A construir una Corriente Estudiantil Revolucionaria (Derecho, UV, 2013)

Dejamos con ustedes este material de archivo, correspondientes a las elecciones del Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad de Valparaíso del año 2013, por cuanto creemos que contribuye al debate político estudiantil en este momento, máxime que en el mismo documento se hacen caracterizaciones y planteamientos que han resistido el paso del tiempo. Material de estudio.

1.- Caracterización de nuestro espacio

ORIGEN DE LA ESCUELA DE DERECHO

Nuestra Escuela de Derecho tiene su primer antecedente en el Curso de Derecho del Liceo de Hombres de Valparaíso (1878), creado por Eduardo de la Barra, un intelectual chileno de la época. De la Barra fue un liberal burgués, con inquietudes de izquierda que lo llevaron a ser uno de los primeros editores de textos marxistas en Chile, corriente a la que él llamaba “maximalismo”. Entre su ideario, estaba el dotar de una identidad política propia a la burguesía de la región y, en este proceso, la formación del curso de leyes laico y fiscal era parte de sus iniciativas.

El año 1911 vio el nacimiento del Curso Fiscal de Leyes de Valparaíso, creación orgánica de la burguesía porteña, una de las más dinámicas, cuyo proyecto representa la expresión de un proyecto político nacional-burgués, pero que contaba con una pobre base económica y material de sustentación, que lo llevaron a mantenerse ligado al Liceo de Hombres (hoy Liceo Eduardo de la Barra) y a ocupar sus dependencias durante largos años.

En los años 40, las aventuras de Pescio -destinadas a conseguir fondos para la construcción del actual edificio-, dan cuenta de la precariedad material que se mantiene hasta el día de hoy. Esta precariedad contrastaba con los ímpetus romanísticos y los mosaicos y esculturas traídas desde Europa, que hacen de este edificio una extravagancia, se mire por donde se le mire. Pero la extravagancia de éste, es simplemente una expresión de la disonancia entre el proyecto político que cimenta esta Escuela y los aires y orientaciones de la gran burguesía capitalina y el capital imperialista.

Nuestra Escuela ha sido sustentada hasta hoy en el proyecto masónico y liberal. Todos y cada uno de los profesores de esta Escuela comparten, tarde o temprano, este ideario liberal-burgués, que desde los años 20, y hasta 1973, llenó sus pulmones de oxígeno con los reclamos democráticos que caracterizaron el proceso de transformación universitaria de la década del 60, hasta el Golpe de Estado pinochetista.

Es el golpe del 73 el que marca un hito de quiebre en esta tradición democrática, y nuestra Escuela -otrora sede de Derecho en Valparaíso de la Universidad de Chile- no sólo sufre su escisión y transformación en la nueva Universidad de Valparaíso, sino que también exhibe una rigurosa y sistemática obsecuencia para con la Dictadura pinochetista, sus crímenes y el aplastamiento de las conquistas del conjunto de los trabajadores.

EL DERECHO Y SU SIGNIFICACIÓN DE CLASE

El Profesor Squella ha descrito el Derecho como “un fenómeno cultural preferentemente normativo”, haciéndose cargo de poner en primera línea la falacia positivista, que ve al Derecho como una creación que se superpone a los antagonismos de las clases sociales, y cuyo objetivo es viabilizar la convivencia democrática, entendiendo la democracia como aquel espacio político en el que todas las ideas comparecen en un plano de igualdad, determinándose su prevalencia por vía de la práctica del sufragio universal.

En cambio, la realidad histórica le da al Derecho una significación totalmente distinta, que nos obliga a conceptualizarlo como un sistema normativo burgués. El Derecho no es otra cosa que la voluntad de la clase dominante expresada en ley, y su imperio no es otro que el que se desprende del monopolio de la fuerza pública que ha ejercido y ejerce la burguesía como minoría explotadora en contra de la clase obrera y el pueblo. En esta línea de razonamiento, es un sistema normativo que, en situaciones de relativa estabilidad social, ordena el ejercicio de las facultades compulsivas del Estado, con la finalidad precisa de mantener y reproducir el orden social, cimentado en la gran propiedad privada: el capitalismo. En nuestro país, el Derecho contribuye a expresar -en el plano político- la sumisión de la burguesía criolla al imperialismo y la perpetuación de la explotación capitalista y el atraso monstruoso a que hemos sido empujados por las clases dominantes.

En este marco conceptual, el Abogado no es otra cosa más que el agente de la institucionalidad burguesa. Desde un punto de vista puramente funcional, es un engranaje que facilita la operación práctica del Derecho, cuando en él se permiten y autorizan determinados conflictos de intereses. Decimos “cuando el Derecho autoriza” porque los conflictos fundamentales: los antagonismos de clase, la explotación y la propiedad privada de los medios de producción, no admiten ningún tipo de controversia y, en consecuencia, éstas forman parte de las bases fundamentales y fundantes de nuestra institucionalidad.

