Segunda vuelta electoral en Brasil: voto nulo

de Corriente Obrera Revolucionaria-Chile

La primera vuelta de elecciones presidenciales en Brasil ha dado un aplastante triunfo de Jair Bolsonaro, sacándole una holgada diferencia al candidato petista y reemplazante de Lula (hoy preso), Fernando Haddad. De cara a la segunda vuelta, en la que los primeros sondeos ya dan un triunfo del candidato derechista del Partido Social Liberal, se abre un debate fundamental en el seno de la izquierda y el movimiento obrero sobre la posición a adoptar frente al escenario que se plantea, siempre teniendo en cuenta que las elecciones expresan de forma distorsionada las relaciones de fuerza entre las clases.

Peleas interburguesas

Bolsonaro es expresión de un sector del ejército y representante de la ideología más reaccionaria de la clase dominante; reivindica la dictadura, la tortura, la matanza racial, la violencia de género, etc. Se alza como representante de un sector de los hacendados ganaderos y agrícolas y de la iglesia evangelista, que mueve millones de dólares con el negocio de la fe. Pero también logró atraer a un importante sector descontento de las principales ciudades del país.

De fondo, se encuentra la situación económica, que algunos analistas consideran la recesión más grave de la historia. Unos días antes de la primera vuelta, el diario La Vanguardia planteó que Brasil “está en venta a precio de saldo”. La guerra comercial lanzada por EEUU, que apunta en parte contra China, está haciendo estragos en la configuración de las relaciones de fuerza. La venta de empresas a inversores chinos alcanzó los 10.000 millones de dólares en 2016 y 2017. Por ejemplo, la multinacional china Merchants Ports Holdings compró el puerto de Paranagua y pretende convertirlo en el más importante de la región. Las principales inversiones son en infraestructura, petróleo, gas y energía hidroeléctrica, sectores que se beneficiaron con la devaluación del Real.

Este escenario electoral es un episodio más de las peleas interburguesas, que ya se cargaron con la presidencia de Dilma Rousseff y que buscan definir qué fracción dominará. En este marco se dio la mega causa del Lava Jato, en la que cayeron en desgracia políticos y varios empresarios vinculados al gobierno de Lula y Dilma. No casualmente, los inversores consideran que esto ha creado excelentes oportunidades de negocios. Especialmente la petrolera nacional Petrobras es una de las más codiciadas. Ya ha tenido que vender una parte importante de sus activos, las chinas Shanding Kerui y CNPC se hicieron con parte de una nueva refinería en Río de Janeiro. Odebrecht, por su parte, ha vendido su participación en el aeropuerto Galeão de Río a otra empresa china.

El imperialismo norteamericano apuesta al candidato del PSL. Inmediatamente después de que se oficializó el triunfo de Bolsonaro en primera vuelta, las acciones brasileras empezaron a subir en la bolsa de Nueva York y los mercados se mostraron tranquilos y optimistas. Además, cuentan con que Bolsonaro incline el equilibrio de la región contra Venezuela. El candidato ya prometió deportar a los inmigrantes de ese país que han migrado en masa.

Bonapartismo sui generis

Lo que está en juego en estas elecciones será qué fracción de la débil burguesía brasileña se pone al frente del semi Estado para establecer determinado equilibrio entre las clases fundamentales, el imperialismo y el proletariado. Esto es lo que León Trotsky definía como bonapartismo sui generis.

Bolsonaro no es el fascismo, porque no puede haber fascismo en un país semi colonial. Brasil es un semi Estado, por las condiciones especiales de dominación de clase que se dan en una semicolonia. Además, Bolsonaro no ataca al Estado “constitucional” brasileño, es parte de él. Este militar retirado proviene del riñón del aparato burocrático militar que es el Estado y pretende fortalecerlo como tal.

Tanto el PT y los partidos “populares”, como Bolsonaro y los partidos de la derecha apuntan a tomar el mando de este aparato estatal para desarrollar las líneas –hoy inciertas- que garanticen la explotación capitalista del país. Si para hacerlo deban llevar adelante políticas más o menos represivas, más o menos reformistas, dependerá de la relación de fuerzas. Recordemos que una de las últimas medidas de gobierno de Dilma fue un brutal ajuste que sumió a una importante porción de trabajadores en la miseria. Lo que se expresa en estas elecciones polarizadas es una pelea entre dos fracciones bonapartistas, que encararán de manera diferente la relación con el imperialismo y con las masas. Y entre las tareas pendientes del próximo gobierno, del signo que sea, está la reforma previsional y la profundización de las reformas comenzadas por Temer.

