George Novack: La Primera Internacional (1864-76)

1. Formación de la Primera Internacional.

La Primera Internacional nació en Inglaterra. Esto no fue accidental. Inglaterra, la cuna del capitalismo industrial, era el país económicamente más avanzado del siglo XIX. Los antagonismos de clase modernos surgieron primero y se desarrollaron más poderosamente en Inglaterra y fue allí donde primero se manifestaron las formas esenciales de la lucha proletaria contra la clase capitalista. En el gran Movimiento Cartista de 1840, Inglaterra presenció la primera movilización política del proletariado como clase. Fue en Inglaterra donde por primera vez la clase obrera se organizó en sindicatos. Los más intrépidos y visionarios líderes de la clase obrera inglesa fueron los primeros en llegar a una clara comprensión de la lucha de clases como factor histórico y principio táctico. Fue allí donde el proletariado adquirió antes el profundo sentido de la solidaridad internacional y la necesidad imperativa de concertar la acción en la lucha contra la sociedad capitalista basada en esta solidaridad.

La Primera Internacional no bajó del cielo completamente desarrollada ni fue la creación exclusiva de la grandiosa mente de Marx. Fue un producto genuino del movimiento de la clase obrera y de la iniciativa de su vanguardia. Creció sobre un terreno ya roturado con la lucha de clases y regado por las semillas del internacionalismo. Su aparición fue preparada por un grupo de precursores que había difundido las ideas y sentimientos de la solidaridad proletaria, ideas que penetraron en pequeños círculos de trabajadores concientes, aun bajo las condiciones más adversas y decepcionantes.

Desde 1845 hasta 1864, hubo una serie de intentos de organización de la clase obrera que culminaron en la fundación de la Primera Internacional. Aquí señalaremos las tres organizaciones más importantes. La primera de ellas fue la Sociedad de Demócratas Fraternales, organizada en 1845 por Julian Harney en Londres, donde se aglutinaron los refugiados políticos de toda Europa. Esta fue la primera organización internacional de la clase obrera. La segunda fue la Liga Comunista que, basada en el trabajo de Marx y Engels, el Manifiesto comunista, dio al movimiento obrero internacional su primer programa científico y las bases teóricas correctas. La tercera fue el Comité Internacional organizado por Ernest Jones en Londres que, por medio de sus mitines masivos y manifiestos, mantuvo vivas las tradiciones del internacionalismo durante los reaccionarios años de 1850.

Cuando las condiciones para su fundación maduraron, la Primera Internacional fue construida sobre las bases del trabajo realizado por estos pioneros. Después de la derrota de las revoluciones de 1848 y durante el auge posterior del capitalismo en la década de 1850, el movimiento obrero estuvo terriblemente deprimido. A muchos parecía que nunca recobraría la intensidad revolucionaria que había desplegado en los momentos más candentes de los levantamientos de 1848. A pesar de que la idea del internacionalismo decayó, nunca estuvo totalmente extinguida. Se mantuvo viva en pequeños grupos aislados muy débiles, pero fieles líderes de la clase obrera. Aquellos que han pasado por períodos comparables de reacción y repliegue durante el siglo XX pueden comprender el carácter de la época.

Más tarde, a finales de la década de 1850, ocurrieron una serie de hechos que cambiaron la situación internacional y contribuyeron a revivir el movimiento obrero y por consiguiente al espíritu internacionalista. Los más importantes fueron la crisis económica de 1857, la más catastrófica y extendida del siglo XIX, la guerra de independencia italiana en 1859 y el estallido de la Guerra Civil en Estados Unidos en 1860 – 1861.

Estos grandes eventos históricos tuvieron consecuencias económicas y políticas extremadamente significativas en Francia e Inglaterra, los países más industrializados de Europa. Debilitaron la dictadura de Napoleón III y lo obligaron a extender las concesiones económicas y políticas a los, hasta ahora, atomizados obreros franceses. Paso a paso avanzaron los trabajadores. Se les dio la oportunidad de votar en las elecciones y se rechazaron las leyes que prohibían las organizaciones sindicales para mejorar las condiciones de vida.