En esta perspectiva, marcadamente los últimos 20 años, los abogados han visto caer de manera brutal sus condiciones de vida, de forma tal que las nuevas generaciones han sido obligadas, cada vez de manera más dominante, a trabajar de manera asalariada, a proletarizarse. Esta situación se hace cada vez más feroz y ha desplazado a este sector, que en otra época gozó de los privilegios de ser pequeños propietarios, de las condiciones que permitían el ejercicio libre de la profesión. En una palabra, la profesión de Abogado está condenada a seguir la suerte de todo el resto de los profesionales: el sobreendeudamiento, la cesantía y la miseria.

En este contexto social, enfrentamos la misma disyuntiva que el conjunto de los explotados: o se es yunque o se es martillo. Los estudiantes de Derecho, que seremos mañana abogados, no tenemos ningún interés comprometido con la gran propiedad capitalista y con el orden social que en ella se sustenta. Muy por el contrario, las respuestas a nuestros problemas fundamentales las encontraremos de la mano del accionar revolucionario del proletariado. Es esta clase fundamental, la clase obrera, la única capaz de desplegar consecuentemente la lucha en contra del orden burgués y plantear, consecuencialmente, una salida revolucionaria para la crisis que atraviesa nuestra sociedad.

Seguir el ideario democratizante que nos plantean los liberales y los reformistas de izquierda es condenarnos a seguir siendo llevados al matadero. Nuestro papel no puede ser el de operar como “críticos” del sistema, como visualizadores y promotores de los derechos individuales, en el modelo positivista -hoy “ciudadanista”-, ante los conflictos sociales.

Estas ideas que hemos expresado, que se sustentan en la falacia de la igualdad ante la ley, se muestran como el envoltorio o máscara del orden social capitalista. En efecto, esa “máscara” obvia las relaciones que de hecho se producen en la sociedad, en la que existen “personas de carne y hueso” que viven realidades materiales marcadas por su ubicación frente al proceso productivo capitalista. Por el contrario, como CER creemos que es tarea de los estudiantes de Derecho y los abogados el fundirse con las luchas de nuestro pueblo, ocupar un lugar de primera fila en la lucha en contra de la explotación y, en definitiva, dar expresión en la realidad social, en las movilizaciones, en las organizaciones de masa y en toda trinchera de lucha de los intereses de los explotados, al combate por la liberación social.

2.- NUESTRO BALANCE POLÍTICO DE LA ESCUELA, EN LOS ÚLTIMOS DOS AÑOS.

El proceso de movilizaciones que se abrió el año 2011, encontró a la entonces Concertación al mando del Centro de Estudiantes. Durante el proceso, aquel sector impulsó una política de conciliación con las autoridades universitarias y con los intereses de la burguesía (por ej. opusieron el arancel diferenciado frente a la educación gratuita). Este intento de conducción chocó con el explosivo proceso de movilización de las bases, que encontró su expresión en un amplio frente, que se ubicó a la izquierda de la hoy Nueva Mayoría, desestabilizando su mandato y haciéndolo fracasar. Los estudiantes actuamos oponiendo, frente a su burocratismo y política burguesa, una fuerte organización de bases. Sin embargo, aquella corriente de izquierda no pudo concretizar –por la diversidad ideológica y de clase que la conformaba- un proyecto político claro. Ante la falta de esa claridad política, nos agrupamos en torno a diversos personalismos, generados a partir de las mismas movilizaciones, que lograron ejercer un papel de conducción, pero careciendo de una política bien definida. El año 2011 terminó con el triunfo de esa corriente en las elecciones del Centro de Estudiantes.

Aquel CED tenía como tarea –encomendada por las bases que lo mandataban- promover la aprobación de un Nuevo Proyecto de Estatutos, que había surgido de las comisiones de trabajo conformadas durante las pasadas movilizaciones. El espíritu de este proyecto era promover la participación política de las bases en los procesos de movilización, por la vía de radicar el poder decisional en la Asamblea General de Estudiantes. Con todo, el reflujo vivido por el movimiento estudiantil durante el 2012, encontró a este sector sin respuestas claras y con unas bases en retroceso, lo que llevó al CED a funcionar como un órgano burocrático que operó “para las bases, pero sin ellas”, dejando de impulsar el proceso por la consecución de la democracia directa. El fracaso de la Toma del año 2012 y de la ratificación del Proyecto de Estatutos –proceso boicoteado por concertacionistas y derechistas-, significaron una profunda derrota para este sector, provocando que el “aparato”, conformado en torno al CED, intentara conseguir un nuevo período. Se peleó nuevamente en las elecciones, logrando derrotar a la Nueva Mayoría y a la derecha, que conformaron, al igual que hoy, una lista conjunta para derrotar a la lista oficialista. Sin embargo, la unidad política develó diferencias ideológicas irreconciliables, lo que llevó a que el Centro de Estudiantes de este 2013 careciera de fuerza en las bases y tomara un rumbo “a la derecha”.