La lucha de clases no se dirimirá en las urnas

Más allá de quién gane, es seguro que del balotaje surgirá un gobierno débil, aunque coyunturalmente se vea fortalecido por los votos y el apoyo del imperialismo. Los discursos de “mano dura” de Bolsonaro no son una novedad en Brasil, donde el ejército patrulla las calles de Río de Janeiro y tienen licencia para matar jóvenes de las favelas desde hace años.

Lamentablemente, un gran arco de corrientes de izquierda, muchas que se reivindican revolucionarias, llaman a votar por el PT en 2° turno. Algunos, dicen no apoyar al PT, PERO toman el “método del movimiento de mujeres” con la campaña “#ELENÃO” para votar “críticamente” por Haddad. En la misma línea, el PSOL, PSTU, MRT (hermana del PTS argentino), el PO argentino, etc, con argumentos más o menos parecidos de que “las masas” quieren enfrentar a Bolsonaro en las urnas, apoyan al candidato del PT. O bien porque se oponen los campos “fascistas” vs. “democráticos”, o bien porque “el movimiento” piensa que la única alternativa a Bolsonaro es Haddad.

Estas posiciones se oponen por el vértice a una política revolucionaria. La tarea de los revolucionarios es desnudar en cada táctica las calamidades del régimen burgués, a la vez que busca fortalecer al proletariado como futura clase dominante. Todas las líneas de votar al mal menor llevan a sobredimensionar el peso de las instituciones burguesas; llevan al proletariado a creer que el Estado es indestructible. No es así, la tarea de los revolucionarios es romper con toda envoltura democrática de la burguesía con los métodos obreros. No podemos perder ni un segundo para el reagrupamiento de la vanguardia obrera tras un programa de transición que la prepare para el enfrentamiento con la burguesía en todos los terrenos, incluso el militar, y lleve a la toma del poder. No podemos darle un milímetro de ventaja a la burguesía dejándonos llevar hacia los escenarios que ellos dominan, tenemos que fortalecer las organizaciones obreras con el férreo principio de la independencia de clase. Si Bolsonaro viene por nosotros –y detrás de él un amplio sector de patrones nacionales asociados a la burguesía imperialista-, tendremos que estar preparados para darle pelea en el terreno en el que los trabajadores somos fuertes: en la producción. Lo mismo deberíamos hacer si Haddad resultara vencedor, ya que detrás de él también se agrupa un sector de la burguesía nativa asociada al capital extranjero que vendrán por el aumento de la superexplotación del trabajo. El voto al PT lleva a desviar la lucha del proletariado hacia los marcos del régimen burgués, planteando una falsa dicotomía. La democracia tiene un contenido de clase y que, bajo el régimen burgués, es la mejor envoltura del capital. La situación mundial actual, de declinación del imperialismo y de descomposición de los Estados nacionales implica que no hay lugar para las reformas sociales que tanto reclaman las corrientes de conciliación de clase. La lucha de clases que desarrollará este periodo no dejará lugar a vacilaciones, ya que todas las supuestamente sólidas instituciones democráticas están dejando caer sus caretas y comienzan a mostrar su rostro explotador. Los revolucionarios somos intransigentes ante todo atisbo de borrar la independencia del proletariado en pos de frentes de conciliación.

Por una salida obrera y socialista

La única salida progresiva para Brasil, y para el conjunto de América Latina, es desarrollar la revolución obrera y socialista. Para ello no sólo el proletariado brasilero, sino el argentino y el de todo el sub-continente debe unir sus fuerzas en la lucha contra la burguesía nativa e imperialista. En este camino los sindicatos tienen enormes tareas que cumplir, para lo cual primero hay recuperarlos de las manos de la burocracia conciliadora. Desde ahora hay que preparar el terreno para que la clase obrera haga una ruptura revolucionaria con el PT. Es necesario preparar un Congreso de Delegados de Base para imponer a la CUT y todas las centrales sindicales un programa obrero ante el escenario que se aproxima. Discutir el control obrero de Petrobras será una de sus primeras tareas, en el camino de imponer un programa de transición que fortalezca la dirección del proletariado.

Desde la COR, en la TRCI, hemos realizado un llamado a una Conferencia Latinoamericana Internacionalista en la que las corrientes que se revindican del marxismo revolucionario discutamos el programa de salida para nuestra región. Insistimos en que este es un primer paso para preparar las tareas que tenemos por delante. Debemos construir las secciones del partido internacional de la revolución, la IV Internacional reconstruida, en toda la región para imponer la Federación de Repúblicas Socialistas de América Latina.