Sin embargo, los desarrollos decisivos tuvieron lugar en Inglaterra. Aunque en 1825 los trabajadores ingleses conquistaron el derecho a sindicalizarse, las masas no tenían derecho a votar. Mientras tanto, el desarrollo continental del capitalismo había creado una competencia peligrosa para los trabajadores ingleses en la forma de trabajo sobreexplotado. Cuando intentaban asegurar salarios más altos, o menos horas de trabajo, los capitalistas ingleses amenazaban con importar fuerza de trabajo barata de Francia, Bélgica, Alemania y otros países. El estallido de la Guerra Civil norteamericana y el embargo de las exportaciones de algodón produjo una crisis algodonera que causó gran miseria entre los obreros textiles ingleses.

Estas condiciones impactaron a los sindicatos británicos y precipitaron el desarrollo de lo que llegó a conocerse como el “Nuevo Sindicalismo” dirigido por un grupo de líderes experimentados de los mecánicos, carpinteros, ebanistas, constructores, zapateros y otros sindicatos.

Estos hombres reconocieron la necesidad de una lucha política a favor de los sindicatos y comenzaron a tomar un profundo interés en los asuntos nacionales y extranjeros. Realizaron enormes mitines de masas exigiendo la extensión del derecho al voto de los obreros, protestando por la conspiración del primer ministro Palmerston para intervenir en la Guerra Civil norteamericana contra el Norte, y dándole una recepción de bienvenida a Mazzini, luchador por la libertad italiana, quien visitó Londres en 1864.

Este despertar político de la clase obrera inglesa y francesa también revivió la idea del internacionalismo. La visita de delegados obreros franceses a la Exposición Mundial de Londres en 1862, aunada la conspiración conjunta de Francia, Inglaterra y Rusia para aplastar la insurrección polaca por la independencia en 1863, condujo a un intercambio de correspondencia sobre sus calamidades comunes y finalmente a un mitin conjunto de representantes obreros franceses e ingleses en el St. Martin’s Hall en Londres, en setiembre 28 de 1864. Allí se decidió crear un comité que delineara los estatutos para una organización internacional obrera que deberían ser aprobados en un congreso internacional, citado al año siguiente en Bélgica. Las reseñas periodísticas sobre el comité, que estaba compuesto por numerosos sindicalistas y representantes obreros extranjeros, mencionaban en último lugar a Karl Marx, quien estaba destinado a ser una de las figuras más destacadas de la organización.

2. El papel de Marx.

Después de las derrotas de 1848, que precipitaron la disolución de la Liga Comunista, y durante los años siguientes de reacción, los exiliados Marx y Engels, a pesar de que siguieron de cerca los acontecimientos políticos, se dedicaron a su trabajo científico. Reconociendo que “hay un tiempo para cada cosa” esperaron un vuelco de la situación para desarrollar su actividad práctica de organización del movimiento obrero en condiciones más propicias. En el momento en que el movimiento obrero y revolucionario comenzó a revivir, los combatientes se pusieron su armadura y se sumergieron en la pelea con todas las armas a su alcance. El 13 de febrero de 1863, Marx escribió a Engels: “La era de la revolución se abre de nuevo claramente en Europa.” (Marx – Engels, Selected Correspondence [Correspondencia escogida]) Cuando se conformó el Comité Internacional de Trabajadores, le escribió a sus amigos norteamericanos: “A pesar de que durante años, me he negado sistemáticamente a pertenecer a cualquier “organización”, esta vez acepté porque aquí existe la posibilidad de hacer algo realmente bueno.”

Inmediatamente Marx se convirtió en el líder intelectual de este comité de cincuenta miembros, la mitad de los cuales eran obreros ingleses. Después que otros vacilaron, asumió la tarea de esbozar el programa y los estatutos de la Primera Internacional. El comité entusiasta y unánimemente aprobó el Discurso inaugural y las Reglas provisionales, pidiendo solamente la adición de unas pocas frases abstractas acerca del “derecho y el deber, la verdad, la moralidad y la justicia” que, como Marx dijo a Engels, fueron incluidas por él de tal forma que no desfiguraron el contenido.