Esta situación se explica por la falta de una política definida para el espacio, carencia que terminó por consolidar el proceso de burocratización que señalamos. De este proceso somos, en buena parte, responsables, en la medida que no fuimos capaces de leer las condiciones políticas de la Escuela, de plantear un programa coherente a las necesidades de nuestros compañeros y de disputar la dirección política del espacio con fines revolucionarios.

Se apostó a mantener un CED basado en la misma amplia unidad de izquierda, pero sin hacer un diagnóstico. La elección fue promovida por un grupo de estudiantes, del que fuimos parte individualmente (antes de constituir el CER), con el iluso fin de evitar que la Nueva Mayoría y la derecha se conformaran en Centro de Estudiantes e hicieran “retroceder el camino avanzado”, además de tomar el desafío de hacerse cargo de la Reforma de Estatutos, que seguía pendiente. La nueva lista era, sin duda, mucho “más fuerte” que la anterior, pues en ella se postulaban compañeros bien reconocidos al interior del espacio.

Ambos Centros de Estudiantes (2012 y 2013), respondieron a circunstancias distintas, pero mantuvieron el mismo carácter. Sin autocrítica fuimos presa fácil de la desmoralización. Estaba pendiente el balance político, que no supimos hacer, pero que hoy nos sentimos obligados a realizar.

En la marcha de este 2013, aquella fuerza amplia y de izquierda que se conformó ayer, terminó por quebrarse. En parte, somos “responsables” de este quiebre, puesto que en la búsqueda de conformar un grupo fundado en el marxismo revolucionario para enfrentar el proceso político al interior de la Universidad y a nivel nacional, es que nos constituimos en la Corriente Estudiantil Revolucionaria. Pero frente a quienes nos han calificado de “sectarios” y pretenden que escondamos el balance y la autocrítica para persistir en el error, respondemos claramente: luchar contra los “cantos de sirena” voluntaristas o reformistas, cerrarnos de plano a los acuerdos que proponen deslavar nuestra política y conciliar intereses contrapuestos, defender –en definitiva- una política proletaria y revolucionaria al interior de nuestra Escuela, todo ello justamente es lo que nos constituye en una fuerza consistente, en posición de disputar este Centro de Estudiantes, para llevarlo desde la plataforma burocrática y electorera que es a una trinchera de lucha, a una organización de combate al servicio de los intereses de los estudiantes, de la clase obrera y del conjunto de los explotados.

He aquí la explicación que proponemos, para entender la situación política actual al interior de la Escuela.

3.- ¿QUÉ EXPRESIONES POLÍTICAS DISPUTAN HOY EL CED?

Las tendencias políticas que se disputan hoy el CED son el resultado de tres años de lucha y movilización, y por lo tanto, responden a la cristalización política de las fuerzas sociales que componen nuestro espacio.

Es notorio el desplazamiento del eje político hacia la derecha. Las tres Listas restantes, encarnan en distintos grados y niveles, un proceso de descomposición política que tiende a agudizar la pasividad de las bases estudiantiles, disminuir los niveles de actividad política y asegurar la derrota de las bases estudiantes durante el periodo del próximo gobierno burgués.

Vemos la necesidad, como respuesta a este escenario, de levantar una alternativa política clasista y revolucionaria, capaz de dar un combate resuelto contra la burguesía y el capitalismo, de forjar la unidad obrero-estudiantil, de conquistar un cogobierno universitario y transformar el CED en un instrumento de combate.

Además, consideramos fundamental no ceder una pulgada en el terreno de la lucha ideológica contra las expresiones burguesas y pequeño-burguesas que intentan conducir nuestro espacio. Por lo mismo, ofrecemos la siguiente caracterización de las fuerzas políticas que se disputan el CED en la actualidad.

Lista A: “El CED está cambiando, y es tuyo”.

Compuesta por elementos de la Nueva Mayoría y la Derecha, constituye la opción política burguesa declarada, la punta de lanza en nuestro espacio de la ofensiva burguesa que desplegará el gobierno de Bachelet contra el movimiento estudiantil.

Intentan convencer a los sectores pasivos de nuestro espacio, dormirlos con sueños meritocráticos y aires de renovación. Su apuesta personalista, que tiene su punto más alto en las biografías de sus “rostros ejemplares”, nos demuestra que intentan encubrir su carácter y programa político burgués, con frases generales y falsa empatía.

Su política se inscribe en el gremialismo, con tímidos suspiros progresistas. Se presentan como LA LISTA que representan los intereses del alumnado. Ellos, nos dicen, son capaces de juntar todos los intereses y representarlos, por sobre las diferencias “políticas”, y además, promover el “pluralismo” en la escuela. Quieren ser los gendarmes del movimiento estudiantil, situándose más allá del bien y el mal. Nos invitan a tener “sentido de realidad”, es decir, a capitular frente a los representantes del aparato educativo y el gobierno burgués. Nos ofrecen el sueño de una comunidad universitaria, sin contradicciones, desconociendo los privilegios de casta de la directiva académica, silenciando la persecución política y sindical, el ataque a la organización independiente de estudiantes y funcionarios por los “representantes de la comunidad universitaria”.

