Podredumbre corroe a la Iglesia Católica

de POR-Massas (Brasil) //

Recientemente, se publicaron denuncias de violaciones y abusos sexuales practicados por sacerdotes, obispos y cardenales, a miles de víctimas. Este rastro de agresiones recorre más de 60 años. Hechos que revelan la putrefacción moral en la Iglesia Católica.

En Alemania, entre 1946 y 2014, 3.677 niños fueron abusados por 1.670 sacerdotes (4,4% del total). Según la Conferencia Episcopal, 54% habían abusado sexualmente “sólo” de una víctima y un 42,3% entre dos y 44 víctimas (media de 2,5). 566 de los implicados fueron acusados (34%), 41 desvinculados y 88 excomulgados. En Holanda, entre 1945 y 2010, entre 10.000 a 20 mil niños fueron víctimas de abusos y violaciones. La mitad de los 39 cardenales y obispos sabía de los abusos, pero los encubrieron. En Estados Unidos, en Pensilvania, fueron acusados 300 sacerdotes, por abusos que se produjeron desde 1940. Se destacaron casos sadomasoquistas y de uso de drogas para inmovilizar a las víctimas. En la capital, Pittsburgh, existía una red de sacerdotes violadores que coordinaban entre sí las violaciones y abusos. En Chile, fueron denunciadas 167 personas que, entre 1969 y 1995, abusaron de más de 178 víctimas, entre las cuales 79 eran niños y adolescentes. Entre los acusados, hay 96 sacerdotes, siete obispos, cuatro diáconos, diez laicos y 30 religiosos (no sacerdotes).

En lo que se refiere a las víctimas, la mayoría era, en la época, menor de14 años, de sexo masculino y pertenecían a las capas más pobres de la población, o eran huérfanos. En el 65% de los casos, se comprobó que existía, entre el violador y la víctima, una relación “litúrgica”(ayudantes de misa, alumnos de catecismo, etc.) o “didáctica” (alumnos de comunión y de escuelas religiosas). Se destaca también quela mayoría de los abusos y las violaciones se produjo en la residencia del sacerdote, en la Iglesia o en sus dependencias, en las escuelas religiosas o excursiones y colonias de vacaciones organizadas. El estudio de los casos afirma que las violaciones expresaron la imposibilidad de religiosos de tener una vida sexual y afectiva sana y responsable(24%), depresión constante (21%), abuso del alcohol o drogas o tendencias suicidas (11%), entre otros graves desequilibrios.

Nos referimos aquí a los casos comprobados y documentados. Se estima que es una pequeña parte de los casos. Pero lo suficiente para ver la gravedad. Las denuncias obligaron a la cumbre eclesiástica de los diversos países a pronunciarse. El Papa Francisco declaró que promovería una “limpieza histórica” en la Iglesia, y convocó a Conferencia Episcopal, para febrero de 2019.

También se publicaron “orientaciones” sobre las “actitudes permitidas” en las relaciones entre sacerdotes, obispos y cardenales con los niños, adolescentes y adultos que asisten a los cultos ya la catequesis, o que pertenecen a las diversas instituciones de enseñanza de la Iglesia. En Chile, por ejemplo, se publicó una “orientación” redactada por el arzobispo Ricardo Ezzati. Titulada «Orientaciones que Fomentan el Buen Tratamiento y la Convivencia Pastoral Saludable” ,la “orientación” prohíbe dar “abrazos muy apretados”, “abrazar por detrás”, dar “palmadas en las nalgas”, “tocar el área de los genitales o el pecho”, “Hacer masajes”, “besar en la boca”, “luchar o hacer bromas que impliquen tocar de manera inapropiada “,” acostarse o dormir con las niñas, niños o adolescentes “, realizar “cualquier expresión de afecto que el niño, la niña, el adolescente y las personas vulnerables no acepten y rechazan” o “violar la privacidad, mirando o sacando fotos, cuando los niños, las niñas, o las personas vulnerables están desnudas, vistiendo o tomando baño”. Recomienda también a los sacerdotes, obispos y cardenales” Utilizar el tacto sólo según sea apropiado y permitido por la cultura local “y que “cualquier material sexualmente explícito o pornográfico es absolutamente inadmisible”. Lo esencial de esta orientación está en que pretende limitar “comportamientos que pueden ser mal interpreta dos y que, por lo tanto, deben ser evitados”.

Cuando vino a conocimiento público, la “orientación” desató una nueva crisis interna a la Iglesia. Violentas críticas se realizaron por las víctimas. Sobre Erzatti, pesan denuncias de haber encubierto abusos sexuales y, ahora, está acusado de encubrir los abusos, hacerlos pasar como “demostraciones excesivas de afecto” o “desvíos” individuales “, que podrían corregirse con “orientaciones” y “penitencias”. En otras palabras: la “orientación” no era más que un decálogo de comportamiento que guiaría sacerdotes, obispos, cardenales y religiosos que actúen en público de forma que impidan que las nuevas salgan a la superficie