El Discurso inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores pronunciado en el mitin del St. Martin’s Hall de Londres, el 28 de setiembre de 1864, es, junto con el Manifiesto comunista, una fuerte denuncia al capitalismo y una exposición de las metas de la clase obrera. Comenzó recordando el impresionante hecho de que durante los años de 1848 a 1864, a pesar de ser un período de incomparable desarrollo industrial y comercial, la miseria de la clase obrera no había disminuido.

Para probar este punto comparó las aterradoras estadísticas publicadas en los Blue Books oficiales sobre la miseria del proletariado inglés con las cifras utilizadas por el ministro de hacienda, Gladstone, en sus discursos ministeriales. Estas mostraban que “el intoxicante aumento de la riqueza y el poder” que se dio en el mismo período había sido en exclusivo beneficio de las clases poseedoras. Quizá la única excepción era la de una pequeña capa aristocrática de trabajadores, que recibían salarios más altos; pero este incremento desaparecía ante el alza general en los precios. “Por todas partes las grandes masas de las clases trabajadoras se hunden cada vez más profundamente, y al mismo ritmo de quienes por encima de ellas ascienden en la escala social… Cada nuevo desarrollo de las fuerzas productivas del trabajo tiende a agudizar los contrastes sociales y a evidenciar los antagonismos de la sociedad… Esta época está marcada en los anales de la historia por el rápido retorno, el gran alcance y los efectos mortales de esa peste social llamada crisis comercial e industrial.” (Obras escogidas)

El discurso señalaba que, incluso en los años reaccionarios de 1850, los trabajadores consiguieron dos conquistas significativas. Una de ellas fue la promulgación legal de la jornada de diez horas de trabajo, forzada por la lucha del proletariado inglés. “La ley de las diez horas” no fue sólo una gran conquista práctica, sino la victoria de un principio; era la primera vez que, a la luz del día, la economía política de la clase media sucumbía ante la economía política de la clase obrera.” (Obras escogidas) Otro logro significativo fue el del establecimiento del movimiento cooperativo y de las fábricas cooperativas, que probaron en la práctica que los trabajadores pueden organizar la producción y sus intercambios sin necesidad de los explotadores.

Y aun más: “los señores de la tierra y del capital continuarán utilizando sus privilegios sistemáticamente para la defensa y perpetuación de su monopolio [de los medios de producción].” Por lo tanto, la gran tarea de la clase obrera es la de tomarse el poder político. Los trabajadores se están dando cuenta de esta necesidad, tal como lo demostraron con el resurgimiento de los movimientos obreros en Inglaterra, Francia, Alemania e Italia y con los esfuerzos por organizar políticamente a los trabajadores. Los obreros “poseen un elemento para el éxito, su número. Pero el número pesa en la balanza sólo cuando está unido en una organización y dirigido hacia un fin consciente”. La experiencia ha demostrado que ignorar la solidaridad que debe existir entre los trabajadores de todos los países y dejar de impulsarlos a estar presentes hombro a hombro en todas las luchas por su emancipación, revierte siempre en un fracaso general de todos sus esfuerzos. Esta consideración, junto con las señaladas anteriormente sobre la política exterior, condujo al mitin del St. Martin’s Hall a fundar la Asociación Internacional de los Trabajadores. (Mehring)

El discurso concluyó con el inmortal grito de batalla del Manifiesto comunista: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”.

En las Reglas provisionales se incluyen muchas de las máximas clásicas del marxismo. La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores mismos. La lucha por la emancipación de la clase obrera no es la lucha por el establecimiento de nuevos privilegios de clase, sino por la total abolición del régimen de clases. El sometimiento económico del trabajador ante aquellos que se han apropiado de los instrumentos de trabajo, esto es, de las fuentes de la vida, conduce a todo tipo de servidumbre: miseria social, atrofia intelectual y dependencia política. La emancipación económica de la clase obrera es, por lo tanto, la gran meta para la cual deben utilizarse todos los movimientos políticos. La emancipación de los trabajadores no es una tarea local, ni nacional. Abarca a todos los países en los que existe la sociedad moderna y sólo puede lograrse por medio de una cooperación sistemática entre todos estos países. Las reglas trazaron y definieron las tareas del Consejo General compuesto por trabajadores de varios países representados en la asociación.