Es por esto que, para nosotros, esta lista representa la continuidad de la línea del CED del 2011. La misma dirección que traicionó los intereses de los estudiantes en lucha, que luchó contra la organización de base estudiantil, que incluyó “voceros no-tomas”, que concilió con la casta de académicos para bajar las movilizaciones, que levantó un proyecto de estatutos que intenta hacer del CED un instrumento de negociación contra los intereses de los estudiantes, un instrumento de derrota y conciliación.

En definitiva se trata de la tendencia política que encarna con más nitidez los intereses de la burguesía en nuestro espacio.

Lista B: “Todos con todos, demos un giro”.

Compuesta por sectores de la pequeña-burguesía pasiva, vacilante y oportunista, elementos pro-concertación, electoreros y los restos del bloque de izquierda amplia de los procesos de 2012-2013. Constituye la nueva apuesta de una corriente pequeño-burguesa en crisis, luego de la derrota política del movimiento estudiantil en 2011 y del fracaso del proyecto electoral de Claude; de la pequeña-burguesía vacilante, vaciada de objetivos políticos, carente de programa, que no hace más que reproducir la política burguesa con un manto “verde” pequeño-burgués.

Su “árbol de buenos deseos” y las declaraciones líricas que contiene su propaganda, los muestra como el basurero programático de la izquierda amplia de los procesos de 2012-2013. Y, por lo tanto, como una variante gremialista más. Declaran que impulsarán un proceso político en el cual no creen, hacer confluir ideas por el sólo placer del “pluralismo”, dar tono “verde” a una política de capitulación y oportunismo a secas, para no asumir las consecuencias político-ideológicas de la lucha contra la burguesía y el capitalismo. Fuera de eso, no existe todavía nada digno de mención en su propaganda política.

Se trata, en definitiva, de una expresión populista, que se construye en base a un “personalismo carismático” y a la farandulización del proceso electoral como expresión política de la pequeña burguesía derrotada, sentada a las faldas de la burguesía, que sueña con prados verdes donde no exista la lucha de clases. Será incapaz de sostener la lucha consecuente del movimiento estudiantil porque carece de principios y un proyecto político clasista, y por lo tanto, no representa una alternativa para conquistar las demandas del movimiento estudiantil y forjar la unidad con los explotados para enfrentar al enemigo de clase.

Lista D: “Una propuesta seria: La lista de la gente fea”.

Compuesta por elementos pequeño-burgueses y burgueses despolitizados que apuestan al simulacro político para superar su crisis interna y dar una respuesta “ingeniosa” al enfrentamiento de clases y las tareas del movimiento estudiantil.

Se trata de un fenómeno político y psico-social que se ha expresado ya en las elecciones de la FECH y, por lo tanto, nos habla del grado de descomposición de la pequeña burguesía derrotada a nivel nacional. Si la Lista B encarna ese proceso con su fantasía “agrícola” y sus frases populistas, esta Lista pretende representar una burda comedia reaccionaria, donde la pequeña-burguesía vacilante hace sarna de su incapacidad para situarse en la lucha de clases, para asumir algún papel en el enfrentamiento de clases. Su estética colegial y tono jocoso no deben hacernos olvidar que se trata de sectores profundamente frustrados, carentes de perspectiva, incapaces de generar un proyecto político coherente sino por medio de aporías elementales y gritos rabiosos.

Reconocemos en ellos, no sólo la expresión más vacía de la crisis de la pequeña-burguesía, sino también un germen reaccionario que debe combatirse con la misma fuerza que la rearticulación del reformismo burgués que encabeza la Lista A y la variante oportunista del reformismo pequeño-burguesa que levanta la Lista B.

3.- PLATAFORMA DE LUCHA NACIONAL

A.- Lucha en torno al aparato educativo

En primer lugar, nuestra lucha se debe articular en torno a la totalidad del aparato educativo burgués –tanto privado como estatal- y nuestras demandas deben reflejar los intereses del proletariado en general y de las masas estudiantiles oprimidas en particular. Las demandas que agitamos en este eje y su importancia táctica en la situación política que se abre son las siguientes:

Gratuidad transversal

No podemos aceptar la promesa de su implantación en 6 años en base a “argumentos técnicos”. La gratuidad se conquista a partir de la lucha frontal por su exigencia inmediata. Por otra parte, ciertos sectores del estudiantado no pueden recibir más financiamiento porque estudian en universidades públicas, a despecho de los que estudian en instituciones privadas. Esta distinción –basada en la ilusión de que lo estatal sería supuestamente patrimonio “de todas las clases sociales”- es algo de lo que la Nueva Mayoría con el apoyo del reformismo pequeño-burgués se valdrá para dividir el movimiento estudiantil. A ello debemos oponer que la gratuidad debe ser transversal (incluyendo los estudiantes de privadas, CFT’s e IP’s).

