Lucha proletaria contra el ascenso de la derecha fascistizante

de POR-Brasil//

¿La clase obrera, los demás explotados y la juventud oprimida van a salir organizados, después de las elecciones, para enfrentar al gobierno de la ultraderecha? ¡Absolutamente no! Esta es la cuestión que exige respuesta y explicación.

La mayor probabilidad es que Bolsonaro salga electo. La votación de la mayor parte de la población en favor de su candidatura se confirmó en la primera vuelta. Se mantiene en la segunda vuelta. Esta tendencia no se dio de casualidad. El fracaso del gobierno petista ante la crisis económica, los despidos masivos y su incapacidad para enfrentar el golpe de Estado fueron factores decisivos, a pesar de no ser los únicos. No se puede borrar esa responsabilidad. Sin embargo, a no ser por la alta clase media, las demás capas bajas, incluyendo una parte de la clase obrera, votaron y van a votar por Bolsonaro. No porque expresan una tendencia fascista. Votaron por Bolsonaro desencantados con la política del PT y con los escándalos de corrupción. Pasadas las elecciones, chocarán con las medidas antinacionales y antipopulares del nuevo gobierno.

Es necesario preparar, desde ahora, la lucha contra ese gobierno con el programa de reivindicaciones, organización independiente, método de lucha propio y táctica de frente único. Es necesario tener claro que los explotados estarán divididos. Una gran parte estará, inicialmente, bajo la tutela del gobierno electo. Los aparatos que promocionaron la candidatura de Bolsonaro -uno de los principales fueron las iglesias evangélicas- mantendrán a los oprimidos encorsetados ideológica y políticamente.

En contraposición, hay que realizar un amplio trabajo de unificación de los explotados por medio de respuestas, paso a paso, a las medidas antinacionales y antipopulares, así como a las acciones fascistizantes. La polarización electoral burguesa deberá ser superada por la polarización de clase entre explotados y exploradores, entre las medidas del nuevo gobierno y el programa de reivindicaciones de la mayoría oprimida. Sin duda, las reivindicaciones democráticas -que no se confunden con la defensa estratégica de la democracia burguesa, como hacen los reformistas- ganarán importancia ante el fortalecimiento de las tendencias dictatoriales.

¿Es imprescindible convocar a los explotados a votar por Haddad? El Partido Obrero Revolucionario (POR) defendió el voto nulo en la primera vuelta. Y mantiene esa posición en la segunda vuelta. Esa es la razón de la pregunta y la respuesta. Las izquierdas, que tenían sus candidaturas propias (PSOL y PSTU) y los candidatos de partidos burgueses (PDT y PSB), llaman a votar por Haddad en nombre del antifascismo. Si la candidatura del PT / PCdoB se erigiera como un canal de combate de la clase obrera y de los demás explotados a las tendencias dictatoriales y Haddad lo reflejara en una batalla contra la burguesía, estaríamos obligados a llamar a votar por el petista. En la primera vuelta, hubiese sido una obligación de las izquierdas retirar sus candidaturas y declararse a favor de Haddad, ya que las encuestas indicaban una posible victoria del derechista en la primera vuelta.

La candidatura del PT, sin embargo, no se plantea como instrumento de la lucha de clases contra las tendencias dictatoriales de la burguesía. Aparece ante los explotados con la bandera de pacificación, contra la violencia y el odio. Vacía el contenido de clase de los métodos de la violencia policial y militar, pregonada por Bolsonaro. En vez de convocar a los explotados a levantarse por la vía del combate, los convoca a confiar en la democracia burguesa y en la política pacifista, elementos de la política de conciliación de clases. Y promete a sectores capitalistas buscar la reconciliación nacional. Esta posición no permite dar siquiera un paso de organización de las masas contra el avance de la reacción.

Una tendencia fascista no se circunscribe a la búsqueda de instalar tan sólo un gobierno dictatorial, que ejerza la política militar-policial contra los movimientos, las huelgas, las ocupaciones de tierra y los partidos adversarios del régimen. Sino que para lograr esto necesariamente debe arrancarse la máscara de la democracia parlamentaria. Va mucho más allá de este tipo de gobierno, que no tiene capacidad de destruir las organizaciones obreras, campesinas, populares y estudiantiles. Un gobierno fascista se impone con los métodos de la guerra civil. Todo indica que la vía del fascismo aún no se plantea como condición indispensable para que la burguesía logre gobernar. Pero la de un gobierno dictatorial, sí. Este paso, ciertamente, fortalece las posiciones fascistas del capital financiero. Su avance o retroceso, sin embargo, depende de la pasividad o de la proyección de la clase obrera en defensa de su programa. La conquista de la independencia política y la liberación de la política de colaboración de clases (que allana el camino hacia el régimen dictatorial en las condiciones de profunda crisis económica y social) son imprescindibles en el combate al gobierno dictatorial y a la fascistización del país.