El Discurso inaugural se diferencia del Manifiesto comunista en la forma. Marx escribió a Engels, “hace falta tiempo, antes de que el movimiento revivido nos permita utilizar el viejo lenguaje audaz. La necesidad del momento es: osadía en el contenido, pero moderación en la forma”. Este documento se diferenciaba del Manifiesto porque pretendía agrupar en una sola estructura a trabajadores con diferente grado de desarrollo político. Pero, contenía implícitamente las ideas fundamentales del comunismo. Marx confiaba en que posteriormente la conciencia de clase de los trabajadores se desarrollaría y se elevaría como resultado de su acción unificada para garantizar la victoria final del socialismo científico al interior de la Internacional, y a través de ésta, sobre la clase capitalista.

3. Logros de la Primera Internacional

La Primera Internacional vivió durante catorce años, desde 1864 hasta 1878. Como es imposible relatar toda su actuación y los documentos de sus congresos, se mencionarán solamente los logros y las actividades organizativas más destacadas.

La Internacional se anotó su primer éxito significativo en la lucha que dirigieron sus miembros por la reforma de los derechos políticos en Inglaterra. Al escribir a Engels el 7 de julio de 1886, Marx decía: “Las demostraciones de los obreros de Londres, maravillosas, si las comparamos con cualquier otra que hayamos visto en Londres desde 1849, son fruto del trabajo de la Internacional. Por ejemplo, Lucraft, el líder de la demostración en Trafalgar Square, es miembro de nuestro consejo. En un mitin de 20.000 personas en Trafalgar Square, Lucraft propuso una demostración en Whitehall Gardens, “donde una vez hicimos picadillo la cabeza de un rey”, y poco después, una demostración de 60.000 personas en Hyde Park, casi se convierte en insurrección.”

Los actuales dirigentes del Partido Laborista, quienes lo han convertido en un instrumento para preservar el capitalismo y mofarse del marxismo extranjero e impracticable, realmente le deben sus puestos y su poder a la lucha por la extensión de los derechos políticos llevada a cabo bajo la dirección intelectual de Marx.

Los miembros de la Internacional dirigieron una vigorosa campaña por una legislación laboral progresiva. Exigieron una jornada de trabajo más corta y condenaron el trabajo nocturno y todas las formas de trabajo perjudiciales para las mujeres y los niños. En 1886, el Congreso de la Internacional de Ginebra declaró: “Exigiendo la adopción de estas leyes, la clase obrera no consolidará los poderes dominantes, sino que por el contrario, convertirá en su propio instrumento a esos poderes que ahora son utilizados contra ella.”

La Internacional estimuló la organización sindical en muchos países. Así mismo, buscó elevar el nivel político del movimiento sindical y lograr que sus miembros fuesen concientes de su misión histórica. “Conduciendo incesantemente una guerra de guerrillas en la lucha diaria entre el capital y el trabajo, los sindicatos llegarán a ser aun más importantes como palanca para la abolición organizada del trabajo asalariado. En el pasado, los sindicatos han concentrado sus actividades demasiado exclusivamente en la lucha inmediata contra el capital, pero en el futuro no se pueden mantener por fuera de la política general y del movimiento social de su clase. Su influencia será cada vez más fuerte y las grandes masas de trabajadores se darán cuenta de que su meta no es estrecha ni egoísta, sino que se propone lograr la emancipación de millones de oprimidos.”

De acuerdo a esta línea, la Internacional apoyó las huelgas que se extendieron de un país a otro después de la crisis económica de 1866. En cualquier sitio donde estallaran estas luchas la Internacional llamó a los trabajadores a apoyar, en su propio interés, a sus camaradas extranjeros. Los capitalistas trataron de atribuir estas huelgas a las maquinaciones de la Primera Internacional, así como hoy se las atribuyen a las actividades de los “agitadores extranjeros”, “rojos” y “trotskistas”. Algunos capitalistas suizos llegaron a enviar un emisario a Londres para averiguar las fuentes financieras de la Internacional, que eran realmente escasas. “si estos buenos cristianos ortodoxos hubiesen vivido durante los primeros días de la cristiandad, habrían investigado la cuenta bancaria de Pablo en Roma”, dijo Marx burlonamente.