Autonomía universitaria

En una sociedad capitalista el aparato educativo jamás será realmente autónomo de los intereses del capital y de sus directrices ejercidas a través del Estado burgués. No obstante, bajo la consigna de autonomía universitaria combatimos las expresiones más groseras de su intervención y evitamos que se amplíe o refuerce el control de las fuerzas represivas y la burocracia estatal sobre el movimiento estudiantil. En relación al escenario próximo esta demanda se traduce en la negación a la creación de organismos estatales como los que propone el PC con la careta del “fortalecimiento de lo público” para administrar la implantación de la gratuidad y aumentar el poder de la burocracia sobre el aparato educativo.

Acceso irrestricto y fin a la PSU

La demanda de acceso a la universidad por parte de las más amplias masas, incluyendo al proletariado, tiene un tinte pequeño-burgués en la medida en que se la agita como oportunidad de recompensa meritocrática al esfuerzo individual de los que “sobresalen” por sobre la media de su clase. Pero por este motivo no podemos limitar la educación terciaria a los que hoy asisten a ella. Tenemos que desarrollar la lucha del proletariado por el acceso a la educación terciaria y procurar que esa lucha le permita hacer la experiencia contra la ilusión de la meritocracia, la cual se desmoronaría con la universalización del acceso. Por ello, demandamos el fin de la PSU y el acceso irrestricto a cualquier universidad, acabando con la división oficial entre universidades selectivas y no selectivas.

Libertad de organización independiente

Hoy en día, las instituciones privadas de enseñanza tienen la capacidad de prohibir la organización estudiantil estableciendo la expulsión como castigo a la misma en los contratos que contraen con los estudiantes. Se debe luchar para que se reconozca legalmente la libertad de organización estudiantil y sindical en el seno de las instituciones de enseñanza.

B.- Lucha al interior del aparato educativo

Además de la lucha en torno al aparato educativo en general debemos desarrollar la lucha al interior del mismo. Ésta se da en el seno de cada institución y enfrenta distintos sectores del estamento estudiantil, funcionario y académico contra las capas directivas. Nosotros buscamos que los conflictos se transparenten efectivamente como expresiones de la lucha de clases, de las relaciones de poder dentro de las instituciones y no como armónicas reformas de estatutos para reacomodar la estructura burocrática de las universidades. No buscamos generar una ilusoria “comunidad universitaria” de los tres estamentos, sino que pretendemos articular un bloque entre el estudiantado y los sectores más precarizados de los funcionarios y los académicos contra el grueso de académicos, burócratas y capas directivas que gobiernan la universidad. En base a esto se deben desarrollar petitorios unificados con diversos puntos:

Co-gobierno universitario

No creemos que las universidades puedan estar gobernadas igualitaria y armónicamente por sus tres estamentos, pero con el co-gobierno se puede mejorar la correlación de fuerzas para los segmentos más perjudicados de las instituciones de enseñanza. Por ello luchamos por un co-gobierno triestamental y paritario, obtenido a través de la lucha interna. Por esto, recalcamos que bajo ningún motivo se puede suprimir la independencia de las federaciones estudiantiles y organismos sindicales (asociaciones de funcionarios) que deben poder defender a sus bases ante el gobierno universitario en su conjunto.

Mejora de las condiciones de estudio y trabajo

Debemos luchar por la mejora de las condiciones de estudio y trabajo de estudiantes, funcionarios y académicos en cada establecimiento con demandas específicas al gobierno universitario.

Lucha contra la persecución política y sindical

Estaremos en toda lucha necesaria para defender a estudiantes, funcionarios y académicos que tras participar de movilizaciones sean perseguidos por las autoridades universitarias.

C.- La lucha de los estudiantes junto al movimiento obrero y popular

Impulsaremos todas las luchas que el movimiento estudiantil pueda dar junto a los demás sectores del movimiento de masas. En este sentido llevaremos a cabo la unidad de estudiantes, obreros y las demás capas del pueblo oprimido no con el norte de la “articulación multisectorial” de carácter gremial, sino que buscando hacer del estudiantado una fuerza auxiliar del movimiento obrero:

Apoyo permanente a las luchas sindicales:

Resulta fundamental apoyar concretamente las luchas particulares que hoy está dando el movimiento obrero en el frente sindical y hacerlo sumando a cada vez más amplias masas estudiantiles. El trabajo en torno a secretarías y otras formas orgánicas destinadas a ese objetivo debe continuar fortaleciéndose.

Frente único de combate

Desde las movilizaciones del 2011 hemos visto el surgimiento en las coyunturas de lucha nacional de organismos de frente único que reúnen a trabajadores, pobladores y estudiantes principalmente, como lo son los cordones territoriales y las coordinadoras de lucha. Nos interesa que las masas más amplias de estudiantes participen de dichas instancias, que los trabajadores puedan llegar a dirigirlas y que se orienten a coordinar luchas de alta intensidad como han sido las jornadas de protesta popular en torno a reivindicaciones específicas.