El arzobispo Carlos María Vigano denunció, en un documento público, que el Papa Francisco sabía de los casos de abuso por el cardenal Teodore MacCarrick, en Estados Unidos, y los ocultó hasta que eso se convirtió en insostenible. Vigano llegó al punto de pedir la dimisión del Papa. MacCarrick renunció a su cargo en la Iglesia. El Vaticano, a pedido del Papa, afirmó que está haciendo un estudio del problema, y reveló que ha habido encubrimiento de obispos, como sacerdotes se denuncian. La diferenciación jerárquica intensificó el conflicto interno en la jerarquía de la Iglesia

Citamos estos acontecimientos para demostrar que el objetivo de la Iglesia es el de estancar el lodo que cubre su imagen pública y afecta su poder político. La jerarquía católica siempre supo de lo que pasaba y lo ocultó sistemáticamente. Se sabe que protegió a los involucrados, sofocó las denuncias y destruyó pruebas procesales. Las contradicciones internas y externas – la Iglesia es un imperio económico y una inmensa máquina política – pusieron a la luz del día la podredumbre.

Los ministerios públicos tuvieron especial cuidado en individualizar las responsabilidades en las violaciones, sin tocar la estructura que los cubrió. Al calificar como “desvíos ocasionales”, se evidenció la intención de una parte de la burguesía mundial en salvar a la Iglesia católica. Sin embargo, hay otro sector que trabaja, en mayor o menor grado, como portavoz y reproductora de las denuncias. Lo que evidencia una disputa interna y externa al Vaticano, particularmente en torno al Papa Francisco (el argentino Jorge Bergoglio)

Es bueno recordar que la elección de Bergoglio pretendió frenar el retroceso de la influencia del catolicismo ante otras religiones, particularmente en América Latina, donde se concentra la mayor la cantidad de católicos en todo el mundo. El obispo argentino gozaba de popularidad y era uno de los artífices de la demagogia reformista que es ensayada para atraer nuevos fieles en todo el mundo. En los cálculos de la alta jerarquía católica, estaba la posibilidad de que su figura y carisma sirviera a la carrera contra el avance de los evangélicos. Asombraba el hecho de que los competidores se fortalezcan en las capas más desesperadas de la población e, incluso, conviertiendo miles de católicos desencantados.

Con el objetivo de frenar esa sangría, su elección debería fortalecerlas posiciones católicas en la disputa por los fieles. En estas condiciones el nuevo Papa se enarbolo en defensor de las minorías, denunció
“desigualdad social”, criticó el “capitalismo salvaje”, “condenó” los conflictos bélicos que envuelven al imperialismo y pretenden arbitrar los conflictos que involucran a las potencias Trump, Teresa May, Macron, etc., así como el imperialismo y los gobiernos nacional-reformistas, principalmente, Nicolás Maduro. Aunque no pasaron de maniobras circunstanciales, esa demagogia despertó descontento en sectores del imperialismo. Lo que pasó a reflejarse dentro de la estructura de la Iglesia Católica, con la resistencia y boicot de una influyente fracción del alto clero.

Se observa que existe una tendencia de la burguesía, especialmente en las semicolonias, a apoyarse cada vez más en aquellas religiones que se demuestran más capaces de resistir a las presiones de los explotados, que refuerzan la supremacía de los intereses individuales y personales, y que demuestran mayor capacidad de regimentar política e ideológicamente las masas. Es el caso de las diversas iglesias evangélicas que, además, vienen ganando cada vez más fieles y un mayor peso político. En Brasil, por ejemplo, ya cuentan con más 35% del total de fieles y una bancada parlamentaria decisiva para la aprobación de las leyes más reaccionarias de la burguesía. Pero, fundamentalmente, constituyen aparatos electorales con enorme capacidad de arrastras a las masas detrás de las candidaturas que, circunstancialmente, mejor les sirven. La elección de Marcelo Crivella, en Río de Janeiro, y la proyección nacional de la candidatura de Bolsonaro son algunos de los ejemplos. Está claro que el rígido autoritarismo ideológico y el adoctrinamiento de los evangélicos constituyen un canal de expresión más eficaz a la vuelta dictatorial y reaccionaria de la política burguesa en toda la línea.

La religión es el “opio del pueblo”. Esta sentencia de Marx sintetiza el lugar de las iglesias en la contención de la lucha de los explotados contra la burguesía. Está ahí por qué una de las tareas históricas es la de liberarla clase obrera y los demás oprimidos del oscurantismo religioso. Con todas las demostraciones de que las iglesias son aparatos de represión de la sociedad de clases y lugar de tráfico de poder, siguen ejerciendo una gran influencia, principalmente en los países atrasados y semicoloniales. El imperialismo exporta la religión y la utiliza como instrumento de dominación. Esto se debe al retraso político, organizativo y cultural de los explotados, mantenido bajo la batuta de los capitalistas. La gran derrota de la clase obrera mundial con el proceso de restauración capitalista en la ex Unión Soviética, Este Europeo, China y Cuba interrumpió la marcha de la emancipación de los explotados de la dictadura ideológica de las Iglesias. La ausencia del Partido Mundial de la Revolución Socialista es un precipicio que imposibilita el avance a gran escala de la lucha por la liberación de las masas de la influencia nefasta de la religión. La vanguardia debe valerse de la decadencia moral de la Iglesia – en realidad, de todas las iglesias, en fin, de la religión – para mostrar la importancia de la construcción del partido de la revolución proletaria.