierno está siendo caracterizado y, en muchos ámbitos, aclamado, como el primer Gobierno “izquierdista” en el país desde 1940. Según las expectativas populares, su Gobierno reducirá la pobreza y pondrá fin a la violencia y corrupción endémicas.

AMLO dio un discurso de inauguración de dos horas en el Congreso mexicano. Prometió presidir una transformación “profunda y radical” que traerá consigo un “renacimiento de México” en el que pondrá “primero [a] los pobres”. Su Gobierno emprenderá una “cuarta transformación” de México, comparándolo con la lucha por la independencia de España (1810-1821), el periodo de la Reforma Liberal bajo Benito Juárez (1858-1866) y la Revolución Mexicana (1910-1921).

El nuevo mandatario caracterizó el modelo económico “neoliberal” que ha prevalecido en el país por décadas como una catástrofe que produjo la concentración del ingreso en unas pocas manos y el empobrecimiento de la mayoría de la población, con muchos poniendo en riesgo sus vidas para emigrar a EUA o tomar el camino de la actividad criminal.

El crecimiento, dijo, ha promediado tan solo 2 por ciento por año durante este periodo y la deuda pública (actualmente 46 por ciento del PIB) aumentó sin logros sustanciales en infraestructura. AMLO contrató esto con el periodo de 1940 a 1982 (es decir, antes de la rápida aparición de la globalización de la economía mundial), cuando el crecimiento promediaba 6 por ciento por año sin aumentar la deuda del Gobierno. A diferencia de un tiempo en que México era “autosuficiente”, ahora se ve obligado a importar petróleo y maíz, dijo.

La privatización de la industria petrolera mexicana, bajo la reforma energética del presidente saliente Enrique Peña Nieto, no salvó al país como se había prometido, ha indicado AMLO, sino que resultó en escuálidas inversiones extranjeras y una caída en la producción del crudo, mientras que aumentaron excesivamente los precios de la gasolina, el diésel, el gas y la electricidad. Prometió que su Administración “rescatará la industria petrolera, como lo hizo el general [Lázaro] Cárdenas”, refiriéndose al presidente mexicano de 1934-1940 que expropió los yacimientos controlados por capital extranjero. “Soy un cardenista”, proclamó.

Luego insistió en que la crisis en México no solo se originó del fracaso del modelo económico neoliberal, sino también de la predominancia de la corrupción. Durante este periodo, “nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo. Esa es la causa principal de la desigualdad económica y social, y también de la inseguridad y de la violencia que padecemos”. El principal objetivo de su Gobierno sería poner fin a la corrupción y la impunidad.

En cuanto a acabar con el dominio de la violencia que ha azotado el país, López Obrador reiteró en su discurso la propuesta que ha hecho durante las últimas dos semanas de modificar las restricciones constitucionales al involucramiento del ejército en las actividades policiales internas y crear una nueva guardia nacional compuesta por unidades del Ejército y la Armada controladas por la cúpula militar.

Este fue un giro abrupto de sus promesas de campaña de que acuartelaría a las tropas y pondría fin a la campaña lanzada en 2006 ostensiblemente para combatir los cárteles de drogas que resultaron en cientos de miles de asesinatos o desapariciones.

López Obrador describió una serie de medidas que no constituyen más que aumentos modestos en el gasto público para aliviar la pobreza y tener “justicia social”. Todos los mexicanos mayores de 68 años (63 años en empobrecidas áreas indígenas) recibirían una pensión de $62 por mes, el doble de la pensión actual. Las personas discapacitadas, en pobreza extrema y jóvenes que no estudien ni trabajen, recibirían beneficios o becas. Se construirán cien universidades.

Una encuesta reciente del periódico El Economista mostró que 45 por ciento de los mexicanos cree que verán un cambio real dentro del primer año del Gobierno, mientras que la mitad dijo que AMLO cumplirá todas o la mayoría de sus promesas de campaña. El día de la inauguración, aproximadamente 150.000 personas atendieron una celebración en el Zócalo de la Ciudad de México y 30.000 se enfilaron frente al palacio presidencial. AMLO ha dicho que esa no será su residencia, sino solo un museo público.

Sin embargo, estas amplias expectativas pronto se toparán con el programa de AMLO y los intereses de la burguesía que representa.

A pesar de que AMLO dice que México construirá nuevas refinerías de petróleo, también dijo que la privatización energética del Gobierno anterior no será revertida y que se respetarán los acuerdos de inversión extranjera.

En cuanto a la plaga de la corrupción, no se enjuiciará a ningún oficial gubernamental nuevo, permitiéndoles quedarse los cientos de millones de dólares que saquearon. Solo enjuiciará a oficiales por actos futuros. Presumiblemente, los oficiales podrán retomar sus actividades usuales después del sexenio de AMLO.

En cuanto a financiar la pobreza y el desempleo, López Obrador se rehúsa a aumentar la deuda pública y dice que prevalecerá un presupuesto “austero”.

Su Gobierno tampoco aumentará los impuestos, ni siquiera para el puñado de oligarcas en la cumbre de la sociedad mexicana que se benefició desproporcionalmente de la economía política neoliberal que denuncia. Al igual que los oficiales corruptos con los que hicieron negocios, ellos también podrán quedarse su riqueza mal habida. AMLO también señaló que no perseguirá ninguna restricción sobre los bancos o el sector financiero.

Lo más peligroso para la población mexicana es su propuesta de crear una Guardia Nacional, resultando efectivamente en una mayor militarización del país. Esto es algo que los votantes no apoyaban o siquiera contemplaban; realmente esperaban lo contrario.

En su discurso, AMLO hizo lo posible para ocultar el verdadero carácter de clase del ejército como representantes armados de la clase gobernante. ¡En cambio, dijo que eran defensores de la democracia porque no habían realizado ningún golpe de Estado desde la revolución mexicana! En México, aseveró, “no se sabe de militares que formen parte de la oligarquía. Además, es un hecho que el Ejército cuenta con respaldo de la opinión pública… Siempre se ha nutrido del pueblo raso. El soldado es pueblo uniformado”.

El peligro de tal concepción y de aumentar el poder del ejército en un momento de creciente malestar social no puede exagerarse. La nueva Guardia Nacional será utilizada para reprimir la oposición social tan despiadadamente como los Gobiernos previos, sino más. El propósito de presentar el ejército como aliados de los trabajadores es anestesiar su conciencia de clase con veneno nacionalista antes de levantamientos violentos que inevitablemente vendrán cuando queden destrozadas las ilusiones en el Gobierno de AMLO.

AMLO lo que busca es caracterizar el recrudecimiento de la crisis en la sociedad mexicana como el producto de políticas equivocadas de líderes corruptos en vez de la trayectoria objetiva del sistema capitalista. Pero solo está fomentando ilusiones en que una dirección “honesta” y mejores políticas pueden aliviar la opresión de la población mexicana.

Mientras la oligarquía financiera pueda dictar cada aspecto de la vida de la clase obrera, no habrá ninguna mejora real en las condiciones de vida, sea bajo AMLO o cualquier otro político capitalista.

La realidad es que el nuevo Gobierno “izquierdista” de López Obrador representa el inicio de una nueva etapa en la crisis de la clase gobernante. Todos los viejos partidos dominantes de la burguesía están en ruinas. Los millones de trabajadores que se han orientado a AMLO y Morena para revertir las pérdidas de las últimas cuatro décadas quedarán indudablemente decepcionados.

Estas ilusiones despedazadas y la continuación de las condiciones intolerables bajo el capitalismo solo pueden dar paso a explosiones sociales a una escala no vista desde la revolución mexicana.

(Tomado de WSWS)