4.- PLATAFORMA DE LUCHA LOCAL

TRANSFORMAR AL CED EN UN INSTRUMENTO DE COMBATE.

Un centro de estudiantes es un órgano que nace producto de la organización de las bases estudiantiles, para dar respuesta a sus problemáticas, promover y defender sus intereses y demandas en la lucha.

Actualmente el CED es un órgano burocrático encargado de labores administrativas y en total desconexión con las bases y sus demandas. Nuestra propuesta apunta a la construcción del CED como órgano de lucha estudiantil, que propenda a mejorar las condiciones y los niveles de organización y que represente los intereses de dichas bases organizándolas en sus reivindicaciones y demandas históricas. Que se oponga tajantemente a la política actual funcional a la pasividad y el silencio que propone la burguesía: debe cumplir con su función de fuerza auxiliar del movimiento obrero, vinculándose además con otros sectores fundamentales en el escenario de la movilización y la lucha nacional, como pobladores y estudiantes secundarios.

Lejos de lo que se propone en la actualidad por parte del abanico de direcciones estudiantiles, con todo su espíritu conciliacionista, el CED tiene que ser un órgano que represente realmente a los estudiantes en lucha. Y el triunfo de nuestras reivindicaciones depende precisamente de la comprensión de esa premisa, y de la confianza en el hecho que sólo las bases organizadas en torno a una política revolucionaria, fielmente defendida por sus representantes, podrían conducir a otorgarle un carácter combativo al órgano mancebo que es hoy el CED.

Es por esto que hacemos un llamado a los compañeros de nuestra escuela a terminar con el CED como órgano tendiente a la despolitización y al abandono de las bases. Llamamos a construir juntos una corriente estudiantil revolucionaria para luchar intransigentemente por nuestras reivindicaciones, en vistas a la revolución socialista.

CO-GOBIERNO

Uno de los principales problemas reivindicativos al interior de las universidades chilenas, es el relativo a la participación de estudiantes y funcionarios en la toma directa de decisiones y la lucha contra el autoritarismo universitario. Desde la reforma llevada a cabo por la Dictadura, la dirección política, económica y académica está radicada en sólo un estamento: el académico, cuestión que atenta contra todos los años de lucha que estudiantes y trabajadores dieron en los 60 por el Co-Gobierno universitario y a finales de los 80, con motivo de expulsar de estas instituciones a los agentes del pinochetismo y transformar radicalmente la institucionalidad universitaria. Este último proceso fue impulsado por estudiantes y funcionarios con miras a democratizar la Universidad, pero fue cooptado por las fuerzas de la concertación y el reformismo, que aprovecharon ese impulso para fortalecer su posición al interior del aparato y aplastar las demandas históricas de los estamentos estudiantil y funcionario. En la actualidad, estas demandas continúan pendientes y las mismas fuerzas reaccionarias que ayer combatieron las luchas por la democratización, hoy buscan profundizar las condiciones que los llevaron a una cómoda posición de poder.

Recientemente, nuestra Universidad ha vivido un proceso de Reforma de Estatutos Orgánicos (año 2012), allí se enfrentaron en urna tres proyectos: el proyecto a) presentado por un grupo de académicos de Derecho, que representaba una opción contraria al principio de Co-Gobierno planteando un retroceso al eliminar a los estudiantes y funcionarios de toda instancia resolutiva; el proyecto b) presentado por la FEUV, que proponía una “mayor participación”, pero totalmente desligada de la acción directa y la movilización de estudiantes y funcionarios, barriendo bajo la alfombra la necesidad de conquistar una fuerza real, organizada y combativa, capaz realmente derrotar el autoritarismo universitario; y el proyecto c) de consenso, presentado por una comisión formada para elaborar una propuesta intermedia entre los dos anteriores. De estos tres proyectos resultó ganador el tercero.

Nosotros entendemos que en el plano electoral de un plebiscito, en el cual las cuotas de participación eran ridículas, (el estamento académico participaba con una ponderación del 67%, los estudiantes 22% y los funcionarios un 11%, cuestión que no fue cuestionada y que fue señalada como “normal” y “lógica” por los representantes de todos los estamentos) no se puede esperar más de lo que se consiguió. Creemos que sólo sobre el terreno de las movilizaciones y la acción directa se puede obtener el voto paritario, pues los privilegiados jamás regalarán su posición de poder. Muy lejano a lo que se pretendía mostrar como una “fiesta democrática, bailable y triestamental”, ninguna de nuestras demandas serán entregadas como un regalo. Serán conquistas, producto de la lucha organizada.