Haddad camina en el sentido contrario a ese combate. Decidió cambiar la línea de campaña acentuando su inclinación hacia a un sector de la burguesía. Todo indica que la dirección del PT resolvió jugar sus últimas cartas, al costo de suplicar el apoyo de un ala del PSDB, en la figura de Fernando Henrique Cardoso. Admitió llevar a cabo la reforma jubilatoria. Por su parte, el intento de acercamiento con Joaquim Barbosa, ex ministro del STF, verdugo del PT en el proceso del “mensalão”, es la forma en la que Haddad le promete a la burguesía que hará un gobierno más servicial que el de Lula y Dilma. Aceptó abandonar la bandera de la Constituyente, con la que se colocaba por una “reforma política”. Y abolió de la campaña la figura de Lula, desvinculándose de la acusación de que le daría un indulto.

Este movimiento de Haddad hacia la política burguesa de centro-derecha expresa la desesperación ante el desplazamiento de la mayoría de la población al candidato de la derecha fascistizante. Se apoya, por tanto, en una fracción de los partidos que dieron el golpe de Estado y abrieron el camino para la candidatura de Bolsonaro. Esta directriz de conciliación con un sector de golpistas expone la incapacidad del PT de responder al avance de la derecha burguesa. Pero no hay nada más grave que la campaña pacifista ante el avance del movimiento de la derecha militarista. Es con esa bandera que se vuelca a sectores de la burguesía, de la clase media y de representantes del aparato del Estado.

La constitución de “comités antifascistas y de defensa de la democracia”, convocados por el PT y las izquierdas, son comités electorales. Terminada la disputa, serán disueltos. Por el contrario, la situación exige la formación de organizaciones de base, que sostengan el frente único contra todo tipo de ataque de la burguesía y de sus gobiernos a la vida de las masas. En el movimiento contra la dictadura civil de Temer y la aprobación de las reformas previsionales y laborales, surgieron los comités de acción y de organización de la huelga general. Se disolvieron en función de las elecciones. Hay que retomarlos. Esa es la tarea que se plantea desde ahora ante el gobierno electo. Una de sus primeras medidas será la de recolocar la reforma jubilatoria y establecer un plan de ataque en toda línea a los explotados. Es urgente, desde ahora, recuperar el movimiento que culminó con la huelga general del 28 de abril del año pasado.

Inicialmente, los explotados estarán divididos por la polarización electoral. Luego, sin embargo, sentirán el peso del desempleo, del subempleo, de la caída salarial, del aumento de la pobreza y de la miseria. Es deber de la vanguardia revolucionaria trabajar por la superación de la división por medio de las reivindicaciones, de las respuestas a los nuevos ataques, del frente único, de la democracia obrera y del combate unitario. El enfrentamiento al gobierno dictatorial y a la fascistización se dará con el proletariado en lucha y organizado en el campo de la independencia de clase.

Las capas más pobres de la clase media tienen que aglutinarse en torno al proletariado, de lo contrario podrán ser aún más arrastrados por las posiciones fascistizantes. La capa rica de la clase media continuará sosteniendo la derechización de la burguesía. Servirá de fuerza de choque contra la mayoría oprimida, si el proletariado sigue atado a la política de colaboración de clases del PT, aliados y burocracias sindicales.

Las banderas que pueden servir a la movilización de las masas y al restablecimiento de su unidad son aquellas que más se sienten en el día a día. En su base, están el desempleo, el subempleo, la pérdida salarial, la precarización de los servicios públicos, la necesidad de la vivienda y de la tierra a los campesinos pobres. La destrucción de derechos laborales y la implantación de la tercerización vienen fermentando odio y disposición de lucha entre los asalariados, principalmente entre la clase obrera fabril. La resistencia de las masas al nuevo gobierno, ciertamente, será combatida a hierro y fuego.

Los comités de frente único pueden preparar la resistencia y autodefensa de las masas. La tarea del momento es la de organizar los comités de combate. Esta es la vía que, de hecho, abre el camino a la organización independiente de la clase obrera, de los demás explotados y de la juventud oprimida.