La Internacional expresó su solidaridad activa siempre que las luchas de los pueblos llegaron al extremo de una guerra civil o nacional. De 1864 a 1869 la Internacional le envió cuatro mensajes al pueblo norteamericano. El primero fue al presidente Lincoln, apoyando la resistencia de su gobierno al poder esclavista; el segundo al presidente Johnson sobre el asesinato de Lincoln; el tercero al pueblo, por su triunfo sobre los esclavistas; y el cuarto a William Sylvis, presidente del National Labor Union, en 1869, en protesta contra los intentos de las clases dominantes europeas de arrastrar a Estados Unidos a la guerra.

La Internacional desató sobre su cabeza la ira de toda la burguesía y de los filisteos cuando, en dos mensajes escritos por Marx, exhortó a los trabajadores franceses que se sublevaron al final de la guerra francoprusiana en 1871 a tomarse el poder y crear la Comuna de París. Con un ejército invasor a sus puertas, estos “titanes de tormentas” de la clase obrera. Fueron sangrientamente masacrados por las fuerzas de la burguesía francesa, ayudadas por el ejército de Bismarck, así como en 1943 – 1945 el general Badoglio logró desviar y aplastar la revolución italiana con la ayuda de las fuerzas anglonorteamericanas y stalinistas.

El mayor logro de la Internacional fue dar la prueba viviente de que la unidad internacional de los trabajadores era posible y fructífera.

A pesar de su inevitablemente primitiva organización interna, aportó un modelo para todas las organizaciones proletarias internacionales posteriores. El término “internacionalismo” está en el diccionario y el himno “La internacional” fue escrito gracias a la existencia de la Primera Internacional.

4. La lucha por el marxismo.

Junto con estas demostraciones prácticas de la solidaridad de la clase obrera, la Primera Internacional sirvió de instrumento y de terreno para la popularización de las ideas marxistas. A pesar de que Marx fue reconocido como su inspirador y dirigente teórico, sus doctrinas tuvieron que luchar para lograr el predominio dentro de la organización y entre los obreros con conciencia de clase. Desde un principio, Marx tuvo que luchar contra la ideología liberal burguesa y evitar las presiones de los líderes sindicales británicos en el Consejo General.

Pero, los competidores más serios de las ideas del socialismo científico entre los obreros avanzados fueron las diferentes variedades del socialismo pequeñoburgués, anarquismo y actitudes sectarias y oportunistas en relación a los problemas que afrontaba el movimiento obrero. La historia de la Primera Internacional, escribió Marx en una carta a Bolte el 23 de noviembre de 1871, fue “una lucha continua del Consejo General contra las sectas y los experimentos de aficionados, que intentaban mantenerse dentro de la Internacional contra el movimiento real de la clase obrera. Esta lucha se llevaba a cabo en los congresos, pero mucho más en las negociaciones privadas del Consejo General con las secciones individuales”. (Selected Correspondence)

Marx tuvo que pelear con las ideas proudhonianas, que hoy han desaparecido totalmente, pero que en esa época eran la corriente más popular del socialismo pequeñoburgués. Los dos futuros yernos de Marx, Paul Lafargue y Charles Longuet, fueron apóstoles de Proudhon antes de volverse marxistas.

A diferencia de los socialistas científicos, los proudhonianos querían conservar la propiedad privada, reorganizando el intercambio de productos apropiados privadamente. Sus planes prácticos para reformar la sociedad burguesa consistían en formar sociedades cooperativas y en remendar el sistema monetario. Estos socialistas pequeñoburgueses eran enemigos de las principales formas y métodos de lucha proletaria. Proudhon se oponía a los sindicatos, deploraba las huelgas y repudiaba la participación directa en política. Sus discípulos sostenían que las naciones deberían disolverse en pequeñas comunidades que luego formarían algún tipo de asociación voluntaria en sustitución del estado.