La FEUV optó por “desarmar” a nuestro estamento de la acción directa y someter su proyecto al “concurso democrático electoral”, lo que sin duda implica una derrota parcial para nuestras aspiraciones, pero que en ningún caso representa el abandono de la lucha por la participación obrero-estudiantil en la toma de decisiones en nuestras instituciones, participación igualitaria ante el sector académico que hoy en día posee el monopolio de éstas.

Nuestra organización es partidaria de un Co-Gobierno, triestamental, paritario y resolutivo, pues sólo de esta manera es posible la verdadera toma democrática de decisiones de forma y la discusión directa entre los distintos sectores políticos al interior de los espacios, haciendo confluir a los últimos en una corriente que lleve la lucha reivindicativa a sus últimas consecuencias, en el entendido de que la lucha de clases se desarrolla no sólo a nivel general, sino también en cada espacio donde el capitalismo ejerce su influencia y opresión.

En consecuencia, el CER llama a la unidad política de las bases de estudiantes y funcionarios, pues sólo ella puede generar una fuerza de clase que lleve adelante la lucha por la democratización. Debemos resolver el problema políticamente, pues ese es el núcleo fundamental de la demanda: la disputa por un espacio en las instancias resolutivas, y para ello debemos aplicar una política independiente y al margen de los procesos democráticos institucionales, que demuestran una y otra vez ser un desvío para ahogar las luchas.

Plan de lucha:

Sabemos que los funcionarios en nuestra escuela se encuentran tremendamente quebrados organizativamente. Las condiciones laborales con que se les pretende dividir genera que un sector se encuentre tremendamente pauperizado, mientras otro goza de ciertas mejoras, que los divide en el seno de sus organizaciones haciéndolos parecer enemigos, en vez de unirse en una sola fuerza combativa.

Esa misma situación los mantiene quebrados al interior de sus organizaciones, y por lo tanto creemos que es una tarea fundamental ayudar a impulsar y contribuir al fortalecimiento organizativo de los funcionarios más pauperizados en sus condiciones laborales. Dentro de las tareas junto a los funcionarios está:

– IMPULSAR JORNADAS DE DISCUSIÓN BIESTAMENTAL QUE PERMITAN;

a) LUCHAR POR LA CONTRATACIÓN DE PLANTA DE TODOS LOS FUNCIONARIOS.

b) IMPULSAR EL FORTALECIMIENTO ORGANIZATIVO, SOBRE TODO DE LOS SECTORES MÁS PAUPERIZADOS.

Entendemos que el estado actual de la situación particular de los funcionarios, requiere que apoyemos sus demandas llevando a cabo cuanto antes estas tareas, pues de lo contrario, cualquier instancia “triestamental” -como el Claustro que se encuentra pendiente- no será más que una instancia autocomplaciente donde funcionarios y alumnos comparezcan totalmente desarmados y sin fuerza para imponer sus demandas. Será prácticamente una apología al miedo y a la desconfianza, de lo cual nada se podría esperar.

RELACIONES CON OTROS ESPACIOS Y LOS ESTUDIANTES SECUNDARIOS

Como Corriente Estudiantil Revolucionaria, consideramos que el movimiento estudiantil, tanto secundario como universitario, debe desempeñarse como una fuerza auxiliar de la revolución, en la lucha obrera por el socialismo. Nuestro estamento no es el llamado a ser quien se ubique a la vanguardia de este proceso insurreccional sino que son los miles de obreros explotados día a día por la burguesía en el marco de las relaciones capitalistas de producción. Los estudiantes debemos contribuir y hacernos partes de este proceso, pero teniendo claro cuál es nuestro lugar en el sistema productivo y entendiendo las limitaciones que, por esta razón, se nos presentan en el actuar revolucionario.

Por esto, es que hacemos un abierto llamado a formar una corriente que sostenga una política clasista al interior del movimiento estudiantil, que sea capaz de agrupar a las fuerzas proletarias al interior de éste, que pueda hegemonizar a las capas pequeñoburguesas pauperizadas, que pueda neutralizar a la pequeña burguesía y que sea capaz de enfrentar a la burguesía decididamente reaccionaria.

Ello implica que, en el terreno secundario, debemos dirigir una política de agrupamiento de los elementos proletarios, que se encuentran, principalmente, en los liceos técnico-profesionales, ya que son sus estudiantes quienes pasan –una vez egresados- directamente a formar parte de las filas de la clase obrera. En cuanto a los universitarios, consideramos que nuestra construcción no sólo debe estar dirigida a los estudiantes de universidades tradicionales, sino que consideramos aún más importante hacer parte de este proceso a los compañeros de universidades privadas, institutos profesionales y CFTs, pues en ellos encontramos a los sectores que objetivamente se ubican más cerca de los intereses de la clase obrera.

En síntesis, planteamos que son dos las tareas que debe cumplir el estudiantado:

1. En el terreno local, dar la lucha reivindicativa (gratuidad, co-gobierno universitario, infraestructura, mejores sueldos para profesores secundarios y funcionarios, en conjunto con ellos) que nos entregue la experiencia suficiente y necesaria de lucha, en el entendido de que en la Universidad se reproducen política y económicamente las relaciones de la sociedad capitalista; y

2. Ser una fuerza auxiliar de la revolución proletaria, pues sólo con su triunfo puede resolverse el verdadero problema de la educación: su carácter opresivo, de clase, que la burguesía ejerce para proseguir con su dominación. Sólo por medio de la revolución socialista y de la expropiación a la burguesía de todo el sistema educativo, será posible tener una educación al servicio de la clase obrera y los sectores populares y de su emancipación social.

POR NUEVOS ESTATUTOS

Nuestra Escuela vivió un proceso de reforma de estatutos, en el cual se presentaron 2 proyectos que, a pesar de ser distintos en su proceso de elaboración y contenido, claramente no fueron suficientes al momento de dar respuestas certeras a las necesidades políticas y organizativas del espacio, lo cual fue demostrado en ambos procesos de votaciones. El proyecto de la Nueva Mayoría, que buscaba despolitizar y desarmar nuestra organización estudiantil, eliminar todo ánimo de movilización y disposición de combate, se impuso al proyecto 2, el cual a pesar de ser uno de los frutos fundamentales de las movilizaciones del 2011 y que contó con nuestro apoyo, terminó siendo un proyecto alejado de la realidad de nuestra escuela, debido al proceso de desmoralización, derechización y apatía que se está viviendo en nuestra facultad, como consecuencia de las vacilaciones de los sectores voluntaristas pequeñoburgueses.

Entendemos que para un cambio real en los estatutos, es necesario construir y acumular fuerzas en las bases estudiantiles, organizarnos en función de la lucha contra la burguesía y no de la conciliación con el enemigo, y la creación de una fuerza política clasista y revolucionaria que plasme allí los intereses de la clase explotada y trabajadora, tales como la democracia directa, la unión obrero-estudiantil, la lucha contra la persecución política y sindical, el apoyo activo a las movilizaciones obreras y populares. Los estatutos deben impulsar los procesos de movilización del espacio, la lucha por las demandas reivindicativas locales y nacionales, sumada a la transformación del CED de un órgano meramente gremial y administrativo a un instrumento político de combate.

BIENESTAR

* Por asistencia libre:

La Escuela está diseñada para la mediana y gran burguesía. El reglamento de estudios exige la asistencia al 50% de las clases por ramo, haciendo vista gorda a la situación laboral y familiar de muchos compañeros. La idea parece ser, que cada uno de nosotros estemos entregados solamente a la actividad académica, con horarios que no permiten trabajar y aportar a la generación de ingresos en nuestras familias. A esta realidad se suman aquellos compañeros de nuestra escuela que tienen hijos, con todas las responsabilidades que ello conlleva.

Por otro lado la alta asistencia pone trabas y restricciones permanentes a la organización política en nuestro espacio, pues algo tan elemental como una asamblea de carrera se vuelve un problema pues la actividad académica no deja espacio a la organización estudiantil, y ponerla en pie de lucha.

Cuanto antes debemos impulsar la exigencia de la reforma del Reglamento de Estudios, que ha sido intencionadamente olvidada y prorrogada por el estamento académico, que no ha mostrado un ápice de interés e intención de querer avanzar su concreción. Esto no cambiará si seguimos insistiendo en el CED como un órgano deslavado y despolitizado, que lejos de poder lograr estos cambios, profundizará las condiciones para el retroceso y la derrota.

* Sobre el financiamiento del CED como limitante permanente a la realización de su programa y actividades:

El CED recibe una cantidad muy limitada de recursos que no permite llevar a cabo las actividades que se propone en relación a las becas o aquellas de las cuales se hace cargo hace ya largo tiempo.

Creemos que es fundamental generar un plan de acción que nos permita generar los recursos para cubrir aquellas tareas, y también contar con los medios que le otorguen independencia desde el punto de vista político.

Esa actividad debe ir de la mano de la organización permanente y que apueste a generar instancias que no sólo permitan la recaudación, sino que nos permita recuperar nuestro espacio y darle el contenido que queremos. Por ello proponemos:

a) Apostar a la creación de una “Feria del libro” bimensual. Cada persona, agrupación, organización social, editorial, etc., que quiera participar deberá aportar con una cuota que le asegure un espacio en esta feria. La idea es que se genere a partir de esto una recuperación del espacio, dándole una cabida preponderante a la actividad y discusión política.

b) Recuperación del Aula Magna como espacio de expansión político-cultural. El Aula Magna es un espacio que en la actualidad sólo está destinada a generar recursos al margen de la actividad cultural y política a nivel regional, lo que dista mucho de lo que fue en algún momento. El CED debe apostar por recuperar el Aula Magna, apostando a convertirlo un espacio de lucha política y cultural. La experiencia del Cordón Brasil-Freire nos demuestra que a través de ese tipo de actividades es posible, además, generar recursos para el autofinanciamiento.