Marx y sus seguidores tuvieron que luchar continuamente contra esta tendencia, muy poderosa entre los trabajadores franceses y suizos, que no eran obreros de fábrica sino artesanos que todavía se inclinaban hacia las modas y el pensamiento pequeñoburgués.

Sin embargo, la lucha teórica y organizativa más importante de Marx fue contra las ideas anarquistas, representadas por Mijail Bakunin, heroico revolucionario ruso y padre del movimiento político anarquista que hoy está en sus últimos días. Las principales diferencias entre Marx y Bakunin pueden ser brevemente indicadas. El marxismo se basa sobre el proletariado industrial como la fuerza social decisiva de la sociedad moderna. Bakunin buscó la base social para su movimiento revolucionario en los campesinos, el lumpen-proletariado y en los elementos pequeñoburgueses desposeídos y desesperados.

El marxismo lucha contra todos los gobiernos reaccionarios y busca establecer el poder estatal de la clase obrera, como transición necesaria para abolir toda autoridad del estado y las formas de coerción. El anarquismo está contra toda autoridad y todo tipo de estado, independientemente de su carácter reaccionario o progresivo y de su naturaleza de clase. Los anarquistas, por lo tanto, se oponen a la participación en política, mientras los marxistas enseñan que los trabajadores deben participar activamente en política y conquistar el poder del estado “por los medios que sean necesarios”.

Estas diferencias principistas le dieron base a Bakunin para formar dentro de la Internacional una organización secreta que buscó tomarse la dirección por medio de tácticas conspirativas. Las luchas internas entre las dos tendencias irreconciliables dividieron y debilitaron considerablemente a la Internacional.

Los marxistas también tuvieron que pelear contra Lasalle, y sus seguidores en el movimiento obrero alemán, alrededor de dos problemas fundamentales. Uno, era su táctica oportunista sobre con qué fuerzas aliarse en la lucha. Lasalle apoyó, por ejemplo, las políticas de Bismarck a favor de los terratenientes – junkers – en contra de los partido burgueses, en vez de defender una política independiente del proletariado. Al mismo tiempo, estos “socialistas bismarckianos” tenían una actitud sectaria hacia los sindicatos y se negaban a entrar en un sindicato si este no tenía su programa y su dirección. No entendían las diferencias entre un sindicato, como organización de masas en el terreno económico que abarca a obreros de todos los grados de desarrollo político y el partido del proletariado que es una selección de obreros revolucionarios con conciencia socialista.

Los fundadores de la Internacional tuvieron que combatir así contra una multitud de enemigos externos y de opositores internos. Estas fuerzas destructivas llegaron a ser arrolladoras bajo condiciones históricas adversas, después del fracaso de la Comuna de París. Esto condujo a la decadencia, desintegración y finalmente a la disolución formal de la Primera Internacional en 1878, después de que su sede fue trasladada a Nueva York.

A pesar de que la Primera Internacional murió, su obra sigue vigente. En 1878 Marx, atacando el argumento de que la Internacional había fracasado, escribió: “En realidad, los partidos obreros socialdemócratas en Alemania, Suiza, Dinamarca, Portugal, Italia, Bélgica, Holanda y Norteamérica, organizados más o menos dentro de fronteras nacionales, ya no son secciones aisladas dispersamente repartidas en varios países y dirigidas por un Consejo General desde la periferia, sino que representan a la clase obrera misma en constante, activa y directa relación, que se mantiene unida por el intercambio de ideas, la asistencia mutua y la igualdad de fines… Así, lejos de haber muerto, la Internacional se ha desarrollado de un nivel a otro más alto, en el cual muchas de sus tentativas originales ya han sido realizadas. Durante el curso de este constante desarrollo experimentará muchos cambios antes de que el último capítulo de su historia pueda ser escrito”. Se verá cómo esta visión profética de Marx acerca de las vicisitudes de la Internacional se ha verificado en la realidad.

(Tomado de Archivos Marxistas)